Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

30 de octubre de 2010

REFLEXIÓN Y CONCIENCIA

Reflexionar es, para la sicología, un acto de introspección en el que se revisan la conciencia, las ideas y los juicios. En el ejercicio cotidiano de la vida solemos actuar por reflejo o condicionados por nuestras tradiciones y visiones particulares del mundo, en la mayoría de los casos impulsados por la herencia o por asimilación cultural. De esa manera transitamos repitiendo errores, asumiendo como ciertas especulaciones y habitando el escenario de la equivocación por impulsividad.

Tomando en cuenta que el hombre es él y sus decisiones, y que en tiempos distintos ante circunstancias similares el individuo toma decisiones diferentes, por lo que la experiencia es de poca ayuda, y que en muchas oportunidades tendrá que decidirse, ante lo justo, por lo correcto, se hace necesario que esas decisiones obedezcan a un acto reflexivo, porque de ellas derivarán consecuencias, y si éstas serán negativas es prudente que las esperemos conscientemente como el costo de nuestro compromiso razonado. Porque la reflexión es para evitar el hecho, no para buscar soluciones después de cometido.


Invitar a alguien a “reflexionar sobre lo que hizo” es un disparate. Lo apropiado es decirle que se atenga a las consecuencias. Con un refrán popular marcamos pauta en esto: “Después de ojo sacado no vale Santa Lucía”. Actuar racionalmente, no por emociones y menos por impulsos, es el deber del hombre de pensamiento crítico, y aunque existan situaciones emocionales que nos estimulen a la irracionalidad, debemos estar tan acostumbrados a reflexionar que éste sea un acto reflejo que en segundos dilucide lo conveniente.

Aunque el dominio emocional sucumba ante determinadas circunstancias, serán menores las consecuencias negativas de sus actos derivados si actuamos reflexivamente. Y esto es válido para todas las actividades humanas, porque, además, como ocurre en el campo de la política, por ejemplo, la impulsividad es manipulable por agentes externos y se pueden controlar nuestras reacciones a capricho de terceros. Pero lo más importante de la reflexión como comportamiento es que nos permite conocernos exhaustivamente, anticipando nuestras reacciones ante las situaciones adversas intempestivas y organizando nuestra percepción para la toma de decisiones asertivas, y lo más importante nos impide infligir daños a terceros. Pero también es un instrumento eficaz para juzgar las ajenas pretensiones.

Reflexionar sobre quién o qué es el otro, qué busca, qué tenemos que necesita, qué beneficio nos aporta el intercambio, nos librará de pesares futuros, porque actuaremos siempre bajo riesgos calculados. Y para aquellos que se organizan en gremios en los que se delega la toma de decisiones, la reflexión, que es una condición individualista, permitirá mantener a salvo la responsabilidad cuando la codicia, por ejemplo, que puede ser, como la locura, colectiva, intente dirigir las acciones. ¡Cuántos devorados por propias acciones en la vorágine de las circunstancias! Así que los hombres estamos divididos, no en superiores e inferiores, sino en reflexivos e impulsivos.

Los reflexivos crean y estimulan la creación, es decir avanzan, los impulsivos solamente obedecen a la voz de la destrucción y su existencia se torna circular. Reflexionar es, en fin, la manera más prolija de salvaguardar la decencia, la paz, la libertad y el respeto. Y arrepentirse, amigos, es como perfumar cadáveres. No sirve de nada. Si alguna definición práctica puede darse al arrepentimiento es… reflexionar antes de actuar.

La conciencia: Tribunal personal

El orador latino, Marco Tulio Cicerón, expresó en uno de sus recordados discursos: "Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo". En la Biblia la palabra conciencia la usa por primera vez San Pablo en una de sus epístolas, pero es San Agustín quien la define: “Si la esencia del hombre es la interioridad, la conciencia es esa interioridad que lo define en su cualidad central: el hombre es su conciencia, se encuentra a sí mismo en su conciencia, que contiene y le dicta la norma del valor moral”.

Llamamos conciencia al juicio práctico por el cual el sujeto, conocedor de su propia existencia, de sus estados, de sus actos y de las cosas, distingue el bien y el mal, y aprecia moralmente sus actos o los de otros. Las personas que tienen bien desarrollada esa capacidad analítica y valorativa que llamamos conciencia, cuando cometen cualquier acto reñido con el bien, sienten profundos remordimientos, se juzgan a sí mismos, así nadie se haya percatado de su acción, porque han puesto en riesgo su individualidad. Pero aquellos que han adquirido la capacidad de acallar la conciencia con justificaciones materiales, la reducen de tal manera que su única preocupación es que sus actos lesivos a la moral no sean descubiertos, es decir, les preocupa exclusivamente la lesión a su reputación y no el daño que causan a terceros, a eso llamo “conciencia modular”.

Hay que distinguir de este grupo a los débiles mentales que son individuos que sufren de un estado permanente, congénito o precoz, de insuficiencia intelectual, en el que, a pesar de una buena memoria y de habilidad verbal, son casi incapaces de razonar. Ese dudar sobre si será bueno o malo el acto que vamos a cometer, es lo que llamamos escrúpulo.

Un hombre escrupuloso, es sencillamente un hombre de buena conciencia. No puedo entender como ha llegado a justificarse la inescrupulosidad, pero como se ha extendido en la actualidad. Inescrupulosos son los políticos mendaces, los comerciantes avarientos, pero también el buen vecino que compra artículos robados porque “lo beneficia”. Es inescrupuloso todo quien pretenda sus fines sin reparar en medios.

La reflexión activa la conciencia

Los nazis aseguraban que la conciencia era un invento judío, y de esa despectiva manera despacharon los escrúpulos que pudieran impedirle el exterminio sistemático de un grupo humano. Muchos de ellos, durante el juicio de Nuremberg, se horrorizaban al asumir que sus actos de “defensa de la raza aria”, eran considerados brutales asesinatos, y por lo tanto no eran más que despreciables homicidas.

Eso ocurre cuando las pasiones subalternas acallan la conciencia, que no es un invento judío, sino que es la diferencia del hombre con los animales, lo que lo separa de ser “especie” y lo unifica en una sola e indivisible raza, expresada en versiones culturales distintas. Esa mutilación de la conciencia, se llama en sociología “anomia”, que es un desorden moral que produce desprecio por las convenciones sociales y leyes establecidas y hasta por la solidaridad entre miembros de una misma comunidad, y que sufren mayoritariamente “los emigrados desarraigados y los campesinos instalados en comunidades suburbanas” que no se integran al resto de la sociedad sino que se enfrentan a ella.

Las religiones han venido llenando un espacio imprescindible para el estímulo de la reflexión, que fortalece la conciencia. Pero es el individuo, en ejercicio de su personalidad, el que debe crear conciencia inteligente, es decir capaz de activarse ante las tentaciones para evitar el acto, y no como simple instrumento de arrepentimiento, que servirá para salvar el alma, pero no el dolor causado.

Es la reflexión sobre quiénes somos, qué queremos y qué vías emplearemos para lograr nuestros fines, sin causar daños a terceros, la que fortalece la conciencia. Un individuo, por ejemplo, que, a cambio de beneficios personales inmediatos, apoye proyectos políticos liberticidas, que atentan contra la democracia y contra el individuo y su derecho a la vida y a la propiedad, es un inconsciente sin el menor sentido de las consecuencias de sus acciones, que ocasionará irreparables daños, incluyéndolo y a su propia su familia.

La profusión de leyes señala el fracaso del hombre como humanidad

¿Cuántos códigos, normas, reglamentos, estatutos y leyes no penden sobre nuestras sociedades? ¿Y han evitado estas reglamentaciones el crimen, el abuso y el desorden? ¿Usted no ignora el semáforo porque la ley se lo prohíbe o porque vio al fiscal en la esquina? Una de las grandes utopías de la humanidad es que el hombre en algún momento de su evolución será pura conciencia y sus actos obedecerán a la previa reflexión. En ese instante el hombre se habrá transmutado en humanidad, no existirán leyes ni tribunales. Enmohecerán las espadas y brillarán los arados. La conciencia inteligente hecha fundamento colectivo emprenderá la era de la paz y del progreso verdadero, bajo un lema universal: “No hagas a otros lo que no deseas que te hagan”. ¿Llegará ese día?
Rafael Marrón González
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23 de octubre de 2010

El único proyecto viable

Sesudos analistas y encuestólogos de fama internacional insisten en asegurar que la oposición carece de un proyecto de país atractivo para el chavismo de base y me pregunto ¿qué significa proyecto de país para esta gente? Porque los venezolanos tenemos un país geográficamente inventariado por las naciones del mundo, con dirección postal astronómica y con una historia gloriosa que se inscribe entre las grandes de la humanidad.

Es decir, que no necesitamos ningún “proyecto de país” porque tenemos un país, con una nación – dividida entre desarrollada – que Chávez se empeña en destruir - y sub desarrollada – que Chávez ha convertido perversamente en parasitaria - y un sistema de gobierno republicano que estamos defendiendo con uñas y dientes frente a la intención artera de imponer un totalitarismo mesiánico y liberticida.

Ahora lo que sí es necesario desarrollar frente a la propuesta comunista de Fidel Castro – que los chavistas de base apoyan porque roba a Juan para darle a Pedro - es un adecuado programa económico liberal (como Chile, Perú, Panamá, Colombia, México y los hipócritas de Brasil y Argentina) – “es la economía, estúpido” - basado en el mercado y su libre concurrencia y pivotado en el respeto absoluto de la propiedad privada, sin obviar la aplicación eficiente de planes de combate a la pobreza – racionalidad social - con eficiencia y eficacia, para generar la prosperidad nacional a través del trabajo, el estudio, la responsabilidad individual – contra masa individuo productivo de conciencia inteligente.

En lugar de seguir hablando de repartición proporcional de la riqueza – discurso que atrae parásitos como a las moscas la miel - hablemos de ahora en delante de creación proporcional de la riqueza, cada cual según sus capacidades aportará su grano de arena a la prosperidad nacional.

No tengo la menor duda de que esa masa aclamacionista franelitacolorá financiada por Chávez esté disfrutando como nunca de un ingreso milagroso que no se gana, aunque íntimamente sabe que eso no puede ser bueno para sí ni para el país. Cuando la oposición clona el discursito socialista de la “justicia social” –que en la realidad es el “novedoso” apelativo de antiguo y desprestigiado “estado de bienestar” que tantos populistas reivindicaron como el no va más de las soluciones finales y que llevó a la ruina a más de un país improductivo - lo que está transmitiendo es algo así como “lo malo es Chávez” pero el chavismo es bueno.

No, vale, lo malo es el chavismo completo. Porque es militarista, totalitario, centralista, personalista, sectario, excluyente, antidemocrático, es decir comunista. Son perniciosas sus misiones porque están concebidas por Fidel Castro para destruir la formalidad institucional de la república creando un precario aparato asistencialista paralelo que facilita la dominación de la sociedad.

Es perverso el chavismo porque ha introyectado en el pueblo ingenuo y menos informado - improductivo y marginal por falencias individuales - la idea de la lucha de clases, que en Venezuela están contenidas y el chavismo de la godarria es el más claro ejemplo, y, además a estas alturas ya sabemos que significa “quítate tú para ponerme yo”.

Es malo engañar a la mediocridad haciéndole creer que no ocupaba posiciones relevantes en el pasado por egoísmo de la supuesta clase dominante y ponerla a gerenciar, con las desastrosas consecuencias que observamos en empresas como Pdvsa y las de Guayana, por citar sólo un par de ejemplos. Es malo el chavismo porque destruye la moral pública y envilece al pueblo – legión de parásitos cobran sin trabajar.

La fulana “justicia social” siempre se tranca en la alcabala de los afectos al régimen de turno, o de los más vivos, se usa para fines electorales y es absolutamente injusta con la gran mayoría de la población, como lo estamos viendo hoy, cuando a pesar de los inmensos recursos que ha recibido Chávez, la pobreza ha crecido y el desempleo y sub empleo son alarmantes, perdiéndose así en los últimos once años una oportunidad insuperable de progreso, mientras una insólita boliburguesía estruja contra el rostro de las mayorías depauperadas sus lujos y prebendas, exacerbando la delincuencia por imitación.

Lo que los analistas mencionados al principio deben puntualizar, sin la nostalgia chavista – o socialista - que destilan, es que es fundamental que el pueblo, entendido como ese desesperado conglomerado humano que subyace en la miseria, comprenda que él es parte de las soluciones y que no es posible resolver, ni aquí ni en ningún lugar del mundo, el problema de la pobreza sino se ataca su raíz cultural y que el reparto irresponsable del capital de la Nación lo hará en breve plazo más pobre y más indigno.

La riqueza en Europa

No hay petróleo en España, Italia, Francia o Noruega, pero hay ciudadanos, y ese es el quid (cuid) de la cosa. Francia produce más dinero exportando quesos y vinos que Venezuela produciendo petróleo. En España se conformó una poderosa estructura productiva con la pequeña y mediana industria, que aquí es despreciada e insultada como “burguesía”. Italia produce absolutamente todo lo que consume y ha logrado eliminar su emigración, como lo hizo Portugal con el turismo y fortaleciendo su producción artesanal, atrayendo inversión extranjera.

Suecia, por ejemplo, es un país con nueve millones de habitantes, aproximadamente, un poco menos que Cuba, con un territorio de unos 449.964 km2., la mitad de Venezuela, pero con un PIB de 478,96 mil millones de dólares (2008) que duplica al de aquí, sin petróleo, ni hierro y acero, maquinas de precisión (ralimanes, piezas para radios y teléfonos, armamentos), productos a base de pulpa forestal y papel, industrias de alimentos y bebidas, y vehículos, con una fortaleza industrial de unas 10.000 empresas privadas – mientras Chávez acaba las de este tierrero conceptual - lo que significa un ingreso per cápita de unos 36 mil dólares por habitantes, uno de los más altos del mundo y con 99% de alfabetismo.

Suecia es la patria de Alfred Nobel y del grupo ABBA que ha facturado 400 millones de discos, cifra solamente superada por Los Beatles. Es decir que en estos países al no existir riquezas naturales, ciudadanía y gobiernos tuvieron que ponerse a trabajar para crearlas, demostrando – otra vez - que ha sido el desarrollo de las potencialidades individuales de su población las que han logrado el progreso de sus naciones.

Durante los años del post gomecismo y hasta principios de los 90, miles de emigrantes europeos llegaron a Venezuela atraídos por sus ventajas comparativas, y lo hicieron con todas sus pertenencias metidas en una maleta de cartón amarrada con un guaral. Y abriendo zanjas, batiendo concreto, remendando zapatos, como barberos o tenderos y agricultores, se convirtieron en unos pocos años en una recia estructura económica que coadyuvó al desarrollo del país, mientras nuestros naturales, que querían ser doctores o gerentes, se convirtieron en su mano de obra.

Lo que confirma a plenitud y de primera mano que es del trabajo y de la creatividad de sus ciudadanos de donde proviene la riqueza de un país, de una sociedad o de una familia, postulado que Bolívar integró a su ideario político, pero que los populistas bolivarianos de toda índole ocultan convenientemente. Para empezar a poner orden: ¡Cambio diez a uno petróleo por ciudadanos!

La pobreza es producto de la ignorancia

Hasta que el “pueblo” venezolano no se saque la alpargata de la cabeza, la botella de ron del hocico y la frivolidad del espíritu y deje de ser turbamulta desenfrenada – al filo del delito - en pos de un caudillo que, pasándose la lógica por el forro, le ofrece felicidad instantánea – traducida como dinero fácil, lo que lo enloquece - y entienda de una vez por todas que tiene que trabajar hasta que la muerte lo separe del trabajo – no para dejar de trabajar - y responsabilizarse de las consecuencias de sus actos, jamás, léase bien, jamás saldrá de la violenta miseria que lo constriñe, désele a Venezuela el gobierno que se le dé, porque la pobreza es la maldición de la ignorancia, como gritaba Simón Rodríguez sin que ni ayer ni hoy le escucharan: “Son pobres porque son ignorantes”, no al revés.

El único proyecto viable

Así que, señores y señoras de oposición, si quieren presentar al país un proyecto económico viable, comiencen por decir esta verdad que, según ustedes, les puede quitar votos: Quien trabaje no comerá paja. Ofrezcan sudor y más sudor. Combatan el criminal simplismo socialista sin ambages ni falsos pudores. Y, por amor a Dios, no más populismo, que es el verdadero criadero de parásitos que devasta las potencialidades de nuestro pueblo y es el verdadero enemigo del progreso de esta desolación – por definición - latinoamericana.
Rafael Marrón González
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16 de octubre de 2010

Basta de gobiernos bienhechores

Uno de los anzuelos de pescar ingenuos que enarbola el socialismo para convencer de lo machete que es ser esclavo es que al ser el Estado el gran poseedor de las riquezas nacionales, su gobierno será como un amoroso padre bienhechor responsable de la mínima necesidad del pueblo.

El propio Bolívar – contradiciendo su axioma que establece, como Adam Smith, que la riqueza de las naciones proviene de la laboriosidad de sus ciudadanos - no escapó a esta tentación de ofrecer la mano bienhechora del gobierno para procurar el progreso del país: En el Discurso al Congreso de Angostura - que no refleja su verdadero pensamiento político porque fue un ejercicio diplomático para los países libres del mundo, especialmente Inglaterra, tal como lo expresa en carta a Santander el 27 de Diciembre de 1825: “El discurso que daré (en Bolivia) para probar su utilidad será muy fuerte. No dudo que será mejor que el otro de Angostura, pues ya no estoy en trance de transigir con nadie”,

Bolívar desliza esta fase que ha servido a todos los dictadores de su América para erigirse herederos de su pensamiento: “¿Quién puede resistir el imperio de un Gobierno Bienhechor, que con una mano hábil, activa y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social?”. Aquí encontramos la síntesis del poderoso Estado centralista y totalitario que propugna el “bolivarianismo” transcontinental, de Chávez a Mugabe pasando por Tirofijo y Fidel.


Qué contraste con el pensamiento de los fundadores de los Estados Unidos que basaron su Constitución en el precepto filosófico que consagra que “Los gobiernos se instituyen entre los hombres sólo para asegurar sus derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad!”.

Lo que genera la envidia a los gringos

Suelo recordarles a los furibundos enemigos de los Estados Unidos que esa nación fue construida por colonos que llegaron a un desierto donde todo tuvo que ser construido. No había a quien pedirle ayuda ni a quien comprarle nada. No existía Fondo Monetario Internacional ni Banco Mundial y mucho menos “gobiernos de mano habilidosa y bienhechora”. Tuvieron que domesticar la tierra, producir, fabricar e inventar todo lo que hoy está al alcance de toda la humanidad. Y ese espíritu de trabajo y progreso es el que ha faltado en muchos países penetrados por la pobreza, como los latinoamericanos.

Fueron hombres y mujeres absolutamente comprometidos con la convicción de que es el trabajo, el estudio y la responsabilidad lo que genera progreso. Y, por eso, el Estado es una institución al servicio de la sociedad, y los gobiernos, sin importar el signo político, son herramientas de continuidad administrativa, sucesivas y alternativas, de la sociedad cuya trilogía leyes, dinero y votos constituye la base de su armonía productiva.

Por eso es tan envidiado este país, porque se nota el bulto de sus realizaciones y no se reflexiona sobre una larga historia de trabajo constante y esfuerzo productivo, cuyo desarrollo es atribuido, sin mayor sentido crítico, al asalto a las riquezas naturales de sus vecinos. Este es el manido argumento de Fidel, ahora calcado por Chávez y coreado por los vagos “antiimperialistas” del planeta. Cuba está en la miseria por el embargo yanqui, pero nada dicen de los multimillonarios subsidios en dólares recibidos durante décadas de la Unión Soviética, desviados a cuentas privadas en Suiza por la nomenclatura cubana.

Latinoamérica no surge económicamente porque los Estados Unidos, que le compra el 50% de todo lo que produce, es rico: En Venezuela, con un ingreso petrolero y fiscal superior a los 900.000 millones de dólares durante los casi doce años de revolución personalista y autoritaria de Chávez, ha aumentado la miseria y la marginalidad porque los Estados Unidos existen. Argumentos de sinvergüenzas.

Miranda en los Estados Unidos

El 9 de Junio de 1783 (46 días antes de nacer Bolívar) llega Miranda a los Estados Unidos donde va a viajar extensamente desde Carolina del Sur hasta Nueva Inglaterra, y donde permanecerá año y medio, hasta diciembre de 1784 y en su Diario asienta que desde su primer contacto con los norteamericanos, viajando de Filadelfia a Nueva York, se admira de la prosperidad de Nueva Jersey, “la complexión y robustez de sus habitantes, lo cual atribuye sin ambages a la buena alimentación, “y la población y agricultura del país, pues apenas se descubre un rincón o quebrada donde no haya plantada una casa... puedo asegurar que... jamás encontré un individuo que demostrara estar desnudo, hambriento, enfermo u ocioso. (...) El territorio, a lo que se ve, está dividido... en pequeñas porciones que llaman farms (granjas), de que resulta que la tierra está mucho más bien cultivada, y el número de casas es mucho mayor (bien que no de suntuosa apariencia) como en otros países (por ejemplo las esclavistas Cuba y Carolina del Sur).

Y eso que “el terreno más bien puede llamarse indiferente que bueno, y sobre las costas del mar es sumamente pobre y arenisco, pero la circunstancia de estar regado por todas partes, en las manos de un pueblo industrioso, y sobre todo bajo el influjo de un gobierno libre, le hacen prosperar a pesar de todos estos inconvenientes”.

Un gobierno totalmente sometido a la soberanía del pueblo

Ha sido tan celoso el pueblo estadounidense del producto de su persistencia y sacrificio generacional, que, como su Constitución comienza con ese soberbio “Nosotros, el pueblo…”, ninguna legislación ni gobierno ha podido lograr el desarme de los ciudadanos, que tienen derecho y libertad para adquirir cualquier tipo de armamento de guerra, aunque de vez en cuando un loco justifique la crítica a esa permisividad, pero eso ocurre porque el Estado no puede ser más poderoso que el pueblo. Y si algún gobernante se desquicia y pretende usar la fuerza del ejército para conculcar los derechos civiles y políticos del pueblo, se va a enfrentar con 300 millones de ciudadanos armados.

El Estado es un instrumento de la ciudadanía para lograr la felicidad general. En cambio en esto eriales conceptuales, sin el menor sentido del significado de la libertad, es el Estado todopoderoso el que determina el rumbo de la sociedad. Cada cierto tiempo un maldito loco decide por cual despeñadero va a lanzar al país y tenemos que obedecerle porque sino el ejército del “gobierno habilidoso de mano bienhechora”, se encargará de acallar la protesta con el crimen.

Esa premisa hay que sustituirla por el concepto de productividad

En lugar de continuar con el fracaso histórico del “gobierno bienhechor”, sustento de caudillos y déspotas en América Latina, que no ha entendido todavía que el problema es precisamente la cultura parasitaria, la corrupción, el estatismo exagerado y la improductividad, es necesario hablar de sujeto productivo, adjetivo éste que ofende la sensibilidad de los comunistas, para generar una sociedad de bienestar - en producir riqueza está el secreto de su repartición equitativa - de la que dependa el Estado, pues la pobreza no es un problema ideológico sino económico, de productividad, pero si los pueblos insisten en elegir gobernantes cavernícolas que exudan “amor por los pobres”, por lo que la pobreza es su pedestal que debe crecer para poder ellos empinarse, no hay escape posible para esta región.

Conclusión

Como lo demuestra la historia a lo largo del portentoso siglo XX, esos “gobierno habilidosos de mano bienhechora” cuando no han derivado en populismo empobrecedores y castradores de la potencialidad productiva individual, deformando la definición de democracia y atándola a las perversiones de sus gobiernos demagogos, han sido feroces dictaduras estatistas que han sepultado las esperanzas de estos pueblos latinoamericanos en la indigencia.

La única salida posible a la pobreza es el progreso derivado del desarrollo de la productividad del individuo. Trabajo, estudio y responsabilidad de parte de la sociedad, y estímulo a la inversión nacional e internacional, reglas de juego claras, descentralización y respeto total a la propiedad privada por parte del Estado cuyos gobiernos deben estar sometidos tajantemente a la Constitución sin posibilidad de cambiarla mientras estén en ejercicio del poder. Lo demás es ruinoso canto de sirenas.
Rafael Marrón González
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2 de octubre de 2010

Carta a Ronald Caraballo

Estimado Ronald Caraballo: Qué de tiempo sin saber de ti, aunque por amigos comunes me mantengo informado de tus actividades, que, por lo que deduzco, no tienen nada que ver con el aislamiento que te impusiste cuando decidiste asilarte en el silencio atronador de las montañas, confundido con paisanos de largas pausas entre sorbos de vida aletargada por el frío.

Me alegra que tu lucidez siga al servicio de la causa de la libertad, del progreso y de la paz, pero de la paz que surge de los tres elementos sustantivos de la armónica relación social: La ley, bajo cuyo imperio brilla la justicia, se respeta el derecho ajeno y se sanciona la transgresión sin distingo de raza, credo o posición social, como reza la esperanza; el dinero – el producido por el trabajo, con honestidad, por supuesto – que es la única manera de apropiarse de la propiedad ajena sin coacción – la otra forma es la del malandro con una pistola o con el ejército - y el voto, sistema insustituible para dirimir las diferencias políticas por decisión de la mayoría, que es lo que en la realidad traduce “soberanía popular” que la Constitución otorga al pueblo.

Cuando uno de esos elementos se distorsiona, banaliza o frustra las consecuencias son el caos, la incertidumbre y el miedo que derivan, por imperativo de la supervivencia en la pérdida absoluta de la moral pública que, como dijera Bolívar, bien pronto causa la disolución del Estado. Como bien mencionas en tu certero análisis, Chávez se ha convertido en el Atila de esos tres pilares de la paz y, por ende, del progreso.

Ha convertido la ley en un instrumento perverso que, además de usarse para legitimar procesos ilegales e inconstitucionales y hasta reñidos con los derechos humanos y el avance jurídico de la civilización, se aplica según su conveniencia, para premiar lealtades viles y castigar disidencias dignas.

Declarándose enemigo jurado del capitalismo, es decir del dinero – por infección fidelista – ha eliminado las posibilidades del pueblo y de las nuevas generaciones que se incorporan al mercado de trabajo, de obtener un empleo ético que le produzca el ingreso necesario para mantenerse y proteger a su familia, pues de manera sistemática, violando el precepto constitucional que protege la propiedad, ha destruido el inventario empresarial privado, principal empleador de este país, alejando la inversión nacional y extranjera. El resultado de esta práctica funesta ha sido el aumento desmesurado de toda forma de delincuencia que ha penetrado toda la estructura de la sociedad, poniendo en práctica formas inéditas de delinquir, como que desde las cárceles se extorsione a los familiares de los presos primerizos, a quienes se secuestra en el interior de la celda – a lo mejor con la anuencia de los guardianes - y bajo amenaza de muerte obtienen sumas millonarias de humildes hombres y mujeres del pueblo y cada vez son más las evidencias de la participación de funcionarios policiales en la comisión de atracos y homicidios por encargo.

Como Roma, hermano, como Roma

Como bien recuerdas, fue la depravación moral de los césares, que ocasionó la desmoralización del ejército, lo que destruyó al imperio romano, y eso será lo que acabará con el chavismo, pero desgraciadamente como a Roma, la ruina de la nación será la consecuencia.

No sé si leíste la reflexión coincidente con tu preocupación, de Joaquín Villalobos – antiguo comandante del Ejercito Revolucionario del Pueblo, integrante del Frente Farabundo Martí que ocasionó decenas de miles de muertes en El Salvador, hoy anti izquierdista dedicado a la prédica democrática, como toda puta redimida que después de hartarse de putear predica la virtud propia de las mujeres de honor que no necesitaron prostituirse para descubrir que la honestidad es una virtud – que alerta a Latinoamérica del inminente destino de Venezuela: “El caos institucional ha convertido a Venezuela en la principal plataforma de tráfico de drogas hacia EE UU y Europa. Centenares de miles de armas han pasado a manos de civiles y diversidad de ejércitos conviven en el territorio en un equilibrio muy frágil. Los espacios entregados a las FARC colombianas; el surgimiento de múltiples grupos armados de izquierda dominando barrios urbanos; la formación de milicias partidarias y la generación de grupos del crimen organizado han hecho perder soberanía y poder al Estado venezolano.

Las instituciones policiales y las Fuerzas Armadas – que se reconocen a sí mismas solo como uno más de los poderes armados que existen en el país - se han debilitado seriamente en el control de la seguridad interna y estas últimas son vistas por Chávez como amigas y enemigas al mismo tiempo. Las milicias han sido creadas para enfrentar al Ejército en caso de un golpe de Estado. El Gobierno de Chávez, por estar jugando a "luchar contra el imperialismo y la oligarquía", le abrió las puertas al crimen organizado. Dejar asentarse a las descabezadas y derrotadas FARC en territorio venezolano equivale a haberse llevado alacranes a la cama porque esos desmoralizados combatientes terminarán convertidos en bandidos.

Chávez es pasajero y en el corto o mediano plazo saldrá del Gobierno. El Estado venezolano tendrá entonces que reconstruir sus instituciones de seguridad, recuperar el monopolio de la fuerza y restablecer la seguridad interna. Quizás los militares venezolanos se la estén pasando bien ahora, con millonarias compras de armamento inútil y una gran corrupción, sin embargo, cuando Chávez salga, tendrán que enfrentar a los poderes armados que hoy están creciendo. Es tristemente previsible que muchos venezolanos - militares, policías y civiles - morirán en esa guerra que se viene”.

Más claro, certero y objetivo no es posible ser, solamente los saqueadores, los esquizofrénicos ideológicos y el pueblo ignorante seducido y sobornado por la corrupción más degradante, son capaces de obviar esta espantosa realidad que amenaza disolver la nación.

Pueblos estúpidos, como el romano de aquella hora, incapaces de prever su aniquilamiento, se postran a los pies de un desquiciado moral que les habla en el lenguaje onomatopéyico que les remueve la sentina. “El loco Hugo” – como solían llamarlo sus amigos de juventud por su atolondramiento – está logrando su sueño de inmortalidad como aquel griego idiota que incendió el templo de Diana, en Atenas, para pasar a la historia.

Y ahora subordina la voluntad popular

Y llego al punto álgido de tu fraterna carta que rezuma tristeza por la suerte de la patria que, definitivamente no mereció jamás pasar por esta penitencia alucinante cualquiera haya sido su pecado original. En el año 750 a .C. los griegos inventaron el voto para decidir en asamblea pública cual solución era la mejor para resolver un problema. Desde esa lejana época es ley que quien obtenga la mayoría en unas elecciones obtiene la delegación de la soberanía popular.

En Venezuela, durante su vida republicana, el pueblo acudía a las urnas electorales a elegir a sus diputados y el partido que obtenía la mayoría llevaba más diputados al Congreso. Así de simple. Pero Chávez, todavía inconforme con el abuso y el ventajismo que caracteriza su participación en cada contienda electoral, que la idiotez internacional – léase izquierda – no se cansa de alabar como evidencia de talante democrático, desvirtuó el principio universal de la proporcionalidad recogida en el artículo 186 de su propia Constitución, y por mal arte de una ley espuria – inexistente, como toda ley que colide con la Carta Magna – se apodera de la mayoría parlamentaria (58%) a pesar de haber obtenido una votación inferior (49%) a sus adversarios, es decir que ha destruido otro puente de la paz ciudadana, puesto que el voto pierde así su estructura democrática, representativa de la voluntad popular, para ser un instrumento manipulado por los intereses particulares del gobierno.

La destrucción sistémica de estos tres pilares de la convivencia pacífica evidencian el perverso plan de Chávez de llevar a la nación a una guerra fratricida – toda guerra es incivil. Sin embargo, apreciado amigo, los resultados de esta gesta electoral demuestran que su histérico grito de guerra no fue escuchado, así que lo que cuenta son los votos emitidos por el pueblo, que venció el miedo y le demostró a este engreído inescrupuloso que cuando le puso como fecha de vencimiento el 2012, estaba hablando en serio. Y eso, amigo, no tiene precio. Un abrazo en la distancia.
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25 de septiembre de 2010

La insurrección del derecho

Los líderes de la oposición venezolana aceptaron concurrir a estas elecciones en absoluta desigualdad, admitiendo la eliminación de la representación proporcional, bajo el más despreciable ventajismo cometido con el mayor descaro y sin el menor asomo de vergüenza – perdido ya todo vestigio de moralidad - en el uso de los recursos ý cargos públicos y con bandas de desadaptados engolosinados con la impunidad, destruyendo la escasa propaganda de los candidatos de la oposición, aunque esa conducta vil cubre de ignominia cualquier resultado que pudiera favorecer al régimen – cada diputado obtenido de esta manera es ilegítimo - pues la ley establece que los funcionarios públicos sólo pueden actuar bajó los cánones que les son expresamente permitidos, somos los ciudadanos quienes podemos hacer todo aquello que no esté claramente prohibido.

Pero, en una demostración de grosera burla al ordenamiento legal la propia rectora del organismo comicial, obviando el articulado constitucional, su propio reglamento comunicado por ella a la ciudadanía al iniciarse el período electoral y el artículo 68 de la ley contra la corrupción, autorizó a los funcionarios públicos a hacer campaña electoral, invocando falazmente sus derechos políticos, para, en realidad, cohonestar el abuso de poder de Chávez, que se confeccionó una blusa de samba con la bandera nacional – está prohibido el uso de los símbolos patrios en las campañas - para echarse a la espalda su huacal de clones “a que no me conoces”.

La resignación ante esta infame demostración de barbarie da como hecho consumado la muerte del Estado de derecho, cuando lo que la lógica impone es la insurrección del derecho ante las tropelías de quienes vulneran la ley desde el poder, que es un delito atroz, porque se comete desde el podio de su magistratura. Y es que la permisividad o dejar pasar el desacato constituye, también, una violación al Estado de Derecho, pues de esa manera se deroga de facto la Constitución con la anuencia de la cobardía, por ello es imperativo la toma de conciencia sobre nuestro ordenamiento legal para no cohonestar con nuestro silencio acciones forajidas que están sancionadas penalmente.

“Al derecho no se renuncia” solía responder un jurista chileno que, en plena dictadura salvaje de Pinochet, introducía libelos en la Corte Suprema contra las ilegalidades cometidas por el régimen, a sabiendas de que no iban a atenderlas. Por eso es nuestro deber denunciar y documentar las violaciones a la legalidad cometidas por este gobierno y sus seguidores convencidos de la impunidad como derecho adquirido por su condición de “burócratas revolucionarios”, una contradicción de términos que define la característica oclocrática de esta propuesta siglo XVIII que nos amenaza.

El derecho de Estado

Cuando hablamos de Estado de Derecho, nos referimos al marco jurídico normativo para proteger el ejercicio de la democracia y de la libertad del abuso y de la transgresión, del individuo y del propio Estado.

Lo que existe en Cuba, y en los países totalitarios, es un Derecho de Estado (Estado legalista lo llaman algunos) que pivota en leyes ilegítimas, según el ordenamiento jurídico moderno, la supresión de las libertades y los derechos de los ciudadanos, para reprimir legalmente la disidencia y perpetuar a una decrépita dinastía en el poder.


La finalidad perseguida por las leyes no se cifra en abolir o limitar la libertad, sino, por el contrario, en preservarla y aumentarla, y esta es una moderna definición universal violada por los totalitarismos. Para ejemplarizar, mientras Luis XVI, Fidel, y ahora Chávez, han manifestado: “El Estado soy yo, porque tengo el “derecho” de redactar la ley, aplicarla e interpretarla, y cuando me equivoco es ley que se considere que he modificado la ley”, en nuestro ordenamiento jurídico el Estado de Derecho excluye la imposición unilateral de la voluntad de unos sobre otros, la violencia y el ejercicio de la justicia por propia mano.

Exige, por el contrario, que todos reconozcan los derechos y obligaciones de cada uno y que las controversias se resuelvan por la vía legal. Sólo el Estado de Derecho permite el despliegue en la libertad de las potencialidades de cada individuo y de la sociedad en su conjunto.

El Derecho surge de la libertad

Es fundamental que el pueblo, como nación sujeta de deberes y derechos, conozca a cabalidad que es la libertad la que ha generado los derechos. Así como son los delitos y los abusos, del individuo y del Estado, los que generan las leyes y las normas. No fue que un tipo con poder se levantó inspirado una mañana y se dijo: -¿Y qué tal si esta gente vota? No. Fue la voluntad de millones de hombres y mujeres, que forzando la barrera de su libertad generaron ese derecho.

Así como los derechos laborales surgieron del ejercicio de la libertad para declararse en huelga y hasta para morir por sus ideales y los de millones de obreros en el mundo. Por eso me arrecha cuando unos ignorantes, herederos irresponsables de esas luchas, entregan sus derechos a cambio de una promesa o por el babieco encantamiento de un desaprensivo estigmático. Así como un baboso politiquero incondicional que propone la igualdad por encima de la libertad, cuando la primera es consecuencia de la segunda. La igualdad sin libertad es un vejamen.

Las debilidades del Estado de Derecho

En los países totalitarios, como Cuba, el derecho protege y garantiza a los incondicionales comunistas, mientras que proscribe y encarcela y fusila a los disidentes. En Venezuela la ley que se aplica a los adversarios de Chávez es inexistente para los aduladólares. Porque así es el Derecho de Estado. Omnímodo y brutal.

En cambio, en cualquier Estado de Derecho, un liberticida comunista, por ejemplo, conociéndose que, de obtener el poder, destruiría la libertad - obligando y prohibiendo - goza de los mismos privilegios y libertades que los demócratas. Y a nade se le ocurriría fusilarlo, deportarlo o encarcelarlo por su prédicas mentirosas para atrapar incautos. Esa es una debilidad de nuestro Estado de Derecho, pero es la diferencia fundamental con el Derecho de Estado. Por eso no somos comunistas.

La Constitución y el Estado de Derecho

La Constitución – según su artículo 7 - es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico de la nación, es decir que su supremacía es taxativa, esta fuera de toda duda, discusión o interpretación. Por ello, todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público están sujetos a ella. Así que por su preeminencia, las actuaciones de Chávez en esta campaña y la posición del rectorado del CNE son inconstitucionales – salvo el honorable rector Vicente Díaz sometido al escarnio de Zeus.

El primer efecto de la obediencia constitucional debe ser que la ley funcione como el único marco para la convivencia social y que las normas regulen, efectivamente, las relaciones entre los integrantes de la sociedad y sus autoridades, así como las relaciones entre los diversos órdenes y órganos de gobierno, con la finalidad superior de garantizar para todos la seguridad y el acceso a la justicia, el goce de los derechos fundamentales y el disfrute del bienestar general.

Por todo ello, tanto autoridades como los particulares tenemos el mandato ineludible, de coadyuvar al desarrollo y al fortalecimiento del Estado de Derecho, que está contemplado en su artículo 2 de su Constitución: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”, que, por cierto, es la última de las propuestas liberales.

Derecho que no se defiende se pierde

Julio César solía decir que sus legiones conferían legalidad a sus leyes. Así definía para la posteridad lo que hoy conceptúo como Derecho de Estado. En cambio las armas del Estado de Derecho son las leyes y su acatamiento define su legitimidad.

Hoy en Venezuela – es sabido y comprobable - los demás poderes públicos están subordinados voluntariamente – por la vía de la membresía comunista aduldolescente – a la omnipotencia macho cabrío del Poder Ejecutivo, pero eso no significa que los demócratas lo aceptemos por la vía de la aborregada resignación de los eunucos ni por la admisión del hecho cumplido.

Mediante la insurrección del derecho lucharemos contra la ilegalidad que ilegitima el ejercicio del poder y haremos prevalecer la justicia. Mártires habrá, sin duda, en esta lucha, pero resignados borregos de balidos lastimeros, jamás.
Rafael Marrón González
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18 de septiembre de 2010

¿Está usted dónde le corresponde?

La desubicación esquizofrénica es uno de los más extraños síntomas de colocación final que suelen sufrir los individuos que padecen deficiencia intelectual adquirida – ignorancia asumida por la ideología – por ello suelo preguntar a quienes intentan rebatir mis argumentos liberales si han percibido que, en la realidad, en la cual se debate su existencia con la verdad, su praxis carece de concordancia con su pensamiento.

Y hay que ver la cantidad de sujetos de derechos cuya realidad desmiente de manera hasta grosera su posición ideológica. Y como estoy convencido de que el hombre – el cerebrizado por supuesto - frente a su destino es él, en absoluta soledad, y sus decisiones, pues las circunstancias son escenarios para la toma de decisiones, no puedo concebir tal contradicción en personas – es decir individuos jurídicos cuya existencia y modo de existir están garantizados solamente por el Estado de derechos – no puede llamarse “persona” a un esclavo, como quienes sobreviven basalmente en los sistemas comunistas que practican el Derecho de Estado, sino res o cosa.

Estas “personas” – su contradicción niega su definición jurídica - que ejercen el libre mercado – intercambian bienes y servicios por dinero (instrumento que permite apoderarse de la propiedad ajena de manera pacífica) - practican profesiones de libre ejercicio, como los abogados, cuya misión es servir de “auxiliares activos e indispensables en la administración de la Justicia” - que como “dar a cada quien lo que le corresponde” no es precisamente lo que se practica en los países comunistas, que no son repúblicas, pues éstas imperativamente deben ser democráticas - pero también encontramos maestros, cuyo deber ser es, por imperativo de su responsabilidad con la nación, universal, amplio y abierto; periodistas, profesión ésta que solamente puede desarrollarse en un clima de libertades – su lema debe ser “verdad, democracia y libertad” - en el cual sea posible develar la verdad – como resultado de comparar el discurso del poder con la realidad - sin consecuencias – en el sistema comunista un periodista es un agente corrompido usado para traducir a lenguaje noticioso las mentiras del régimen - y que disfrutan, usan y disponen libremente de la propiedad privada como pública recompensa de sus esfuerzos, profesan sectarias ideologías criminales – como el comunismo, regularmente como tontos útiles de la versión diplomática de esta secta de asesinos, llamada falazmente “socialismo”, cuando es “masalismo” –que niegan toda posibilidad a la realidad que los sustenta, por lo que no tengo más opción que inferir el padecimiento de una enfermedad mental, como escribí en “La esquizofrenia de las ideologías”, pues sólo a enfermos mentales es posible justificar que desprecien su realidad por una abstracción onírica conjugada en futuro, como un “delirium tremens”, es decir soñar despiertos y confundir lo que se sueña con la realidad.

Un ejemplo histórico de esta esquizofrenia, lo representa el duque Felipe de Orleans, que desconociendo su realidad y desatendiendo el consejo de sus pares, apoyó la revolución y adoptó el nombre de Felipe Igualdad, presionado por los revolucionarios que burla burlando le fueron confiscando sus propiedades, lo despojaron de sus títulos y fortuna y, luego de firmar el decreto de asesinato por decapitación contra su primo el rey Luís XIV, lo decapitaron también. Un idiota desubicado. Esa será la suerte de todos aquellos desubicados que apoyan hoy este anacronismo criminal que los devastará.

Desubicación canalla

Pero es necesario aclarar que, además de la esquizofrénica, existe una aparente desubicación – no menos peligrosa para la libertad - que es la canalla, propia del ladrón que está saqueando el erario o del que está detentando las prebendas de un alto cargo oficial para cuyo ejercicio no está preparado, y por esos privilegios, procurados por la impunidad y por la complicidad, desconecta sus escrúpulos y apoya propuestas contradictorias con su formación.

La palabra “canalla” la califica la ruindad, la bajeza de gente de mal proceder, sin embargo esta voz es perfecta para definir la situación moral de estos especímenes que, conociendo la verdad, se prestan para desvirtuarla, usando la autoridad que emana de su posición económica, social o intelectual para engañar a románticos, ingenuos, ignorantes o débiles mentales ávidos de una justicia que bien pueden procurarse por sus propios medios si no sufrieran de parasitismo cultural, a los cuales señalan derroteros imposibles de igualdad, a cambio de su libertad, para conseguir apoyo popular a sus proyectos personales de enriquecimiento al lado del poder hegemónico de una entidad totalitaria.

Hipócritas de doble moral, desubicados por la maldad, para quienes la patria es un aliviadero geográfico y el gentilicio un indeseado accidente superable.

Su desprecio por el pueblo es tal que no dudan en aprovecharse de sus debilidades emocionales para seducirlo y dominarlo por la supervivencia en aras de eternizar su posición bajo el ala del tirano. Este tipo de gente, no está donde le corresponde – porque su praxis está reñida, no con sus principios de los que carece, sino con su modo de vida - pero le venden el alma, la madre y los hijos al mejor postor por la codicia. Son los eternos vivos, expertos en el arte del equilibrio, que se balancean entre el bien y el mal con absoluto desparpajo. Son los que usan los medios más perversos con tal de lograr sus fines hedonistas. De traición en traición transcurre su existencia y, lamentablemente, estos sujetos suelen escapar de la justicia y en lugar de recibir sanción social, son considerados “ejemplos” para las nuevas generaciones que les admiran el oropel de los símbolos externos de poder derivado. Y en la historia siempre aparecen al lado de los vencedores, perdonados en sus crímenes por una sociedad estúpida cuyo perdón, entendido como no sanción para el culpable, propicia la multiplicación de esta especie, además de ser una bofetada para sus víctimas.

Me indigna la imbecilidad que decreta “la reconciliación nacional” dotando del privilegio de la impunidad a estos cómplices de la barbarie. Los camboyanos cuentan la indignación que sienten cuando se encuentran en la calle, transitando con total libertad, con los canallas que apoyaron al régimen del terror comunista que asesinó a millones de inocentes, para beneficiarse de su complicidad. Así hoy en Venezuela somos testigos de la actuación de no pocos canallas, que legitiman los abusos de un régimen que amenaza las libertades públicas, creando incertidumbre y miedo en la sociedad democrática, con tal de disfrutar la vida muelle que le prodiga estar al rescoldo del poder.

No quisiera pensar en tener que verlos – cuando esta infausta era pase, porque sin duda pasará - sentados a la misma mesa de quienes hemos sufrido las consecuencias de adversar este régimen disoluto, corrupto e inservible desde el propio 4 de febrero, número que en el teclado – como detalle premonitorio de su deshonestidad - acompaña el símbolo del dólar.

Visión razonada

Estar donde corresponde es una certeza - propia de quienes logran conocerse a sí mismos - que permite tener una visión razonada del objetivo real. Por eso la pregunta que titula este texto: ¿Está usted dónde le corresponde estar según su identidad intelectual, sus preferencias culturales y su realidad socioeconómica? Lo elemental sería que si usted es enemigo de la propiedad privada, no tenga ninguna o entregue voluntariamente al Estado la que posea, sea vivienda, finca, empresa o acciones y valores.

De lo contrario o es usted un canalla, o un enfermo mental o un ignorante, en este último caso, escalera de los trepadores. En todos los casos, un peligro para la libertad. Porque si es usted el digno poseedor del producto de su esfuerzo y lo disfruta ¿qué hace dónde no le corresponde estar? ¿Por qué se avergüenza del producto de su inteligencia o de su persistencia? ¿Cuál razonamiento lo obliga a despreciar el mérito propio del individuo por la manifiesta irresponsabilidad de la masa? Porque es lógico suponer que usted tiene plena conciencia de las implicaciones políticas y sociales derivadas de su realidad, es decir que sabe a ciencia cierta el lugar que ocupa.

Una persona cuyo éxito le reditúe una buena vida, que se confiese “socialista”, repito, debe acudir a un psiquiatra para que le repare la avería mental o la baja autoestima, que lo lleva por presión tribal a renegar de su propia verdad.
Rafael Marrón González
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12 de septiembre de 2010

Altruismo vs Individualismo

La especial diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio, se llama altruismo y en esta doctrina se basa toda propuesta colectivista, tanto religiosa como política y nuestras sociedades han sido formadas con la idea paradójica – y contradictoria - del sacrificio propio como herramienta para generar el bienestar general, es decir que ser feliz mientras los otros no lo son es pecado o traición social.

Ha sido tan penetrante esta idea en nuestra psiquis que sentimos vergüenza de manifestar nuestro éxito o felicidad en público, porque puede inferirse que se la hemos quitado a algún descuidado que la olvidó en algún rincón, en lugar de publicitar el logro como consecuencia del esfuerzo sostenido y sistémico frente a la sinvergüenzura del “Dios proveerá” o “mañana es otro día” o “Como vaya viniendo vamos viendo”.

En el caso del socialismo, ésta ha sido la mecha para incendiar la pradera: Pide el sacrificio del individuo – su propia felicidad y bienestar - para favorecer al Estado que se ocupará de repartirle felicidad al pueblo, siempre que ésta coincida con la concepción que del bienestar tiene un Estado colectivista.

Así que el “ser rico es malo” de Chávez en realidad significa “ser individuo soberano es malo”, por lo tanto lo perfecto es ser un obediente no deliberante diluido en la masa aborregada seducida por el indigno refrán “barriga llena corazón contento”, es decir ser “masito”, porque en la realidad el “socialismo” – sustantivo derivado de una apropiación indebida, porque está reñido con su praxis, pues no crea sociedad sino masa – debiera llamarse en puridad sociológica “masalismo”.

Y como el individuo ha sido domesticado con la idea de que reconocerse como individuo es un anatema, pues admite el sacrificio de su yo como algo hermoso que le redituará placer inédito o alguna forma extraterrenal de vida eterna instalado en una nube tocando una lira a juro, aunque no haya sido músico, o de aplauso político como “revolucionario del mes” que parece ser el sueño de los trabajadores seducidos por el discurso igualitarista, que están dispuestos a entregar sus beneficios contractuales a cambio de ese reconocimiento banal y cuyo salario “excedentario” será destinado a cubrir la solidaridad para aliviar la responsabilidad del gobierno en materias de verdadera seguridad de Estado como son la salud y la educación.

Como en Cuba, cuyo sistema de explotación organizada por el terror, llamada comunismo, deduce del exiguo salario del trabajador una elevada cuota por los precarios servicios prestados por el Estado, como la educación, por ejemplo, que no ha sido capaz de evitar “la "pobreza" del lenguaje en la isla, aunque, en verdad, ¿para que quiere hablar bien un pueblo de dos palabras: Tengo hambre?

Justicia social

De esa deformación “políticamente correcta” se ha derivado una actitud social que procura el bienestar sin esfuerzo, sin invertir el tiempo necesario en la formación intelectual y profesional, con la prepotencia del derecho adquirido que coloca la pobreza como emblema de dignidad y somete al escarnio a todo quien se resista a ser usado como pródiga chequera para mantener vagos, indigentes, viciosos, derrochadores, flojos, indiferentes y sinvergüenzas de todo pelaje, porque pondría en peligro la consideración social y moral, cuando lo ético sería que todos fuéramos artesanos o arquitectos de nuestro destino, cabalmente entendida la hombría como ejercicio de la responsabilidad.

Cuando en alguna reunión sostengo que soy individualista, es decir que creo que el individuo es el verdadero núcleo de la sociedad y que en su adecuada formación está el secreto del progreso humano en función colectiva, las miradas de asombro me acribillan. Es tal la contradicción implantada que, para popularizar el altruismo, lo han denominado solidaridad, pero con carácter obligatorio lo que deriva en complicidad automática con las falencias actitudinales de los individuos que conforman la masa amorfa de conciencia colectiva, es decir irresponsables con las consecuencias de sus actos, las cuales adosa – con el beneplácito de los pobrecitistas – a Dios, al azar, al gobierno o a los accidentes, ésta última, una voz abusada para justificar la responsabilidad personal en los eventos ocasionados por errores humanos, que, en el caso de los siniestros de tránsito que arrojan víctimas mortales, no son más que homicidios con dolo eventual o suicidios.

En esa tónica me niego a practicar ni el altruismo ni la solidaridad automática traducida en limosnerismo sentimentaloide, elemento fundacional de la irresponsabilidad. Cuando veo algún anciano en estado de indigencia me pregunto qué hizo durante su juventud para terminar en ese estado. Pero es aquí y con ese anciano donde germina la preponderancia del Estado como dador de bienestar, lo que ha sido aprovechado en América Latina para crear el funesto clientelismo político, integrado por seres humanos de existencia basal, sin ningún compromiso con la patria, cuyo único interés es que el gobierno o el altruismo lo alimente sin ningún esfuerzo ni compromiso a cambio.

La patria es la gente

Sostengo que lo que define el concepto de patria es la gente: Jamás tendremos una patria relacionada con el progreso, si la gente no introyecta la necesidad de superarse como nación a través del trabajo, el conocimiento y el compromiso y considera una ofensa a su dignidad que se le trate como minusválido social coptado por los intereses creados alrededor del poder político, que ha encontrado una inagotable base de sustentación en un pueblo penetrado por la idea de que existe y es obligatoria la justicia social, que ha sido la forma populista de oficializar el parasitismo dependiente de un gobierno munífico que todo lo resuelve a cambio del poder omnímodo segregado por la sumisión por la subsistencia.

Quienes hablan de “justicia social” jamás se han paseado una reflexión sobre el terrible daño que les han ocasionado a sus pueblos, sobre todo los latinoamericanos, con su deplorable asistencialismo. Legiones de limosneros castrados, nacidos con las manos como cuencos para la mendicidad, ha sido su contribución a la humanidad.

El parasitismo social ha sido su engendro. Pero como reditúan votos para quien les prometa el paraíso de mantenerse vivos con el menor esfuerzo, comer sin trabajar, en un rancho miserable de un barrio harapiento, reproduciéndose como acures para multiplicar y perpetuar su improductiva especie, porque en este caso si se genera una forma de especie por imitación cultural.

En todo caso la justicia social debe entenderse como reconocer el derecho a la justicia que tiene todo quien contribuya, a través del trabajo, el estudio y la responsabilidad, con el desarrollo integral de la sociedad. Por eso insito en que se debe actuar como gobierno con racionalidad social, y no con justicia social, pues ésta es ciega y por lo tanto siempre termina favoreciendo a quien no la necesita con lo que no ha pedido.

En conclusión

El altruismo y la justicia social son invocaciones a la pobreza por inercia social. Una escena de la serie Los Símpson ejemplifica este aserto: Homero Simpson pasa por una carretera a cuya orilla un gringo está construyendo una casa de ladrillos a toda prisa, Homero se detiene y el gringo le informe que es para una familia que está esperando que la termine para ocuparla. La familia está compuesta por un grupo de andrajosos latinoamericanos impávidos que ven al gringo trabajar sin mover un dedo para ayudarlo.

Es imperativo que en nuestras naciones latinoamericanas se imponga la verdad sobre la actitud de nuestros pueblos como causa de su pobreza, pues ésta se ha convertido en un discurso que propende a su radicalización, cuando debe ser un estímulo para la superación del individuo, como lo ha sido en naciones avanzadas, que lo son por su gente y no por sus riquezas naturales.

Cada vez que usted por altruismo o el Estado por justicia social, dan limosnas a la pobreza están financiando la miseria física y moral de la gente que es la patria, que nunca saldrá de su subdesarrollo y estará siempre a merced de aventureros sin escrúpulos prestos a sacrificarse por los pobres para eternizarse en el poder.

Hoy Venezuela vive el drama intenso de un pueblo capaz de legitimar, con absoluta indolencia, una tiranía con tal de recibir su ración de miseria sin tener que trabajar. Por ello, si queremos mejor patria es preciso reconocer con toda su crudeza, que no la tendremos sino tenemos mejor gente.
Rafael Marrón González
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4 de septiembre de 2010

La demanda del PCV…

“La criminal es una de las dimensiones propias del sistema comunista durante toda su existencia". Stéphane Courtois: El libro negro del comunismo.

Rasgándose las vestiduras salpicadas de sesos de torturados en las mazmorras de Fidel y cubriendo de cenizas sus barbas tintas en sangre seca de las cien millones de víctimas que sus regímenes le han ocasionado a la humanidad, el PCV amenaza con “demandar” a la Mesa de la Unidad por hacer campaña “anticomunista”, como si ser anticomunista - que es un deber patriótico, humano y de defensa propia – fuera delito como sí lo es participar en conspiraciones terroristas contra estados democráticos en campamentos guerrilleros que violan espacios territoriales de naciones extranjeras, como se comprobó por una evidencia fotográfica que registra al diputado malbañado de la chaqueta quita y pon en el aquelarre que él nunca suficientemente bien siquitrillado Raúl Reyes mantenía en territorio ecuatoriano y que Uribe, en buena hora para la América mestiza, fumigó.

Quisiera preguntarles a estos cínicos por qué no demandan al Congreso polaco que en decisión que lo enaltece decretó al comunismo como ideología criminal – que lo es por antinatural – o a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que condenó “con vigor las violaciones masivas de los derechos de hombre cometidas por los regímenes comunistas”.

Sinceramente creo que es hora de asumir posiciones firmes frete a esta canalla criminal, que la pudibundez democrática ha cohonestado en perjuicio de los valores democráticos, que debe proscribirse como enemiga de la humanidad. No hay posición más digna para un hombre libre de conciencia inteligente que proclamarse anticomunista, como debe toda persona signada por la piedad que es la síntesis de lo esencialmente humano.

Pruebas de la sevicia de esta esquizofrenia existen en demasía y no comprendo como se sigue permitiendo que este peligro siga como espada de Damocles, pendiente del cuello de los pueblos ingenuos del mundo.

Un comunista que había pasado hasta ahora como símbolo de honestidad intelectual, no resistió el trabajo acucioso de un investigador, se trata de Santiago Carrillo, uno de los artífices de la transición española desnudado en su condición asesina por investigaciones periodísticas españolas, que han descubierto hasta el homicidio de un partidario sospechoso de colaboracionista, cuya muerte hasta ahora se había atribuido a Franco: “Santiago Carrillo es responsable de la matanza de Paracuellos, durante la guerra civil española, en la que murieron 5.000 personas, un tercio de ellas menores de edad, Las matanzas de Paracuellos no fueron un episodio excepcional.

En realidad, obedecían a un modelo genocida que se comenzó a aplicar en Rusia durante la guerra civil y que tendría otra de sus manifestaciones en las matanzas de Katyn en 1940 donde los comunistas rusos asesinaron a más de 20.000 polacos. En enero de 2008, Carrillo pronunció una frase impresionante: "Todos hemos sido terroristas". ¡Lo habrás sido tú, carnicero! Y en una entrevista en El País, publicada en 2005: "Incluso, en algún caso, yo he tenido que eliminar a alguna persona, eso es cierto; pero no he tenido nunca problemas de conciencia". ¿Y este asesino confeso sigue recibiendo homenajes?".

Ustedes, comunistas, son criminales y punto

… Y si usted no lo es ¿qué hace donde no corresponde? Han sido tan horrendos y tan profusos los crímenes contra la humanidad que han cometido los regimenes socialistas que en el mundo han tenido la desgracia de imponerse sobre sus pueblos, que los seguidores de esta antinatural corriente política reaccionan definiéndolos con el derivado de los líderes que dirigieron y dirigen esos gobiernos, olvidando que un gobierno es una estructura de poder, y así, en Cuba hay “fidelismo” no socialismo; en Corea del Norte es “polpotismo” en la Unión Soviética, hubo “estalinismo”, no socialismo “y menos comunismo”, porque el comunismo es “una utopía” me corrige un criminal potencial afilando la daga de degollar hombres libres, pues utopía es realidad potencial por lo tanto hay que estar alerta contra esta secta de asesinos.

Fidel Castro siempre fue un gangster dispuesto a asesinar a quien se le atravesara en el camino de su codicia, una anécdota que lo define ocurrió en una conversación con el bolsiclón de Salvador Allende – de quien los rusos se burlaban - éste le dijo a Fidel Castro que un revolucionarios debía estar siempre dispuesto a morir por la revolución y Fidel le respondió: ¡A morir no, a matar".

Durante 72 años la mal llamada Unión Soviética fue el laboratorio de experimentación humana más perverso de la historia de la humanidad, y aquí es importante destacar para colocar las cosas en el ámbito de la realidad, que la palabra “soviet” de la cual deriva “soviético” o “soviética”, era el nombre de los consejos comunales rusos, organizados por el partido comunista como receptores del “poder popular”, una ficción, que bajo el lema “todo el poder para los soviet” – para el pueblo - concentraba “todo el poder” en la nomenclatura del régimen por endoso de la soberanía.

Estos soviet, o consejos comunales constituyeron la base para el control social del régimen comunista, al principio fueron los primeros actores de las primeras matanzas y mudanzas obligatorias de pueblos enteros para desarraigarlos y dominarlos por la incertidumbre, y luego terminaron siendo víctimas de su propia estupidez.

La voz “soviético” es decir, miembro de un consejo comunal, es un sustantivo tenebroso que remite al asesinato sistemático de 40 millones de seres humanos. Y fue precisamente José Martí – de cuya gesta libertadora se apropió Fidel Castro como Chávez de Bolívar - quien nos dejó una advertencia: "Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en los que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados".

Socialismo es muerte

En el mundo del pensamiento actual no hay espacio para las ambigüedades. Ser o no ser es el dilema. El closet quedó exclusivamente para guardar ropa, no para esconder posiciones ni tendencias ni preferencias.

La autenticidad dejó de ser privilegio de ricos y famoso, para constituirse en una posición natural ante la vida que traduce honestidad e integridad. En el caso del socialismo, estamos observando en nuestros políticos latinoamericanos una ambigüedad preocupante, porque en lugar de señalar con precisión las perversiones de este sistema en la práctica, intentan desvincularlo de ella para mantenerlo en el plano de la oferta de “progreso” humano, obviando que todos los gobiernos socialistas – no confundir estúpidamente con socialdemócratas – en la práctica han sido – y son - feroces dictaduras criminales que siguen al pie de la letra la praxis marxista – leninista, y cuya realidad socio política, se ha constituido en ejemplos de inicua explotación del hombre en estado de esclavitud, frase que identifica plenamente al comunismo, presentado eufemísticamente, para preservarle la virginidad, como “socialismo real”, definido en la práctica como gobierno personalista que controla la vida económica, social y política de la nación bajo el imperio de las armas de un ejército incondicional por los privilegios que actúa sobre las “desviaciones”, como llaman al pensar distinto, con furia satánica.

Los reformistas del socialismo en lugar de reconocer de una vez por todas que ese es un sistema inhumano, que castra la individualidad indispensable para el desarrollo, que es como quitarle el germen a la semilla, y denunciarlo ante el mundo como genocida, se la pasan creando “socialismos diferentes”.

Todo con tal de no reconocer que han perdido su vida política detrás de una forma de gobierno que va a contrapelo de lo que han logrado en el ejercicio de sus potencialidades en democracia. Pero el colmo es que pretenden debatir con nosotros, los liberales, sobre las “bondades” de esta criminalidad que ha cometido el más espantoso acto terrorista selectivo de todos los tiempos.

¿De qué vamos a debatir? ¿De lo maravilloso que es la exclusión socialista representada en Venezuela por la Lista Tascón? ¿O de la aberración imposible de la propiedad social, comunitaria o colectiva? Ah, ya sé, vamos a debatir sobre "patria socialista o muerte", eslogan estúpido que define en cuerpo entero el pensamiento totalitario de esta gente cuyas falencias personales y genéticas les han inoculado odio por todo quien se ponga una corbata.

¿Vamos a debatir? ¡No, vamos a derrotarlos! Ah, comunistas, pueden incluirme en su demanda porque yo si es verdad que ante el mundo proclamo sin ambages que el comunismo es una secta de asesinos.
Rafael Marrón González
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29 de agosto de 2010

La inseguridad como arma política

El drama humano de la inseguridad ha adquirido en Venezuela visos insólitos, que solamente pueden concebirse si la analizamos bajo la óptica de la política de Estado – tal como “el terror de masas” impuesto por Lenin como sistema de control social - pues no es posible imaginar que un gobierno sea tan irresponsable, ineficiente e indiferente ante el terrible dolor que causa el hampa y su incidencia en el aumento de la pobreza por la pérdida de bienes materiales – salario incluido - y el desplazamiento de los más humildes a otra zonas ¬abandonando la vivienda propia - para proteger la vida de alguno de sus miembros amenazado por una delincuencia feroz que no perdona ni tiene piedad, lo que evidencia la absoluta negación a su condición humana.

Lo primero que hizo Chávez al llegar al poder fue usar la vigencia del Código Orgánico Procesal Penal – una legislación del primer mundo aplicada en la barbarie cuartomundista venezolana, lo que demuestra el autismo de las élites pobrecitistas idiotizadas por el romanticismo – para liberar a doce mil delincuentes que esperaban juicio, cuyo retardo procesal no debió ser excusa para el perdón de sus crímenes, que fue en última instancia lo que ocurrió, porque ninguno de ellos fue llevado a tribunales posteriormente y fue un ejército de salvajes depredadores que se abatió sobre la sociedad inerme sembrando el terror que el régimen necesitaba para obligar a los venezolanos a abandonar su patria - tal como Fidel obligó a los cubanos a abandonar Cuba – dada la obstinación del pais consciente del valor de la libertad como elemento supremo del progreso humano, de plantarle cara a su proceso de comunistización que degrada al gentilicio y pauperiza los logros espirituales, intelectuales y sociales de la nación.

Hoy se calcula que un millón quinientos mil venezolanos – sobre todo jóvenes profesionales y descendientes de nacionalizados – han abandonado el país por miedo y las embajadas y consulados extranjeros están repletos de solicitudes de visas, para solaz y gloria de Fidel Castro que morirá pronto pero con la satisfacción de haber arruinado a Venezuela, su venganza por la inmensa derrota que hace 40 años le infligió en América Latina a su pútrida revolución, el patriota venezolano Rómulo Betancourt.

Aquí manda el hampa

Chávez es un remedo de gobernante – de verbo violento - cuyo gobierno está penetrado por ladrones de toda laya – eufemísticamente llamados corruptos, ahora fortalecidos por la participación de ladrones cubanos - y a cuya sombra los cuerpos policiales están “en un 20%” – sí, oh - en poder de la delincuencia, El Aissami, dixit, – gracias a Bernal y a Barreto que en inédita forma de control del hampa la incorporaron a sus policías, ejemplo que fue revolucionariamente seguido por las demás instancias oficialistas, acción irresponsable que ha situado a Venezuela en los primeros lugares de criminalidad con 70 homicidios por cada cien mil habitantes.

La población venezolana, estado por estado, municipio por municipio, es rehén de la delincuencia estimulada por la impunidad, llámese bandas organizadas, fuerzas paramilitares, guerrillas urbanas y extraurbanas – extranjeras y nacionales – carteles de la droga, tráfico de armas, trata de blancas, hampa común multinacional – como en tierra de nadie - o matraqueo cubano-venezolano, que la somete a todo tipo de chantaje, extorsión, robo de vehículos y enseres, secuestro, asalto, violación, arrebatón, sicariato, amenaza o asesinato “por resistencia al atraco”.

Las modalidades modernas incluyen las llamadas telefónicas que exigen cantidades de dinero para evitar un supuesto secuestro o un crimen o protección contra el robo de vehículos – lo que se ha determinado las hacen criminales desde las cárceles del país - pasando por el secuestro convencional y el secuestro express – que incluye el practicado a unidades de transporte público cuyos pasajeros deben llamar a sus familiares para que paguen el rescate (entre julio de 2008 y julio del 2009, hubo en Venezuela 16.917 secuestros, de ellos un 82% en la modalidad Express, revela un reportaje de El Nacional) - comisiones para cobro de deudas u otorgamiento de contratos con entes oficiales – corrupto y delincuente es lo mismo - hasta asaltos en plena carretera a unidades de transporte masivo cuyos pasajeros son vejados y despojados de sus pertenencias y de su dignidad.

Esta realidad nos refleja que en Venezuela manda el hampa, porque el subgobierno – el gobierno está en Cuba - que se ha instalado en el país está solamente interesado en prorrogar indefinidamente la posibilidad de continuar el saqueo. Sin embargo, en estado cataléptico ante la realidad Chávez culpa a los medios de comunicación, a pesar de que un voluminoso informe de su Sala Situacional, binacional, le advierte que es incierto (87.5%) que el pueblo sea influenciado en su visión de la inseguridad por las noticias o fotografías de los medios de comunicación.

El drama del barrio

La verdad es el único enemigo poderoso que tiene Chávez y la realidad se ha encargado de develarla, por eso acaba de perder – según sondeos de opinión – lo más preciado para un político, no su popularidad, que es veleidosa, y depende, en su caso, de su infinita demagogia, sino su credibilidad.

El pueblo ya no le cree ni la hora de su costoso reloj. Pero lo más grave es que en verdad verdadera, Chávez no está interesado en resolver los problemas del pueblo porque en la dependencia y el miedo está su sustento. Pero el pueblo esperanzado - chavista y no chavista – ha percibido esta perversión que lo ha colocado en total estado de indefensión.

Uno de los nuevos embates del hampa es el cobro de vacuna para preservar la vida de los hijos del pueblo que caen en prisión. Al prisionero le es arrancada con violencia la información necesaria para que los compinches de los criminales, notifiquen al familiar el monto a pagar semanalmente, dependiendo de sus ingresos, Y todos pagan. Desde el más humilde obrero de la construcción hasta el bodeguero tienen que pagar porque si no lo hacen a tiempo, el hijo muere de manera terrible para escarmiento. Pero eso no le interesa a Chávez. Como tampoco está interesado en el drama de los desplazados, situación que agrava el problema de la pobreza: Si alguna persona, por casualidad, es testigo de un acto delictivo o de un crimen, es señalada como próxima víctima. Y debe mudarse del barrio. Desaparecer del área de influencia de la banda. Y eso significa abandonar su vivienda y emigrar con toda su familia, porque quien se quede paga, a lugares donde debe vivir en condiciones paupérrimas de desarraigo. Con el miedo en la piel. Pero qué le puede importar eso a Chávez.

Todavía no se ha percatado que de los cerros es que están bajando los muertos y el dolor de las madres en las morgues. Cuando, por equivocación popular, Chávez llegó al poder, los jóvenes que hoy sucumben en ajustes de cuentas o en enfrentamientos policiales, eran niños entre cinco y diez años. Y este inmenso mega fraude de proporciones históricas, con ingresos petroleros y tributarios jamás soñados por los 40 años de democracia, un apoyo popular sin precedentes y una cohesión política incondicional que le subordinó los demás poderes, no fue capaz de invertir en políticas públicas que ofrecieran un porvenir a esa juventud. Porque, aunque el hampa es una elección voluntaria, en el caso venezolano ha sido el gobierno, con su despilfarro y privilegio a naciones extranjeras en detrimento del sistema productivo nacional generador de empleos, el que ha empujado a los jóvenes rebeldes de los estratos más humildes hacia el delito.

La reversión electoral

Sin embargo a Chávez le está saliendo el asunto por las antípodas: Tanto su maldad como la de su corte de aduladólares, creyeron que el hampa solamente afectaría a la clase media – que viene del pueblo suburbano de la nación - y le dejarían el país para que hiciera de las suyas con los menos informados y más dependientes. Pero, en primer lugar nos negamos a irnos y le hicimos frente durante once años hasta ponerlo en el desamparo donde está hoy. Y, para su sorpresa, los más lesionados han sido precisamente los de las clases populares que lo sustentaron, que han visto como en estos once años la criminalidad ha contaminado su modo de vida, sumiéndolos en el miedo, por la suerte propia y la de los suyos, y en el luto cotidiano por el imperio de la muerte artera que cercena juveniles ilusiones. Por eso de la noche a la mañana reconoce tímidamente su culpa, pero extendiéndola a los gobernadores y alcaldes de oposición a quienes su maldad ha despojados de sus recursos. Pero ya el pueblo no le cree: Sabe que su luto y miedo son culpa suya y lo está esperando en la bajadita del 26S para cobrárselas. Y cierro con las palabras de la eminente ministra de lo improbable María Cristina Iglesias: “Nadie ha hecho tanto por la inseguridad como este gobierno”: Eso es indiscutible.
Rafael Marrón González

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22 de agosto de 2010

comunismo secta de asesinos

Cuanto me hubiera gustado ver la cara de Vanessa Davies cuando Fidel le espetó – sin anestesia - que socialismo es… comunismo... “tal como lo dijo Marx”. ¡Comunismo! A Chávez la parapara del ojo izquierdo le dio un vuelco y saltó a socialdemócrata y el Cardenal Urosa gritó ¡yessss!, haciendo la señal de costumbre, como bien lo caracterizó Weill, mientras los aduladólares del PSUV corrían hacia el cuarto a hacer las maletas, como les recomendó, ya moribundo, Muller Rojas, según Patricia Poleo.

Qué oportuno fue Fidel, pues por mucho que se lo dijimos al pueblo esperanzado, chavista y no chavista – aunque en un 80 % largo rechaza al mal de la felicidad que mientan “comunismo” - no había manera de que entendiera que “socialismo” es el ropaje diplomático del hórrido sistema criminal comunista y que Chávez nos lleva hacia allá, como lo advirtiera Raúl Castro – para que despertáramos – cuando les dijo a los periodistas “Cuba y Venezuela son la misma cosa”.

Espero que ahora, luego de esta contundente e inapelable declaración del máximo amo de Venezuela, el pueblo esperanzado deje el enamoramiento tóxico y se sacuda esa modorra idiotizada que lo lleva al matadero. Pero la actitud de ese pueblo es comprensible, por su ingenuidad patológica, lo que indigna es la cómplice laxitud moral de los llamados "intelectuales de izquierda", que han guardado un silencio ominoso con los espantosos crímenes de la secta más criminal de la historia de la humanidad.

Esta verdad debe ser difundida en todo el planeta y debe ser materia obligatoria en todas las escuelas para impedir que el discurso romántico de la "justicia social" que propugna el socialismo – el vestíbulo del infierno - que esconde las zarpas de este sistema liberticida, atrape mentes ingenuas de jóvenes soñadores.

Iniciando esta cruzada contra el crimen organizado del comunismo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó una resolución en favor de "una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas". La Asamblea pone de manifiesto en la resolución que los regímenes comunistas que hubo en Europa "estuvieron marcados, sin excepción, por violaciones masivas de los derechos humanos que incluyeron asesinatos y ejecuciones".

También señala que esos crímenes "se justificaron en nombre de la teoría de la lucha de clases y del principio de la dictadura del proletariado", lo que "hacía legítima la 'eliminación' de las categorías de personas consideradas perjudiciales para la construcción de una nueva sociedad, y por tanto enemigas de los regímenes comunistas". Y reclama que “la caída de los regímenes comunistas de Europa central y oriental no ha sido seguida por una investigación internacional exhaustiva y profunda, ni por un debate sobre los crímenes cometidos por estos regímenes. Además, los crímenes en cuestión no han sido condenados por la comunidad internacional, en consecuencia, el gran público es muy poco consciente de los crímenes cometidos por los regímenes comunistas.

Los partidos comunistas son legales y todavía activos en ciertos países y parecería que una suerte de nostalgia del comunismo esté todavía presente en ciertos países – en Polonia fue proscrito como ideología criminal - con el peligro de que los comunistas vuelvan el poder.

La Asamblea está convencida de que la toma conciencia de la historia es una de las condiciones que hay que cumplir para evitar que crímenes similares se reproduzcan de ahora en adelante. Además, el juicio moral y la condena de los crímenes cometidos desempeñan un papel importante en la educación consagrada a las jóvenes generaciones. Una posición clara de la comunidad internacional sobre este pasado podría servir para ellos de referencia para su acción futura”.

Esos crímenes deben ser condenados

“Quedan regímenes comunistas en ciertos países del mundo, y continúan cometiéndose crímenes. Los intereses nacionales no deben impedir a los países condenar vivamente todas estas violaciones de los derechos del hombre. La comunidad internacional debe tomar claramente posición sobre los crímenes cometidos por los regímenes comunistas.

Todos los antiguos países comunistas de Europa, a excepción de Bielorrusia, son hoy miembros del Consejo, y la protección de los derechos del hombre y el Estado de derecho son los valores fundamentales que defiende este organismo. En consecuencia, la Asamblea parlamentaria condena con vigor las violaciones masivas de los derechos de hombre cometidas por los regímenes comunistas y rinde homenaje a las víctimas de estos crímenes”.

Cómo reconocer un régimen comunista

“Los regímenes comunistas se definen por un cierto número de características, particularmente la dominación de un partido único de masas vinculado a la ideología comunista (el PSUV es el verdadero partido comunista en Venezuela, el PCV es un prescindible apéndice intrascendente). El poder se concentra en manos de un pequeño número de dirigentes del partido, que no considera necesario rendir cuentas ni respetar la primacía del derecho (ya la rendición de cuentas se considera un acto publicitario no vinculante).

El partido ejerce sobre el Estado un control tal que la separación entre estas dos nociones desaparece, y este control se extiende, además, a todos los aspectos de la vida diaria de la población, a un nivel sin precedentes. El derecho de asociación no existe, el pluralismo político es abolido y toda oposición y tentativa de organización independiente, son severamente reprimidas.

Por otro lado, la movilización de masas por parte del partido o de sus organizaciones satélites es impuesta. Para asegurar su imposición sobre la esfera pública y prevenir toda acción que escapa de su control, estos regímenes desarrollan las fuerzas policiales (y militares) a un punto jamás alcanzado, establecen redes de informadores y animan la delación. Los medios de comunicación de masas son monopolizados y supervisados por el Estado (ya en Venezuela quedan muy pocos medios independientes y el acoso no se detiene). Se aplica censura previa. En consecuencia, el derecho a la información es violado y no existe prensa libre.

La nacionalización de la economía, característica permanente del comunismo directamente atado vinculado a su ideología, impone restricciones a la propiedad privada y la actividad económica individual. Debido a ello, los ciudadanos son más vulnerables frente al Estado que tiene el monopolio del empleo y representa la sola fuente posible de rentas (por eso la destrucción de la productividad empresarial privada y la quiebra forzada de las empresas de Guayana).

El sistema comunista duró más de setenta años en la Unión Soviética y de cerca de 45 años en otros países europeos. Fuera de Europa los partidos comunistas están en el poder desde más de cincuenta años en China, en Corea del Norte, en Vietnam (donde se dan cambios democráticos) y en Cuba y cuarenta años en Laos. Varios Estados de África y de Asia, bajo influencia soviética, tuvieron durante cierto tiempo gobiernos comunistas. Más de veinte países, en cuatro continentes, pueden decir haber sido comunistas o haber estado bajo régimen comunista durante un cierto periodo.

Además de la Unión Soviética y sus seis satélites europeos, la lista comprende Afganistán, Albania, Angola, Benin, Camboya (Kampuchea), China, el Congo, Cuba, Etiopía, Corea del Norte, Laos, Mongolia, Mozambique, Vietnam, Yemen del sur y Yugoslavia. Antes de 1989 el número de personas que vivía bajo régimen comunista ascendía a más de mil millones”. Y la secuela de crímenes, torturas, esclavitud laboral, división de la familia, no ha sido debidamente denunciada por los Estados liberales para alertar al mundo en desarrollo del peligro de esta secta de asesinos.

En conclusión

“Se confirma que la dimensión criminal de los regímenes comunistas no fue el fruto de las circunstancias, sino más bien la consecuencia de políticas deliberadas concebidas por los fundadores de estos regímenes hasta antes de alcanzar el poder.

Los dirigentes comunistas históricos jamás escondieron sus objetivos, que eran la dictadura del proletariado y la eliminación de los opositores políticos y de las categorías de población incompatibles con el nuevo modelo de sociedad.

La ideología comunista, por todas partes y en cada época cuando ha sido puesta en ejecución siempre acabó en un terrorismo masivo, crímenes y violaciones de los derechos humanos a gran escala”.

La historia solamente tiene sentido si la asumimos como faro para no encallar en los mismo errores del pasado. Es la ignorancia lo que hace al hombre tropezar dos veces con la mima piedra. Hay que impedir que Venezuela caiga en el poder de esa secta de asesinos.
Rafael Marrón González
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15 de agosto de 2010

¡Sálvate Cleto…!

El mundo estupefacto observa la súbita reacción de Chávez llamando a las narcoguerrillas de las FARC a deponer las armas, abandonar la lucha armada y soltar a los rehenes, luego de años de defender a este grupo terrorista y de pedir que se le considerara como una fuerza beligerante con propósitos legítimos – nada menos que destruir el orden republicano de la nación colombiana – y de pedir a los países del mundo que quitaran a este movimiento criminal – que ha cometido las más horrendas violaciones a los derechos humanos, como mantener personas encadenadas durante lustros – la tipificación de organización terrorista, y de considerar públicamente al bestial asesino Manuel Marulanda como un prócer de la libertad – permitiendo que se le erigieran bustos y se le rindieran honores - y de haber escuchado el planeta castellano al entonces ministro de Relaciones Interiores, Ramón Rodríguez Chacín, cuando el show de liberación de Clara Rojas y Consuelo González, manifestar a los terroristas: “Ehh… en nombre del Presidente Chávez… estamos muy pendientes de su lucha. Mantengan ese espíritu, mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros. Cuídense camaradas”, sale ahora con ese discurso retrogradado, concediéndole la razón a Álvaro Uribe, a quien ha insultado de todas las formas habidas y por haber – aunque de lejitos, porque frente a frente fue Uribe quien le espetó un “Sea varón” que lo dejó tan turulato como con aquel imperial “¿por qué no te callas” - por su férrea decisión de derrotar militarmente a las guerrillas narcoterroristas de las FARC y del ELN y someter a sus líderes – de ser capturados vivos – a la vindicta pública, como debe ser la actuación de un Jefe de Estado responsable por la seguridad y bienestar de la sociedad, mientras Chávez pretendía que se rindiera y en nombre de la paz de los sepulcros les entregara el poder a estos facinerosos amparados por la idiotez izquierdista de doble moral.

También se asombran los analistas políticos extranjeros del súbito cambio de talante con Juan Manuel Santos, de quien Chávez había dicho: “Ojalá que en Colombia haya un Gobierno decente y cuando digo decente creo que pudiera ser (uno de) cualquiera de los demás candidatos, menos el señor Santos, el señor de la guerra, el pitiyanqui número uno de Colombia. Mafioso y amenaza para la región”. Y es que ese cambio de actitud tiene mucho que ver con que – derrotado externa e internamente - está atrapado entre las acusaciones de albergar y proteger terroristas – que Uribe, como ciudadano, llevó a la Corte Penal Internacional en nombre de las víctimas, ofreciéndose como testigo de cargo - y el uso impune del territorio venezolano para el tránsito de la droga que llega a Europa, América Central y África: “Cuídate de que los gringos te vinculen con el narcotráfico”, le dijo hace años Fidel.

Todo eso lo sabe Uribe, y le montó esa trampita denunciándolo en la OEA, a sabiendas de cómo iba a reaccionar, para facilitarle las relaciones futuras a Santos con Venezuela, operación de alta política que le salió redondita. Y, rodillas en tierra, tal como lo esperaba Uribe, entrega a sus amigos terroristas de las FARC – se comprometió en Colombia “a no permitir la presencia de grupos armados en su territorio” (¿qué opinarán las víctimas de estos grupos en Apure, Táchira, Zulia y Barinas?). Para salvar su pellejo. Que un hombre tan soberbio y orgulloso – que habla como el dueño de la dignidad nacional – haya aceptado el “ven a saludarme, aquí en territorio colombiano” que le extendiera Santos para rubricarle la derrota allá en Santa Marta, donde murió Bolívar abandonado, y que no se atreviera en su discurso a mencionar su gobierno como “revolucionario”, sino simplemente como “gobierno de Venezuela” sólo se explica por lo de salvar su pellejo.

No hay asombro…

Pero el asombro del mundo exterior se deriva de su desconocimiento del verdadero carácter del presidente de Venezuela por equivocación popular.

Este hombre, formado en la escuela de paracaidistas, no es nada más que un sobreviviente patológico. Lo demostró el 4F cuando dejó a sus hombres luchar y morir solos y él – a resguardo del Museo Militar - se entregó para salvar su pellejo. Lo demostró el 11A, fecha memorable por haber sido grabada su dócil entrega – trajeado con ropa deportiva - al Cardenal Ignacio Velasco - a quien luego insultó hasta su muerte - dejando en la orfandad a todo su tren ejecutivo y a hombres como el policía Bernal que pistola en mano exigía combatir, pero salvar su pellejo era su principal propósito.

Lo demás, pueblo y hombres que lo seguían, que se resolvieran como pudieran. Aquel “mándenme para Cuba” quedó para la historia. Y ha seguido demostrando esa patología en distintas etapas de su proceso de destrucción nacional, cada vez que la situación política se le altera.

Muchos creen que esas contramarchas obedecen a estrategias, sin embargo demostrado está que no son otra cosa que maniobras para salvar su pellejo. Por eso tiene el país lleno de cubanos: Para salvar su pellejo en caso de una asonada popular. Lo que no sabe es que los cubanos tienen orden de salir para Maiquetía si la cose se pone fea.

Por eso disminuye a nuestra Fuerza Armada y es tan exagerado su sistema de seguridad personal – que incluye hasta un probador de comidas ¿cubano? - configurado con decenas de anillos concéntricos de hombres desarmados por el anillo siguiente, que causan estupor en sus viajes internacionales. Para salvar su pellejo. Por eso le miente al pueblo con promesas imposibles y lo engaña con sobornos baratos y trata de seducirlo con empoderamientos ficticios: Para salvar su pellejo.

El silencio que trata de imponer a los medios de comunicación democráticos y la amenaza sobre los líderes políticos y la criminalización de la protesta sindical y laboral y el encarcelamiento de disidentes. Para salvar su pellejo. Como es el caso de la juez Afiuni, presa por recordarle que el Poder Judicial puede ser independiente, cuando lo desee, y eso pone en peligro su pellejo.

¿Cuántos de los hombres que lo ayudaron en sus inicios políticos y lo encumbraron han sido desechados, humillados, ofendidos y perseguidos para complacer a los duros del comunismo que colocaron al fidelista a ultranza Elías Jaua en la vicepresidencia de la República ? Para salvar su pellejo. ¿Por qué, salvo los talibanes enrojados que se disfrazaron de militares, el pueblo se reía de su supuesta declaración de guerra a Colombia? Porque ya intuye que este tipo a la hora de las chiquiticas prefiere un aquí corrió que un aquí murió.

El pueblo es escalera desechable

Así que, señores, a Chávez solamente le importa el pellejo de Chávez: El pueblo es escalera desechable para sus ansias de poder. A Chávez no le importa el sufrimiento del pueblo y las evidencias están a la vista. Las morgues de la república están atestadas de víctimas del hampa, en su inmensa mayoría del pueblo esperanzado que vio en su ascensión al poder una posibilidad para resolver su miseria.

Muchos de los homicidas eran niños cuando llegó al poder con la promesa de recoger a todos los niños de la calle o cambiarse el nombre si incumplía. Pero lo absorbió la dura tarea de salvar su pellejo y ni siquiera menciona los elevados índices de inseguridad que lesionan los derechos ciudadanos. No es su problema que el hampa sea una salida para demasiados jóvenes del pueblo esperanzado como no lo es el desempleo ni la inflación – que es un impuesto perverso que sólo paga el pueblo - ni que el salario básico – que es el salario del promedio de los trabajadores – alcance solamente para adquirir el 47% de la cesta básica. Su problema fundamental es salvar su pellejo.

Que se pudran cientos de miles de toneladas de alimentos que pudieron servir para alimentar a millones de venezolanos, por la ineficiencia y corrupción de su gobierno le es indiferente, pues él solamente tiene en mente salvar su pellejo. Y si para salvarlo es necesario permitir el saqueo de la nación por parte de propios y extraños como los cubanos – que en legión zamural han caído sobre el alguna vez sagrado suelo de la patria – será permitido porque salvar su pellejo es esencial y para ello no vacila en acudir a estrafalarios rituales – que según el padre Palmar mantienen en Miraflores un permanente olor a fosa común - que llegan hasta el manoseo sacrílego de la osamenta de Bolívar en busca de algún trozo de metacarpo suelto para elaborar un amuleto de protección sobrenatural. Para salvar su pellejo. Y un hombre así todavía tiene seguidores: Qué inmenso es el poder del dinero fácil y la promesa de vivir sin trabajar.
Rafael Marrón González


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13 de agosto de 2010

¿ES DEMÓCRATA EL PRESIDENTE?

Se considera demócrata un presidente cuando su legitimidad política se sustenta en su actuación en el marco del Estado de Derecho. La Constitución, que es el conjunto de leyes fundamentales, llamadas constitucionales que definen el régimen político de una nación, es la que establece la normativa institucional del Estado de Derecho. Lo contrario a Estado de Derecho es Estado Forajido, en el que se registra la concentración de los poderes en un solo individuo con la inexistencia de contrapesos en el ejercicio de la autoridad.

Invito a un sujeto a una rueda de prensa a realizarse en pro de la defensa de algunos postulados de la democracia. Me expresa su inconformidad con nuestra posición, señalándome que “ustedes están equivocados, en Venezuela, jamás un presidente ha sido tan demócrata y tolerante como este, hay que ver lo que le dice la prensa y él no ha cerrado medios de comunicación ni ha puesto preso a ningún periodista”.

Me recibe a regañadientes la invitación y, ante mi insistencia, promete asistir. No lo hace. Envía un representante que entrecomilla mi declaración en franca violación a la libertad de expresión, concediéndome la evidencia de su intolerancia. No es un demócrata, con la insolencia que le concede la transitoriedad del cargo a los minusválidos éticos, veta, silencia, censura al adversario, porque lo considera un enemigo. No un oponente político.

Es que el discurso belicista cala. Toda revolución es pre política, ante el poder de la violencia sobra el diálogo. El que no está conmigo está contra nosotros. Carece de derechos. “Porque nos da la gana y “micomandante” quiere”. Por ello la revolución se acata o se combate, considero infantil pretender dialogar con quien tiene preconcebido un modelo de sociedad, excluyente, tanto de la individualidad como de la pluralidad, cuya imposición sería a través del poder intimidatorio de la turba, que usurpa la definición de pueblo (que en su acepción más popular y conocida es gente común, trabajadora y humilde de una población), estimulada por la promesa de impunidad, y debidamente idologizada para comprometer su incondicionalidad al líder, protegida por una parainstitucionalidad ilegal, cuyo componente paramilitar, surgido de la misma turba, entrenado por traidores institucionales, pretende sustituir la Fuerza Armada, en la imposición de la fórmula ceresoliana, que execra a los partidos políticos, líder, pueblo, ejército, pero traducida a líder, turba, círculos violentos, que es la realidad oclocrática oculta bajo el manto “revolucionario”.

Lo que ha impedido o aplazado por ahora la realización de tal perversión ha sido la férrea oposición de los Medios de Comunicación que han despertado de su indiferencia tradicional a la sociedad civil, aunado a la inmensa ineptitud del Presidente, la mediocridad de sus colaboradores y la vergonzosa corrupción de sus incondicionales. Pero el peligro antidemocrático subsiste bajo un hipócrita discurso “democrático”, que se evidencia en realidad enemigo de la democracia al preconizar la “igualdad (que puede ser impuesta nivelando por debajo) por encima de la libertad”.

¿ES DEMÓCRATA EL PRESIDENTE?:

En el diario El Nacional, el político Carlos Tablante escribe: “Cuando
el presidente Hugo Chávez habla de una revolución que no aparece en el texto constitucional y lo hace de manera excluyente y amenazante. Cuando promueve la descalificación y el odio y trata a sus adversarios como enemigos. Cuando en tono irónico nos dice que gobernará hasta el 2021. Cuando le hace apología al golpe de Estado del 4 de febrero y a la actitud agresiva de Lina Ron y de algunos círculos bolivarianos, usando el odio y la ofensa en el método de su discurso, está hiriendo la democracia”.

El filósofo Eduardo Vázquez, declara:

“Hugo Chávez no es un demócrata, es un enemigo de toda sociedad organizada democráticamente, con capacidad de resistir y con capacidad de impugnar medidas de gobierno. Lo que le gusta es el poder omnímodo. La idea de acabar con Miraflores, el símbolo del poder, responde a que le molestan las instituciones. Para él la casa de gobierno debe estar en un cuartel, en Fuerte Tiuna. Le gusta el cuartel con soldados obedientes. Para él la vida verdadera es el cuartel. (…) El lenguaje de Chávez es de negación absoluta, de destrucción. Todo lo que encontró es malo, corrompido y hay que destruirlo. Dicen que ese es su estilo. No, no es su estilo; es su filosofía: la negación de la libertad de pensamiento. Los colaboradores de Chávez son estalinistas y el gobierno bolivariano es una repetición del estalinismo, que condujo a Rusia a ser hoy el país europeo con más problemas: el que tiene más mafias, más corrupción, más contaminación. Una herencia de Stalin. En Venezuela teníamos un proceso en marcha, y el lo destruyó. La solución era fortalecer las instituciones, pero prefirió destruirlas. Nada de lo que ha creado funciona, nada”.

Y el ensayista e historiador Ángel Bernardo Viso, puntualiza:

“Chávez, luego de asumir la Presidencia, siguió siendo un jefe golpista. Se ha comportado como un agitador y continuará comportándose como un agitador. Solo es capaz de percibir la realidad desde la perspectiva del agitador. Se cree un jefe de montoneras, un radical revolucionario o el Che Guevara. Es una víctima de la ideología. (…) El chavismo nunca quiso tener una Constitución. Mi tesis es que la constitución fue el instrumento para destruir la llamada cuarta república. (…) Fue diseñada para no aplicarla, para no cumplirla. (…) Es una constitución de papel. Chávez quiere convertir todas las instituciones en instrumentos de su política. El proyecto chavista es revolucionario. No lo ha podido poner en práctica totalmente, pero está en ejecución. Si lo dejamos, lo ejecuta en su totalidad. Chávez es un proyecto de fürer, y se consolida es un fürer. (…) Yo fui educado para no tolerar las tentaciones autoritarias de nadie. Chávez quiere establecer una tiranía”.

¿Y CÓMO PIENSA CHÁVEZ?

Prisión de Yare, julio de 1992: “Las fuerzas que pugnan por la transformación irán radicalizándose y asumiendo claras posiciones de lucha, obligadas por una disyuntiva de existir o perecer. Se inicia asimismo, en este lado del escenario, una acumulación de fuerzas transformadoras que van siendo encarriladas por una sola vía. La escalada del conflicto y su desencadenamiento en una guerra civil, fratricida, pero justa y legítima”.

SU REACCIÓN ANTE LA DECISIÓN DEL TRIBUNAL SUPREMO LO DEFINE:

Cuando el Mariscal Sucre presenta su renuncia formal ante el Congreso de Bolivia, le ruega a éste que le despoje de la inmunidad que le da la Constitución para que se le investigue y juzgue por su ejecutoria administra¬tiva: "...Si no se puede juzgar al Sucre Magistrado que se juzgue al Sucre ciudadano", exige en su discurso, y añade: "...Yo he gobernado; el bien o el mal yo lo he hecho; pues por fortuna la naturaleza me ha excluido de esos miserables seres que la casualidad lleva a la magistratura y que, entrega¬dos a sus ministros, renuncian hasta la obligación de pensar en los pueblos que dirigen".

El señor Hugo Chávez al enterarse de que el Tribunal Supremo había decidido derogar el artículo del Código Orgánico Procesal Penal que reservaba al Fiscal General la potestad de solicitar su enjuiciamiento, y consagraba que “aquel que tenga la condición de víctima podrá solicitar el antejuicio de mérito”, decidió, acompañado de Freddy Bernal, visitar algunos barrios de Caracas, como las Malvinas, los 70, El Topito y El Winche, y allí entre otros despropósitos inconstitucionales, declarándose en rebeldía, dijo: “Desde el corazón del pueblo les advierto a los enemigos de la Patria, a los contrarrevolucionarios que pudieran estar pensando que a Chávez lo van a tumbar, lo van a enjuiciar, lo van a sacar del gobierno, que no lo van a poder hacer porque conseguirán millones de venezolanos de pie dispuestos a defender la democracia bolivariana”.

Con esto quiere decir que su gobierno puede tranquilamente malversar los millones de dólares que le de la gana, violar la Constitución, someter a su arbitrio a los demás Poderes constitucionales, privilegiar económicamente a países extranjeros que le son políticamente afectos en prejuicio de la nación venezolana, intimidar o masacrar al pueblo que le es adverso, y no se le puede enjuiciar porque “millones” de chavistas lo impedirán”. Esta es la expresión de un oclócrata que se considera por encima del Estado de Derecho, lo que evidencia su aspiración a un Estado Forajido. No se lo permitamos. El que calla otorga. La calle es nuestra. Y la razón también.

¿SABÍA USTED QUE INTERNACIONALMENTE SE HA AMPLIADO EL CONCEPTO DE CONSPIRACIÓN?

La experiencia peruana del dúo Fujimori-Montesinos, en la cual un gobierno electo democráticamente conspiraba contra los derechos humanos y el sistema político, llevó a la expansión del concepto, señalando que la conspiración no se producía solo en los golpes de Estado, sino también por la falta de respeto generalizado a los derechos humanos y la inexistencia del Estado de Derecho.

UN DISCURSO CONTRA LA INSTITUCIONALIDAD:

El discurso de Chávez contra los partidos políticos, incluyendo a su disminuido y silencioso movimientico electorero, y la exaltación desmesurada de sus grupos paramilitares, encubiertos bajo el sofisma de “organizaciones populares de servicio social”, únicos en quien confía su destino político, es la confesión más palpable de su estructura antidemocrática.

Los pilares fundacionales de la democracia, sin excluir otros valores como las elecciones libres, que de por sí no constituyen elemento suficiente para asegurar la vigencia de la democracia; son tres: la separación e independencia de los poderes públicos (que son la garantía de la constitucionalidad y del respeto a los derechos humanos y a las libertades públicas), la libertad de expresión (que garantiza la voz de la disidencia y denuncia las perversiones del gobierno, sin leyes de desacato, ni penalización a la crítica a la autoridad ni limitaciones al acceso a la información) y los partidos políticos (que representan el puente entre la sociedad y el Estado). La evidente sumisión de los poderes constitucionales llamados a equilibrar la autoridad del poder ejecutivo y a supervisar sus ejecutorias, la persecución verbal contra la libertad de expresión, ya traducida en agresiones físicas de la turba contra medios y reporteros, y en el homicidio intencional y alevoso contra Jorge Tortoza, con la perversa intención de generar autocensura, y la destrucción de los partidos políticos, mantienen preocupada a la comunidad internacional por la democracia venezolana. El consenso es que está en peligro.

¿Y QUÉ OPINA LA OEA?:

Durante la XXXII Asamblea General de la OEA, que tuvo lugar en Barbados, el relator especial, en materia de libertad de expresión, de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, Eduardo Bertoni, expresó suscribir plenamente las conclusiones de la CIDH en su visita a Venezuela: “la falta de independencia del Poder Judicial (60% de los jueces en Venezuela son provisionales y se cuestiona la forma como fue designado el Tribunal Supremo de Justicia y el Poder Ciudadano); las limitaciones a la libertad de expresión (no se puede decir que existe plena libertad de expresión partiendo simplemente del hecho de que no haya periodistas presos ni medios de comunicación cerrados); el estado deliberativo de la Fuerza Armada, el grado extremo de polarización de la sociedad (el señor Chávez gobierna para un sector de los venezolanos, el suyo), el accionar de los grupos de exterminio, la falta de coordinación entre las fuerzas de seguridad (empujadas irresponsablemente una contra otra), la poca credibilidad de las instituciones de control causada por la incertidumbre de su designación y la parcialidad de sus actuaciones (el fiscal general y el “defensor” del pueblo son ejemplos patentes. Sin dejar de mencionar a la flamante Procuradora que derivó en defensora del gobierno. ¡Qué tristeza!). Todo esto representa una clara debilidad de los pilares fundamentales para la existencia del Estado de Derecho en un sistema democrático (y le faltó la sumisión de la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional, que recibe ordenes hasta públicas del ciudadano presidente)”. Nota: Las acotaciones entre paréntesis son de Rafael Marrón González.
Rafael Marrón González
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