Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

20 de octubre de 2012

MENTIRA MONUMENTAL



Por aquella idiotez de “yo respeto su opinión” – se respeta la persona no la opinión, sobre todo si no proviene del pensamiento - se le permitió a la más grade estafa política que haya concebido la estupidez humana, sentar raíces en el idealismo social de la humanidad: El socialismo – “socialismo es comunismo”, Fidel dixit - cuyo discurso es tan atractivo tanto para quienes sufren los rigores de la pobreza derivada de la ignorancia – siempre acompañada del fanatismo, la superstición y el miedo, que lo traduce como capìtalismo pa´los obreros, obviando que socialismo no paga prestaciones sociales  – como para los inservibles que ven en el éxito ajeno un reto a sus incompetencias, vicios y falencias estructurales, que los hace supurar de odio resentido.

La democracia venezolana, sustentada por los precios del petróleo,  ha sido un largo ejemplo de los magros resultados de las prácticas socialistas, magnificadas en estos catorce años de sistemática destrucción de los valores morales de la hombría, en la propuesta, fallida hasta ahora por nuestra reacción, de creación de una nación de parásitos sociales – aduldolescentes - que sustente un gobierno caudillista dictatorial, de mano paternal. Y es que solamente para eso sirve el socialismo real, para crear dictadores feroces apuntalados por las bayonetas de ejércitos corrompidos hasta el asco, y pueblos andrajosos sumisos por la supervivencia basal.

Parece mentira que la única posibilidad cierta que tiene la pobreza de vencerse a sí misma, por el trabajo, el estudio y la responsabilidad, practicando una economía productiva, libre concurrencia y libre mercado, bajo un gobierno que se ocupe de los asuntos que le son propios, no haya sido capaz de generar un discurso ni un liderazgo que proclame sus posibilidades, y, por el contrario, se ha cerrado permitiendo que se considere perversa la creación de riquezas, explotador a quien empeña su vida en la creación de empleos y de “derecha” – pecador, conservador, atrasado – a quien defiende el sistema capitalista, de filosofía liberal, que los hará libres por la explotación de sus potencialidades.

Siempre el ignorante vociferador, de discurso memorizado sin el menos análisis crítico, que promete repartición “proporcional” de la riqueza, cuya creación, contradictoriamente, es un anatema, obtendrá el aplauso fervoroso del pueblo que históricamente ha sido esclavizado por la praxis de esta idiotez imposible que necesita de la miseria para subsistir. Y es que nuestra raigambre democrática ha sido nuestra principal enemiga en la lucha contra este sistema estatista de esclavitud – pivotado en la ignorancia que les produce pobreza para su sustento - de castración de la individualidad, de eliminación de la propiedad y de la empresa privada y de la proscripción de la recompensa por el esfuerzo – la productividad no es heroica - que han hecho grande a las naciones donde se practica.

Nos negamos a definir al socialista como merece, porque nunca nos falta un amigo de esa tendencia que suele ser “chévere”… hasta que llega al poder y se convierte en lobo del hombre productivo, única forma de demostrar que el socialismo es la alternativa. De nada valen las lecciones de la historia que señala la miseria intelectual, moral y física que ha causado el socialismo.

Sin mencionar los horrendos crímenes y exclusiones de este perverso sistema de esclavizar hombres. Los gobiernos latinoamericanos presididos por socialistas, que han escapado a las prácticas criminales del socialismo real, ha sido porque la madurez intelectual se ha impuesto sobre su esquizofrenia ideológica, y han gobernado con las prácticas capitalistas que han permitido superar la pobreza de millones, pero esa hipocresía bastarda ha contribuido a la ilusión de eficiencia que solapa la miseria del socialismo.

Socialismo bueno… se muere chiquito

Si el dogma universal del socialismo contempla la eliminación de la propiedad privada, la igualdad por encima de la libertad, la masa de responsabilidad delegada sobre el individuo responsable de las consecuencias de sus actos – por lo que debería llamarse “masalismo” - y la preponderancia de la economía planificada por el Estado todopoderoso sobre el libre mercado,  entonces, si es tan sencilla la evidencia en el marco teórico,  ¿por qué se piensa que hay socialismo malo y socialismo bueno?, porque lo contrario de esta fórmula inhumana, antinatural, es el capitalismo.

Simplemente porque parece que definirse capitalista da vergüenza, y hasta los que los son en puridad práctica – yo, por ejemplo, soy un liberal crítico, al estilo europeo, que defiendo el capitalismo por ser la única propuesta viable para el hombre libre, pero no soy capitalista - suelen sostener ser de “izquierda” – socialismo embozado - lo que además de anacrónico es algo insostenible intelectualmente en el mundo de hoy, en el que el pensamiento económico universal propende al progreso humano por interés propio, es decir al desarrollo de la inclusión social – a cada quien según sus capacidades - y la tecnología ha expandido exponencialmente el área de influencia del conocimiento.   

En conclusión

Es imperativo, por razones de Estado y de sociedad, que se desarrolle una intensa campaña de información sobre las realidades del sistema liberal – el más espectacular proyecto de desarrollo creado por el hombre, cuya base sustantiva es la voluntad – que enfrente de manera decidida y sin necedades cortesanas la monumental mentira socialista que germina en las mentes dúctiles del hambre y el abandono, pero también de la desidia, la flojera y los vicios.

Comenzando por definir que ser liberal es reconocer que  son fundamentales para la persona humana el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, así como que los países progresan por el trabajo de sus pueblos y no por sus riquezas naturales. Así que manos a la obra, sin complejos, que tenemos mucho capitalista en los barrios creyendo ser socialista, por el caramelito envenenado de Robin Hood.     

Rafael Marrón González
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14 de octubre de 2012

Carta a Ronald Caraballo



Con cuánto placer me enteré de la victoria de Henrique Capriles en los dos estados occidentales de tu influencia intelectual. Es sumamente interesante el asunto pues no se trata precisamente de poblaciones de holgura económica, al contrario su precariedad es proverbial, pero cuánto orgullo exhiben hoy frente al parasitismo transportado de emergencia, por tierra, agua y aire, a partir de las tres de la tarde del domingo, que le dio el triunfo al candidato continuista que ha sumido al país en la miseria y en el atraso, en los apagones y en la inflación, en los siniestros petroleros y en los crímenes del hampa -que, por cierto amenazó salir a asesinar si perdía Chávez, lo que certifica que su impunidad es política de Estado- y eso nos permite reflexionar desde la realidad sobre la pobreza producida por la ignorancia que le permite a propuestas confiscatorias de las posibilidades individuales de desarrollo, en función del progreso colectivo, elevarse por encima de la racionalidad y hasta del más elemental sentido común, pues no es lógicamente posible, ni siquiera considerar, que un pueblo que, en estos catorce años de gobierno chavista, ha visto a sus hijos convertirse en víctimas o asesinos, que se ha empobrecido y hasta indigentizado, que se ha visto impelido a convertirse en delincuente para poder obtener una vivienda, cuya fuerza de trabajo ha perdido todos los beneficios obtenidos en la democracia, en un etcétera angustioso, siga votando por el culpable de su tragedia vital.

Solo un pueblo de seres cuyo resentimiento social supera cualquier parámetro psiquiátrico o cuya flojera lo hace pera fácil de la demagogia, es capaz de atentar contra sí. Y de primera mano puedo certificar la dimensión del odio inculcado por Chávez: un humilde obrero del Supermercado Santa María de La Churuata, de Puerto Ordaz, en uso de su ignorancia supina -esa que se cree superior a su lamentable realidad- me aseguraba que “la guerra civil hubiera sido un hecho si Chávez hubiera perdido”. A ese diminuto cerebro nadie le ha informado que su humanidad es carne de cañón en una guerra. Un pobre desechable defendiendo los intereses de la más poderosa oligarquía que haya sentado raíces desde el poder en América Latina.

Exactamente la función del cucharón, servir la sopa sin sentir jamás el sabor de la sopa. Pero esa estupidez derivada de la ingenuidad de la ignorancia que cree en los poderes taumatúrgicos de la penca de zábila, es abusada por Chávez para usar sus votos como mandato incontrovertible para usar los recursos de la nación venezolana para imponer el castrocomunismo en cada país latinoamericano, y para ello ha sustituido los ideales de superación social del pueblo ingenuo por una supuesta participación heroica en una gesta antiimperialista que solo existe en el discurso de un líder estigmático que depende del imperio hasta para respirar, por lo cual la pobreza deja de ser un asunto a resolver para convertirse en el sustrato imprescindible de su permanencia en el poder y de la inmensa corruptocracia militarista que comparte su charca.

Capriles vs el Estado

También estamos en perfecta sintonía con el análisis sobre nuestra participación en este reto electoral, de suyo injusto y antinatural, pero lo aceptamos, y en desventaja absoluta concurrimos a la campaña electoral, pues nuestro candidato y los factores políticos -y hay que enfatizar lo de político por referente democrático- se enfrentaron a toda la poderosa institucionalidad del Estado, con recursos económicos inimaginables e inagotables, usados a discreción, sin medida ni cortapisa -me gustaría saber si los chulos de Unasur se calarían el brutal ventajismo de Chávez en sus elecciones particulares- y, con todo y eso, su patético candidato y su inmenso aparato electo, gubernamental que tiene en la nómina del Estado diez millones de asalariados, solo pudo obtener unos cuantos votos por encima de su más alta votación histórica, y nosotros obtuvimos dos millones de votos por encima de la nuestra con solo tres meses de campaña. Y esa es nuestra victoria y nuestro orgullo.

Que el sarampión le haya ganado la batalla a sanidad, no es una buena noticia para el país. Pero ahora este adiposo “ganador” debe enfrentar -si la muerte no dispone otra cosa- el inmenso desastre que su fracasado gobierno añoso ha ocasionado en el país. Así que hasta bueno será para nosotros que haya ganado y cumpla su inexorable destino histórico, porque seis años más o menos no significan mayor cosa para la vida de un pueblo, pero son determinantes para la existencia histórica de un hombre acabado como Chávez y su decadente proyecto parasitario.

En conclusión

Amigo, es regocijante saber que en cada rincón de Venezuela, por humilde y apartado que esté, existen venezolanos que apuestan por el progreso, y que somos siete millones esos habitantes de la Venezuela altiva la que lucha a diario por progresar por el trabajo, el estudio y la responsabilidad, que ve con mucha vergüenza cómo un elevado número de compatriotas se han convertido en sumisos dependientes, castrados por la subsistencia basal, sosteniendo sobre los descalcificados huesos de sus espaldas la formidable estructura de la multimillonaria nomenklatura oficial.

Ciegos a su lastimosa realidad, son instrumentos propicios de su propia destrucción. Y lo triste es que nada podremos hacer para convencerlos de su error, mientras en esa masa prive el criterio de “la gran barriga”, cuya elemental saciedad empeña su futuro. Pero es nuestro deber continuar intentándolo, por eso no nos es dado flaquear ni rendirnos ni sucumbir al duelo por la derrota infligida por el Estado a nuestra opción de progreso por el desarrollo del individuo.

Hay que limpiarse la tinta del meñique y continuar la lucha que ha impedido que Fidel Castro se apodere de nuestra patria aunque sí de nuestras riquezas. Hoy hay un camino despejado hacia el horizonte, porque aunque por ahora seamos menos, somos mejores y tenemos razón.

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1 de octubre de 2012

Chávez autoincriminado


La siguiente colección de frases pre políticas de Chávez “El exiguo”, desnuda su abducción por el fanatismo fidelista y su acérrimo odio contra la democracia, sus instituciones y la libre determinación del individuo en el ejercicio de su libertad:

27 de marzo 2005: “El Socialismo de Venezuela se construiría en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels”. “Socialismo es comunismo”. Fidel dixit. Recuerden: El comunismo es una secta de asesinos, ladrones y corruptores de menores. Allí está la historia.

7 de julio 2005: “La democracia es la transición al socialismo revolucionario, bolivariano, americanista”. Es decir, el estado de derechos está en transición hacia el derecho de Estado: Si el autócrata se equivoca en la aplicación de una ley, se considera que la ley ha sido cambiada.

20 de mayo 2006: “El capitalismo es la ciencia del diablo”. “¡No podemos fallarle al mundo! De lo que pase en Venezuela, del éxito de nuestra revolución, puede depender, en el futuro, la salvación del mundo”. Su modestia abruma. Un ignorante delirante que desprecia los modelos económicos exitosos para seguir las magallas ruinosas del cochambroso comunismo. Allí está Cuba en llaga viva adosándole, todavía, su fracaso al embargo gringo que más que embargo es una estupidez.

22 de septiembre 2006: “Los trabajadores piden demasiado en esos contratos... no tienen derecho a querer vivir como los ricos”. Por eso sometió a la miseria a los trabajadores de Guayana robándoles sus beneficios contractuales, y ahora, asustado, ordena discutir nuevos contratos, que no tiene la menor intención de cumplir, si por desgracia para la patria llega a ganar. Vade retro.

13 de abril de 2007: “La propiedad privada será progresivamente condenada a desaparecer si no se justifica su utilidad a la sociedad… Vamos a radicalizar la revolución”. De esta manera se cumpliría la venganza de Fidel contra el pueblo venezolano: Reducirlo a la esclavitud. Sin propiedad privada no hay libertad.

12 de septiembre 2007: “La revolución cubana, la revolución bolivariana, en el fondo, la misma revolución”. Todos los días sale un pendejo a la calle, quien se lo encuentre es suyo. Y Fidel es un vivaracho que de bolsa no tiene un pelo.

11 de septiembre de 2008: “Deberán tomarse todas las plantas de producción de alimentos. En algunos casos compras de común acuerdo en precio fijado por el Gobierno o estatizaciones aceleradas sin ninguna retribución financiera”. De ganar, toda la cadena de producción, distribución y comercialización de alimentos será gurbernamentalizada. Las colas frente a bodegas con los anaqueles vacíos darán la vuelta a la manzana. Como en Cuba. O en Mercal.

13 de septiembre 2008: Desde Guri, estado Bolívar, Chávez materializó la Nueva Geometría del Poder, inconstitucional y rechazada por el pueblo el 2D, y dividió al país en 5 súper regiones militares al mando cada una de un Mayor General -jerarquía superior a la de General de División- y subordinada al General en Jefe. En ese acto Chávez activó militarmente su jerarquía constitucional como comandante en Jefe de la FAN, subordinando el poder civil al poder militar, por lo que es un candidato presidencial espurio. De obtener el triunfo por estupidez popular, esta norma se impondrá y Venezuela será un cuartel. Gobernadores y alcaldes a ponerse firmes.

8 de mayo de 2009: “Los medios de producción serán de propiedad social. La tierra y el capital, es decir, las maquinarias y los equipos”. Lo que ha logrado con el cumplimiento de esta amenaza ha sido la ruina del campo venezolano y la felicidad de los terratenientes del mundo a quienes compra el 80% de lo que comemos.

10 de mayo 2009: “El rico no es humano (…) es un animal en forma humana”. ¿Se referirá a Diosdado o a “bracitos de oro”? “La propiedad de la tierra no existe, lo digo yo”. ¿Incluiría las tierras de su poderosa familia en este concepto? Un hombre que piense que un ser humano por poseer bienes de fortuna no es humano, es un psicópata.

5 de septiembre 2009: En Siria: “Soy un soldado de Fidel Castro”. Es decir, un obediente no deliberante furriel de responsabilidad delegada.

27 de octubre 2009: “…No tengo ningún problema en expropiar aquellos medios de producción que considere necesarios, en caso de que sus propietarios no quieran adherirse a las normas del gobierno socialista”. El solo hecho de decirlo, pues, tiene el poder de hacerlo, es una violación a la Constitución.

19 de diciembre 2009: “Yo me he declarado marxista”. Y dale con este comunista. Pero todavía hay bocabiertas que aseguran que Chávez no es así. Los van a enterrar en urnas blancas.

14 de mayo 2010: “Con el Consejo Federal de Gobierno se da la transformación del estado burgués en socialista”. Fin de la República.

31 de octubre 2010: “La oposición no podría contener una revolución violenta del pueblo y de los militares”. ¿Una amenaza o una firme decisión de no entregar el poder? Amanecerá y veremos. En conclusión

Por la boca muere el pez: Un hombre de poder, contradictorio, mesiánico e intelectualmente minusválido, dependiente de la malignidad del moribundo Fidel Castro, con la misión de destruir la república democrática para imponer el estatismo vertical socialista, para lo cual debe destruir dos generaciones. ¿Y piensas votar por esto? Sale pa' llá.

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23 de septiembre de 2012

A poner el descuido en cuidao…


Chávez perdió las elecciones: Lo saben él y Fidel y Dilma y Santos y toda la corte de chulos y los venezolanos y los extranjeros. Pero cuando la bestia está moribunda es cuando se pone más peligrosa. Y los alertas saltan a la vista:

El cierre de campaña en el estado Bolívar lo realizó Capriles en Ciudad Guayana, específicamente en la parroquia Unare, la más poblada de la entidad y no pudo ser más convincente el apoyo recibido: Conservadoramente unas treinta mil personas se encargaron de crear un ambiente festivo, democrático, multicolor, pleno de sana emoción, por propia voluntad, sin presiones ni amenazas, como suele hacer a los empleados públicos y de las empresas del Estado, soldados y mercenarios, el candidato del pasado, para tratar de nutrir sus cada vez más escuálidas concentraciones -la de Catia, por mencionar su mejor referencia, dio pena ajena o, para usar la expresión del insigne intelectual N. Maduro, “una cagada”.

Pero la desesperación chavista se encargó de poner una nota discordante, buscado la violencia primitiva que caracteriza su especie, un desechable fue comisionado por el “como ando en campaña…” para lanzar huevos hacia la tarima de oradores para luego escapar a punta de uñas como las ratas. Sin embargo, en una demostración de desprecio moral hacia este tipo de acciones viles, propias de perdedores, nadie osó detener con la trompada deseada, la huída cobarde del aspirante a agresor. Y la fiesta popular, de los habitantes de la parroquia, siguió su curso, anunciando la indetenible victoria del pueblo trabajador venezolano y de su juventud, que sí ama de verdad su patria, Venezuela, y lucha por su progreso, para impedir que traidores militaristas entreguen sus riquezas a parásitos internacionales en nombre de la internacional comunista, una secta de asesinos y depredadores.

Pero esa violencia junto con la guerra asquerosa del propio Chávez, aunque los tiros les están saliendo por la culata, remite a extremar la seguridad del candidato de la evolución democrática. Pues, ya son varios los atentados, como cuando llegó a Anaco y en el pequeño aeropuerto lo esperaba una turba ebria de indigentes y malandros -que el chavismo, de la godarria en su mitomanía demagógica, usa con la connotación de “pueblo”- que se encargó de mantener secuestrado en el avión durante media hora al presidente de Venezuela a partir del 7 de octubre.

La lluvia de piedras, botellas y cuanto objeto contundente encontraban o les suministraban los organizadores del democrático evento -me cuentan que el policía de CAP, Freddy Bernal, era el cabecilla- fue incesante, y la Guardia Nacional, cuya responsabilidad era también velar por el orden público, y que miraba y se reía, como si de una gracia se tratara -¿cuál sería su reacción en el caso negado de que una turba similar le lanzara los mismos objetos y en igualdad de circunstancias al embustero candidato del gobierno? -  hasta que el pueblo de verdad, decente y trabajador, que esperaba a Capriles en Cantaura se inquietó por la tardanza y en caravana llegó al lugar y, me jura mi informante, la turba ensustanciada dejó el pelero, incluyendo, me cuentan, al duro Bernal. Pero eso sí, al paso de su bestialidad destruyeron todas las instalaciones levantadas para el líder. Pero el mitin en Cantaura fue apoteósico, a pesar de que la violencia que le es consustancial a Chávez, como la espina al pescado, destrozó a pedradas los vidrios de los autobuses del pueblo que quiso acompañar a su candidato del progreso.

Y Capriles en su discurso fluido y abundante, convincente por sincero, no hizo mención ninguna del incómodo incidente. Allí tuve la certeza de su triunfo. No perdió tiempo ni en quejarse ni en insultar como hace el candidato perdedor: Un hombre de poder, violento a quien la adulancia y los intereses creados a la vera de su irresponsabilidad en el manejo de la renta petrolera, le han hecho creer que es inteligente y que en verdad domina con su carisma, cuando lo que hace es manipular perversamente los sentimientos de la ingenuidad necesitada y sobornar con los reales y la impunidad más soez.

Suele ser pesaroso el despertar de estos personajes cuando el poder los abandona, de allí la desesperación que transmite a sus mercenarios la absurda idea de la violencia como represa para el ya cantado triunfo de Capriles, que logró lo inimaginable: Que quienes estaban sometidos por el miedo, lo perdieran, y ante esta insubordinación electoral, que, como ejemplo, tapizó las paredes de Alcasa con afiches de Capriles, estas turbas degradadas, que nada tienen en común con el pueblo venezolano, chavista o no chavista, irrumpan como animales, destruyendo a salvajadas la poca historia que pueda ser favorable a Chávez, logrando lo contrario a su propósito: Entre más violencia chavista, más votos para Capriles.

Yo te veo desesperado, vale

Y es que a Chávez, yo lo veo desesperado, así como lo vi gorila el año 92. La violencia de sus partidarios, su sucia manera de jugar a la política -no es político es un militar activo- y la contratación de personajes desahuciados bajo sospecha dolarizada, son convulsiones propias del desespero ante un candidato que avanza saltando obstáculos y dejándolo en la cerca con la lengua afuera. Y es que ya nada le funciona al candidato perdedor:

Los babalaos lo dejaron en la estacada, aburridos de no pegar una, y los espíritus de la sabana andan con Capriles por aquellas soledades abandonadas por catorce años de desidia inmisericorde, que dan tanta lástima que hasta el propio culpable se largó a llorar a moco tendido viendo tanta miseria.

Así que sí señores, la patria de Bolívar tendrá la dignidad presidencial que se merece, pero no debemos perder de vista la desesperación de una oligarquía forjada a la vera de la corrupción y cuyo líder tiene siete demandas en la Corte Penal Internacional, que puede llegar hasta el magnicidio si el descuido se lo permite. Los huevos y piedras pueden mutar en balas o bombas, hay demasiada impunidad en juego. La estrategia para estos días debe ser la del ojo avizor, tanto para cuidar los votos como para proteger al presidente Capriles. Todo chavista es sospechoso hasta que demuestre lo contrario. Sale pa’llá.
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¡Venezolanidad!
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COMO ESCUECE LA VERDAD



Capriles ha logrado arrinconar a Chávez de tal manera, que ahora este antiguo vituperador de incendiaria verborrea indetenible - acostumbrado a ser el que más hacía pipí en el gallinero en el que la sumisión al dinero fácil convirtió a Venezuela - se la pasa ahora en una sola quejadera, tratando de sacarse el lazo cachiquijá caprilero, con sus lenguaradas deprimentes añejas – hasta las amenazas tienen telarañas - llenas de insultos por la falta de realizaciones que mostrar  - habla en futuro como si no fuera el presidente en ejercicio desde hace ¡catorce años! -  demuestra estar aterrorizado con el
tsunami de votos que lo sacará de Miraflores, directo a la Corte Penal Internacional.

La última andanada contra su seguro vencedor, fue en defensa de, y que, “los trabajadores de Guayana” a quienes supuestamente Capriles llamó jalabolas, lo que no es cierto, pues lo que había en ese acto, era precisamente trabajadores a montón, y bien
claritos y sin miedo, que regalaron a Capriles su emblemática chaqueta de faena.

Pero fue bien bueno que saliera a relucir este desagradable tópico, porque este cronista está harto de advertirles a estos lacayos del poder - ¡revolucionarios con el gobierno!, ¡vaya pa´la auyama! - que su actitud los definía como jalabolas, sobre todo a los comisarios del régimen disfrazados de sindicalistas - uno de estos llegó a decir  impúdicamente que cuando se paraba frente a Chávez las piernas le temblaban y las lágrimas le brotaban espontáneamente, ¡dígame usted! - que entregaron los beneficios de los trabajadores, HCM, seguros de vehículos, préstamos para viviendas, bonos especiales de productividad, implementos de seguridad, hasta la sagrada puntualidad en el pago de los salarios, en un largo etc. 

Mientras Chávez, un patrono despiadado y mentiroso, que tiene el cinismo de exigir a los empleados públicos, humillados por  las imposiciones politiqueras de su régimen, que “confíen en la revolución”, alegremente regalaba 170 mil millones de dólares a países extranjeros.

Pero también me he referido a los esbirros voluntarios, dizque “revolucionarios” – que confunden con ideales la ignorancia supina de su violenta agresividad y su codicia ratera  -  que le brotaron como hongos al cuerpo laboral guayanés, que, mientras vejan y amedrentan a los humildes trabajadores honestos,  se hacían los locos con las vagabunderías de toda clase que ocurren en sus barbas – allí está el caso de las cabillas de Sidor y de los barcos de Ferrominera como ejemplo, y para nada les importa el  estado de indefensión de las familias de los trabajadores a merced del hampa en los barrios por culpa de Chávez.

Jalabolas les dicen sotto voce las víctimas de sus desmanes adulantes, a quienes espiaban para meterlos en listas “contrarrevolucionarias” y así quitarles el pan de sus hijos. Y es el pueblo el que los señala como jalabolas. A ellos. No a los “trabajadores de Guayana”, sino a los cuatro gatos que se han prestado para disolver su dignidad ante un patrono poderoso que ha dicho hasta el cansancio que “los trabajadores no tienen derecho  a querer vivir como ricos” (22 de septiembre 2006), y el desprecio de la masa trabajadora quedó demostrada al negarse a participar en esa infeliz marcha que convocó Rangel Gómez y que Venezuela entera bautizó como “la marcha de los jalabolas”.

Capriles dijo, y fue aplaudido por ello, que no quiere trabajadores serviles, pues lo que las empresas del Estado requieren son trabajadores comprometidos con la productividad para sacar adelante a sus empresas, y no  mercenarios políticos jalabolas, sapos, sigüices, que, en lugar de trabajar como hombres dignos, anden malponiendo a sus compañeros de trabajo, obligándolos a ponerse una franela colorá a punta de amenazas, y que lo que han hecho en estos catorce años de complicidad canalla con los
hermanos Castro, a quienes Chavez no solo jala sino que se guinda, en su misión de destruir esas empresas – su estado físico produce lástima, su ruina moral angustia y su corrupción indigna - degradando los beneficios contractuales tan duramente ganados, en luchas sindicales de verdad, no por generosidad del patrono, y, por consiguiente, las posibilidades de progreso de sus trabajadores, que vivían aterrorizados por las amenazas, incluso contra sus vidas, como me contara la esposa de un obrero del aluminio para hacerme entender el porqué de la pasividad ante tanta injusticia, abuso y maltrato.

Pero todo tiene su final. Y el miedo - que ahora anda haciendo de las suyas por los predios del jalabolismo - ha dado paso a una posición vertical del movimiento obrero guayanés, que superó a sus supuestos líderes sindicales, desnudando su miseria moral, al asumir personalmente las exigencias por la discusión de su contrato colectivo, postergado porque socialismo no paga prestaciones sociales, que aquellos no tuvieron el coraje de reclamar por su postración al patrono, que les debe los beneficios del contrato vencido, y que ahora pretendió encandilarlos con la discusión de un nuevo contrato de utilería – fotos para la campaña - creyendo que todavía los trabajadores de Guayana siguen comiendo sus embustes.

Un gobierno sin jalabolas Y tiene razón Capriles al decir, también, que en su gobierno no quiere jalabolas, porque esa es una plaga maléfica que altera la capacidad de raciocinio de los gobernantes y Chávez es un ejemplo de ello, un ídolo de arcilla que se creyó su mito fundamentado en la adulancia más procaz – “el dedo de Chávez es el dedo del pueblo” - de que se tenga noticia en esta tierra proclive a la sumisión por la subsistencia, la corrupción o el brillito social temporal. Y la única vacuna contra ese jalabolismo indignante es rodearse de hombres probos, meritorios, éticos, pues un jalabolas incondicional solamente puede ser un ladrón o un hombre inservible colocado en una posición para cuyo ejercicio no está capacitado. Sale pa´llá.

¡Venezolanidad!

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1 de septiembre de 2012

REALIDAD MATA GALÁN



La gestión de Chávez es un inmenso fracaso que ha destruido todo lo que ha administrado, expropiado o simplemente tocado, porque la estupidez pretende producir eficacia con incompetentes. No entiende que si en el pasado estaban excluidos de puestos de dirección o gerencia era porque no servían sino para lo que ejercían y no por racismo, injusticia o cualquier otra zarandaja revolucionaria. Y ahora, después de 14 años de desaciertos los resultados les dan la razón a aquellos líderes.

Las empresas de Guayana son un asco físico, administrativo y gerencial, las plantas desmanteladas, derruidas, sucias, cochambrosas, malolientes, improductivas, con sus alrededores asaltados por basura, maleza y hampa, que lanzan al aire la toxicidad criminal de las excrecencias de sus procesos de reducción, contaminando el medio ambiente de la ciudad exponiendo a sus pobladores y trabajadores a enfermedades de la piel, del sistema respiratorio y de carácter crónico, como el Parkinson, y al nacimiento de niños con autismo cuya morbilidad es alarmante, se han encontrado trazas de alúmina en la caja craneana de algunos de estos niños. Y esto a nadie parece importar.

Sencillamente porque no existe ni ética ni mística ni excelencia profesional alguna y, por lo tanto, responsabilidad. Su gerencia se sortea entre una mediocridad exasperante -cualquier raspiñao adulante y patibulario sirve- en un ascenso vertiginoso de nulidades y maniobreros políticos, de la más excelsa ignorancia, exclusivamente interesados en los privilegios del cargo, por las resultas corruptas, pivotados en un mendaz “control obrero”, imposible por su carácter antagónico con la productividad y la eficiencia. Y Pdvsa, la fuente de ingresos de la nación, se convirtió en un parapeto politiquero “dojodojito”, en manos de ineptos de toda laya que han provocado por su ineficiencia, negligencia, desidia e irresponsabilidad, una seguidilla inusitada de desastres, con víctimas y pérdidas pecuniarias importantes.

En el Complejo Refinador de Paraguaná, acaba de ocurrir otro de estos “accidentes” -los accidentes no existen, ni tampoco fue cosa del destino ni decisiones de Dios, como aseguran los imbéciles- ocasionado por falta de mantenimiento, palabra que parece causar fobia en el oficialismo patronal, enemiga, también, de la voz “productividad”, por considerarla propia del capitalismo, en los cuales no es posible negar la responsabilidad moral de Chávez -“Chávez tiene la culpa de todo” se sacude sarcástico- en esta tragedia -bautizada “evento” por el desprecio oficial- causada por negligencia, imprevisión y desidia, pues es suya la decisión de colocar la incondicionalidad por encima de la eficiencia y de la probidad -los trabajadores son obligados a descuidar sus obligaciones técnicas, utilizados como relleno para actos electorales- “primero el partido y la reelección del presidente que las instalaciones” comentan los petroleros.

Y, el colmo del cinismo oficialista, temeroso del daño electoral que ha producido este crimen, es que están gestando una matriz para culpar a la oposición del siniestro de Amuay: Si la oposición tuviera el poder de lesionar la industria petrolera proveedora de dólares imperiales que financian la revolución, o de derribar aviones, colapsar el sistema eléctrico nacional, hundir plataformas petroleras, encallar súper patrulleras, destruir la vialidad del país, poner a podrir miles de toneladas de alimentos, derribar puentes, desbordar ríos, cargar aviones de cocaína desde los principales aeropuertos de la nación, entre otros muchos desastres producidos por la ineficiencia gubernamental, Chávez y su pésimo gobierno estarían hace años en el degredo de la historia.

Las víctimas exigen justicia

Chávez, con un discurso que pretendió cauterizar el alma del pueblo, se encarama sobre esa pila de dolientes cadáveres humeantes de personas inocentes, que dormían ajenas al peligro que les acechaba, para despachar el drama de las consternadas familias que perdieron a sus seres queridos en ese dantesco escenario producido por falta de probidad gerencial de quienes deben y tienen que ser destituidos y enjuiciados por este crimen, declarando duelo nacional -opacado por las infelices frases “la función debe continuar” y “mi victoria hará eternas estas muertes”, que reflejan tal desprecio por la vida humana que hasta en un funeral nacional hace campaña electoral practicando la más repulsiva demagogia- entregando casas y pensiones vitalicias a los sobrevivientes -¿cómo será tasada cada vida?- declarando a las víctimas “héroes de la patria”, como si su sacrificio hubiera sido producto de una invasión imperial y no de las chapucerías de un patrono obsesionado por el poder como fin. Y, como guinda de la “plasta”, para usar un vocablo del exquisito léxico de Chávez, pretende erigir un monumento a los oficiales y guardias nacionales absurdamente incinerados con sus esposas e hijos, en aquel infierno en el que se convirtió el aire. ¿Cómo será ese monumento? ¿Rafael Ramírez con una caja de fósforos en la mano?

En conclusión

La realidad es la fuente de verificación de la verdad, y Chávez, el presidente saliente, el candidato de los Castro, personalmente se ha encargado de inducir a sus seguidores a un comportamiento irresponsable, violento y antipatriota -la patria es la gente- que coloca lo político, en este caso la conservación del poder, para seguir regalando la plata de los venezolanos, por encima de la vida misma de la nación, tapando, como los gatos, la inmensa corrupción y la irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública de sus compinches en el sarao procesal bolivariano, con la ruina de la república y la ranchificación del gentilicio como consecuencia lógica. Sale pa’llá. 7 de octubre ya.
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25 de agosto de 2012

QUÉ CHASCO CHÁVEZ…




El dilema de Chávez es que siendo un hombre de poder – totalitario, arbitrario, inescrupuloso – debe aceptar, por el reconocimiento internacional que lo enloquece, las reglas del juego democrático que incluyen la libertad de expresión, sin embargo no deja de mostrar su talante atrabiliario, intolerante, cada vez que un periodista - hago énfasis en el término – cumple con su responsabilidad ética y le pregunta lo que no es posible responder sin incriminarse.

Es muy larga la lista de agravios contra los periodistas auténticos, los de atrevimiento y coraje, los que incomodan al poder con sus incisivas interpelaciones. La más reciente de sus pataletas de gran burgués con hacienda y galgo corredor,  fue contra un periodista de Correo del Caroní que sencillamente le exigió aclarara un par de detalles de sus promesas a los trabajadores de Sidor a quienes ofreció “el oro y el moro”, pero eso sí, tenían que votar por su caduca candidatura de Corega y Seguretza y jurar que no protestarían nunca jamás.

El cardumen de improperios no se hizo esperar, pero las preguntas quedaron  flotando, entre divagaciones inconexas, en el espeso ambiente de incertidumbre ante sus instrucciones obligadas de discutir el contrato de Sidor, que está vencido sin su cumplimiento, pero advirtiendo a los trabajadores que no deben pedir mucho – será mucho de la nada que les ha dado este patrón mala paga  – obviando los contratos vencidos de Ferrominera, las empresas del aluminio y los empleados públicos en general, que fue la otra interrogante del único periodista que se atrevió a desafiar su ira tronante de señor de los anillos… de seguridad.

Pero ese fue apenas uno de los momentos amargos que le hizo pasar Guayana en su accidentada visita doble, cuyo primer escenario estuvo tan abarrotado de autobuses de todo el oriente y sur del país, que hasta dos de ellos chocaron de frente dejando 25 heridos. ¡Qué desolación!  En su segundo debut, en el cual quiso enmendar la plana, los ¡no te queremos! se filtraban por los intersticios de la adulancia de unos líderes sindicales que dieron un espectáculo de sumisión denigrante, más interesados en agradar al manirroto caudillo que les intimida las gónadas de otrora, que en defender la subsistencia de las empresas de Guayana y, por consiguiente, los derechos de sus trabajadores que si lograron su cometido de encajonar a Chávez, iniciando un histórico juicio al culpable de la destrucción de sus conquistas laborales.

Y ¿sabes lo significan esos reclamos por contratos colectivos que te dispararon las alarmas, por lo que por poco y te da un soponcio, Chávez? Que tu proyecto socialista acaba de recibir su puntilla de muerte. ¿O crees que los trabajadores de Guayana no saben que socialismo no paga prestaciones sociales, ni beneficios, ni  bonos y mucho menos discute contratos colectivos? Ellos, Chávez, en su inmensa ingenuidad creían que socialismo significa capitalismo pa´los obreros. Por eso cuando entendieron que socialismo es renuncia a su derecho inalienable de mejoramiento económico a través del trabajo, se indignaron y te pusieron en tres y dos.    


El teatro de lo absurdo

Este segundo acto, decorado con ampulosa  prolijidad, para tapar la pifia del primero, fue para transmitir en cadena nacional, desde un ambiente aséptico,  de acceso militarmente restringido,  los vítores y aplausos de un público cuidadosamente seleccionado, con instrucciones precisas de hacer sentir en la gloria al candidato del pasado, para que Venezuela creyera que tenía a Guayana comiendo en la palma de su mano… pero, nadie sabe por dónde, se metió un gentío caliente, con reclamos iracundos, haciéndole saber que el voto castigo estaba activado.

Y se cortó la trasmisión, dejándolo hablando en mudo con una anacrónica botella uruguaya en la mano – también importaremos botellas, por haber destruido la Owen Illinois - como negro final de una película mala,  aunque, a pesar de notificar la supuesta falla de audio presidencial – inédita interrupción en 1.600 horas de encadenamiento de la paciencia nacional - por encima de la voz de un improvisado locutor que confundía represa con Iris Valera, seguían saliendo al aire los gritos destemplados de un pueblo – testigo excepcional de la ranchificación institucional y física de la república - que pedía justicia y se burlaba abiertamente de sus mentiras electoreras, tantas veces oídas que ya obstinan hasta al chavista más obtuso.

En conclusión

Lo cierto es que al candidato del pasado - presidente saliente o el presaliente, como lo llama un amigo - se le está poniendo el mundo color de hormiga. Guayana fue su Waterloo y los trabajadores lo estaban esperando como caimán en boca de caño con un mensaje de rebeldía que recorrió cada rincón de Venezuela.

Y mientras tanto un Capriles crecido – ya le sacó medio cuerpo de ventaja, y ahora es cuando falta - que no le da cuartel ni le tiene lástima a su cáncer vip – existen miles de venezolanos aquejados por esa enfermedad que carecen de los más elementales insumos de supervivencia - sigue recorriendo pueblo por pueblo señalando el abandono, la desidia y el fracaso de su mal gobierno en asuntos de tanta gravedad como  la eliminación de la pobreza – 14 años y $1.500 millones y sigue siendo el “candidato de los pobres” - seguridad personal, estabilidad y desarrollo económico – ha endeudado la nación ociosamente  en términos ofensivos para nuestra independencia - soberanía alimentaria – importa el 80% de lo que comemos y Pudreval es su símbolo - y soberanía energética – compra gasolina, a precio de libre mercado, al imperio “mesmo”. Y tiene los riñones de pedir seis años más: Sale pa´llá.  

Rafael Marrón González


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EL OTRO ESTÁ ASUSTADO



El tipo está asustado. Me refiero al candidato del pasado. Al presidente saliente. Al que endeudó al país en $200MM en pleno auge de los precios del petróleo. Al que quebró PDVSA y las empresas de Guayana junto a siete mil empresas varias. El que empujó a cinco millones de venezolanos a la subsistencia informal por regalar los recursos de la nación. El que les paga a los paramédicos cubanos el triple de lo que paga a los médicos venezolanos.

Al culpable de la impunidad del hampa que, en sus catorce años de mal gobierno, ha causado la muerte de 150 mil venezolanos. Sí señores y señoras, el culpable de la inflación – 1.245% lleva el pote - está asustado. Lo dicen su cara y sus arrebatos. Sus insultos a los suyos.  Sus brutales groserías. Y no es para menos. Cacerolazos y rechiflas en cada lugar al que acude a ofrecer lo mismo que ha incumplido.

Multitudes siguen al “flaco” que salta de un pueblo a otro mientras él se arrastra en una ambulancia disfrazada. Y para ñapa una fanática suya le entrega su gorra al flaco que se la disputa el  pueblo en cada concentración que va marcando el camino del cambio por todo el país. Esa gorra tricolor que lo obsesiona, ahora le pertenece al pueblo que canta  “la gorra no se me cae”. Millones la portan con orgullo ciudadano.  

Hay un camino gritan en los llanos, en el mar y en las montañas. Pero también en las oficinas públicas y en las fábricas del régimen. Capriles avanza. No se cansa. Suda cada voto. No trafica con la pobreza. Salta de una curiara en Maripa, mete miles en un mitin en Ciudad Bolívar y amanece como una lechuga en Caricuao. Mientras él jadea con la lengua afuera. Viejo y enfermo. Arrastrado los pies. Echando espumarajos de rabia seca.

Le pegaron en la cara una bola de papel en Maracay y una franela roja en La Vega. Eso no había pasado. Gasta cientos de miles de millones en afiches con una foto vieja, de cuando tomó la primera comunión, que las lluvias destruyen junto con puentes, carreteras y barriadas hastiadas de sus promesas embusteras.

El flaco le quitó la gorra, la calle, el discurso y el pueblo, que está hasta la coronilla de practicar el odio inculcado que lo sentenció al atraso, quiere subir al autobús del progreso. La realidad mostrada por Capriles le da bofetadas que le suben la bilirrubina y regaña al gobernador de Anzóategui que convirtió ese estado costero en un chiquero como él lo hizo con Venezuela. Y Capriles, con el dedo que él usa para repartir dólares, cargos y candidaturas, le señala la miseria generada por su gobierno en cada rincón de Venezuela.

Los pescadores arruinados. Los campesinos hambrientos. Los jóvenes desempleados. El entreguismo con Cuba, que lo estafa con sus mercenarios mediocres. Las antipatrióticas importaciones. La dependencia alimentaria. Los bandidos sinvergüenzas que se han robado los reales, acabando con el aparato productivo del país”. El desastre del sistema eléctrico. La falta de viviendas que pica y se extiende. La vergüenza de las cárceles - más de 300 presos asesinados en el transcurso del año – no cuida ni libres ni presos. La inmensa corrupción. Y le muestra las cifras escalofriantes de la inseguridad. Del narcotráfico. Del sicariato. Del secuestro.  Y le devela un ancho camino a la Fuerza Armada que pide más mensajes de vuelta a la institucionalidad vulnerada.

Y él, agarrado en falta, frente a un espejo que le delata la prematura ancianidad y la ineptitud, responde a las certezas con insultos y descalificaciones – fascista, nazi, majunche, oligarca, pitiyanqui, por poco y le dice chavista -  tratando de asustar con el cuento del lobo, y el pueblo lo mira con hastío “cuándo se irá este tipo”. Vete ya. Piérdete. Harto de sus ínfulas de “hijo de Bolívar”. Pero Capriles sí es sobrino de Bolívar. Y saberlo le irrita la garganta. Las encuestadoras le robaron los reales  y hasta la del Yesi que lo daba 60/40, como en el montaje del revocatorio, ahora lo pone a ganar de migajita, para no decirle que va en caída libre. Que no lo salva ni Bambarito. Que la campaña del flaco pegó y duro. Ese hombre sí camina. Y el fantasma de CAP ríe.

Es un relevo generacional ineludible. Los muchachos tomaron las riendas – hasta Rosinés se retrata con Capriles - y le están dando una paliza. Ay, como le duele. Él quería una invasión gringa. Un bombardeo israelí. Una guerra civil. Pero va a ser con pacíficos votos. Que son secretos. Y los militares van donde van los votos.  Y el escenario internacional apoya votos. Por eso gruñe. Refunfuña. Tira patadas con la pierna que no le duele. Da puñetazos a las paredes. Los soldados de la guardia lo miran y sonríen entre dientes. “Si me da un coñazo se lo devuelvo”, piensa alguno. Pasó la época cuando pateaba soldaditos y obras de arte que ahora tendrá que pagar.

Ya sabe que en los cuarteles el voto será por el flaco. Como en las universidades y en los sindicatos de Guayana. Sus corruptos agarran la garrocha y buscan aliados en el otro lado. Quieren salir de esto. Robar impunemente también cansa. Sus familias votarán por Capriles. Quieren gastar sus reales. José Vicente, el decrépito alcahueta, le sirve de porrista, para exprimirle unos reales.  Fidel guarda silencio y Raúl le saca el taburete. Los dolores lo atormentan. Los esteroides lo estiran y encogen.

La Corte Penal Internacional, agazapada en la bajadita, le despierta la acidez. Se calma cuando recuerda que se construyó un panteón. Solo para él y Bolívar. Cree que ya entró en la historia. Obvia que los investigadores del futuro le sacarán el trapero maloliente y que sus compinches internacionales lo negarán antes de que cante el gallo.  

Uno más de la cuarta

La verdad lo sacude: Fue el último gobernante de la cuarta. Capriles será el primero de una nueva era. Y esa convicción le eleva los antígenos. La nostalgia por aquel “uh, ah, Chávez no se va”, que bailaba Diosdado, le saca la piedra. Y siente una cosa arrugada en la garganta. Por el balcón del pueblo entra como ráfaga un agudo sobresalto: ¡Sale pa´llá! 

Rafael Marrón González
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13 de agosto de 2012

GUAYANA: CAOS, INCERTIDUMBRE Y MIEDO



Ciudad Guayana es una ciudad que fue planificada para el trabajo, aquí se venía a trabajar, a ganar el pan con el sudor, la política no era asunto que nos incumbiera y los movimientos sindicales defendían los derechos de los trabajadores sin considerar su afinidad política con el gobierno de turno, las hemerotecas guardan testimonios de aquella luchas en la cuales no faltaba la represión, pero jamás se usó la fuerza de los trabajadores para secuestrar la ciudad como ha acontecido en estos tiempos de pérdida de la moral pública y de ruptura del pacto social que permite la convivialidad pacífica por el ejercicio del estado de  derechos. 

El último de estos secuestros inciviles acaba de ocurrir el pasado miércoles primero de agosto. Durante todo el día y hasta la madrugada del jueves fue violado el derecho constitucional al libre tránsito con un cierre a la fuerza de la vía nacional que conduce a la capital del estado Bolívar, lo que viola también el artículo 33 de la nueva ley del trabajo, y que contempla privación de libertad en el código penal, lo que pereciera señalado exclusivamente para gente de la oposición, según se desprende de la experiencia. 

No niego que el reclamo sea legítimo ni que los trabajadores tengan razón al reclamar el cumplimiento de una irresponsable promesa presidencial de incorporar a la nómina fija al llamado personal tercerizado – en lugar de abrir nuevas fuentes de trabajo mediante el estímulo a la inversión nacional e internacional - que, de cumplirse, terminará con cualquier posibilidad de recuperación de las empresas básicas sobresaturadas de personal inoficioso – a Sidor, que ya sobrepasa los doce mil trabajadores pretenden incorporarle 1.700 más - pero no les asiste por ello el derecho a alterar el orden público ni a impedirle a la ciudadanía el disfrute de sus derechos constitucionales inherentes a un estado democrático, social y de justicia.

Los ciudadanos que tenían obligaciones ineludibles en la capital del estado, se vieron en
la necesidad de abrir trochas por el monte para evadir el furioso cierre de la vía, exponiendo sus vidas. La Constitución en su artículo 334 obliga a todos los jueces de la República a “asegurar la integridad de esta Constitución”, sin embargo el silencio es la respuesta a la ciudadanía afectada en sus derechos. Nada hay más despreciable que llamarse jefe para no serlo, expresaba Bolívar con toda la razón del mundo. 

La absoluta impunidad con la cual se llevó a cabo este nuevo secuestro determina que ha sido cometido por personas afines al gobierno cuyas acciones pretenden exculpar a Hugo Chávez- el omnímodo – de su responsabilidad con el incumplimiento de la palabra empeñada y señalar como culpables a uno pobres funcionarios sin autoridad para tomar decisiones y carentes de recursos financieros. Tontos útiles a quienes despedir cuando la papa hierve.

El asunto de los tercerizados Chávez, en uso de su incansable demagogia pobrecitista, llamó “tercerizados” a los trabajadores de las contratistas que prestaban servicios especiales y en ciertas áreas específicas, a las empresas del estado. Eso eliminó la mayoría de estas contratistas cuyo personal eventual pasó a la nómina fija de estas empresas, en la mayoría de los casos sin ocupación real, lo que colapsó los servicios internos, como el suministro de alimentos, por ejemplo, porque la demanda sorpresiva supera la capacidad instalada y no hay recursos para compensarlo. 

Esa discrecionalidad trajo como consecuencia que todo quien era empleado por una contratista al servicio de estas empresas estatales, se convertía automáticamente en “tercerizado”, es decir en candidato para ingresar a la nómina fija de las empresas, lo que ha generado las protestas que han lesionado los derechos de la ciudadanía. Por ello en la nueva ley del trabajo se decidió definir lo que es la tercerización y en su artículo 47 establece: “A los efectos de esta ley se entiende por tercerización la simulación o fraude cometidos por patronos en general, con el propósito de desvirtuar, desconocer  u obstaculizar la aplicación de la legislación laboral”. Y son los trabajadores de estas empresas bajo fraude laboral, quienes deben ser incorporados a las empresas contratantes, los cuales “gozarán de inamovilidad laboral hasta tanto sean incorporados efectivamente a la entidad de trabajo”. Y bajo la óptica de esta ley los trabajadores que cerraron las vías para presionar al gobierno nacional, no están tipificados como tercerizados.

En conclusión

Ciudad Guayana se ha convertido en un pueblo sin ley – uno de los “dirigentes” llevados a Caracas a mediar con la vicepresidencia fue un hombre acusado de participar en un triple homicidio y que tiene prohibición de salir del estado - donde impera caos, incertidumbre y miedo, a merced de los caprichos de las masas alteradas, de la sorda lucha de poder intrachavista por los despojos del naufragio; del prepotente sindicalismo oficialista, del abuso de corruptos altaneros; del sicariato que impone su ley en los sindicatos de la construcción, en los portones de las fábricas y en los ajustes de cuentas, y del malandraje moño suelto que pauta toque de queda a las siete de la noche so pena de la bolsa o la vida. 

No hay autoridad ni justicia y el gobierno se dedica a labores festivas y ni siquiera recoge la basura. El costo de la vida y el desempleo, que superan la media nacional, el deterioro de su infraestructura, la contaminación ambiental y la quiebra técnica de las llamadas empresas básicas, contribuyen a la zozobra que nos agobia. El tránsito estridente refleja con su hostilidad y falta de cortesía y sentido común, el ambiente general de la ciudad, considerada, gracias a la ineficiencia de su gobernador, como una de las ciudades más peligrosas del mundo. Si alguna ciudad del país puede considerarse ícono del desastre gubernamental de Hugo Chávez, ella es Ciudad Guayana. Sale pa´llá.



Rafael Marrón González

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