Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!
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14 de mayo de 2010

Democracia liberal es... Democracia y punto

Una lectora me pregunta ¿qué es democracia liberal? Mi respuesta no puede ser más sencilla: Democracia liberal es… democracia y punto. No hay adjetivos para la democracia, que se define – no se adjetiva - representativa por imperativos de su operatividad - la democracia directa es un dislate imposible que los intereses creados en torno a la revolución bolivariana han rebautizado “participativa”, cuya propuesta fue rechazada por la OEA – pues, la representatividad de lo plural es la manera lógica, inteligente, única de operar un gobierno en democracia.

Debo insistir en la materia, pues hay muchas idiotez cómplice de tiranías: No existen varias formas de democracia, la democracia – como sistema en el que impera el Estado de derecho - es liberal o no es democracia y menos puede serlo esa forma de absolutismo plebiscitario puesto de moda por Chávez y que hace salivar las tentaciones dictatoriales de muchas insuficiencias democráticas del vecindario. Y, además, niego rotundamente que pueda existir nada alternativo como la tal democracia popular o democracia autoritaria con lo que se cubren los feroces dictadores estatistas que, como piezas de museos del horror, sobreviven en la pastosidad del siglo XXI usando constituciones redactadas por sus subalternos y elecciones amañadas para usurpar su ejercicio y obtener reconocimiento de la codicia internacional, pues, la democracia es un sistema de gobierno – o gobierno sistémico - cuya única finalidad es, precisamente, evitar la tiranía.

La democracia no construye escuelas ni cloacas – eso lo hacen los gobiernos en democracia - es simplemente un pacto entre los ciudadanos y la autoridad delegada - para impedir que los hombres de poder se erijan tiranos - que se rige por una Constitución elaborada por la representación de la soberanía popular para garantizar la ¡¡alternabilidad!!, ¡la autonomía de los poderes públicos! y las periódicas elecciones libres, directas y secretas y sin trampas, coadyuvada por la vigilancia ciudadana para que el Estado y el gobierno estén al servicio de todos los ciudadanos y no de la parcialidad afecta al régimen. La democracia, así, ocupa nuevos espacios para su imperio por los avances del conocimiento traducidos en ciencia y tecnología. De allí el necesario celo ciudadano por su preservación.

Una propuesta liberal

Venezuela se define en el artículo 2º de la Constitución como “un estado democrático y social de derecho y de justicia” - adjetivación redundante porque al definirse democrático se sobreentiende que es de derecho, y al ser de derecho será social y de justicia – lo que es una concepción moderna del liberalismo, cuya creación política más formidable en la historia de la humanidad es precisamente ese Estado democrático – que se sustentó en sus inicios en el juez imparcial, hoy en fase de extinción en estos tierreros latinoamericanos - que es “la organización de los instrumentos de poder coercitivo que se subordina al derecho; la fuerza militar que se somete a la razón civil; los gobernados que legitiman desde una vocación igualitaria los designios y las acciones de los gobernantes.

En el Estado democrático el poder central del aparato estatal excede al poder de cualquier persona, agrupamiento, u organización – como en las dictaduras - pero, semejante poder se subordina ante los valores, intereses y derechos del individuo, así como de sus organizaciones civiles, partidos políticos y asociaciones religiosas, económicas y culturales”. Particularmente en Venezuela, el Estado democrático ha contribuido radicalmente a la construcción de la nación, logrando éxitos tangibles en la oferta de opciones de equidad mediante el suministro de servicios que de otra manera hubiesen estado solamente al alcance de privilegiados. Como es el caso – hasta 1998 - de la educación – que generó una formidable movilidad social hacia una pujante clase media, que hoy Chávez desprecia llamándola “burguesía”, tal su ignorancia de las definiciones históricas. En fin, el Estado democrático “embrida a los poderosos, estimula a los débiles, redistribuye riquezas y acorta distancias sociales”.
Sólo la escuela liberal forma demócratas
La escuela debe ser el asiento primigenio de la democracia y el maestro tiene el soberbio honor de ser el alfarero de la ciudadanía de pensamiento crítico para el liderazgo de la libertad. Me aterra para Venezuela - y por eso combato al chavismo – no sólo a Chávez – con toda la fuerza de mi pluma y de mi voz - la posibilidad que vio Heidegger en la culta Alemania de 1935: Las masas reunidas en asambleas populares - confundidas con el ejercicio democrático - decidiendo el destino de la nación al histérico alarido de un mesiánico experto en manipulación sensorial que les señalaba rutas que solo existían en su delirio enloquecido, mientras los intelectuales, maestros y universitarios sucumbían en el exilio, en las cárceles y en los paredones de fusilamiento. Por eso la escuela debe ser intervenida por demócratas para formar demócratas conscientes del concepto integral – indiviso y que no admite adjetivación alguna - de democracia. No hay otra salida.

Una definición orgánica de democracia

Como un aporte al conocimiento pleno de los valores que sustentan al sistema democrático y no haya confusión con propuestas solapadas lideradas por expertos en seducción y soborno: Democracia es el sistema político, cuyos gobiernos están sujetos a las normas constitucionales establecidas por la ciudadanía en el libre ejercicio de su soberanía, que profesa y garantiza el respeto a los derechos fundamentales y libertades públicas de la persona humana con énfasis en la libertad política, civil y personal, regido por los principios capitales de alternabilidad, división de poderes y equilibrio de las autoridades, consagrado a producir la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política.

¿Quiere una definición más corta?

Así como dictadura se sintetiza en “prohibir y obligar”, es decir, que lo que no está prohibido es obligatorio; la democracia se define en la palabra: libertad. Ese valor fundamental inherente a la condición humana, es irrenunciable, y por él, no ha habido pueblo en el mundo que al final no haya logrado destruir a sus liberticidas. El desconocimiento del poder de la libertad genera dependencia y de ella la pobreza. La libertad construye mundos nuevos para el hombre y sus campos ascensionales son ilimitados como la imaginación. El hombre libre piensa y genera. Edifica posibilidades desde lo probable. Donde existan hombres libres es imposible la tiranía porque su sustento es la miseria moral más que la física. Sabemos que ante la complejidad de la libertad el mediocre prefiere el despotismo y que la convicción de la inutilidad personal resigna la libertad por la igualdad, porque aquella produce desigualdad. Es que pararse frente a la libertad produce vértigo por la incertidumbre, que es la auténtica maldición bíblica y no la muerte o aquella estupidez de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, lo que en realidad es, además de lógico, digno. Por eso cuando hablamos de liberalismo, expresamos la idea sustantiva de la libertad que genera riqueza y de allí su confusión con capitalismo – sistema en el que Chávez no cree pero le vende petróleo y le pide prestado - que es la consecuencia económica de la libertad, pero también se expresa en el arte, la literatura y los progresos científicos y humanísticos solamente negados por la ceguera mental de la idiotez.

En conclusión

Cuando los demócratas – que se balancean en la ingenuidad política pobrecitista - estén suficientemente convencidos de que los valores de la democracia están inextricablemente unidos a la libertad – política, económica, social o religiosa, por encima de la igualdad que sólo puede ser ante la ley - y que por lo tanto es su deber combatir “cualquier gobierno, legislación o autoridad que pretenda contrariar sus valores, principios y garantías”, tendremos democracia fuerte y para siempre.
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15 de diciembre de 2009

¿QUIÉN ERA CARLOS MARX?

Me tocó vivir mi adolescencia de humilde muchacho pueblerino adocenado, en plena efervescencia chefidelista. Teniendo once años, estudiante de primer año de bachillerato, recogía en una lata un bolívar para la Sierra Maestra. Fue la época del martirio de Lumumba. “Lumumba tu muerte será vengada”, escribíamos con trozos de carbón en las paredes. Nunca supe quién se quedó con los bolívares que recogí horadando calles de aquella Barcelona deshilachada por la pobreza, en la que un bolívar significaba la diferencia para no acostarse sin comer.

A los doce años la fantasía crea héroes y villanos sin mayor sentido crítico. A los 14 años pertenecía a una célula rural del “glorioso” Partido Comunista conducido por Jesús Farias, que “daba la vida por la Unión Soviética”, no por Venezuela. En “Los bosques de Viena”, nostálgico nombre para una taguara cañera de palma y bahareque, nos reuníamos un grupo de adolescentes a escuchar las prédicas justicialistas de los “buenos revolucionarios” que nos llenaban el alma de envidia barata y nos castraban la fe en nosotros mismos.

La culpa de nuestra pobreza la tenía el rico, el estado, el gobierno, Dios. Aunque en mi caso particular solo sirvió para hacerme un adicto de los libros. Carlos Marx era el dios tutelar de nuestras ansias de justicia. Algunos, los más fanatizados, se lanzaron por el barranco de las guerrillas, unos, como Luis Hernández, desaparecieron en manos de la Digepol, o del ejército, sin dejar rastro. Otros salieron de la prisión para hacerse digepoles. Los líderes que nos comunistaban llegaron a ser diputados y candidatos presidenciales, eficientes jerarcas de la policía política, y millonarios como José Vicente Rangel. Pero en mi caso mi conocimiento del comunismo era directamente proporcional a su rechazo, más por intuición que por sabiduría.

No puede ser bueno nada que niegue el individuo, y lo primero que me encendió la luz roja fue la frase, acriticamente repetida hasta hoy: “No importa el individuo sino la masa”, llevada al paroxismo de la ignorancia al traducirse como “con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. El suicidio de Maiakoski en Moscú, en 1930, era la evidencia que no vimos. Era poeta, es decir, individuo. Pero fui comunista desde los once años hasta los veinte. Quien no ha sido comunista a esa edad, no tiene corazón. Quien lo sigue siendo después de esa edad, no tiene cerebro.

¿Quién era Carlos Marx?

Nació Carlos Marx en Trier, Alemania, el 5 de Mayo de 1818, en una familia de rabinos a lo largo de varias generaciones. Su padre, abogado, fue notario y logró alcanzar cierta holgura económica. Carlos estudió en el gimnasio jesuita de Traer, luego entre 1835 y 1841, estudió derecho, filosofía e historia en Bonn y Berlín. Su padre estaba preocupado porque dedicaba su tiempo al ocio y a escribir ensayos poéticos de dudoso gusto.

En 1836 se comprometió con Jenny von Westphalen, hija de un consejero de estado, y cuatro años mayor que él. En 1841 se doctoró en Filosofía en la Universidad de Jena y se dedicó a dirigir el periódico “Rehinche Zeitung”. Al recibir fuertes críticas y censuras se retiró del periódico y comenzó a transitar las ideas comunistas que, según su opinión, debían resultar del desarrollo consecuente de la filosofía. En 1843 contrajo matrimonio con Jenny y se trasladó a París como colaborador de los “Anales Franco-Alemanes”.

Su obra más significativa de aquella época fueron “Los manuscritos económicos filosóficos”. Allí conoció al escritor y poeta alemán Heinrich Heine, y a su amigo y protector económico, para toda su vida, con los reales del padre, el político y teórico alemán Friedrich Engels. En 1845 se le expulsó de París y se mudó a Bruselas, capital de Bélgica, donde permaneció hasta 1848, cuando fue hecho prisionero y expulsado del país. En ese año revolucionario el nuevo gobierno francés lo invitó a regresar a París, pero Marx ya se había trasladado a Colonia con Engels, donde fundó el periódico “El Nuevo Rin”, pero en Mayo de 1849 se le expulsó del país y regresó a Paris, pero allí las cosas habían cambiado y tampoco era bienvenido.

Londres fue su hogar cómodo, apacible y mantenido

Se trasladó entonces a Londres, donde, alejado de la vida pública, trabajó para varios periódicos pero principalmente en textos sobre economía como El Capital, obra en la que trabajaría por veinte años. La situación económica de Marx en esta época era insostenible, vivía en Dean Street en una casa con dos habitaciones para seis personas. Sus cartas pidiéndole dinero a Engels estaban llenas de amargura.

Fue en el año 1869 cuando Engels pudo asignarle una generosa pensión anual que permitió a la familia Marx contar con suficiente abastecimiento para vivir como cualquier familia burguesa, célula fundamental del capitalismo. El dinero provenía del padre de Engels que era propietario de una próspera textilera en Manchester. ¡Qué anatema! ¡Marx comía de un capitalista! Para 1850 ya Marx había comenzado a sufrir del hígado y de la vesícula, dolencias que no se le curaron nunca. A esto se le unieron trastornos nerviosos graves, acompañados de dolores de cabeza, insomnio y reumatismo, lo que lo envejeció prematuramente. Los últimos años de su vida los pasó perturbado por agudos ataques de tipo nervioso.

En 1872, Marx, que no había cumplido cincuenta y cinco años, parecía un anciano de 80 años. En 1881 murió Jenny y al año siguiente emprendió sus últimos viajes a Argelia, Suiza y Francia. Kart Marx murió el 14 de Marzo de 1883, antes de cumplir los 65 años. Su tumba se encuentra en Londres donde vivió permanentemente por más de treinta años. Sus trabajos teóricos llegaron a ser bastante conocidos pero nunca fueron muy populares mientras vivió, una de las causas fue su racismo impenitente, demostrado hasta la saciedad en su “biografía” de Bolívar.

¿Cuál es la idea central del pensamiento económico de Marx?

El determinismo económico. Su historia de la filosofía afirma que las ideas no determinan la existencia social, sino que las condiciones económicas son las que configuran la estructura mental del hombre y de la sociedad. Según él, la forma de vida del hombre determina su forma de pensar. Sin embargo también, además del económico, existe otro condicionante del comportamiento del hombre en la sociedad, que es la codicia (el egoísmo, el hedonismo, el deseo de poder por el poder, el excesivo afán de lucro), y ésta pertenece a la naturaleza de la mayoría de los hombres, lo que explica el enorme fracaso en la aplicación de las ideas de Marx a la realidad.

Capitalismo vs proletariado

La teoría económica marxista parte de la antítesis capitalismo – proletariado. El capitalismo posee los medios de producción mientras que el proletariado solo posee su fuerza de trabajo, allí se origina la explotación, porque el capitalista paga al proletariado solo una parte de su salario, el cual es el valor del producto fabricado por el trabajador, la otra parte, que él llama “plusvalía” se la guarda el capitalista como ganancia.

En la sociedad sin clases, la dirección conjunta de las fábricas y de los recursos de riqueza, elimina esta situación, presumo que con todo y fábricas como sucedió en la URSS y en Alemania oriental. Marx sostenía que la concentración del capital en pocas manos y los bajos salarios que disminuyen el consumo, significarían el final del capitalismo, sin embargo, a pesar de todas las guerras y crisis sufridas por el capitalismo en los países industrializados o desarrollados, este colapso no ha tenido lugar, al contrario se ha expandido, y los únicos países que derivan justicia social hacia los trabajadores son precisamente los capitalistas; en cambio los países que han enrumbado sus sociedades por la tesis marxista han sucumbido en la miseria o han cambiado drásticamente de rumbo hacia el capitalismo, como es el caso actual de China que de comunista solo le queda su aparato represivo.

Son dos las causas de esta debacle del comunsimo ( o del socialismo), una la inflexibilidad económica del Estado, y la segunda, la intolerancia con la disidencia. Están conmigo, incondicionalmente, o se mueren. La tesis de Marx acerca del Estado como instrumento de opresión de la clase dominante también se ha visto disminuida con los años porque los modernos Estados democráticos se han convertido en garantes institucionales de los derechos de todos los ciudadanos, mientras que en los países marxistas el Estado sí es opresor directo de los trabajadores, como es el caso de Cuba. Modernas leyes del trabajo y contratos colectivos cada día más justos y exigentes, dejaron la teoría de Marx en eso, en teoría.

La lucha de clases

Para Marx toda la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases. A una clase que domina otra le está siempre subordinada. Marx vio la sociedad burguesa caracterizada por la contradicción entre burguesía y proletariado industrial. Los poderosos están en posesión de los medios de producción y explotan a los desposeídos y controlan la sociedad.

El comunismo conduce a la sociedad sin clases, en la cual no existen diferencias sociales. Hoy en día la lucha no es de clases, sino de los que se quedaron contra los que subieron desde un mismo medio y con los mismos recursos. Cada quien según sus capacidades. Y el comunismo no ha pasado de feroces dictaduras genocidas que le han costado millones de vidas a la humanidad, y la única visión que hemos recibido de su sociedad sin clases es la de una manada de borregos aterrorizados haciendo una cola infinita frente a una estantería vacía, con una libreta de racionamiento en la mano, esperando le den la gracia del aire para respirar. Como en Cuba.

Las obras de Marx

Entre las obras de Marx, dos de ellas son de un significado especial: “El Manifiesto Comunista”, escrito al alimón con Federico Engels, en 1841; y “El Capital”, su obra “científica”, del que deriva una contradicción fenomenal llamada “comunismo científico”. Reconozco que Marx realizó un estudio fundamental sobre la alienación de las masas, que hoy continúan en su aduldolescencia milenaria, reproduciéndose irresponsablemente, bordeando la delincuencia por los vicios, absortas en modas y miriñaques, consumiendo sus exiguas ganancias en vanidosas intrascendencias exógenas, estupidizándose entre las telenovelas, los centros comerciales y las licorerías, apiñándose para aupar al producto de la promoción publicitaria, permitiendo que los gobernantes los destinen impunemente a carne de cañón y sufrimiento, y declarando a la prensa que la política no es lo suyo sino todo lo contrario, mientras se enamoran a morir del populista que les ofrezca el paraíso donde se puede vivir sin trabajar.

Lo mismo aquí que en la desaparecida Unión Soviética, donde al eliminarse la brutal presión policial sobre la sociedad, saltó por los aires una viscosa depravación multitudinaria como para encabezar un nuevo manifiesto comunista: Un fantasma recorre Europa… el de las mafias soviéticas. Viva Marx… en el olvido para siempre.
Rafael Marrón González
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12 de noviembre de 2009

BASE FILOSÓFICA DEL LIBERALISMO SIGLO XXI

Una organización liberal regional que se define “ortodoxa”, ha incorporado recientemente a su nombre el adjetivo Siglo XXI identificatorio de nuestra propuesta, lo que es una contradicción por que si es ortodoxa es siglo XIX, y porque nuestra propuesta liberal, al contrario, está adjetivada precisamente porque incorpora la idea cristiana de enseñar a pescar al que pueda aprender pero sin olvidar que hay que dar el pescado al que no pueda, pues no podemos obviar la realidad de nuestros pueblos latinoamericanos inmerso en una pobreza atroz producida por la ignorancia, la superstición, el fanatismo y el miedo.

Por ello es imperativo que el Estado asuma de manera puntual la responsabilidad en materias tan fundamentales para el desarrollo del individuo como la salud y la educación, entendida como la preparación del individuo para el ejercicio de la libertad y de la productividad, respetando los derechos de los demás a ejercer lo suyo; además de convertirse en un instrumento de captación de la inversión extranjera, y para ampliar nuestro mercados, diversificando nuestra economía, con la finalidad de generar empleo, asumiendo “empleo” como la actividad laboral con salario justo, lo que incluye beneficios contractuales y prestaciones sociales; estabilidad laboral y que genere movilidad social; filosofía que tomamos en cuenta a la hora de emprender la labor de dotar de argumentos político/sociales nuestra propuesta, que tiene a la persona humana como centro de toda su actuación e inversión.

Aclarado este punto, es preciso repetir cuáles son los valores nucleares del liberalismo Siglo XXI, cuya visión de la igualdad, coincidiendo plenamente con la de Bolívar, es ante la ley, porque la naturaleza nos hace diferentes y por ello es necesario que un instrumento político nos confiera una igualdad artificial para evitar el abuso y la arbitrariedad; y del individuo, como sujeto de formación y de derechos, cuyo desarrollo a través del trabajo, el estudio y la responsabilidad es la base del progreso general, es decir del bien común. Son cuatro los valores sustantivos de esta premisa política que enfrenta la amenaza dictatorial “comunal” que el gobierno llama eufemísticamente “Socialismo siglo XXI”: La libertad (que, aunque la consideramos por encima de la igualdad, es equilibrada por la Constitución y las leyes precisamente porque produce desigualdad, para no causar daños a terceros ni a los menos favorecidos por la naturaleza y la fortuna), la ética, el pluralismo y la tolerancia.

Libertad

El común suele desvalorizar lo que le es cotidiano, sin percibir que es heredero de las luchas de sus antecesores que dieron vida, libertad o exilio para lograr que las nuevas generaciones disfrutaran de valores de desarrollo que ellos no conocieron.

Así pasa con el valor libertad. ¿Para qué libertad?, preguntan, cuando confieren mayor importancia a los derivados de ese valor, que también perderán irremediablemente al perderse la libertad. Es el problema de la ignorancia, no define, y por lo tanto no puede conceptuar, y toma por decisiones personales lo que en realidad son inducciones de sus preferencias emocionales. Pero como el hombre es él y sus decisiones, si éstas son desacertadas, las consecuencias son catastróficas para sí, como individuo y para toda la sociedad.

La sola palabra “masa” debiera ser un alerta de peligro para el individuo, pero en su ignorancia la confunde con unidad de desposeídos en busca de “justicia”: Individuo es, por lo tanto, para ellos, sinónimo de codicia, y masa de solidaridad. Por lo tanto hay que mutilarle al individuo su conciencia inteligente y sustituirla por una colectiva en la que no sólo se disuelve su responsabilidad y su conciencia sino también su posibilidad de desarrollo.

Los que consideramos el valor libertad como supremo, hablamos de sociedad, y en la medida en que el individuo pueda desarrollar con plenitud sus potencialidades, con plena racionalidad social, esa sociedad, llamada entonces de bienestar, será más justa, equitativa y evolutiva. Pero eso solamente puede lograrse en libertad.

Las constituciones liberales han logrado conciliar el sometimiento a las leyes con el disfrute de la libertad plena, al señalar que el ciudadano tiene derecho a hacer todo aquello que no le esté expresamente prohibido, y esto se reduce al respeto al derecho de los demás, a la norma sobre el uso de los bienes colectivos o públicos, y a los delitos. Esta leyes, dictadas por la misma sociedad para la protección del individuo contra la arbitrariedad del poder que sólo puede hacer aquello que le está expresamente permitido, establece que el individuo no puede ser sometido a ningún apremio no legal y que se respeta la dignidad de las personas.

El valor libertad se consagra en lo físico, como la posibilidad de poder desplazarse por el territorio nacional o internacional sin más impedimento que el cumplimiento de las normas; la libertad civil o libertad individual o con libre albedrío, que es aquella que permite obrar según el propio gusto y decisión, dentro de los límites de la ley y sin dañar a otros; la libertad política es el poder de disfrutar de derechos individuales cívicos, consagrados en la constitución, como el derecho inalienable a votar para elegir a sus gobernantes con plenitud de soberanía, de libre asociación, de reunión, etc.; la libertad económica, que permite el libre tránsito de los bienes y servicios, tanto en lo interno como entre naciones sin más restricciones que las que paute la ley, y sin intromisión del Estado, cuya base es la propiedad privada conceptuada por la posesión, la disponibilidad y el disfrute de los bienes; la libertad de conciencia, que es el poder real de conducirse con el suficiente juicio práctico que permita discernir entre el bien y el mal y apreciar moralmente sus actos y los de los demás; la libertad de pensamiento o de expresión, que significa poder expresar el propio pensamiento en forma hablada o escrita, y su aplicación principal es la libertad de prensa y en general la de los medios masivos como la radio y la televisión.

Los gobiernos autoritarios, de izquierda o de derecha, son incompatibles con la libertad. Por eso se persigue hasta el pensamiento más íntimo, se utiliza a la propia familia para, a través de recompensas, controlar con “espías endógenos” cualquier disidencia con el régimen.

Los sindicatos, contraviniendo la esencia de su existencia, se convierten en instrumentos para la esclavitud. La justicia es una farsa, pues los tribunales son instrumentos de represión de estos regímenes. La “justicia social” es el elemento usado para, en su nombre, como justificación, conculcar todos los derechos civiles del ciudadano, que deja de serlo, pues al carecer de derechos civiles se convierte en prisionero político en una inmensa cárcel geográfica.

Ética

Las abstrusas disquisiciones sobre la ética han mantenido esta herramienta de la decencia en el limbo de las discusiones académicas, cuando se trata sencillamente del compromiso del individuo con la sociedad, que podemos enunciar con el simple dogma de convivialidad que sustenta el vigor moral de todas las religiones del mundo: No hagas a otros lo que te irrita que te hagan a ti.

La sociedad no le exige al individuo proezas sobrehumanas, quien logra destacar en esfuerzos superiores al común lo logra por exigencia personal. La sociedad solamente exige que los componentes que la integran tengan el sentido común de mantener una actitud y una conducta favorable al progreso moral y material.

Cuando el sujeto viola las disposiciones de salvaguarda de la integridad de la sociedad, ésta activa el mecanismo de compromiso de la sociedad con el individuo que conocemos con el nombre de justicia. La ética es un valor profusamente enunciado, lo que significa que sí es considerado de suprema importancia para la decencia, que es la actitud regida por los valores ascensionales de la sociedad, pero, lamentablemente, como sucede con todos los valores, son muy pocos los que la practican. Y así vemos a la sociedad clamando por justicia, sin percibir que lo que está exigiendo es venganza contra acciones de sus propios componentes individuales.

La conducta ética, al hacerse cotidiana, genera confianza y retribución, porque dentro del campo de la ética caen elementos como la honestidad, la rectitud, la honradez, la puntualidad, la sinceridad, la fidelidad o lealtad, es decir, la integridad. El sujeto ético es una persona íntegra, lo que nos lleva al campo de la estética, porque el fondo repuja la forma, y entonces, la forma de la persona ética es estética aunque no sea necesariamente hermosa. Con esto quiero decir que una conducta ética hasta aleja al cirujano plástico.

He creado un pequeño conjunto de preceptos básicos del comportamiento ético, inserto en el plano humano, que contempla: 1- Practicarás la generosidad. 2 – No serás indiferente ante el sufrimiento ajeno. 3 - No lesionarás para beneficiarte ni al planeta ni al hombre. 4 – Te importará el otro tanto como te importas tú. 5 – Serás justo aun pudiendo evitarlo. 6 – Aparatarás de ti la codicia. 7 – No ajustarás tu conciencia a tus realidades. 8 – Progresarás para servir de desarrollo a los que te siguen. 9 – Por humilde que sea tu obra debe generar respeto. 10 – No maltratarás a tus hijos.

Este último punto puede resultarles controversial al incluirlo en la lista de preceptos éticos, pero en la realidad el maltrato infantil es una de las causas más graves de comportamiento agresivo contra la sociedad, porque el niño maltratado suele transformarse en un adulto que solamente respeta lo que teme. La racionalidad social a la que nos remite la ética, nos exige amar a nuestros hijos de un modo tal que los conduzca a amar a los suyos.

Los hijos son la herencia que legamos a la sociedad y no es posible pretender una sociedad ética si la conforman individuos que actuarán impelidos por el desprecio hacia todo aquello que no signifique una amenaza real para su integridad física. Debemos recordar que la frase “mi hijo”, no significa propiedad sino responsabilidad. Un niño maltratado es un alarido de Dios en la conciencia.

Pluralismo

Como “pluralismo” se define la doctrina que sólo admite el mundo formado de individuos y conjunto de individuos. Pero el significado básico de la palabra es “multiplicidad”, lo que nos remite a aceptar que nuestra sociedad, y todas las sociedades del planeta, están integradas por múltiples tendencias y opiniones en su quehacer económico, político y social.

“Pluralismo” es lo contrario a pensamiento único, que es la razón de ser de los regímenes totalitarios que consideran que son dueños de la única verdad posible y que, como sus actuaciones están regidas por esa univocidad, aunque sean violatorias de los derechos humanos, no pueden ser susceptibles a críticas ni a juicios de valor. Por el contrario, la democracia propende a la coexistencia pacífica de todas las tendencias políticas, aun de aquellas que en un momento dado, por sus características autocráticas, puedan, de tomar el poder, destruirla. Por eso, precisamente se llama democracia, más allá de su definición elemental de gobierno del pueblo, porque es el gobierno que respeta la multiplicidad, es decir, el pluralismo, y constituye el único sistema en el que las minorías no ven aplastados sus derechos.

Tolerancia

Según el DRAE, “tolerancia” es respeto a la libertad de los demás, a sus formas de pensar y de actuar o a sus opiniones políticas o religiosas. Pero, además, la tolerancia es lo opuesto a fanatismo y desecha la violencia como método de imposición de las ideas. Uso la palabra en este trabajo por ser ampliamente conocida, aunque yo prefiero un término más preciso, como “aceptación”, pero podemos hacerlos sinónimos si definimos “tolerar” como espíritu de justicia, aceptación del otro y respeto a la dignidad de la persona humana.

Pero para aprender a ser tolerantes debemos analizar lo que significa la palabra “otro”. ¿Qué es el otro? ¿A qué me refiero cuando digo “el otro”? Pues, al que no soy yo. El otro es el no-yo. Por lo tanto, ese no-yo piensa y actúa de manera distinta a mí, es culturalmente diferente, aunque su condición socio-económica lo instale en mis predios o a mí en los suyos, y tiene preferencias distintas a las mías. Simplificando, la tolerancia es el ejercicio de la “otredad”, entender que es por el otro que me es posible existir. Porque así como hay personas diferentes a mí, yo también soy distinto para otras. Y que, exactamente, sin apelación, “con la vara que mides serás medido”.

Rafael Marrón González
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7 de octubre de 2009

LIBERALISMO SIGLO XXI VS SOCIALISMO SIGLO XXI

Hitler tenía un incondicional cuya tarea era traducir a lenguaje civilizado los crímenes contra los judíos, y así la orden de exterminarlos fue emitida bajo el título “solución final”. Este tipejo se suicidó en Nuremberg, horrorizado al despertar del letargo moral en el que lo sumió el carisma de Hitler y percibir a plena conciencia y en toda su infamia su condición criminal. Era un vil asesino y punto, no un héroe protector de la pureza racial de Alemania.

Chávez tiene también su embrión de suicida que le sugiere sustantivos elegantes para sus torpezas y pretensiones absolutistas. Por ejemplo, “Socialismo siglo XXI” es el apelativo mediático para su “petrocomunismo militarista”. Sin embargo al analizar el contexto de su propuesta develamos su intención de comunistizar su gobierno, a saber, centralismo exacerbado, salvaje capitalismo de Estado, limitación a la propiedad privada, intervensionismo gubernamental en el aparato productivo, sustitución paulatina de la empresa privada nacional por transnacionales que no se meten en política, destrucción de la formalidad institucional de la república disfrazada de misiones electoreras, educación ideologizante, sacrificio del individuo por la masa, patronalización del movimiento sindical en las empresas y entidades del Estado, comunitarismo laboral, control de la sociedad por el sistema represivo cubano, leyes expresas para la criminalización de la disidencia, parasitismo social para atar la voluntad del pueblo a la riqueza del gobierno, entre otros elementos como la regulación de la libertad de expresión.

Frente a esto no ha surgido ninguna propuesta que no apunte a un chavismo sin Chávez, por el supuesto apoyo popular, masivo, que sus propuestas asistencialistas han logrado en las comunidades más empobrecidas del país bajo la premisa de la sumisión por la subsistencia.
Los líderes emergentes y los tradicionales se encuentran atrapados en una profunda contradicción, unos por no abandonar antiguas posiciones ideológicas, a pesar de su manifiesto fracaso, y otros por seguirle la corriente al pueblo que todavía no ha percibido el desastre económico que significa para su futuro la improductividad inducida a cambio de solidaridad automática con el “proceso”, y que a la larga producirá escasez y represión. Ya se han adelantado con la reforma del Código Penal que criminaliza la protesta pública y conculca el derecho huelga, que ya había sido prohibida para funcionarios públicos como maestros y médicos.

¿47 años de socialismo no bastan para entender que ha fracasado?

Es importante destacar que la democracia venezolana estuvo, desde su nacimiento, signada por gobiernos socialistas de corte socialdemócrata o social cristiano, con oposición socialista, que mantuvieron suspendidos los derechos económicos consagrados en la Constitución del 61, hasta el segundo gobierno de Caldera.

Si analizamos las leyes sociales sancionadas en ese período encontraremos que todas están dirigidas al proteccionismo, por ejemplo, la ley de inquilinato y la reforma agraria de Betancourt, aunque la de Chávez es más comunista porque le niega la titularidad de la tierra a los campesinos. En contradicción con el desarrollo, los empresarios se encontraron desmedidamente favorecidos con leyes arancelarias que, hasta hoy, limitan fuertemente la competencia para proteger la “industria nacional” que no necesitó crecer porque aumentando los precios nivelaba su ineficiencia, por lo que un bluyín de mala calidad nacional es diez veces más caro que uno de asiático de superior factura. Y ni se diga de los automóviles. Sin embargo, estas medidas “nacionalistas” lo que lograron fue crear cordones de miseria de reproducción irresponsable que inundó la nación de delincuencia y parasitismo, que por paradoja encontró en Chávez a su redentor.

Y éste líder de los desposeídos ha dilapidado la más formidable oportunidad de desarrollo del país, estimulando ese parasitismo y destruyendo posibilidades de empleo porque toda su propuesta económica se basa en las importaciones porque así logra apoyo internacional a sus vehementes deseos hegemónicos y somete a la sumisión al empresariado criollo. Hemos pasado del Estado de Bienestar populista clientelar al Bienestar del Estado populista clientelar, en los cuales todo es gratis aunque malo, escaso y sumamente costoso en posibilidades de desarrollo, pero da votos y en el caso del último, voto traduce poder omnímodo y eterno.

Frente a ese discurso pobrecitista y empobrecedor...

Sin olvidar que el eje de nuestra propuesta es la “racionalidad social”, es decir “responsabilidad social” sin caer ni por un instante en la veleidad de “complacer al pueblo” o en seguir sus contradicciones, y en lugar de usar el término justicia para el debido balance de los social planteamos la equidad social a través del desarrollo económico liberal, sistema de seguridad social en manos de empresas privadas de inversión que garanticen la progresividad de las pensiones, servicios públicos eficientes, oportunos y de calidad, descentralización efectiva, empleo digno, infraestructura popular que incluya viviendas dignas, hospitales de primer nivel, instalaciones sanitarias, agua potable, escuelas, preescolares y guarderías.

A las comunidades empobrecidas es imperativo ofrecerles la oportunidad de progresar por el desarrollo de sus individuos no por la dádiva infamante que las mantiene atadas a los caprichos electorales del autócrata de turno. He constatado que los jóvenes de esas barriadas populares están hartos de que los políticos los visiten en cada evento electoral para ofrecerles bacheo y cloacas, sin considerar la posibilidad de educarlos políticamente para que ejerzan sus derechos a plena conciencia.

Una propuesta basada en la ética, la política, el individuo y la libertad

Esta propuesta está articulada en el plano de la ética, la política, el individuo y la libertad, en democracia, dentro del marco de la reducción del poder del Estado y sus asfixiantes controles burocráticos, y del libre mercado, es decir avanzar del Estado de Bienestar a la Sociedad de Bienestar.

Y es en el liberalismo, y dígalo sin sonrojo, donde encontramos la auténtica doctrina de esa libertad, en la que el hombre es él y sus decisiones y su progreso dependerá exclusivamente del desarrollo de sus potencialidades, en el entendido de que cada cual obtendrá lo que su capacidad y responsabilidad quieran. Nada es más digno para un hombre y una mujer que poder producir el sustento por sus propios medios.

Es la trilogía trabajo, estudio, responsabilidad la clave del desarrollo del individuo, y es el individuo, formado y desarrollado, en el dominio de sus facultades creativas, el auténtico núcleo de la sociedad. Y una sociedad integrada por individuos especificistas es una sociedad que avanza indetenidamente hacia el progreso, inserta en la modernidad y la globalización compitiendo con las grandes naciones liberales del planeta.

El petróleo debe ser el instrumento económico para romper con la dependencia del Estado que ha generado este parasitismo social que hoy amenaza con disolver la nación. Su destino es ser un rubro más, y no el más importante, de los que producirá el formidable aparato productivo de esta nación que soñamos.

Es un trabajo de largo aliento que debe comenzar desde la oposición

Observando de cerca la realidad económica y social que vive Venezuela, con tal magnitud de pobreza, aumentada en estos años de mal gobierno chavista, parece una labor titánica lo que planteo, porque el inmediatismo de la supervivencia pospone cualquier posibilidad a largo plazo, y porque se ha asumido que el reverso de la pobreza es la riqueza y nada que no prometa riqueza fácil es plausible.

Pero la verdad es que el reverso de la pobreza es mejor calidad de vida a través del empleo digno y la educación para la vida, y servicios públicos eficientes y solidaridad social orgánica. Y, repito, pobreza es una forma modesta de vivir que puede ser hasta voluntaria, que nada tiene que ver con la miseria que es una manera de sobrevivir sin dignidad. Quien quiera recoger la bandera del liderazgo opositor debe ponerse en marcha hacia los barrios a buscar potencialidades y convertirlas en transformadores sociales, actores políticos responsables de edificar una nueva realidad con el hombre y sus circunstancias. Eso sí, no es un trabajo para ganar las próximas elecciones, es un compromiso de vida por la patria y de muy larga paciencia. La recompensa: una mejor patria por una mejor gente.

El liberalismo también se puede redefinir como Siglo XXI

El liberalismo no es una ideología como el socialismo, y mucho menos un dogma, es una doctrina de vida basada en la libertad y en la primacía del individuo sobre la masa y, por tanto, en el obligatorio reconocimiento de las libertades individuales como inalienables; esas libertades incluyen la de pensamiento, expresión y religión pero también las económicas, bajo la base de la libre disposición, posesión y disfrute de la propiedad legítimamente adquirida.

“En cuanto a la política, la ideología liberal encuentra sus bases en Montesquieu; y parte del hecho de que no hay personas ni sistemas perfectos, y por lo tanto, el Estado debe ser un conjunto de pesas y balanzas en el que se contrapesen los distintos poderes que ostenta sobre el individuo, para que ninguno pueda devenir en tiranía. Por tanto, el Estado debe seguir una filosofía de mínima intervención, o laissez faire (en francés, “dejar hacer”).

Esta se sustenta de un lado en la convicción de que cada individuo buscará lo mejor para si mismo, y del otro en que las relaciones sociales surgidas de este modo tenderán a beneficiar a todos, siendo la labor del Estado corregir los casos en que esto último no se cumpla”.

“Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta, y, por lo tanto, es mucho más que una política. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe sino ejercerla, de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio o como, por instinto, nos resistimos a mentir. Como todos los pensamientos que han agitado a la Humanidad, el liberalismo es al mismo tiempo una dirección del pensamiento y una acción práctica.

Es una acción del pensamiento porque no es una doctrina cerrada, sino una tendencia, mejor dicho, una fuerza espiritual sujeta a continuo desenvolvimiento, que se concreta en los diversos periodos de su historia en distintas ideas, para sobrepasarlas inmediatamente. En su primera época se limita a conquistar los derechos individuales. Después lucha por los políticos, luego pide los derechos de la mujer. Planteado este problema, combate por la cultura y la libertad económica del pueblo y ahora trata de consolidar esa empresa organizando la Humanidad sobre el principio de la igualdad internacional y la justicia económica.

Y es una acción práctica porque se manifiesta también como un sentimiento que impulsa a los pueblos a encarnar las ideas liberales en instituciones. Por ello para ser liberal no basta con conocer propiamente las doctrinas liberales; es necesario sentir la libertad, practicarla y propagarla. Y ese aspecto activo del liberalismo encierra tanto valor que, sin él, no podrían explicarse las agitaciones que han conmovido a todos los pueblos civilizados, y la revolución operada en su edad contemporánea; y es más, la misma crisis que actualmente sufre el liberalismo depende principalmente de que los elementos liberales que han incluido en la gobernación a los pueblos se han preocupado de todo menos de crear y mantener vivo el sentimiento de la libertad”. Gregorio Marañón

¿Qué es proyecto político?

Como proyecto político liberal se entiende un adecuado programa económico con reglas de juego claras, y la aplicación eficiente de planes sectoriales, con voluntad de servicio y eficiencia, para generar la prosperidad nacional a través del desarrollo del individuo, según sus capacidades, mediante el trabajo, el estudio, la responsabilidad, la creatividad, la igualdad de oportunidades, la meritocracia.

Rafael Marrón González





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