Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!
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30 de noviembre de 2015

¡VOTE-LOS!

Este inmediato 6D tenemos los venezolanos la oportunidad de elegir a los integrantes del más importante de los poderes públicos,  es decir al que pone freno a los desmanes del poder ejecutivo, ya que entre sus atribuciones la Constitución contempla: “Ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional. (…) Los elementos comprobatorios obtenidos en el ejercicio de esta función, tendrán valor probatorio, en las condiciones que la ley establezca.

Y que es la auténtica representación de la soberanía popular, y que define nuestra democracia como representativa, a pesar de la estupidez chavista de querer definirla como “participativa” o sea directa, loquera que el mismo insepulto de la montaña se encargó de desvirtuar al reconocer que la democracia solo podía funcionar mediante la representación popular, es decir por intermedio del Congreso que los copiones del fidelismo rebautizaron “asamblea” como en Cuba, pues.

Por eso es tan importante este evento electoral que pondrá fin a 16 años de hegemonía comunista, de violaciones constitucionales y abusos de poder que han llegado hasta cometer actos de prevaricación, amparados por la impunidad que les concede una asamblea compinchera, sin valores morales ni ética.

El Hemiciclo es una especie de cueva donde la secta comete sus rituales de legitimación de acciones inconstitucionales, como declarar al gobierno como “revolucionario” cuando la Constitución  señala expresamente, en su artículo 6 que: “el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”, orden inequívoca en la cual destaca el carácter democrático y descentralizado del gobierno, en ninguna parte aparece la palabra “revolucionario” que es una potestad asumida gracias a la mayoría circunstancial que les permitió copar todas las instancias de los poderes públicos. Así como tampoco existe el “poder popular” que endosa al presidente de la república la soberanía popular.

Ni el estado socialista, cuyo enunciado es una grave violación constitucional amparada en la fuerza militar, pues el artículo 2 establece, que  “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

Sin embargo, porque les da la gana imponen a la nación un sistema de gobierno históricamente fracasado, que ha llevado el país a la ruina, al desabastecimiento e inflación, al aumento de la pobreza y a la desesperanza. Constitucionalmente, este gobierno está fuera de su marco jurídico, al declararse centralizado, revolucionario, socialista y realengo y crear de facto un poder popular, otra copia cubana, al que se adscriben los ministerios, está incumpliendo con la Constitución, que en su artículo 7 declara que “es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico”.

La última oportunidad   

Este 6D del año 2015, tenemos los venezolanos la responsabilidad histórica de restablecer el hilo constitucional y someter al gobierno a sus dictámenes y al cumplimiento de los mandatos allí expuestos, como la soberanía alimentaria, y frenar el disparatado avance de un gobierno que actúa con la misma discrecionalidad de una dictadura, porque el órgano constitucional llamado a someterlo al cumplimiento de la ley, ha renunciado a ejercer su ministerio y, por afinidad ideológica, permite aquello que debe impedir.

Ya no es posible creer que la abstención sea una opinión política, esta es el voto, que es el más férreo reducto de la democracia, y si es masivo será imposible su frustración - para árbitro parcializado, victoria contundente. No olvidemos que la voz “ciudadano” define al individuo en posesión de derechos políticos y sometido a obligaciones puntuales hacia la nación, la sociedad y hacia el Estado como el conjunto de las instituciones que protegen, garantizan y estimulan la vida en comunidad bajo la prevalencia del derecho, como era el caso constitucional de Venezuela, hasta la llegada del chavismo. Y todo ciudadano que disfrute y reclame sus derechos tiene deberes políticos ineludibles. Y el participar en la política es uno de ellos, como lo consagra la Constitución Nacional, y nadie puede negarnos o conculcarnos ese derecho.

Hay que recordarles a los chavistas criminales, llamados eufemísticamente “colectivos”, que actúan amparados por la impunidad que les otorga la delincuencia política,  que el artículo 167 del Código penal venezolano vigente, establece: “Cualquiera que, por medio de violencia, amenazas o tumulto, impida o paralice total o parcialmente, el ejercicio de cualquiera de los derechos políticos, siempre que el hecho no esté previsto por una disposición especial de la ley, será castigado con arresto en Fortaleza o Cárcel Pública por tiempo de quince días a quince meses. Si el culpable es un funcionario público y ha cometido el delito con abuso de sus funciones, el arresto será de seis a treinta meses”, y por lo tanto, si está en la ley es probable que al criminal lo alcance su largo brazo cuando se restablezca el orden jurídico en la patria de Bolívar.

Aproveche y VOTE-LOS

Pero más allá de cualquier otra consideración de orden jurídico, regálese la satisfacción de sacar de la Asamblea Nacional a un montón de vagos “simicomandante” que no han tenido reparos para permitir la entrega de los recursos indispensables para la subsistencia y futuro del pueblo a naciones extranjeras, lo que constituye un acto vil de traición, porque la patria es la gente y si en algo creo es en los procesos históricos y sus plazos, ni nada es para siempre ni por mucho madrugar amanece más temprano.

No hay otra salida que la vía democrática, en este momento los ojos del mundo están pendientes de estas elecciones precisamente porque la oposición ha logrado posicionar su credibilidad por la persistencia democrática, frente a las incoherencias de Maduro – Macri exigirá a Mercosur la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela por violaciones a los DD.HH -  entre ellas, rechazar la observación electoral propuesta por la OEA y la Unión Europea, así que Maduro se juega el 6D su reconocimiento internacional, o demócrata o barco pirata, si el gobierno desconoce los resultados o apela al fraude, se convierte en forajido y abrirá las esclusas que forzarán su salida del poder.

Pero que esa sea su decisión, la nuestra es la electoral. De todos modos, en rápida lectura, el chavismo murió con su promotor – “Chávez vive” es un cuento de aparecidos - y el madurismo no existe, fíjense que ahora se pone un antifaz con los ojos del muerto, ¡vaina pavosa!  y, por lo tanto carece  de fuerza para cumplir sus amenazas. Si pierde y se le ocurre salir a la calle, lo atracan. Por lo pronto necesitamos  meter más de cien diputados en la Asamblea Nacional y para ello hay que votar.    

Rafael Marrón González





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3 de abril de 2015

13 DE ENERO DE 1830 NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA



El odio que el insepulto de la montaña se encargó profusamente de predicar contra José Antonio Páez, a pesar que en su proceso de “refundación de la república” siguió su ejemplo político, no tiene justificación histórica y denota la inmensa ignorancia que este padecía en materia tan delicada para la nacionalidad.

Cual un José Tadeo Monagas redivivo, el extinto la emprendió contra el héroe inmortal de Carabobo, cuya lanza mantuvo izada la república en los Llanos mientras en el resto del país era una desesperada ilusión. Mancillar el nombre de José Antonio Páez desde la primera magistratura nacional, justificado con la supuesta traición a Bolívar que significó la separación de Colombia, es una lesión a nuestra historia porque el verdadero secesionista fue Bolívar, el problema se origina porque Bolívar quería que la separación fuera realizada, legalmente, por el Congreso Admirable de 1830, y Venezuela se separó de facto, pero la secesión colombiana era para ese momento histórico una realidad incontrovertible por la aspiración legítima de sus pueblos.

Una república militar tan extensa como lo era Colombia solamente era posible con un poderoso ejército cuyo mantenimiento era imposible para la nación.

Al respecto Páez puntualiza en su Autobiografía: “En resumen diré que la separación de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, era una necesidad física inevitable; que los pueblos la hicieron; que ningún caudillo podría haberla inspirado y menos conseguido; que a mí me tocó encontrarme con mando en Venezuela cuando aconteció; y que hacerme responsable de ella, sobre injusto por la mala voluntad que se me atribuye, no lo es menos por el honor que inmerecidamente se me confiere, considerándome autor exclusivo de una idea que emanó de todos los grandes talentos de la época”. Y por otro lado, Bolívar decretó prácticamente la separación de Venezuela cuando colmó de honores a Páez en 1827 apoyando de manera tácita su desobediencia al Congreso que había ordenado su comparecencia en Bogotá.

De allí surgió la ruptura con Santander que en respuesta convocó la llamada Convención de Ocaña que derivó en la dictadura de Bolívar. Todo un desastre político por validar a Páez. Pero además, en una carta que envía a Tomás C. Mosquera el 15 de Noviembre de 1828, Bolívar confiesa: “Yo no sé si debo culparme por haber aceptado el mando que estoy ejerciendo; más tengo el consuelo de que propuse a la Gran Convención mi entera separación del mando y dividieran al país conforme a sus antiguas divisiones. Todo eso consta a su hermano Joaquín, que fue uno de los que se opuso a mis propuestas…¨.           

El 13 de enero resurge Venezuela como nación única e indivisible

El  13 de enero de 1830, Páez en su carácter de Jefe Superior Civil y Militar de Venezuela convoca a elecciones mediante Decreto que en su considerando expresa: ¡Pueblo de Venezuela! Habéis manifestado que queréis separaros del gobierno de Bogotá y no depender más de la autoridad de S.E. el Libertador general Simón Bolívar. Os habéis pronunciado al mismo tiempo para que se establezca en Venezuela un gobierno soberano, popular, representativo, alternativo, electivo y responsable; y ha sido tal la decisión de vuestros votos, tal la unanimidad con que los habéis emitido, que faltaría a mis deberes para con la patria, si no aceptase el honroso encargo que me habéis hecho de sostenerlos y de hacerlos efectivos, reuniendo el Congreso que ha de sancionar la Constitución de Venezuela”.

¡Ya tenemos patria!

El 1º de agosto de 1830, desde Valencia Páez difunde su alocución al país: “Venezolanos. ¿Qué buscábamos? ¿Una patria? La tenemos ya. He aquí, pues, el grande premio de nuestras fatigas, que vivirán la edad del mundo, si dóciles al grito de la conciencia pública nos prosternamos ante ella. (...) ¡Venezolanos! no más actas: no más pronunciamientos: no más que obediencia al soberano Congreso. Busquemos en el sistema republicano, popular, representativo, alternativo y responsable que hemos establecido, esa felicidad por que anhelamos 20 años ha. Una Legislatura después de otra irá cerrando nuestras heridas, arreglando nuestros intereses, metodizando las cosas, y colmarán nuestros deseos. (...) Yo no quiero servir, ni dejaré de servir en el puesto que se me señale; nada deseo sino observar fielmente lo que el Congreso acordare. Si éste dejare de existir tampoco existiría vuestro compatriota”.

Un gobernante de mentalidad moderna para una Venezuela en formación

Una de las facetas más extraordinarias de Páez es el cabal conocimiento de sus limitaciones. No se cree el que lo sabe todo, como tanto mediocre que nos ha gobernado, y se rodea de las mejores mentes. Sigue de esa manera una de las máximas de Bolívar: “El modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados aunque sean enemigos”. Y aquí la palabra honrado abarca todo el espectro de la honestidad, inteligencia, probidad, capacidad, dignidad, austeridad, sencillez, aptitud y actitud. Por ello se llamó a su gobierno “deliberativo”, porque permitía la participación de los mejores y de los expertos en la toma de decisiones.

13 de Enero de 1830: fecha para la coherencia histórica

El 13 de enero de 1830 la República de Venezuela, nacida el 5 de julio de 1811, recupera su soberanía y los venezolanos volvimos para siempre a nuestra orgullosa nacionalidad, pues con Bolívar éramos colombianos. Por eso, sin menoscabo para la gloria eterna de Bolívar, lealtad común del pueblo venezolano, es José Antonio Páez el fundador de la moderna República de Venezuela y el restaurador de la nacionalidad, quiéranlo o no así los chavistas y su frustrado complejo de Adán derivado de la ignorancia.

Rafael Marrón González



Charlie Hebdo somos todos los demócratas del mundo
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30 de marzo de 2015

¡AL CORRRUPTO! ¿AL CORRUPTO? JAJAJA



Ante la súbita depresión que el ciudadano presidente de la república  alega sufrir al descubrir que “hay chavistas corruptos”, que lo llevó hasta a crear una policía única para perseguirlos - ¿sería que se enteró esa mañana de que Venezuela está considerado el país más corrupto de América Latina? - es interesante recordar similar reacción sufrida por el insepulto de la montaña, en una visita al estado Barinas el 10 de diciembre de 2009, cuando expresó, lleno de santa indignación: “los traidores tienen muchas formas de camuflarse de distintas maneras” por lo que pidió “desenmascararlos en cualquier lugar y espacio”.
No se atrevió, en ese momento, como tampoco en una alocución similar del 2003,  instalar la línea telefónica 800-corrupto para recibir las denuncias que desde mucho tiempo atrás había colocado el comandante Urdaneta Hernández en sus propias manos. Lo cierto es que el asunto este de la corrupción y sus derivados cuánto hay pa´eso y lo mío me lo dejan en la olla de pudreval, que es un problema celular del chavismo, ya es una rumba flamenca sobre el polvero de lo que fue Venezuela hace apenas quince años, cuando a los roba gallinas adecos y copeyanos ni se les llegó a ocurrir, después de 40 años en el poder,  eso de adquirir – o “adquerir” como intentó imponer el difunto – maquinas de contar billetes como la que se encontró en la caja fuerte del malogrado fiscal plenipotenciario don Danilo, cuya voladura cubrió de silencio muchas interrogantes sobre ¿de dónde saca Fulano pa´tanto como destaca?  Lo que se ha sospechado siempre es que esta revolución que ha empobrecido a la clase media y depauperado al  pueblo esperanzado, ese que hace colas interminables para comprar barato y revender bien caro, que es su manera de acercarse un poco a la repartición de la riqueza, claro, que ni por asomo “proporcional”, ha enriquecido gente por demás, con voracidad propia del engendro de Tasmania, marabunta rojita, por donde pasa deja el hoyo y el tierrero, y  no se imagina usted lo rápido que he visto recorrer, a punta de billete mal habido, el trecho de bañarse a la pata de un tambor en el barrio come nunca, a la shower con mármol italiano en el elegante penjaus del rancio mantuanaje capitalino. 
La lista de malandros que han sido señalados por la opinión pública, los medios nacionales e internacionales – notitia criminis como la de Bertín Osborne en España que fue viral en la red - y el dedo de los despechados del proceso, porque ahora la olla está vacía y a ellos no les tocó turno al bate para darse lo suyo, es más larga que rollo de pabilo. Fidel también se inmiscuyó al mandar una lista al extinto repleta de apellidos de ilustres rojos rojitos, según publicación del periodista Nelson Bocaranda, y hasta el escándalo del fraude tipo “pirámide” del Stanford Bank de la isla de Antigua, aportó lo suyo para abrir una oportuna investigación, pues clientes venezolanos tenían 2.000 millones de dólares – de los 8.000 de la estafa – que habían salido de Venezuela violando el control cambiario - ¿quién tiene esa posibilidad si no está enchufado? En el informe se menciona a un sujeto de la familia real con 100 millones de dólares en depósito - pero no pasó absolutamente nada, como seguirá, salvo las deposiciones verbales del mandatario lanzando, ayer y hoy,  sus vacuas arengas “caiga quien caiga” y “hasta sus últimas consecuencias”, para que el pueblo empendejado crea que ahora sí se puso bravo el hombre y va a meter en chirona hasta al que aparece a su lado en la foto más serio que portero de burdel.
Pero todo será buche y pluma como lo del otro. Si en verdad existiera alguna intención de poner orden en este bochorno continental, bastaría con oficiar a los gobiernos de Estados Unidos y países europeos – en España juzgan a dos funcionarios de Navatia por haber pagado una comisión de 45 millones de euros a dos ex militares venezolanos fácilmente localizables - pidiéndoles su colaboración para identificar a los ciudadanos venezolanos propietarios de cuentas bancarias millonarias, mansiones y empresas para investigar el origen de esos fondos y castigar a los ladrones, recuperando a la vez los bienes de la nación – en paraísos fiscales como las islas Vírgenes, Cook y otros existen cuentas millonarias escondidas entre las que destacan las de clientes canadienses, estadounidenses y venezolanos.
Maduro podría comenzar investigando si es cierto lo de la fortuna del teniente Alejandro Andrade, calculada en 5.000 millones de dólares – cantidad que le está quitando prestada a China - cumpliendo así con su palabra dada al llegar al poder: “quien tenga cuentas bancarias en Estados Unidos se va del gobierno para una cárcel, si no la justifica”. Pero parece que el miedo a que aparezca un familiar o el tipo que sabe demasiado, engatilla las ganas, si es que existen.
Tiempo e información han tenido estos dos gobernantes para evitar tal desangramiento de las arcas de la república, que ha ocasionado más miseria por la escases de insumos en los hospitales y la carencia de mantenimiento a la infraestructura nacional, porque lo que se roban estos degenerados no sobra, hace mucha falta, y no puede creer nadie que el caso emblemático del ex gobernador de Aragua Rafael Isea, quizá uno de los más graves casos de corrupción de la historia patria,  que fue denunciado públicamente – a la denuncia me remito - por estafar a la nación venezolana con 7 u 8 mil millones de dólares, una cuarta parte de las reservas internacionales del país, con la venta de bonos basura,  no haya llegado a conocimiento de tan altos dignatarios y hayan permitido que este señor de la realeza se alojara en la maluqueza imperial de los Estados Unidos a echarse fresco entre frascos y demás yates.
Como tampoco se ha hecho nada por poner entre rejas a los empresarios de maletín, chavistas a muerte lenta, que sustrajeron de Cadivi 25 mil millones de dólares, cifra similar a la que costó toda la infraestructura de Ciudad Guayana. Seguramente, en esta nueva campaña contra la corrupción la emprenderán contra el pendejismo raspicuí – ya comenzaron contra los contrabandistas y revendedores de productos de Mercal. Si se recuperan los $100MM que por las huellas se  presume se han robado  estas langostas saldríamos del colapso económico sin el menor sufrimiento. Sale pa´llá.

Rafael Marrón González
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Revolución por decreto



Respetar las formas, aunque el poder permita no respetarlas, es un acuerdo tácito entre gobernantes y ciudadanos en una democracia. A ningún presidente electo en la era democrática venezolana, por mucha diferencia obtenida en las urnas, se le hubiera ocurrido decretarse “revolucionario” y manipular el estado de derecho para concentrar los poderes públicos en el jefe del Estado y subordinarlos a los intereses de su secta demagógica comprimida en un partido político aluvional, como hizo el extinto, con la complicidad de la entonces Corte Suprema de Justicia que permitió una Constituyente no contemplada en la Constitución vigente en el momento, bajo el pretexto de la “refundación de la república”, lo que es históricamente imposible puesto que la nación venezolana surge de un Congreso ciudadano, integrado por civiles, que sanciona el Acta de la Independencia, como fe de vida de la nación y por lo tanto, en puridad de derecho, su primera Constitución, antes de emprender la lucha armada.

Pero fue tanta la cobardía, ante la feroz acometida militarista y su turbamulta desclasada y ebria, a la que la irresponsabilidad dotó de impunidad, que la democracia venezolana se derrumbó, luego de 40 años de ejercicio, sin que sus otrora poderosos usufructuarios dispararan un tiro, a pesar de haber obtenido mayoría en el Congreso, lo que significaba que aún tenían gente para defenderla. Y en su plan de destrucción de la república democrática liberal, la inescrupulosidad, desde la más alta instancia del poder, le dijo al pueblo lo que podía hacer, cuando el pacto social tácito, y el sentido común, aconsejan que los líderes tienen la obligación ética de decir al pueblo lo que debe hacer, para impedir la disolución de la moral pública, como ha sucedido desde aquel lejano entonces hasta nuestra actualidad.

La razón de esta traición inconmensurable de los actores políticos y sociales a la democracia, la podemos encontrar en el aburguesamiento y la ignorancia que impidió analizar con lucidez lo que estaba por suceder en Venezuela, a pesar de que las señales de alarma eran muchas. Y permitieron demasiadas libertades a los liberticidas. Los dotaron de voz y cámara encendida y suspensión de la pena por su traición a la Constitución. Y siguieron con el error de interpretación guiando sus pasos.

Curtidos políticos de quince y último juraban que la situación era política, que el desaparecido era un “presidente más”, como lo creyeron también insignes notables, cuando estábamos frente al esbozo “como vaya viniendo, vamos viendo” de una inédita forma dictatorial, que consistía en usar los instrumentos de la democracia para crear un gobierno revolucionario por decreto, violando flagrantemente la Constitución, pivotado en la pobreza física y mental de un pueblo frustrado y resentido, y de muy escaza memoria histórica, que en 40 años pasó suicidamente de 7 a 23 millones de habitantes -Cuba en el mismo lapso creció de 6 a 10- colapsando los servicios públicos, con el agravante de una década de bajas del precios del petróleo, que finalizó en $ 10,57 para 1998.

Por eso, lo que muchos llaman “fracasos de la oposición”, fueron en realidad reacciones ingenuas, respetuosas de las formas democráticas, inútiles frente a un gobierno forajido que las desprecia y actúa según su revolucionaria voluntad. Y al que no temblaba, ni tiembla, el pulso para azuzar a sus hordas delictivas armadas y motorizadas contra las protestas cívicas, porque la mentalidad que priva es la de tierra arrasada que caracteriza el dogma militar.

Nadie en el país político estaba preparado para ni siquiera advertir la molienda democrática que se iniciaba, y fue la sociedad civil -¿con qué se come eso?- la que salió a defenderla con las uñas provocando la severa crisis del 2002 y su histórico 11A, que fracasó, precisamente, por falta de conducción política, y el gobierno fue repuesto sin dar la menor muestra de rectificación. Aunque el miedo vivido detuvo su avance arrollador inicial y lo obligó a cambiar sus tácticas hasta que, burla burlando, el finado logró su propósito fundacional, derrotado el 4F, al propinar un golpe de estado en frío al sistema democrático, el 13 de septiembre de 2008, cuando, desde Guri, estado Bolívar, materializo la Nueva Geometría del Poder, rechazada por el pueblo el 2D, y dividió al país en 5 súper regiones militares al mando cada una de un Mayor General -jerarquía superior a la de General de División- y subordinada al General en Jefe.

En ese acto activó militarmente su jerarquía constitucional como Comandante en Jefe de la FAN, subordinando el poder civil al poder militar. Situación que está en plena vigencia, por lo que Nicolás Maduro, actual presidente de la república es un militar activo en su calidad de Comandante en Jefe de las FAN, como lo es el presidente de la Asamblea Nacional y, quizá pronto, el del TSJ, y tiene toda la autoridad legal necesaria para, cuando lo desee, desviar a la jurisdicción castrense los fondos del situado constitucional de gobernaciones y alcaldías, dejando éstas como instancias secundarias obedientes al jefe regional militar, a través de la ficción de las comunas, por lo tanto, el gobierno es militar -y militarista- aunque su procedencia sea civil y electoral, sencillamente porque, señores adolescentes y aduldolescentes susceptibles a ser engatusados por el futurismo, el socialismo real -socialcomunismo o comunismo- es una dictadura militar.

Esta inédita forma de imponer una revolución, sin que la parte contraria haya tenido posibilidad de oponerse con las armas, como lo señala la historia, todavía no ha sido introyectada cabalmente por algunos actores políticos, y aquellos que sí lo han entendido se encuentran, por su respeto a las formas democráticas, oprimidos por la Constitución, pues, una de las habilidades de esta revolución por decreto, consiste en usar la constitucionalidad a conveniencia, para escudarse tras ella cada vez que las acciones opositoras la ponen en riesgo, y para eso cuenta con la alcahuetería internacional, con la inútil “Carta democrática” de cada cual, como la de Mercosur, que han legitimado sus desafueros con su silencio. Sale pa’llá.


Rafael Marrón González
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DE LA UTOPÍA AL PARASITISMO



Pareciera que no hay forma de convencer a los pueblos del mundo de transitar el camino político de acuerdo a la observación crítica de la realidad, y  las ilusiones siguen encandilando la razón. La utopía, que según la lógica debería significar realidad potencial, por contener el principio de un progreso real, se asume como promesa de felicidad instantánea, impresa a mandarriazos en los genes del “hombre nuevo”, que desboca los instintos básicos de las masas que salivan ante promesas imposibles que las conducen a la ruina física y moral, una y otra vez, porque, y es lo más triste, de nada sirve el archivo histórico de la  experiencia para evitar el daño previsible, pues en cada ocasión el nuevo mesías encarna la posibilidad de que ahora sí la fórmula recurrentemente fracasada, dará resultados positivos y tendremos la repartición proporcional de la riqueza, provista por el Niño Jesús, seguramente, que borrará la pobreza de la faz de la tierra sin que los sujetos afectados por ella tengan que hacer ni el menor esfuerzo para superarse y superarla.

Y esos flautistas concitan la histeria masiva de los pueblos del planeta, sin importar el fracaso que llevan consigo, como es el caso de Fidel Castro, un ilusionista de la necedad cuya esquizofrenia condenó a la miseria a millones de seres humanos en su país, pero que sigue siendo faro inmarcesible, padre eterno,  para los revolucionarios del mundo, adjetivo este que en la modernidad debería significar “retrógrado”, pues lo conducente es que tengamos líderes “evolucionarios”, neologismo este que posee la raíz adecuada para ser admitido por la RAE por su carga política como contrario a “revolucionario”, una violenta rémora del pasado que destruye para construir, mientras el evolucionario edifica con lo construido como base. Y de nada sirve mostrar la evidencia de pueblos saneados de la miseria sustantiva que afecta el cuerpo social del subdesarrollo, que carecen de obsequios celestiales, como las riquezas del subsuelo, simplemente por el esfuerzo sostenido de su gente que es emprendedora, productiva, capaz de innovar e inventar.

Porque las promesas imposibles de los manipuladores de las emociones básicas del pueblo menos informado, tienen un efecto tan cautivante que neutraliza los alertas de la razón y la imagen desoladora de la realidad. Pasa lo mismo con quienes caen en estafas tipo pirámide, a quienes nadie puede convencer de lo imposible de la rentabilidad descomunal que promete el estafador. Y la explicación es la ausencia absoluta de sentido común propia de la inmadurez  adolescente. De la aduldolescencia. 

Porque la pregunta elemental ante tal promesa debe ser ¿cómo? Hoy, por ejemplo, el pueblo español delira detrás de un flautista financiado por el flautismo venezolano - que despliega millonaria publicidad sobre los logros imponentes de su revolución en materias tan sensibles como salud, educación, vivienda, todo falso por supuesto - y nadie pregunta cómo va a lograr superar los graves problemas económicos derivados de la irresponsabilidad de la izquierda que gobernó España bajo la premisa de que la dolencia social era consecuencia de la maluqueza de la derecha y se dedicó, como el extinto en Venezuela, a “repartir riquezas” sin tomar la previsión de crearla primero, con las consecuencias previstas por cualquiera con dos dedos de  frente, y cuyo saneamiento llevará décadas de ajustes.

Pero el pueblo ensordece sus sentidos y es abducido por las consignas que le ofrecen parcelas en el cielo. Y es que la utopía, que solamente sirve para nutrir la imaginación y obligarnos a avanzar hacia posiciones más elevadas, ha solapado la contundencia de la realidad, lo que impide acceder a la verdad al pueblo afectado por este síndrome de autismo social. Y el flautista, que delira por conservar el poder, muta en embustero.

Miente con descaro y conocimiento de causa. Se blinda con una oligarquía corrupta y deleznable. Desplaza la culpa hacia factores exógenos, la derecha, el impero, la guerra económica, para terminar reprimiendo al propio pueblo que creyó en sus promesas de igualdad y bienestar – sin trabajar, se entiende - porque se procura el sustento por la vía revolucionaria paralela del delito, la invasión a la propiedad privada o la especulación contra el resto de la población, con productos de la dieta diaria subsidiados por el gobierno.

Hay que imponer el realidismo

Definitivamente quienes nos oponemos a este sistema liberticida tenemos la obligación de usar la realidad que lacera las entrañas de la nación como discurso  para enfrentar el lenguaje conjugado en futuro de los ilusionistas marxistas, inescrupulosidad política que lleva quince años edificando escaleras a las nubes. De hacer casas en el aire.

Que han convertido al pueblo en un activo consumidor de promesas de soluciones fáciles, como las que ofrecen los adictivos juegos de azar, cuya proliferación en las barriadas populares, junto con las tiendas de brujerías, definen la precariedad económica y cultural de sus pobladores, cuyos hijos egresan de las universidades sin futuro posible, lo que hasta hace uno pocos años significaba movilidad social y que en Venezuela creó una clase media pujante económica y académicamente.

Pero en este socialcomunismo todo síntoma de progreso es satanizado, porque parece que es machete ser ignorante pata en el suelo, pero eso sí con la franela colorá y recogiendo latas o cualquier otra actividad que lo aleje del trabajo sistemático y de la productividad, palabra esta que pone carne de gallina en la epidermis de los socialcomunistas, que como flojos no tienen competencia en el planeta.  Y la realidad exige un compromiso serio con el trabajo, el estudio y la responsabilidad de cada individuo de esta nación, si en verdad queremos revertir la situación socio económica venezolana, cuyos problemas en la actualidad no tienen otro origen que el  político, pues el sistema que nos ocupa necesita parásitos para alimentar sus arterias, y así lo han confesado varios de sus más conspicuos vociferadores, y por ello estimula la aversión al trabajo y crea las condiciones para la dependencia basal a los intereses de la utopía socialcomunista. Sale pa´llá.       

Rafael Marrón González


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EL ASUNTO… DEFINICIONES



La única manera de actuar obedeciendo criterios conceptuales, es definiendo. Si una cosa de cuatro patas ladra es perro. Si muge es vaca. Si pita es carro. Y punto. No hay confusión posible.

Un ejemplo de definición precisa la encontramos en San Agustín, que definió el pecado como amar la parte sin el todo, como el sexo sin amor o  el dinero sin el trabajo, situándolo en el plano humano. Al definir obtenemos la recompensa de la claridad del rumbo. Y, además, la certeza de poder ser comprendido con mínimo margen de error. 

Por eso, por ejemplo, si un político decide que su proyecto se inscribe en el “progresismo” su deber, para evitar las confusiones y ulteriores reclamos airados, como le pasó a CAP, es definir a cuál corriente pertenece, puesto que hay diferencias sustanciales entre el progresismo europeo, el latinoamericano o el estadounidense. En América Latina es marxismo, antiimperialismo, ecologismo, nacionalismo y hasta estado benefactor, mientras que en Europa es sinónimo de izquierda renovada, y en USA es lo contrario a  conservadurismo, sin embargo su origen es liberal.

Así que no es fácil ser entendido a menos que se explique con detalle lo que se quiere significar cuando se asume esa posición política, sobre todo si quien la difunde es un dedicado opositor al socialismo, a menos que esté inscrito en la corriente “socialismo  bueno, el mío, socialismo malo, el tuyo”. Porque seguimos en Babia, y el pueblo puede entender que el problema es Maduro y no el sistema comunista, que, teóricamente es una utopía que ofrece la felicidad general  por  la igualdad absoluta, donde cada quien recibe del Estado omnipotente sus recursos de supervivencia según sus necesidades.

Pero que siempre, y en todas sus variantes, termina en sistemas liberticidas dirigidos por astrosos criminales, como Lenin, Stalin, Pol Pot, Kim Il Sung II y descendencia, Fidel…, porque, sencillamente, es antinatural, y el ser humano no es especie como los animales, sino que cada sujeto es único e irrepetible. Y es esa característica la que crea desigualdad y propugna la libertad para el pleno desarrollo de las potencialidades naturales.

Es decir, que el socialcomunismo es un sistema para gerenciar granjas porcinas, no pueblos. Y esa verdad tiene que difundirse con profusión, sin ambages ni retóricas estúpidamente respetuosas de la opinión ajena, luego de un exhaustivo examen de conciencia, pues las espinillas socialistas de la juventud heroica, todavía perviven en muchos de nuestros vetustos líderes de oposición al régimen comunista de los Castro en Venezuela. Por esta razón celebro la definición del historiador chileno Mauricio Rojas: “la idea del hombre nuevo es genocida”. Claro y raspao. Sin falsos respetos que envalentonen la maldad.

De utopías esta tapizado el infierno

Hay que ver los crímenes horrorosos que se han cometido en nombre de las tantas utopías, como la comunista/socialista,  que buscan la felicidad del hombre, por decreto. Comenzando por los homicidios de las distintas confesiones religiosas, algunas en el pasado – recuerden a la joven Juana de Arco -  otras todavía hoy, para obligar al hombre a renunciar a su libre albedrío para someterse a los dictámenes de esa desesperada invención de la incertidumbre que llamamos Dios, Alá o Jehová, y que se han originado, precisamente, en aquellas profundas soledades en las que el hombre está a merced de la inclemencia de una naturaleza hostil y cuya supervivencia es tan precaria que solo puede explicarla con argumentos prodigiosos.

Exactamente lo que ha sucedido con el socialcomunismo que nos ocupa germinado en hostiles escenarios marginados, en los cuales los errores económicos de la buena fe produjeron apoyos a tentaciones totalitarias de oportunistas de mala índole, que se han encargado, paradójicamente, de convertir sistemáticamente a toda la población venezolana en la viva expresión del intrínseco fracaso socialista.  

Fuera las contradicciones

No comparto la excusa de que “si al pueblo se le dice la verdad, perdemos las elecciones”, al pueblo hay que despiojarlo de la ignorancia para que pueda entender a cabalidad las consecuencias de seguir utopías inhumanas. Y hay que decirle, con todas sus letras, que el socialismo, con su estúpido pobrecitismo que exalta la mediocridad y la precariedad, es una fábrica de parásitos sociales irredentos sin más esperanzas que alegrarse con el sufrimiento de quienes han sido empobrecidos y comparten ahora el mismo vecindario decadente. 

Es un deber patriótico ineludible, hacerlo entender que no es posible sacar a un pueblo de la pobreza estimulando la flojera y la dependencia, que solamente sirve para perpetuar tiranos en el poder, por lo que no se les va a repartir cheques, sino trabajo y más trabajo. Hay que llevar al pueblo a comprender su realidad a través de un sencillo proceso filosófico que lo enseñe a determinar la verdad por la simple observación de sus falencias particulares, para que emprenda, por un acto volitivo individual, el camino cierto hacia su desarrollo.

La pobreza no es una bendición bíblica, como tampoco es maldición el trabajo, sino un estado de carencias producido por fallas estructurales en el sistema cultural y productivo individual que impide al sujeto atar su presente al futuro. Y el reverso de la pobreza no es la riqueza, quien quiera hacerse rico que compre barato y venda caro, y ya, sino una vida digna, decente, decorosa, sin carencias elementales, y allí la labor del gobierno debe circunscribirse, además de a sus obligaciones administrativas y geopolíticas, a generar las condiciones para la inversión nacional y foránea, que crea fuentes de trabajo estables, bien remuneradas que deriven movilidad social, y a la dotación  de servicios públicos eficientes, de calidad y oportunos, incluyendo la seguridad ciudadana.

Ni izquierda ni derecha: Gobierno dedicado a sus deberes constitucionales y ciudadanía a sus responsabilidades consigo, con los suyos, con la sociedad. Binomio perfecto como propuesta política absolutamente comprensible, sin lugar para confusiones ni contradicciones, para obtener el bienestar general en sana paz, como corresponde a una nación civilizada.  

Rafael Marrón González


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5 de octubre de 2014

JHON SAMPSON WILLIAMS: EL ÚLTIMO BOHEMIO




En verdad su nombre era Juan Orlando, pero quiso llevar el nombre de su padre, más acorde con su generosa negritud, y de su admirado Coltrane que también le metía al vino con  fruición desesperada. Pero conste que en eso de admirar Jhon era más bien parco salvo Zubin Mehta y su Jesús Soto, el perínclito, como lo adjetivara en texto indispensable para la lectura del maestro del Cinetismo, que escribía con ortografía de primer grado porque lo suyo era la plástica y no la literatura, a la inversa de Jhon.

Leal a los amigos, en lo que coincidía con el poeta Nicolás Guillen: “la humanidad, los amigos, lo demás, la selva”, Jhon era un asunto de versos y tabernas. Y de la placidez de il dolce non far niente, del que era devoto impenitente en ese trasegar a brazada larga en el que transcurrió su vida en un delirio de alcohol. De  la creación  plástica se alejó, aunque talento y destreza la sobraban, quizá la cercanía bohemia con Soto le espantó las pretensiones y se dedicó a estimular valores de su Ciudad Bolívar adoptiva que lo vio sampsonear por las tabernas del Paseo Orinoco en pos de la prolongación de la parranda.

Fue un gran bebedor de 12 a 12 – “que el sol no me atrape en el camino” - y un fumador empedernido. Aunque el exceso le pasó factura,  estoy seguro de que la pagó gustoso, pues  en los sordos mostradores, entre el denso humo que le causó el enfisema,  surgieron poemarios como Talco y Bronce o Habitantes del agua. Y es que Jhon disfrutó su pasión militante por el escocés, al que se mantuvo fiel hasta el final, gracias al aporte cómplice  de varios amigos de Ciudad Bolívar que se encargaban de que no  faltara el suministro, pero hubo días de sequía verdaderamente preocupantes, pues la sobriedad es cruel con aquellos que la eluden para evadir la realidad, que suele ser despiadado espadachín –

“…bebo y debo en Venezuela/ donde como en todas partes el delito es vitalicio. Y puesto que nadie sabe/ donde guarda réplicas la nada/ me sucedo”.

Y es que Jhon era poeta. De la clase verdadera. De los que aman la belleza sin codiciarla. De los que sufren tanto el dolor de vivir que son incapaces de asumirlo a la luz de la conciencia: “Dichoso el árbol/ que es apenas sensitivo”, escribió Rubén Darío, otro insigne borracho como el viejo Ernest. “Pues no hay dolor más grande / que el dolor de ser vivo / ni mayor pesadumbre /que la vida consciente”.

Mientras tuvo autonomía para desplazarse, apoyado en su bastón, se aventuraba por cercanas barras de amigables contertulios, pero al fallarle la fuerza se recluyó en su hogar “acompañado de la única mujer que no me ha abandonado”, la televisión: “La calle, el mundo interior, los artificios de la culpa, demuestran que el riesgo de ser feliz es atroz”. En la casona familiar llena de recuerdos y con la respetada huella de su padre en los rincones, colgó Jhon su colección de arte, la que fue enriqueciendo con los años, con obsequios de sus amigos artistas, consagrados y noveles.

Amó Jhon a sus hijos y a su madre con sagrada devoción:

“Madre y mis hijos/ madre amiga/ bebiendo la llama desde luego/ mientras ni Cristo estropea sus nogales. Ella ha de ser sobre la tierra/ lentisco, hazaña y alma. Con sus remos. Madre conjuntada. Mis hijos/ mis hijos de luces/ ornados de polen donde no ponen cercos. Mis hijos por el bosque. Que cantan en las terrazas segando águilas. Que sin verlos los veo en el ayuno con los bueyes de Itaca. Huelen a líquenes y risas averiadas/ en un abrazo sobre el agua. En el fondo de sus gargantas los signos cortan carenas e imputaciones al alba. ¿Qué serán?”.

La última vez que nos encontramos fue en la fiesta aniversaria del diario el Progreso, en Ciudad Bolívar. Llegó en taxi y percibí su deterioro físico, a duras penas subió los pocos escalones que lo separaban del asiento más cercano. Respiraba con dificultad y las piernas le flaqueaban mientras posaba para una foto oportuna y cuando alguien le trajo una silla de ruedas, le reclamó su trago, porque la sobriedad en silla de ruedas tiene mucho de tragedia.

Así era Jhon, el entrañable amigo que he perdido. Al que solía visitar cuando el aburrimiento hacía metástasis, bien provisto de los sabrosos roti de la calle Roma de Puerto Ordaz,  que degustaba con especial deleite, y del güisqui cuya oferta permitiera su consumo inmoderado en el bar de su casa, con “Solo llamé para decir te amo” como fondo, tema que exigía repetir hasta el exhausto. Y eran tardes de conversa prolongada que en más de una oportunidad comenzaban con una entrevista espontánea que se transmitía por un canal privado, cuyo propietario gratificaba a Jhon con un programa pret a porter, que el poeta grababa con su vaso en la mesa transmitiendo el inconfundible ámbar de su contenido. Que para los poetas no hay nada más insúltate que la hipocresía. Y Jhon se nos ha ido.  Y a su sepultura se llevó el desplante de último bohemio: “La muerte es más benigna de lo que suponen sus exégetas”. Hasta siempre poeta.    


Rafael Marrón González
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29 de junio de 2014

¡CARABOBO!



Me entregan la totuma con mi trago de ron. Ron blanco. De sabor acre. Con disimulo le agrego un taco de pólvora. El estómago me arde con furia con el bárbaro trago. Las orejas se me encienden. Faltan pocos minutos para el mediodía. Aprieto la lanza bajo el brazo. La agarro con fuerza hasta blanquear los nudillos. El caballo me tiembla bajo las piernas. El negro está al frente de mi pelotón. Mirando al catire de reojo. Por eso le mientan “negro primero”. Porque en lo que el catire baja la mano sale disparado en ese caballo que parece un rayo. Y siempre le gana al catire en ser el primero. El primero en mojar la cuchara de sacar sangre enemiga. Así llamamos a la lanza en el llano. La cuchara.

El negro tiene un trapo rojo amarrado en la cabeza. Para que el sudor del combate no le vaya a caer en los ojos. Y para que lo busque con gula el enemigo. Pa’dale gusto a la lanza. El negro subió de raso a teniente en la punta de la lanza. Cuando el catire dice patria al negro se le traba la quijada. Para él la patria es la guerra. Yo tampoco entiendo mucho. Pero cuando el catire dice patria. A mí se me dibuja en la mente un estero. Porque mi patria es el llano. Así me lo dijo mi taita. Y ahora resulta que aquí también es mi patria. Eso dice el catire.

Comienza la marcha. El miedo es una vaina seria. Siempre entro al combate con el pantalón orinado. Pero se me seca en el calor de la batalla. Y después cuando termina la matazón si no orino rápido me vuelvo a mojar los pantalones. Éste es una vaina rara. Dice el catire. Le da miedo antes y después. Pero en plena batalla se vuelve una fiera. Y a lanza pa’ buena. Y si el catire lo dice. Que es la primera lanza del llano. Seré una fiera con una lanza en batalla. Pero al catire también le dan sus ataques. Y al negro se le traba la lengua. Pero cuando se dice a matar godos. No hay miedo que los salve.

Yo vi al negro en una pelea atravesar a un godito y levantarlo de la montura y dejarlo chorrear suavecito y sacarlo de la lanza con una patada. Por eso los godos se cagan cuando ven un lancero llanero. Está sonando el clarín. Me estoy orinando. El negro calla. El catire habla. Duro. Fuerte. Al que se raje lo raspo, carajos. A matar a los enemigos de la patria. Los caballos entienden también. Ellos mueren en las batallas como los hombres. A lanzazos. A tiros. A cañonazos. Degollados. Caballo y lancero. Uno en combate.

El caballo obedece aunque la rienda se lleve en los dientes. Como el tigre encaramao. Yo pelee con él. En Aragua. Lo mataron velado. Un cañón nos estaba desbaratando. Y el tigre se les fue encima a los artilleros con una lanza en cada mano. Y la rienda en la boca. Saltó el cañón y los atravesó. Pero un infante desde una ventana lo asesinó.

Culo e’fierro lo recogió moribundo y lo ascendió a Coronel al pie del cañón. Ya no podemos decirle culo e’fierro como antes cuando comíamos del mismo rancho. Y nadábamos en la misma laguna allá en el llano. Y saltaba con nosotros un caballo de cola a cabeza. Una vez por poco deja los testículos en el pescuezo de un moro. Allá está. Encaramado en el techo de una casa. Acechando al enemigo. Oteándole sus pasos. Tremendo uniforme lleva hoy. Yo también estoy vestido de gala. Como para un joropo. Pero este joropo es de plomo y sangre. De muerte y coraje. El arpa cañones. El cuatro la lanza. Las maracas en el latido de las sienes. El catire ordena marchar en columna de a uno. La pica es estrecha.

Vamos desfilando y un capitancito musiú a caballo va saludando a cada uno que va entrando a la trocha. ¡Hileras a la izquierda, y trote! Es O’Leary. Cuando se me cuadró a mí. Que lo que soy es un cabo. Se me encendió la cara de orgullo. De vaina no se me reventó el pecho. De repente el catire grita. Como en vuelvan caras. Y se lanza al galope. El negro a su lado. Nosotros detrás sin saber qué pasaba. Hay un camino en el monte. Escondido. La pica de la Mona. Los godos que nos esperaban en la colina del frente quedaron con la boca abierta. Salieron corriendo a impedirnos la entrada. Nosotros para adentro. Galopando. Desafiantes. Reconcentrados. El ceño fruncido. Los dientes apretados hasta hacerlos crujir. La lanza firme apuntando parejo. Acostados sobre el lomo del caballo para esquivar las balas. Balas. Balas. De cañón. De rifles. De todas partes. Diez muertos por cada batallón. Diez de este, diez de aquel. Diez del otro. Los muertos recobran su nombre después de la batalla.

Fue el costo de la entrada. Pero entramos. Carabobo se llama. Carabobo. El impacto es formidable. Furioso. Ellos pelean con tanto furor como nosotros. Pero para nosotros la lucha tiene un nombre. Libertad. Y contra eso no puede el denuedo. Son valientes. Nosotros mejores. Quieren mi patria para ellos. Nosotros para nosotros. El olor a sangre se esparce. Revuelve el estómago. Ruedan caballos. Jinetes. Muertos. Heridos. Destripados. Mutilados. El olor es infernal. Pólvora y sangre revueltos. Sudor de hombres. Sudor de caballos. Vísceras de hombres. Vísceras de caballos. Los relinchos agónicos crispan los nervios. Polvo. Las caras se cubren del barro que se hace con sudor y polvo. Y sangre del otro.

Por allá Borrás. Y Manuel Cala. También Iribarren que parece otro Páez. Y Arguíndegui. Y Cornelio Muñoz. Y Alcántara. Y Salom. Y el granadino Vélez. Y José de la Cruz Paredes. El mismito de las Queseras del Medio. Su lanza le dio una estrella en las Queseras. Su lanza lo hizo capitán en Carabobo. En pleno Carabobo. Como a Páez General en Jefe. Es que en Carabobo se es o no se es. Tengo el brazo dormido. La lanza hace surcos apretada en mi axila. Giro. Vuelta y revuelta. Atrás. Atrás. Adelante. De lado. Cuida mi espalda. Yo cuido la tuya. Y la de este y la de aquel. El catire parece repetirse. Allá está el catire lanceando. Y más allá. Y de aquel lado. Aquí. Allá. Acullá. Es el catire Páez. Páez y Carabobo. Carabobo y Páez.

Tengo el brazo empapado de sangre. Sangre que chorrea. Sangre de otros. Con el mismo olor que la mía. Y el mismo color. El caballo gira casi en las corvas. Se dobla. Se empina en sus patas traseras. Y gira. Preciso. Recibe la herida bestial en el pecho. La que era para mí. Relincha de dolor y cae. Y yo salto. Suelto la lanza. Me encaramo en la grupa del godo. Lo tomo del cuello y le entierro una vara e’puñal hasta el codo. Mi rucio era bueno. Pero también es bueno su bayo. Digo… el mío. Lo hago caracolear en el claro que va dejando la matanza. Recobro mi lanza. Estamos a punto de sucumbir. Son demasiados y estamos solos. El catire se bate con dos como dos. Un patriota pierde su lanza. Se baja del caballo y se faja a puñetazos. Destroza narices hasta caer baleado.

¡Cuidado negro! Llega tarde mi grito. Una lanza se abre paso por el costado del negro. El negro atrapa la lanza. No puede entrar más. A pesar del empuje del otro. Pero ya es suficiente. Sacude al realista como un pelele. Y se la saca de un tirón. Con rabia. Empapada en su sangre. La revira en el aire. Ensarta al godo al galope. Lo levanta en vilo del caballo. Lo deja chorrear suavecito. Parando el caballo en dos patas. Y le saca la lanza de una furiosa patada. Quien lo mata muere. Y muere cagado ante tanta furia. Arroja al suelo la lanza enemiga. Se mira la herida que le brotó por el pecho. Refrena al caballo. Se alza sobre los estribos. Y ubica al catire.

En el centro de la polvareda. En plena refriega. Le abro camino. Con mi lanza destripando godos. ¡Sigue matando, negro! No, catire, vengo a decirte adiós porque estoy muerto. Y cayó el negro de cara al suelo pisoteado. Cosas de los hombres. Y vi al catire. Y lo juro. Lloró. Como llora un guerrero. Matando enemigos. Uno. Diez. Cien. Y vuelta a empezar. Uno. Diez. Cien. Y otra vez. Y otra vez. Y otra vez. La primera lanza del llano. Ahora será la primera de Carabobo. Cosas de los hombres. Catorce lanzazos deshilachan la guerrera de Juan Ángel Bravo. Ninguno lo hiere. Se ganó un uniforme de oro. Cosas de los hombres. Viene en nuestro apoyo la Legión Británica. A Pendón desplegado. A tambor batiente. Como en un desfile. Temerarios. Las balas los diezman. Y ellos como que si nada.

Cae un oficial. ¡Firmes! Cae otro oficial. ¡Firmes! Un cañonazo cercena el brazo que hereda la espada. ¡Firmes! Recoge la espada el imberbe oficial mutilado. ¡Rodilla en tierra! ¡Fuego!... ¡Fuego!... ¡Fuego! Y cae desangrado. Cosas de los hombres. La certera descarga destroza. Y nos salva la vida. Nos reagrupamos en el asombro. El clarín resuena alborozado. En el fragor el catire tiembla de ira. A vengar los muertos.

Viva el Negro Primero. ¡Viva! Muere. Muere. ¡Muere! Los gritos de la furia sobrecogen. El catire convulsiona. Se paraliza. Es la ira. La epilepsia. En plena batalla. Un soldado enemigo lo pone a salvo. Cosas de los hombres. Retrocede el enemigo. Avanzamos. Terribles. Mortíferos. Seguros del triunfo. Desplegados. En abanico. Arrasando. La victoria es nuestra. Se la arrebatamos a coraje limpio. Cosas de los hombres. Por allá Mellado persigue. Delante de él solo la cabeza de su caballo. Se estrella contra la muerte. Siete balazos y una herida de baqueta lo fulminan. Su caballo muere clavado en las bayonetas enemigas. Jinete y caballo. Caballo y jinete. Cosas de los hombres.

Persigue Sedeño. A galope febril. Adelanta a su tropa. Solo topa contra el enemigo. Una bala basta para el bravo de los bravos de Colombia. Un jefe español ordena a un joven tambor: ¡Sostenga la cabeza de este bravo general! ¿Cómo un jefe de miles muere así? Cosas de los hombres. Sepulcro. Carabobo. Sepulcro. Bolívar se multiplica. Grita. ¡Recuerden el Semén! ¡Orden! ¡Cada soldado con su oficial! ¡Orden! Pero nadie escucha. Gritos. Gritos. Más gritos. Relinchos. Polvo. ¡Ay, mi madre! Los españoles se repliegan. No huyen. Se repliegan. Bolívar persigue. Persigue. Persigue. La victoria es nuestra.

Ambrosio Plaza no ha podido combatir. Desesperado se lanza solo. Penetra como una exhalación en lo profundo del campo. Donde no llegó ni Páez. Cae a traición. Diego Ibarra enfurecido le arrebata la lanza a un patriota. Y venga al héroe. Cosas de los hombres. Es Carabobo. Y muere Melean. Y muere Ferriar. Y muere Scott. Y muere Bruno. Y muere Olivera. Y muere Arias que era teniente. Y muere Osorio. Y muere Milano y Nicasio Rodríguez y Juan Cabiades y Rafael Rodríguez y Agustín Urbina. Muertos. Muertos. Muertos. Cosas de la patria. Es Carabobo. Polvo. Sangre. Pólvora. Y aquel olor… A sangre. A pólvora. A polvo. A sangrepólvorapolvo. Olor metido en la memoria. Es Carabobo. Carabobo.

Carabobo. "Nuestras pérdidas no son sino dolorosas". Carabobo. Pero qué dolorosas. Carabobo. El himno debiera decirlo. Gloria al bravo pueblo/ que luchó en Carabobo. Durante dos horas. Y en esas dos horas todo. Patria. Libertad. Igualdad. En esas dos horas. Carabobo. Y Bolívar. Altivo. “Se ha confirmado, con una espléndida victoria, el nacimiento político de la República de Colombia”. Carabobo. Carabobo. ¡Carabobo!


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PUNTUALIZANDO….



Sigo escuchando voces autorizadas de la oposición informando la situación de deterioro de los servicios públicos y de la infraestructura nacional, de la inseguridad y por supuesto del desastre económico que nos ha sumido en la ruina, llevándose en los cachos el poder adquisitivo del bolívar más endeble que ha tenido la república, todo impecablemente ajustado a la verdad, pero esa plañidera cantaleta está muy bien para los consejos comunales o para los medios de comunicación que son el parlante del pueblo, pero jamás como bandería política de nuestra dirigencia, que todavía no maneja un discurso contundente y unívoco – el del chavismo, aunque falaz, lo es – porque si lo que se busca es un cambio de rumbo, eso nunca sucederá, ni soltarán a Simonovis ni Maduro va a renunciar ni se adelantarán elecciones, y de convocarse una constituyente se corre el riesgo de que con menos votos obtengan más diputados, como sucedió en la AN, sencillamente porque el proceso concentra el poder en manos de incondicionales al castrismo.

Por eso el trabajo, hasta en sus mínimas expresiones, tiene que ser  político, en un esfuerzo conjunto, sin personalismos ni “pescuezamientos” de micrófonos, con líderes sindicales,  comunitarios,  del mismo barrio, para señalarle, por ejemplo, al pueblo que la verdad es el resultado de comparar el discurso de Maduro con la realidad, con lo que descubrirá que no es la oposición la que descalifica su discurso, por razones políticas, sino que es la contundencia innegable de la realidad lo que lo devela como mentira, y como la voz de dos de cada tres venezolanos le dice inservible al gobierno.

Hay que corporificar esas voces para convertirlas en una mayoría crítica, señalándoles que en lugar de ser escuchadas en sus clamores, el gobierno sigue impertérrito con sus políticas de estado dirigidas a crear desabastecimiento artificial para facilitar el control social al mantenerlos en una cola de mendigos, ilusionados con la posibilidad de conseguir los productos de la cesta básica que se niegan a los demás venezolanos, impedidos de hacer tales colas, con lo que el gobierno manifiesta su supuesto “amor” a los pobres, siempre que sean ovejas trasquiladas.

Y empeñado en el derroche internacional del erario para continuar, a troche y moche, con la exportación de su adefesio político, pues es el mandato de su comandante supremo, quien, seguramente avizorando el derrotero de su “proceso” y las probables consecuencias de sus planes empobrecedores, resumió su “plan de la patria” en esta frase inmortal, la que junto aquel eslogan suicida “con hambre y sin empleo, con el extinto me resteo”, configura toda la lógica que moviliza la sin razón del chavismo gobernante:

“No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer, aquí se trata de salvar a la revolución”. Entones, una vez entendida cabalmente la misión encomendada por el castrismo cubano a estos fidelísimos devotos, no tenemos que seguir perdiendo el tiempo en la denuncia  hacia la destrucción que llevan a cabo con la nación, pues esta realidad es redundante en el discurso y la sufre en su humanidad y vida el propio pueblo, con cuyo nombre pretenden justificar sus desmanes y violaciones constitucionales y jurídicas, y, por lo tanto es inútil como herramienta política, sino que hay que trabajar para construir un formidable muro móvil de contención al socialismo con la bandera de la democracia, como insignia generica.        

Esto sí es socialismo

En primer lugar hay que dejar de lado la ingenuidad patética de que “esto no es socialismo” o ¿qué socialismo es este? Porque esto, machete, sí es socialismo, del real, no la utopía de los románticos que se encuentran horrorizados al comprobar que el sueño socialista que acompañó sus espinillas adolescentes, es una canallada liberticidal y que Churchil tenía razón al considerarla la “repartición equitativa de la miseria” y que Fidel, en uno de sus escasos instantes de lucidez, definió como “comunismo”.

Ante este monumento a la inhumanidad, que reniega del individuo, de la propiedad privada y de la libre empresa, es necesario asumir nuestra condición de demócratas sin adjetivos, con la convicción de que la democracia es “un pacto político para impedir la tiranía” y no una empresa constructora. Son los gobiernos que el pueblo elige los que construyen obras y realizan buenos o malos ejercicios gubernamentales, dependiendo, en nuestro caso, de los precios del petróleo.  

La democracia es… estado de derecho

Mientras en la democracia priva el estado de derecho, que es su fundamento esencial, en el socialismo impera, por la fuerza y las trapisondas leguleyas que hasta enmiendan la Constitución, el “derecho de estado”. Por eso vemos el asombro que concita en la ingenuidad la ferocidad jurídica del régimen contra quienes se les oponen, con énfasis en las protestas callejeras, que en democracia, tradicionalmente, se han considerado eventos políticos sin consecuencias penales o sujetas a la flexibilidad del estado, hasta en casos graves como las guerrillas y los golpes de estado del ´92.

Pero como el socialismo considera al estado una entidad superior a las leyes, y como el gobierno está imbricado íntimamente al concepto de estado, pues el gobierno subyuga la justicia,  y así ha sido reconocido por Jorge Rodríguez – “la seguridad del estado está por encima de las leyes” -un jerarca político de un régimen, cuya militarización es ya tan evidente, que tienen un “estado mayor” político, cuando la democracia es eminentemente civil.

Con esta confesión de parte no hay nada que discutir o denunciar, en un estado en el cual el derecho está subordinado a su supervivencia, es  claro que la justicia también lo está. Por eso Leopoldo será condenado y muchos de los muchachos que se lanzaron a la calle en busca de una salida inmediata, también sufrirán sentencias condenatorias de clara intención coercitiva, así chille y patalee el universo. Lo triste es no haber estado consciente de ello.

Rafael Marrón González


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