Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

25 de marzo de 2013

LA CONSPIRACIÓN DEL FRAUDE



El fraude ha consistido en instalar en la mente de demasiados opositores el convencimiento del fraude que estimula la estéril y colaboracionista abstención, una manera insensata de protestar cediendo un derecho, pues si el fraude es una convicción legítima, la lucha de calle es la solución. Y esta conspiración del fraude tiene ideólogos inmutables que han obtenido reconocimiento social por haber tenido, supuestamente, razón, en cada pérdida electoral.

Es innegable el ventajismo grosero del oficialismo, el uso descarado de los recursos públicos y la absoluta falta de higiene moral que ha caracterizado la participación electoral del liderazgo oficialista, cuyo fin último es el poder. Que si el pueblo opositor hubiera tomado acciones contra cada evidencia de esa amoralidad los abusadores no se atrevieran a seguirla cometiendo. Sin embargo el descaro de sus acciones ha redituado pingües beneficios electorales a los infractores de la ley, que ya actúan como si fueran correctos, legítimos y legales sus desafueros. Y así se ha impuesto silenciosamente la conspiración del fraude.

Los electores no asumen con firmeza que hemos perdido porque no hemos logrado los votos suficientes para ganar, estimulando los liderazgos particulares, sino que “nos robaron”, como a niños, una y otra vez. De nada vale esgrimir el argumento contundente de que cuando los hemos obtenido nos ha sido reconocida la victoria. Los obtuvimos para la Asamblea Nacional, pero los líderes de la oposición aceptaron concurrir con unas reglas inversas – quien saca más votos obtiene menos diputados – cuando en condiciones normales se retiraron de las elecciones, entregando la Asamblea en pleno a la inescrupulosidad política.

Los obtuvimos cuando el remiendo constitucional que imponía el Estado comunal. Y, así, los hemos obtenido en distintas gobernaciones, que se nos han asignado, como la de Miranda, en plena arteria coronaria del antiguo chavismo. Y esto no significa que esté otorgando patente de pulcritud al CNE, pues ha sido su rectorado – con la excepción de Vicente Díaz - el que ha lanzado sobre la institución el velo de la sospecha – “la mujer del César además de ser honesta debe parecerlo” -como colocar la bandera de Cuba en sus instalaciones o portar la presidente un brazalete guerrillero en el antebrazo, como si estuviera en las selvas colombianas. O secuestrar la sala de totalización. O permitir que sea salvajemente agredida por el sicariato del régimen, una marcha estudiantil pacífica que pide elecciones limpias. Y lo más pernicioso de todo, no poner límites a los abusos del gobierno.

Quizá por cobardía, pero es nuestro deber traducirlo en duda de complicidad, pues “llamarse jefe para no serlo es el colmo de las miserias”. Pero reconocer esta anormalidad - “eso es lo que hay” - no tiene por qué mutar en abstención colaboracionista. De lo que se trata es de admitir que nuestros testigos han sido muro de contención, que los organismos de organización de la oposición no se están vendiendo ni pactando con el adversario “por un puñado de dólares”, y que si algo necesitamos es más participación ciudadana en la conquista de nuevos electores y su movilización hacia los centros electorales, el cuido de las mesas y la protección y atención de los testigos.

Participar ha sido inteligente

Gracias a nuestra participación electoral colocamos sobre el tapete universal que la mitad del país está en contra del totalitarismo que roe nuestra institucionalidad, lo que desmonta el mito de la hiper publicitada aclamación socialista. Y logramos detener durante catorce años la imposición del sistema cubano en nuestra vida republicana, que es un triunfo nada desdeñable.

La abstención es el fraude

La abstención  es una conspiración contra la democracia. Si hay elecciones hay que votar. La abstención es un acto de protesta contra un mal gobierno como el de Maduro, pero es ilógica como ejercicio opositor. Y en la actualidad no hay excusa alguna para mezquinarle nuestra participación a un líder que se ha empinado por encima del asqueroso ventajismo - que hoy carga una urna de tarima - logrando como piso una votación histórica.

Henrique Capriles ya no es un candidato de oposición, es el presidente que la nación – madurista y no madurista – necesita. Es el factor aglutinante que garantiza la paz imprescindible para vencer las dificultades económicas creadas por el gobierno del cual Maduro es responsable directo. Es un líder con un proyecto político y social incluyente, viable y admisible por todas las partes. Es un gerente probo y eficiente con resultados demostrables, incomparables con las lamentables ejecutorias del candidato continuista de las desastrosas políticas públicas del gobierno anterior, con el atroz hándicap de no ser el presidente muerto, que por lo menos mantenía la paz social por su relación idolátrica con el pueblo chavista.

Capriles es un presidenciable ajeno totalmente al caudillismo fascista que impera en las filas del gobierno. Y sus ejecutorias como alcalde y gobernador marcan sustancial diferencia con la providencialidad que, desde 1999, pauta la gestión pública tanto del gobierno del presidente muerto como del gobiernillo de su radical aspirante a sucesor, que en cien días de ejercicio devaluó la moneda, incrementó la inflación y la escases, y al hampa le soltó las pocas riendas que tenía. Si el pueblo necesita alguna prueba de su ineptitud, estos cien días son contundentes. Maduro no sirve. Y el asunto es con Maduro, no con el presidente muerto.   

Para árbitro parcializado, victoria contundente

Así que hay que ir a votar contra viento y aguacero. La patria clama por su dignidad y soberanía mancilladas por la postración ideológica ante un gobierno extranjero. Así que tu voto es confirmación de fe democrática y, parodiando a Celaya,  un arma cargada de futuro, pues, como me dijo un amigo que ama esta patria: “los malos gobiernos son electos por los buenos ciudadanos que no van a votar”.

Rafael Marrón González
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17 de marzo de 2013

MADURO Y EL GOBIERNO ANTERIOR




Si alguna vez fue cuestión de vida o muerte para la república acudir a votar es en estas elecciones del próximo 14 de abril, pues el candidato del gobierno anterior, Nicolás Maduro, es una herramienta política de los seniles hermanos Castro, que necesitan el petróleo venezolano más que el oxígeno para que su ruinosa revolución pueda seguir respirando.

Sin los dólares imperiales que la irresponsabilidad chavista derrama sobre Cuba, en detrimento de los venezolanos, no existiría socialismo ni fidelismo en Cuba, pues a la llegada del presidente muerto al poder ya Fidel estaba en brazos de los gringos. Y Nicolás Maduro no es el candidato del presidente muerto sino de Raúl Castro, Por ello este candidato embustero / vendido y paquetero, tiene que ser derrotado por la racionalidad y la lucidez del pueblo.

Sabemos que Henrique Capriles enfrenta la inmensa y multimillonaria maquinaria estatal, usada sin vergüenza ni escrúpulos, ni observancia de la ley ni de la Constitución por el candidato del gobierno anterior, cuyo comando de campaña está integrado por burócratas del régimen. Sin embargo han sido tan cuantiosos y dolorosos los embustes que ha metido al país chavista y no chavista, este candidato de la inflación, el desabastecimiento, el hampa desatada, el desempleo, la falta de viviendas y “una infraestructura en decadencia y parte de producción de crudo hipotecada a los chinos”, que su campaña se limita a tratar de engatusar al pueblo, envuelto en el sudario del presidente muerto, para que no perciban la tristeza de su figura insípida de lengua entaparada y cerebro en duermevela – “abran más el telepronter” -  sino la visión ectoplásmica del presidente muerto, pero  a pesar del disfraz - ¡a qué no me conoces¡ - y de sus esfuerzos balbuceantes, el pueblo sigue viendo un bulto sin carisma ni credibilidad que se desvanece cuando se apaga la luz.

Maduro no es el presidente muerto. Por mucho militarismo que lo rodee. Y por mucho “yo soy el comandante en jefe”. Y lo está percibiendo en la mezquindad de los aplausos. Y esto pasa porque cuando dice al pueblo que va a combatir el hampa porque “la familia venezolana merece vivir en paz”, está atacando al gobierno del presidente muerto, del cual fue vicepresidente, que durante catorce años no levantó un dedo para reducir ese flagelo asesino que costó la vida a 150.000 venezolanos – ya en el gobiernillo de Maduro van 2.000 según diputada de Carabobo.

Un candidato presidencial atado de pies y manos, porque cualquier alusión a cualquiera de las penurias que sufre a diario el pueblo devoto del presidente muerto es un insulto a su memoria inmortal de ídolo que vivirá por siempre – cual Pedro Infante -  según el cronograma oficial. Pero el sol no se puede tapar con deseos. Porque esto lo sabe hasta el gato de Cilia: La situación socioeconómica del país es culpa de la falta de gerencia y probidad del gobierno anterior. Y en la actualidad hay inflación y desabastecimiento porque el gobiernillo de Maduro devaluó la moneda en un 46,5%, y fue el gobierno de Maduro porque  Argénis Chávez – y no tengo porque dudar de su palabra -  asegura que el presidente muerto sufrió un derrame cerebral durante la operación en Cuba.

¿Entonces, cómo es que autorizó con su firma la destrucción del poder adquisitivo del salario de los trabajadores? Esa traición al movimiento obrero no la hubiera cometido jamás el presidente muerto, sobre todo porque esa devaluación favorece los grandes capitales, incluyendo los de la godarria chavista. Y eso significa que, a pesar del endoso del presidente muerto, ese cheque es incobrable.      

La hora de Capriles

Maduro, cautivo en su media hora de fama inconcebible – “jamás se vio un elefante volar” - se limita a insultar la soltería de Capriles, lo que multiplica la imagen del candidato de las fuerzas democráticas que si puede atacar con la energía de la verdad las fallas estructurales en materia social y económica del gobierno anterior y el del propio Maduro, que gobierna al país desde el 10 de diciembre del 2012 y su única gesta revolucionaria fue meterle la mano al bolsillo al pueblo venezolano para tratar de tapar el gigantesco hueco fiscal que la irresponsabilidad en el manejo de la casa pública ocasionó, con los mejores ingresos petroleros de la historia.

Así que esta es la hora de Capriles - y de nosotros los demócratas – en una versión siglo XXI de la Campaña Admirable de nuestro egregio Simón Bolívar, el único libertador. Y Capriles lidera, nada menos, que una gesta liberadora de la satrapía cubana, cuyas garras infectas hunden sus uñas en la dignidad de la patria, con la anuencia del servilismo ideológico, “inmaduro y descabellado”, y cuenta con la participación entusiasta y voluntaria de millones de conciudadanos, para quienes es imperativo moral el rescate de la soberanía nacional mancillada, y consideran la libertad un derecho natural irrenunciable, y, al respecto, recordamos las palabra de Bolívar en el Manifiesto de Carúpano: “No son los hombres vulgares quienes pueden entender el eminente valor de la libertad”.               

En conclusión

Vamos a aglutinar voluntades en la senda democrática hacia la libertad, apartando a los “duros” que consideran la participación electoral como “legitimar al régimen” sin presentar ni evidencias del fraude ni alternativas viables, y votemos masivamente contra este aliado del mal de la felicidad.

No olvidemos que el presidente muerto no es el Cid.  Estoy consciente de las dificultades abrumadoras que enfrentará Capriles en la presidencia, dada la maraña de complicidades de la secta que mantiene secuestradas la institucionalidad, sin embargo somos mejores y tenemos razón, y esa fuerza derrumbará obstáculos en la medida de su aparición. Por los momentos lo importante es que arranca Capriles con siete millones de votos  y el candidato del gobierno anterior tiene que buscar los suyos, por ello debemos convencernos y convencer de la inmensa importancia de acudir a votar el 14 de abril, ya que se trata de arrancar de las manos del sicariato político de los Castro, la integridad republicana de la patria de Bolívar. La abstención contra Capriles es un crimen de lesa patria en este momento histórico. Sale pa´llá.            

Rafael Marrón González
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10 de marzo de 2013

MEMENTO HOMO…



“Hubiera preferido otra muerte”, expresó Carlos Andrés Pérez ante el Congreso de la República cuando las ambiciones subalternas de su propio partido estimularon su defenestración, propiciando estúpidamente la muerte de la democracia liberal en Venezuela y el ascenso de la barbarie que hoy chapotea encharcando el futuro de la patria de Bolívar.

De esa misma manera hubiera deseado la muerte política para Hugo Chávez y no ese escape por la tangente que le prodiga honores cómplices y lágrimas inconsolables, tanto de la chulería de sus parapetos latinoamericanistas, como de la ingenuidad que medra en las orillas de la miseria sustentada con becas y misiones empobrecedoras.

Me indigna que la muerte haya intervenido groseramente en los asuntos políticos internos de este país. Hugo Chávez era un problema nuestro no de la muerte. Pero ahora, por esa estúpida intervención, este hombre al que las circunstancias, no las decisiones, otorgaron el poder más absoluto y discrecional que detentara gobernante alguno en esta nación, entra al altar de la patria, cosa que no me perturba, al recordar el destino  del cadáver embalsamado de otro caudillo de similares características, Vladimir Lenin - “ay del hombre que de pueblo fíe” - sin embargo me hubiera gustado mucho que mis veinte años de lucha radical, intolerante y frontal contra este caudillo militarista – y sus acólitos inmorales y  corruptos -  que impuso el parasitismo social como aspiración plena de un pueblo confundido en su ingenuidad, hubiera desembocado en la derrota por el convencimiento político del fraude que en verdad fue su propuesta autocrática pivotada en el azar de los precios peroleros que pagan los países capitalistas, verdaderos sostenes de su régimen.

Que otro gallo hubiera cantado si la cotización de la cesta que afectó al débil Rafael Caldera se mantiene en los primeros años de consolidación del neo caudillismo chavista. Pero así es la vida. Chávez está muerto. Murió de muerte natural. En una escenografía cheispieriana. Rodeado de afectos y ambiciones. Pero eso sí, entre las penumbras de la mentiras y el engaño al pueblo que hasta el último minuto aseguraba que regresaría. “No me dejen morir” sostiene un edecán que le escuchó susurrar en sus últimos instantes al moribundo privilegiado con los portentosos recursos tecnológicos y científicos que ni en sueños recibe ningún venezolano afectado por el mismo  mal, que debe sufrir adicionalmente la falta de insumos en los destartalados hospitales públicos.

Chávez no murió asesinado como las víctimas del 4F y del 11 de Abril o como los mártires de la Plaza Altamira. Ni dejado morir como a Franklin Brito, virilmente inmolado por sus convicciones. Sencillamente muerto, como muere cualquier hijo de vecino. Desconectado por decisión familiar para aliviar el horrido sufrimiento al que fue condenado para segregarle impíamente poder a sus latidos mecanizados.

Pero, como no soy afecto a los rituales de la hipocresía ni encuentro virtudes ocultas en quien pudo ser justo y decidió no serlo y se negó a gobernar para todos los venezolanos, dividió al país en bandos irreconciliables y prefirió privilegiar gobiernos extranjeros de similar sectarismo antes que invertir seriamente en combatir la pobreza nacional que nos conmueve, debo manifestar que, por mucho que lo acunen al lado de Bolívar, no escapará al juicio inexorable del tiempo, que es un océano en el cual solo flota la verdad.

¿Chavismo sin Chávez?

No existe chavismo sin Chávez con alguna posibilidad de éxito. Porque no existe pollo con dos cabezas ni el chavismo es una Hidra intelectual. Una vez cortada la cabeza el cuerpo del pollo queda saltando hasta, que perdido el reflejo condicionado, se congela.

Chávez se encargó personalmente de impedir que cualquier pensamiento propio le hiciera sombra. Tal como con el Che y Camilo hiciera Fidel – el monstruo que le indicó lo que “podía” hacer y no lo que “debía”. Nunca tuvo a su lado quien se atreviera a recordarle que era mortal, que polvo era y en momia se convertiría. Por ello, bajo el inclemente trópico el cuadro es deprimente:

Un grupete estupefacto por la real ausencia omnipresente, escudado detrás esa ficción utilitaria que mientan “pueblo”, colectivo que sufre el ahogo consecuente de las pésimas políticas económicas del ahora gobiernillo, con un discurso que destila violencia y odio – debajo de la fina seda siempre la mona - para ocultar la amargura y el miedo que lo embarga.

Todos esos gobiernos de mano saqueadora, que se aprovecharon hasta el asco de la inescrupulosidad en el manejo discrecional del tesoro púbico, serán espaldas en el horizonte. Y Raúl Castro asumirá, ya sin pudor alguno, las riendas de Venezuela por interpósita persona, por ello - eso derriba el mito del nacionalismo chavista- Nicolás Maduro – el más obsecuente a los lineamientos castristas - fue designado candidato a suplir la ausencia de Chávez por el voto emocional, como próximo presidente de la república, si la lucidez no dispone otra cosa.     .       

Ya Chávez no existe…

Sin embargo, sorpresas intuyo: Pues, mientras Chávez mantuvo las riendas del poder, el pueblo chavista sufría los rigores de la incompetencia del gobierno y de las miserables políticas socialistas, bajo la fe de que “Chávez no sabe”. Porque para ese pueblo que mutó a Chávez en una deidad que solamente podía querer su bienestar, todos sus problemas derivaban del desconocimiento que de ellos tenía Chávez. Pero ahora Chávez no existe. Y el gobierno volverá a ser responsable directo de las penurias populares que son muchas y variadas.

Pronto se verá obligado a arremeter contra el país entero cuyo recalentamiento suena a protesta multitudinaria, pues no hay ni un solo segmento poblacional que no esté afectado por el corrosivo virus socialista que no paga prestaciones sociales ni salarios al día, destruye la producción nacional, hipoteca las reservas petroleras y despide trabajadores obviando impunemente la inamovilidad laboral. Y esa verdad resquebraja la romántica entelequia que les redituó catorce años de godarria champañizada. Tic tac.  
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5 de marzo de 2013

QUÉ GANAS DE MATAR…



Una película de la Segunda Guerra Mundial narra las peripecias de un joven francotirador a quien asignan, por radio, objetivos que son suspendidos cada vez que está a punto de lograrlo, hasta que recibe el permiso de disparar, tiene el blanco en la mira y el dedo en el gatillo, pero en el instante de realizar el disparo, entra un coronel y aborta la misión porque la guerra ha terminado. La reacción del muchacho fue histérica. Quería disparar. Necesitaba matar. Pedía, por favor, lo dejaran realizar ese solo tiro y ya. No era posible que luego de tantas penurias no hubiera podido matar a nadie.

Parecida reacción encuentro en un converso llamado Juan Carlos Loyo o algo parecido, aquel civil que apareció en una gráfica con un arma de alto poder fajada a la cintura, en un operativo de despojo de unas tierras de vocación ganadera. Este sujeto pide a Dios en su tuiter lo que interpreto como una súplica para  que este ser supremo genere las condiciones para salir a matar. La forma como alarga las vocales alarma. Invoca al pueblo como instrumento de destrucción, como si este estuviera integrado por asesinos. Lo que revela esa súplica es la frustración por no haber tenido la oportunidad de matar impunemente, y ahora la revolución terminó. La excusa para tal degradación humana, es que la oposición está “ofendiendo” a su comandante.

No veo ofensa ninguna en pedir al gobierno que diga la verdad al pueblo – chavista o no chavista – sobre la salud de un hombre que ostenta la primera magistratura de la nación. Si el enfermo fuera el Loyo o Aristóbulo, a nadie preocuparía. El meollo del asunto es que crearon un mito que se desvanece en la contundencia de la realidad: Un hombre enfermo, muy enfermo, ya sin fuerzas para seguir haciendo el papel de robusto percherón,  halando la carreta que los transportó de la pata del tambor en el barrio deshilachado, de algún clandestino pueblo de la torturada geografía venezolana, al mármol de Carrara en el vecindario copetudo, prendidos al dólar petrolero gringo, y el terror de interrumpir esa vida regalada, que les manó del cielo revolucionario – con la ayuda de su inescrupulosidad manifiesta -  los hace perder la escasa sindéresis que los ha caracterizado desde su irrupción, con la boca abierta y viendo hacia arriba, en el escenario político venezolano.

Saben a ciencia exacta que serán reos de la vindicta pública, por sus desmanes y abusos de poder y hasta por su manifiesta inhumanidad. Por eso obligaron a un hombre de salud delicada a participar en una difícil campaña electoral que le agotó las fuerzas necesarias para su supervivencia. Por eso  el CNE aceptó postular la candidatura de una persona desvalida sin posibilidades ciertas de asumir el poder de resultar electo, como así sucedió. Por eso el sartal de mentiras que han generado todo tipo de chistes populares, surgidos no precisamente de las filas de la oposición oficial, que más seriecita, respetuosa y modosita, frente a este escarnio nacional, no puede ser.

Porque hay que ver la deshonra para la patria de Bolívar que traduce este acto burlesco, propio de  un país sin instituciones ni valores democráticos, al más puro estilo del realismo mágico garcimarquiano. Todo lo que ha hecho el gobierno para engañar al pueblo sobre la salud del presidente, es una burla a la dignidad del enfermo. Son ellos los que irrespetaron la vida de este hombre, mortal y susceptible a enfermedades comunes, con tal de conservar los privilegios derivados de su incondicionalidad, y son ellos quienes  irrespetan la dignidad de “su comandante” - ¿civil con comandante? - cada vez que le mienten al pueblo con reuniones ministeriales de cinco horas – “cuando no le habla un segundo al país”  - un hombre que no puede respirar por sí, bailando la conga con Maduro, redactando, de su puño y letra, extensas salutaciones imperiales a los subalternos del ALBA o de UNASUR o a demagogos reelectos por insuficiencia democrática de sus pueblos.

Cualquier engañifa es válida para las ventosas que le succionan el poder. Eso sí es un acto inhumano. Impío. Una falta de respeto. Como lo es a la Constitución asegurar, como el charrasqueado, que se juramentará cuando esté “bueno y sano”, lo que equivale a “cuando nos salga – “a nojotros mesmos” -  del real forro de la chistera”, de la cual sacaron la “continuidad administrativa” que alarmó de la Rousseff a Fidel - hasta el Insulza carraspeó – y motivó su devolución clandestina a Venezuela. Basirruque no sube en ascensor.

Una cosa es que los Castro manden en el país y otra cosa es que se sepa. Y cuando la opinión pública internacional pidió una fe de vida, no se les ocurrió nada mejor que apelar a una “pìrulin pin pon, con su misma chaqueta y su mismo pantalón”, pero sin verruga, que revirtió en burla la preocupación internacional, y no contra el paciente, al que el humanismo signa respetar, sino contra los manipuladores de la verdad, que olvidan que, salvo el pueblo cubano, al que sus amos comunistas manipulan como les da la gana, todo el planeta sabe operar photoshop.

Volvió, volvió…

Esta paranoia atrapa muchos ingenuos, enamorados del líder mesiánico que los hizo soñar, como a la embarazada del viento, y se inscriben en los dislates más candorosos, bajo el húmedo influjo cuasi religioso de “volvió, volvió”. ¿Cómo que volvió? ¿Cuál es el significado de volver para un presidente que no ha podido asumir? Este señor está tan ausente como si siguiera en La Habana.

Afirmar que “está al frente del gobierno” es un soberbio insulto a la más elemental inteligencia. La verdad es si este señor está incapacitado para tomar decisiones de Estado, quien funja en su nombre es un usurpador – ¿cofradía de usurpadores? - que, al no estar bajo la égida constitucional, constituye un serio peligro para la república. Así que quien volvió no fue el Chávez de bronce y redoblante, sino un doliente enfermo terminal, un saco de huesos y agonías, con un grave problema respiratorio que anula su capacidad mental. Y quienes lo insultan y contaminan su historia, además de someter a la nación al ludibrio internacional, son precisamente quienes tienen ganas de matar para escapar de la verdad. Sale pa´llá.  

Rafael Marrón González

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23 de febrero de 2013

¿INTOLERANTE YO?




Que contradicción significo/ para quienes se acercan/ con generoso ánimo amistoso. Que me quieren bien/ y mi bien aspiran/ pero con mi verbo sin su daga/ castrada la contundencia de mis enfáticos/ tan pulida mi prosa que no cause sobresaltos/ para que no lastime sus oídos gourmet/ o aleje sus clientes Master Card/ o amenace el dogal de sus contratos/ o sientan el escozor de la alusión/ pues escribo como disparo en lo oscuro/ cáigale a quien tenga a bien merecerlo. Y aunque digo lo que pienso/ con franqueza suicida/ que conste que el asunto/ ni es con pendejos/ ni con pueblo esperanzado.

Me quieren sin mi desprecio por la estupidez/ mudo ante la imbecilidad/ y de la ignorancia atrevida, piadoso. Pues les da vértigo mi libertad. Pero me quieren no lo dudo. Solo que mimético/ desdibujado/  editado el yo que me inspira. Escribiendo para el aplauso de lerdos. Bebiendo para vomitar entre escándalos de tos. No conciben que me gusten los bares/ pero sin borrachos/ porque detesto al ebrio/ ya sin neuronas/ que al pie de la barra/ se adjudica el derecho a irrumpir en mi intimidad/ porque jura que opinar es una función orgánica.

No me gusta la gente/ que tiene en todo avatar acomodo/ y cree que hombre de bien es solamente el de bienes/ indiferente a su procedencia. A estos se les encoge el ego/ cuando sacudo la insolencia/ de aquellos que asumen/ que chequera mata inteligencia. Me repugnan quienes solo respetan lo que temen/ y cuya ambición destruye su hombría/ títeres de las circunstancias/ que dejan una herencia de miseria moral.  Soy radical solamente contra liberticidas/ lobos con piel de cordero/ y resentidos que procuran/ el descenso de todos/ a su estado larval de inservibles acurrucados/ en el regazo de algún amo pródigo. Me enervan  las contradicciones de la estupidez voluntaria/ considero la palabra revolución un error de ortografía. Lo correcto es evolución. Sin la “R” de retrógrado. Y no soy tolerante/ damas y caballeros/  porque tolerar es un acto vil de hipocresía - tal el periodismo objetivo - que ha cedido espacio a toda perversión/ y ascenso político y social/ a cuanto desquiciado moral/ haya producido esta y otras desventuradas tierras.

Si cambiara.../ que buen tercio sería/…

…pero desprecio el igualitarismo del dinero/ y soy una espina en la conciencia de los inescrupulosos/ que pavonean lo mal habido/ en su corte de lacayos. Me creen solitario y soy intimista. Me gusta la compañía de mis pensamientos/ en mi mente bulle un mundo/ en el cual la ignorancia es superable/ y estupidez su metástasis/ por falta de tratamiento. Rechazo la demagogia que se enriquece/ con la palabra pobreza/ y a la pobreza atrapada / por la tibia comodidad de la ignorancia/ el miedo y la superstición.

Estoy convencido/ de que el bíblico “creced y multiplicaos” significa/ que antes de procrear hay que formarse/ para criar con dignidad/ y que solo se es adulto/ sí pensamiento crítico. Solamente si se culturiza el hombre se humaniza/ y humanizar no es arborizar. Me tomo la vida en serio/ porque es mi única propiedad. La lejana inmediatez de la muerte no me incomoda/ pero si me indigna el irrespeto de la vejez. Reivindico la universalidad de mi sangre mestiza/ sin exclusiones de imbéciles/ aunque entre Guaicaipuro y Garcilazo/ la elección es obvia/ para quien en nada influye el color de la piel/ sí talento/ y abomina de quienes por su color jerarquizan su existencia.

Soy ciudadano del arte/ porque impide olvidar lo que significa humanidad/ y de quien lo ejerza con originalidad/ soy coterráneo. Arte sin concepto es artesanía. Soy poeta/ sencillamente porque amo la belleza/ sin codiciarla. De mis amigos suelo ser amigo/ pues la amistad es un fino lubricante/ para el suave desplazamiento de la vida hacia la nada. De mis enemigos/ bienvenidos los incontables que me he buscado. Los gratuitos váyanse al carajo/ junto con hipócritas, intrigantes, abusadores, calumniadores y canallas/ deshonestos intelectuales,  mercenarios,  traidores, calumniadores y sicarios morales/ jalabolas, corruptos, inservibles, indiferentes y  cobardes/ sinvergüenzas, innobles, farsantes, miserables,  embusteros, chismosos/  y nulidades engreídas/ que son, por abundantes, urticaria.

En cuanto al carácter ando de suyo contento/ hasta la interrupción de la idiotez/ que confunde creencias con razonamientos. En ese punto me arrecho. Arrecho o contento. No sufro de divagaciones - no cambia de opinión el pensamiento - ni de desolaciones/ y menos de depresiones o frustraciones. Lo material no es problema que me perturbe/ si habito casa ajena/ duermo con la maleta preparada. Por alguna insolación en una de mis vidas/ la duda es mi axioma/  y considero confiar dudar con afecto. Como no me gusta/ trato de no provocar el sufrimiento. Considero la queja mala educación/ y la mala racha evaluación personal. No creo en la suerte ni en accidentes/ ni en lo gratuito/ ni en la felicidad/ pero sí en la alegría/ la risa es la alterofilia del alma. Y desconfío de lo fácil/ no caigo en paquetes ni pirámides/ ni sigo gorilas/ la codicia es el único pecado - la única virtud es la generosidad.

Soy sociable hasta cierto punto G/ el cual dilucidan las bellaquerías de la arrogancia/ y el cretinismo estridente. Me es insignificante el lugar de procedencia/ salvo la prepotencia de quienes lo creen privativo. Extranjero para mí es quien viene a expoliar. Como terrícola de buena cepa/ no creo en supersticiones/ ni en vendedores de parcelas en el cielo/ y menos en manuales de felicidad perpetua. Cualquier dios me suena/ a desesperada oración de la incertidumbre/ pero me apena profundamente/ el fracaso recurrente/ de tanto iluso redentor. Sobre mí no concedo poder/ sino a mis decisiones/ soy fanático solamente de la libertad/ y considero un vejamen la igualdad por decreto.

En toda ideología vislumbro enfermedad mental. Solamente lo justo me convoca.  Y siempre he preferido llegar en mí/ aunque sea más largo o más solitario el camino. No creo ni en  poderes creadores del pueblo/ ni en sabiduría de ancianidad per se. De las mujeres mucho no puedo decir/ si me tocó la que deseaba/ nueve veces repetida. Y sobre el dolor/ desgraciadamente/ conozco su verdadera dimensión. Y no hay nada que pueda dolerme más/ que ese intenso dolor/ que cambiaría por mi vida en este instante. He dicho.

Rafael Marrón González

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10 de febrero de 2013

DEL DOLOR Y LOS DELFINES



Casos encontramos en la vida política de algunas naciones en las cuales los herederos designados por un caudillo para continuar sus propósitos de dominación, cambian totalmente el rumbo fijado en su brújula por años de deformación, como fueron, por ejemplo, los casos de Eleazar López Contreras, el zamarro delfín del bestial Juan Vicente Gómez, quien al morir este, enrumbó al país hacia la democracia, proceso interrumpido por la prisa adeca del momento, prisa que pagó bien caro la dirigencia. O, En España, el caso de Juan Carlos de Borbón, criado por Franco para continuar su dictadura pacata y criminal, y resultó un demócrata sin rival.

Pero esa actitud es reflejo de una personalidad fuerte, capaz de fingir adhesión a la espera de su oportunidad para desarrollarse, y ese no es el caso del designado por Raúl Castro para suceder a Chávez, por exclusivos motivos pecuniarios: Es imperativa la sumisión voluntaria al frente de la renta petrolera, para continuar la zafra de  dólares imperiales, extraídos a costa de la miseria del pueblo venezolano, que garantiza la prolongación del martirio del deshilachado pueblo cubano y elevar su magro intelecto y mezquina figura como sucesor del liderazgo emocional del emperador de la necedad, su hermanastro Fidel Castro, que en modesta sirvienta abandonada engendrara el gallegazo de su padre.

De este sucesor por ósmosis podemos esperar las peores atrocidades que jamás, con todo y su desvarío, se hubiera atrevido a cometer Chávez. Pues, tiene la obligación de demostrar que es más fidelista que el mismísimo Fidel. Y una evidencia reciente de su impiedad castrista – nadie es lo que no ha sido - fue su brutal respuesta al clamor por la libertad de su padre enfermo, de la menor hija de Simonovis.

Esa es la falta de nobleza – ya este señor la demostró cuando, después de infames horas de espera en una silla de ruedas, negó la visa a la hija ciega de Carlos Andrés Pérez - que caracteriza a los subalternos de cuerpo y alma imbuidos en la obediencia debida, y, lo peor, en la adivinación espontánea de los deseos no expresados del moribundo.

Su absoluta carencia de dotes y virtudes personales lo obliga a mimetizarse en la heredad: “Yo soy Chávez”. Y el coro lo secunda: “Todos somos Chávez”. Y un gobernador de por estos lares, que corrió el 11 de Abril, como guacharaca ante disparo de escopeta, grita que también él, es Chávez. Sería el del 4 de Febrero, al que el ejército leal a la república y a la democracia, sacó de un hueco como a Saddam los gringos, cosa que Arias Cárdenas recordaba cuando lo llamaba “gallina”.

Y mientras tanto, el país nacional se hunde en la desidia y ya no se hace mercado sino compras nerviosas, impelidas por el susto del desabastecimiento. Pero Maduro sigue en la tarima con su letanía impúdica: ¡Viva Cuba, viva Fidel, viva Raúl! Y la patria de Bolívar que se vaya muy largo al carajo, porque de ella solo importa el poder que le segregan, con el apoyo de la ignorancia, multiplicada exprofeso por el socialismo, que no tiene la menor idea de lo que significa “hombre nuevo”, el que en Cuba vende a su hermana y a su esposa – a su madre no porque es muy vieja y no soporta el trote de los turistas sexuales.

Y es que da lástima el estado de postración del país: Todas sus ciudades y pueblos son un asco. Las capitales tomadas por asalto por la suciedad, el mal gusto y la rebatiña buhonera reflejan la verdad de este gobierno al garete - en manos de los inútiles cuidadores de la finca – cuyo signo es la estridencia: basta escuchar un minuto a los “oradores” del postoperatorio del 4F, para hastiarse de sus cuentos heroicos – tapa amarilla - decorados con la banderería heredada del fascismo, con un pobre lenguaje que pretende ser grandilocuente y no pasa de inconexo chirrido minimalista, dejando de lado – condenando al olvido – a las inocentes víctimas de su felonía, como – para honrar en su nombre a todas – la niña Noelia Lorenzo Parada (9 años)  que recibió una bala de FAL en la cabeza cuando los “amorosos” felones iniciaron la toma de Miraflores, cuyo homicidio Caldera – “en mis manos no se perderá la República” - dejó impune.

No hay gobierno pero…

…amenazas contra todo lo que no hieda a chavismo, si hay. Como si no fuera suficiente amenaza la del hampa criminal que azota a la familia venezolana por la absoluta incompetencia de este inepto gobierno de tarima y bambalinas. Crímenes contra la población inerme, contra la juventud emprendedora, contra el auténtico futuro de la nación, como el asesinato vil del hijo de Claudio Fermín, que ha conmovido – Claudio somos todos - a toda la venezolanidad consciente, unida en la cotidianidad del dolor – “¡qué desgracia vivir en este país!” - que nos negamos a considerar “normal”, como pretende la estulticia empoderada que celebra su colosal derrota del 4F – como Fidel celebra la suya del 26J que lo llevó a la cárcel como a Chávez la suya  – como si se tratara de una brillante victoria, tal el desquicio mental de estos devotos del mal, que, mientras mueren los jóvenes de bien, mientras nuestra sociedad enlutada se reconoce en el dolor, se disputan a dentelladas los jirones de la patria atormentada por mil penurias. Sinvergüenzas.

En conclusión

Cada viva Cuba es un martillazo sobre el honor patrio. Cada viva Fidel un desgarro de las glorias de nuestros libertadores. Cada cubano en función pública es una afrenta al gentilicio sonrojado por la sumisión obligada a un insolente extranjero - su falsa superioridad moral es un ardid para esconder su condición de ave de rapiña - que venga en los venezolanos la ignominia de su pasado de lameculos de los soviéticos.

Sinvergüenzas. Las ansias de riqueza mal habida obvian el desprecio que el invasor siente por el traidor que facilita la invasión. La patria es la gente, y si esta gente que es la patria, cegada por la ignorancia y la codicia, es incapaz de ver la verdad desnuda ante sus ojos, entonces, no hay patria. Hay una inmensa urdimbre de dolor, que recorre, como un espasmo telúrico, la espina dorsal de todos los estratos sociales, que, como me dice el artista plástico Luís Bellorín, es la verdadera oposición.

Rafael Marrón González

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27 de enero de 2013

EL FIN DEL MILITARISMO DEL SIGLO XX




He sostenido en distintos artículos que militarizar es imponer la estructura jerárquica del orden y la disciplina, inherentes e indispensables en el mundo militar, a la sociedad civil estructurada por la lucidez y la coherencia. Las experiencias que recoge la historia de la humanidad sobre los sistemas de gobierno militarizados han sido nefastas. Todas, sin una sola excepción, tanto de derecha como de izquierda, han producido despotismos sangrientos injustificables.

Los dantescos casos, de Pinochet en Chile, donde los militares, en el colmo de la abyección, entrenaban perros para violar prisioneras, y la satrapía pretroriana, corrupta y criminal,  de Fidel en Cuba, son emblemáticos. Gobernantes, violadores de los derechos humanos amparados en la fuerza de un ejército degradado en torturador y homicida, y la sumisión obsecuente del “Poder” Judicial.

No es posible argüir desarrollos económicos para justificar conductas criminales de esta naturaleza. Son máculas para la humanidad, como lo son Stalin, Hitler, Pol Pot, Mao, Franco, Juan Vicente Gómez o Pérez Jiménez. Pero lo verdaderamente preocupante es que el militarismo es una deformación del sentido de autoridad que afecta más a los civiles que a los militares. Perversión que se evidencia en el elevado grado de autoritarismo y despotismo a que someten a sus familias los infectados por este virus de la barbarie.

La democracia ha sido secularmente el antitodo contra esta enfermedad del cuerpo político de las naciones, sin embargo si la democracia no forma demócratas, como se obvió hacer en Venezuela durante los 40 años de su ejercicio, la virulencia de la enfermedad diezmará la vocación democrática de los pueblos, que culpan a la democracia de sus sufrimientos porque no están debidamente formados para situar la culpa en los gobiernos de la democracia que él mismo elige por sus emociones.

Muchos piensan, si a eso se puede llamar pensar, que es más fácil lograr objetivos por la fuerza que por el convencimiento, aunque esté demostrado que son menos duraderos sus efectos, como lo demostró España a la muerte de Franco, o Rusia a la del comunismo, cuya sociedad, como un resorte comprimido saltó por los aires destruyendo el mito del “hombre nuevo” creado por la negación de la realidad del individuo como potencia soberana. Y así, júrelo usted, sucederá en Cuba en lo desaparezcan los Castro y su represivo aparato terrorista.

El militarismo comienza con José Tadeo Monagas

El militarismo en forma comienza en Venezuela con José Tadeo Monagas en1847 – Páez y Soublette fueron militares civilistas, como Bermúdez, Bolívar y Sucre - aunque Santiago Mariño y Pedro Carujo, con su Revolución de las Reformas, hayan sido los primeros en establecer teóricamente la supuesta supremacía del prestigio militar sobre las virtudes civiles, al escribir en El Republicano, en 1834: “No son las leyes las que consolidan los gobiernos, sino los hombres de ascendiente y de prestigio, que haciendo respetar las nuevas formas gubernativas aseguran la marcha política de la sociedades.

En la infancia de los gobiernos todo es inferior al ascendiente que toman algunos hombres sobre el resto de sus conciudadanos, y ésta es la razón porque en los estados nacientes los prefieren siempre para los altos destinos políticos. ¿Cómo pretende “El Constitucional” (diario civilista) hacer asaltar al señor Vargas la silla presidencial de Venezuela? ¿Qué ascendiente tiene este apreciable médico sobre los venezolanos para sujetarlos al orden, y asegurar a la República su apetecida tranquilidad? ¿Con qué fuerzas cuenta el doctor Vargas para contener los disturbios atizados por el ministerio cesante, y que han alterado ya la paz de algunas provincias de la República?", y al perder las elecciones intentan, con el derrocamiento de Vargas, la imposición de esa férrea forma de gobierno que conculca las libertades civiles y políticas en nombre del orden y la disciplina propias de la vida cuartelaria.

José Tadeo Monagas, se levanta en armas con el pretexto de restaurar la Gran Colombia, pero la realidad era que pretendió crear otra república en el Oriente del país. Páez sofoca  la rebelión, pero para pacificar al caudillo oriental y contribuir a la paz de la nación, lo promueve como candidato para la presidencia de la república.

José Tadeo gana las elecciones, con los votos de los paecistas, rompe con Páez y da comienzo a la larga saga militarista que, de revolución en revolución, cubriría, con breves interregnos civiles, la mayoría títeres de algún caudillo, salvando los gobiernos de López Contreras e Isaías Medina Angarita, militares pero civilistas, y el breve destello de Rómulo Gallegos, de 1847 a 1958 - ¡111 años! - y de 1999 hasta quien sabe cuándo, porque ahora lo tenemos con apoyo electoral de la crasa ignorancia popular.

40 años de civilismo

Así que el 23 de enero de 1958 tiene significativa trascendencia en nuestra historia porque ese día se pone fin al militarismo venezolano, aunque solo por el resto del siglo XX – desgraciadamente retornó al iniciarse el XXI, triste destino de estos tierreros inciviles - y, lo más importante es que se logra por el consenso nacional de todas las instituciones civiles no gubernamentales, incluyendo un apreciable sector de las Fuerzas Armadas, institución está a la que la Constitución de 1961 asigna la defensa de la democracia, lo que fue eliminado, con aviesas intenciones, en la Constitución de 1999, “aprobada” por el pueblo.

Durante esos cuarenta años la ciudadanía eligió sus gobernantes civiles en comicios libres y los militares se sometieron al poder civil, cumpliendo a cabalidad las responsabilidades que este les encomendara, como combatir y derrotar la revolución castro-comunista que, financiada desde la Habana y con dineros rusos, pretendió entregar la República a la Unión Soviética. Así que militarista – no necesariamente militar, la frase “pa´lante mi comandante” en voz civil lo dilucida - celebrando el 23 de Enero o es un completo ignorante o un redomado cínico. Sale pa´llá.        

Rafael Marrón González

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24 de enero de 2013

23 DE ENERO: PÓRTICO DE LA LIBERTAD




 Así como Bolívar es asumido como conspicuo símbolo de las lealtades comunes del pueblo venezolano, porque según su percepción básica, Bolívar solo puede querer el bien para Venezuela, así el 23 de Enero de 1958 se transmutó en el tiempo, por la profunda introyeccion de la libertad como valor ascensional, en el símbolo de su vocación democrática, porque la democracia, por su natural característica participativa, en cuanto cada quien según sus capacidades, no puede querer sino el bien para Venezuela.   

Se desplazaba el coronel Marcos Pérez Jiménez con su caravana de escoltas y ministros, iba sumido en reflexiones sobre los acontecimientos de ese mes de enero en el escenario militar y político, cuando lo sobresaltó el grito de un buhonero que a esa hora armaba su tarantín: ¡Ese va cagao! Y las carcajadas de los transeúntes, celebrando la osadía, obligaron a la caravana anochecida a acelerar la marcha ignorando la orden de apresar al agresor.

En ese instante comprendió el dictador que todo había concluido. El irrespeto del pueblo ponía punto final a una aventura militarista que comenzó con el derrocamiento del gobierno democrático de Rómulo Gallegos, a apenas nueve meses de su toma de posesión, el 24 de noviembre de 1948, y lo llevó al poder omnímodo el 2 de diciembre de 1950, tras el magnicidio del traidor a Gallegos – era su ministro de la defensa – el golpista Carlos Delgado Gómez – Chalbaud era el segundo apellido de su padre.

Para graficar lo grotesco de todo dictador, a “Tarugo” como lo llamaba la disidencia, un jalabolas le compuso un porro, que enmudeció la dignidad nacional durante ocho años: “Coronel Marcos Pérez Jiménez/ presidente constitucional/ elegido por el pueblo/ para gloria nacional”. No había rocola de pueblo en la que no sonara religiosamente, día y noche, el porro de la adulancia, transmutado en el himno del miedo. Y en todas las paredes de la patria, el gran retrato de “Tarugo” en uniforme de gala. También en aquella época oscura ser sapo, soplón, como hoy, daba estátus, y en cualquier partido de dominó estaba presente un delator listo para acusar a un cristiano por cualquier nimiedad, lo que lo condenaría al calvario de la cárcel, la tortura o la muerte.


Quien quisiera quitarse de encima un vecino molesto, lo acusaba de adeco y ya. Durante esos años, ningún hogar venezolano estuvo libre del miedo. Por eso cuando oigo a alguien hablar de las bondades de esa dictadura suelo preguntar qué actividades realizaba el afortunado. ¿Fundó un sindicato, pertenecía a un partido político  de oposición? ¿Tenía un programa crítico en la radio? O simplemente dejaba hacer, dejaba pasar, mirando para el otro lado, respirando poquito, como les gusta a los dictadores que sean los pueblos. 

Diez años de absolutismo

Durante esos diez años de dictadura se abrieron 136,000 expedientes, centralizados en la Seguridad Nacional, contra ciudadanos que se atrevieron a disentir, protestar o simplemente opinar. De la búsqueda inicial de los cabecillas de la resistencia, se pasó lego, maniáticamente, a la persecución en masa. Con violencia institucional. Se allanan los hogares a media noche. Lo rompen todo. Nada importa el terror de los niños, lo disfrutan. Buscan armas, documentos, imprentas, se veja a hombres y mujeres, civiles y militares, jóvenes y ancianos. Saquean bibliotecas, queman los libros. Se injuria a las mujeres levantadas en bata de dormir.

Lo importante es mantener al pueblo bajo el terror, desequilibrado económicamente. Más de medio millón de venezolanos, de los siete que tenía el joven país, fueron allanados y perseguidos. Nuestro recuerdo para los cientos de héroes anónimos que dieron su vida y sufrieron torturas y cárceles en su lucha incansable por la democracia, durante la  feroz dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez. Y parodiando al poeta Andrés Eloy Blanco: Maldito el hombre que, en nombre del hambre, del progreso, de la igualdad o de los que sea su excusa, intente aherrojar de nuevo a un hijo de Venezuela.

¿Cuál fue la obra de este dictador?

¿Qué hizo Pérez Jiménez como gobernante?: Obras materiales, perdurables, suntuosas algunas, pero solo en Caracas, para acceder al grosero peculado que le permitió vivir 42 años de exilio dorado en Madrid, sin trabajar. Sus construcciones, en su totalidad, no alcanzan para cubrir el sufrimiento y la indignidad causadas a una sola de sus víctimas.
Durante su gobierno olvidó la provincia y la hundió en la desolación. Todo ese cordón miserable que rodea Caracas y las grades ciudades, es consecuencia directa de las políticas de aparthaid practicadas por Pérez Jiménez, pues al llegar la libertad individual de mano de la democracia, el empobrecido interior enfiló sus esperanzas hacia las zonas urbanas, que fueron prácticamente invadidas por personas sin la menor preparación para sobrevivir dignamente en ellas. Y en cuanto a su supuesto nacionalismo, se entregó en cuerpo y alma a los gringos, mejor dicho a las transnacionales del petróleo, por lo que fue condecorado por el gobierno estadounidense, al entregar 800.000 hectáreas en concesión, lo que significa más de la cuarta parte de los recursos de petróleo crudo del Lago de Maracaibo, 

Pero, a todo cochino le llega su 23 de enero          

Ese mes de enero amaneció de golpe el propio 1º, cuando Caracas todavía dormía el ratón de la celebración de fin de año, con un alzamiento de  jóvenes oficiales de la Fuerza Aérea, de la Base de Boca del Río, y de oficiales y tropa de la guarnición de Maracay, secundados por el cuerpo de blindados del cuartel Urdaneta, al mando del coronel Hugo Trejo.

Esta intentona fracasó, pero estremeció los cimientos militares del régimen, develando una profunda crisis que el dictador intentó aplacar cediendo a las peticiones de la alta oficialidad que lo obligó a deshacerse de personajes de mucha importancia para el mantenimiento del poder, como fueron Laureano Vallenilla Lanz, ministro de Relaciones Interiores, además de ideólogo del Nuevo Ideal Nacional, y Pedro Estrada, tétrico jefe de la Seguridad Nacional, la policía política que mantuvo el control sobre las organizaciones políticas, obligando a los líderes democráticos a escapar hacia el exterior por el terror de sus torturas y crímenes, como los asesinatos, en plena vía pública,  del líder adeco Leonardo Ruiz Pineda y del teniente Droz Blanco, emblemáticos por su vileza.

Pero ya toda la sociedad civil venezolana, la iglesia - la Carta Pastoral de monseñor Arias Blanco, prácticamente una incitación a la rebelión, se leyó en todos los púlpitos de la nación -  los distintos gremios profesionales, los sindicatos que operaban, como los partidos políticos, en la clandestinidad, estaban comprometidos en acciones de calle que cada día tenían mayor fuerza popular, y el momento cumbre de esas acciones cívicas fue la huelga nacional del 21 de enero: No hubo prensa ese día.

El silencio del periodismo fue el más formidable grito de libertad que se hubiera escuchado hasta ese momento en toda América. Y en la madrugada del 23 de Enero de 1958, el avión presidencial – la Vaca Sagrada, la llamaba el pueblo - surcaba los cielos de Caracas transportado al asustado Pérez Jiménez y familia, a refugiarse en República Dominicana, la casa de otro infame asesino, el dictador Rafael Leonidas Trujillo; y, en sentido contrario, la nación venezolana despegaba hacia 40 años de progreso republicano. Hasta tropezar de nuevo con piedra similar.

Rafael Marrón González
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