Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

5 de agosto de 2009

El Bolívar que nació ayer

El Bolívar que nació ayer

Ayer se celebró el nacimiento de Simón Bolívar, uno de los fundadores del mundo moderno, según una resolución de las Naciones Unidas dictada en Ginebra en 1918, lo que significa que le fue reconocida – además de su condición de Libertador de una importante porción de la América del Sur - su pensamiento político evolucionado para su época, centrado en la democracia como síntesis republicana, pues ya para ese tiempo la palabra república estaba íntimamente ligada a democracia, y Bolívar era evidentemente republicano, es decir partidario de una nación regida por el Estado de Derecho - como prueba está el rechazo a la propuesta de convertirse en rey que le ofreció la confundida alta oficialidad de la Gran Colombia - y en Angostura lo expresa contundentemente: ¨...Un gobierno republicano ha sido, es, y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios”. Y bajo esa premisa desarrolla – sin proponérselo tal vez - lo que define un gobierno democrático, al manifestar: “...El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, lo que significa que el Bolívar de aquella hora entendía que para que un gobierno pudiera llegar a ser socialmente eficaz, económicamente eficiente y administrativamente pulcro, había que crear “un sistema”, es decir, formar un “gobierno sistémico”, dependiente de un conjunto de normas, para que tuviera como resultado las premisas mencionadas. Y el único sistema político capaz de producir la organización necesaria referida por Bolívar, es la democracia y por eso en este mismo discurso de Angostura, después de sus reflexiones sobre la monarquía y su eficiencia, felicita al Congreso de 1811 por haber elegido la democracia como sistema de gobierno, porque: “...Constituyéndose en una República democrática (…) declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. El primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislación con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada, al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación. Necesito de recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este Código inmortal de nuestros derechos y de nuestras leyes”. Sin embargo, Bolívar no deja de observar la debilidad de este sistema de organizar las naciones por leyes, y reflexiona: “Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!”. Esto significa sencillamente que la patria es la gente, y que si queremos una patria libre, justa y desarrollada debemos formar gente, ilustrada, virtuosa, íntegra, porque “La práctica de la libertad no se sostiene sino con virtudes y donde éstas reinan es impotente la tiranía”.

Demócrata y liberal


Pero, además de su convicción democrática, Bolívar era un liberal y bastaría analizar uno de sus axiomas – vertido en la Constitución de 1819 - para comprobarlo: “…Son derechos del hombre: la libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad. La felicidad general, que es el objeto de la sociedad, consiste en el perfecto goce de estos derechos”, sobre todo si tomamos en cuenta que para Bolívar la igualdad era – como lo pautamos los liberales – ante la ley y por la superación por el trabajo, el estudio y la responsabilidad. Jamás defendió Bolívar la demagógica presunción de la igualdad por debajo, el igualitarismo, que tanto daño ha hecho a nuestras repúblicas, y que constituye el banal discurso de los demagogos: ¨... Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. (…) La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”. Y sobre el derecho a la propiedad privada insistió en Angostura: “La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de sus bienes y del fruto de sus talentos, industria o trabajo”. Por ello, ninguna ideología que sustente el igualitarismo y el colectivismo o vaya en contra de la propiedad privada, puede considerarse “bolivariana”.

Liberal era su concepción económica


Indudablemente que Bolívar, dada su admiración por Inglaterra y su sistema de gobierno, leyó o conoció el trabajo del economista británico Adam Smith, publicado en 1776 con el título “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”, que se sintetiza en que “la búsqueda de los hombres de su interés personal, los lleva a la realización del interés general”. Y, sin citar a Adam Smith, en su discurso de Angostura, Bolívar expresa: “La sociedad desconoce al que no procura la felicidad general: al que no se ocupa de aumentar con su trabajo, talento o industria las riquezas y comodidades propias que colectivamente forman la prosperidad nacional”. Prácticamente las mismas palabras del economista británico. Y continúa: “Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices”. Con la división entre “activos y pasivos”, Bolívar señala a cada quien según sus capacidades, que es un axioma liberal.

Bolívar privatizador


Bolívar estaba tan imbuido de las ideas económicas de Adam Smith, que nunca se preocupó por fortalecer la economía a través de la inversión del Estado. Para él eran los inversionistas y productores privados los que tenían que movilizar la economía y el gobierno debía cobrar impuestos. El 17 de Septiembre de 1825, desde La Paz escribe a Santander: “Yo he decretado aquí que todas las minas perdidas y abandonadas pertenecen de hecho al gobierno para pagar la deuda nacional. Desde luego en Colombia se podía hacer lo mismo y venderlas todas a una compañía inglesa, a cuenta de pagos de intereses por la deuda nacional. Yo creo que bien podemos sacar algunos millones por este arbitrio, pues el momento es muy favorable para negocios de minas”. Y el 17 de Octubre de 1825, desde Potosí, escribe a José Larrea y Loredo, ministro de hacienda del Perú: “… Como siempre estoy pensando en el Perú por sus deudas, me ha parecido bien indicarle al gobierno que amortice la deuda nacional ofreciendo todas sus minas y todas sus tierras baldías que son inmensas; añadiendo además, todas sus propiedades raíces, todos los derechos de invenciones y exclusivas y todos aquellos arbitrios útiles que el gobierno pueda conceder parcialmente a beneficiados que poco nos darían. En fin, mi idea es que el gobierno dé todo cuanto le pertenece por amortizar su deuda, a una o muchas compañías inglesas o a los mismos tenedores de los vales del gobierno; quiero decir que estos señores se encarguen de la negociación de aniquilar la deuda por el valor de las propiedades y de las gracias que antes he mencionado. (…) Me paree que este proyecto bien concebido y bien dirigido, puede producir un bello resultado…”.

En conclusión

A Bolívar hay que buscarlo en la libertad en todas sus vertientes y es imposible cartelizarlo en sectas oscurantistas con el verbo obligado a conjugarse en futuro porque tienen el fracaso como noria. Este Bolívar liberal y luminoso es el que celebramos en estos 226 años de su nacimiento.
Rafael Marrón González

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