Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

20 de septiembre de 2011

EL PORQUÉ DE UNA CONSTITUYENTE

A pesar de la calma chicha que se respira en el ambiente político nacional, aunque aderezado con las intemperancias malandréricas, seguidas de desmayos y pérdidas de las facultades vocales, del primer y más costoso enfermo nacional, candidato mediático del chavismo – para ocultar sondas y bombonas de oxigeno - y las salidas de tono de su nómina mayor de adulantes de todo rango y pelambre, que evidencian su inmensa preocupación.

La realidad soterrada nos muestra una delicada situación política que trasciende lo anecdótico de un presidente moribundo y una corte de corruptos asustados, tal el cruce de ambiciones personales, intereses económicos - derivados del ejercicio inescrupuloso del poder impune - y sudores fríos ante la certera amenazada de los halcones del Pentágono sobre la ruta no precisamente de la empanada, que ha desatado una desesperación que puede llevar a dar una patada a la mesa electoral y pacífica y sumergir al país en el espanto de una crisis que puede fácilmente desembocar en una guerra civil, provocada por la acción incontrolada de fanáticos debidamente estimulados por la infinita corrupción que permea todos los estratos del gobierno confundido con el Estado, dentro de la más infame perversión que se haya escenificado en el ambiento político latinoamericano.

Por ello es sumamente necesaria la lucidez y coherencia del universo opositor oficial, que debe asumir desde ya – nunca es tarde - una posición patriótica, tomando las calles de Venezuela, tal el tamaño del compromiso moral del momento, despojada de todo interés personal - la patria primero - provista de un discurso literal, sincero y eficaz, alertista y digerible, que denuncie cada respiro antidemocrático del gobierno, y que puerta por puerta lleve un mensaje claro y conciso que devuelva a los venezolanos la fe en la democracia y sus instituciones.

Así como fue capaz la Mesa de la Unidad Democrática, por encima de los intereses legítimos de los partidos políticos, de parir una tarjeta “sale pa´llá” (unitaria) que convoca el voto de esos 4 de cada 10 ciudadanos no alineados que desconfían de tirios y troyanos, es necesaria una estrategia cívica – la del chavismo es militarista y miliciana – que informe debidamente cual será el proceso que seguirá el nuevo gobierno para desmontar la urdimbre totalitaria que empobrece al pueblo y confisca sus derechos y libertades.

Por eso, creo que se debe comenzar a pensar en un Congreso Constituyente que, disolviendo los poderes constituidos - que han traicionado su compromiso constitucional para poner las instituciones democráticas a su cargo al servicio de un proyecto político antinacional - produzca una Carta Magna digna de la nueva era que comenzará con la derrota del último exponente de las perversiones que derivaron este interregno fatídico que, si no es por la férrea oposición de un importante sector de la población, da al traste con la república, convirtiéndola en un proveedor financiero del comunismo internacional, como era – y sigue sendo - el proyecto del sortario Fidel Castro, que ya en el ocaso de su vida y derrotada por Rómulo Betancourt su revolución criminal, cuando estaba prácticamente claudicando por hambre ante el imperio, le cayó del cielo del que abomina, este imberbe cerebral alucinado por la leyenda.

Principios fundamentales

Ese Congreso Constituyente debe estar integrado por constitucionalistas, capaces de sancionar el articulado sin vacíos de interpretación ni conceptuales, como los que afectan en demasía la vigente Constitución – como el artículo 1 que fundamenta la República “en la doctrina de Simón Bolívar”, ¿cual doctrina? La de la Guerra a Muerte o la del constituyente dictador de Bolivia o la del que ahorcó a Vinoni sin fórmula de juicio? Esa Asamblea Constituyente folclórica osó crear una Sala Constitucional en el TSJ dotada de facultad de “interprete” (deslizada en el art. 335) cuyas “interpretaciones” – que “casualmente” han sido siempre a favor del régimen- con atribuciones supraconstitucionales, que chocan con el capítulo referente a las normas para la enmienda y la reforma.

Sibilinamente, el TSJ, garante de la integridad de la Constitución (art.335), permitió que se corrigiera el texto constitucional votado por el pueblo, con la anuencia de la ignorancia política, supuestamente de oposición, que incluyó una simple coma en el inciso 3 del artículo 266, con relación a declarar si hay méritos para el enjuiciamiento de “oficiales generales” – así rezaba el texto original – pero que esa coma convirtió en “oficiales, generales…”, con lo que quedó establecido constitucionalmente el carácter militarista de la Carta Magna, pues para enjuiciar a un oficial de cualquier jerarquía – por subalterna que sea – es necesario un antejuicio de mérito. Son serpientes entre los arbustos prestas a saltar en el momento preciso. Y son muchas.

Una más

Además de dedicar especial atención a todo lo concerniente al Tribunal Supremo de Justicia – sin justicia no hay libertad ni viceversa – analizando la posibilidad de la magistratura vitalicia – mérito académico, moral y ético mediante - y eliminar la adjetivación al nombre de Venezuela, y acabar con las alegres habilitaciones presidenciales, es necesario blindar todo lo concerniente a la propiedad privada con la inserción de causal “especialísima” para su afectación, eliminando del artículo garante todo posibilidad de confusión entre “utilidad pública” y “utilidad del gobierno”, que es otro ardid oculto en la ilegítima vigente. El camino para retomar el orden republicano pasa necesariamente por un Congreso Constituyente. No basta rezar.

Rafael Marrón González
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12 de septiembre de 2011

DESPUÉS DE CHÁVEZ; ¡CONSTITUYENTE!

La única posibilidad que tiene un presidente democrático surgido de las urnas electorales de 2012, de iniciar un gobierno sistémico, basado en instituciones fuertes, que pueda desmotar la inmensa urdimbre de intereses creados, asqueroso nepotismo y fanatismos místicos, para llevar su período constitucional a feliz puerto – superando la inmensa ruina económica y productiva - es convocando un Congreso Constituyente que, a la vez que disuelva los poderes constituidos, dote a la Constitución de un articulado esencial que la blinde contra caprichos reeleccionistas - ¡No a la reelección! - y antirrepublicanos, y la despioje de las trampas que han hecho posible la megalomanía de Chávez, debidamente camufladas tras las bambalinas del articulado sobre los derechos humanos, que estaban protegidos también en la Constitución de 1961.

Este Congreso Constituyente no debe tener carácter de “refundador de la República”, puesto que ella fue fundada de una manera heroica e histórica con el Acta de la Independencia surgida del Congreso de 1811, primera fe de vida de una nación libre en América Latina, y que en puridad jurídica fue su primera Constitución y de ella derivan todas las demás.

Luego del desencadenamiento de los sucesos producidos por la codicia desatada por el golpismo electoralmente triunfante, la Corte Suprema de aquella hora infeliz de la patria no tuvo el coraje de defender ese principio constitutivo, y prefirió dejarse arrastrar por los acontecimientos, tal cual los cobardes de la burocracia de la IV, que se pasaron al enemigo con fortunas y malasmañas sin disparar un quejido por la democracia que los cobijó en su seno alcahueta y les permitió batir el barrial donde hoy se empantana la nación.

Tampoco debe tener la prisa conveniente de la pasada Asamblea que, para complacer el vedetismo político del momento, redactó una Carta sietemesina, llena de imprecisiones, vaguedades y vacíos – con una serie de disposiciones “transitorias” que jamás fueron cumplidas - que abrieron la posibilidad a la interpretación interesada del poder ejecutivo que colocó bajo su férula revolucionaria la Sala Constitucional que asumió la facultad de reformarla, en contra de sus propias normas, como fue el caso del artículo 73 del referendo.

Es imperativo que la nueva Ley Suprema de la República elimine el fuero de los militares para deliberar y para ejercer cargos de la función pública reservados a los civiles – “los militares no tienen que meterse sino en el ministerio de sus armas y guarecer las fronteras” - así como su obligación de “asegurar la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes”. Y, por encima de todo, y como materia de supervivencia del orden republicano, eliminar la facultad que confiere al presidente de la república el poder omnímodo de ascender oficiales superiores, con lo que se colocó al ejército en sus manos y confirió jerarquía militar activa al ejercicio civil de Comandante en Jefe, que sabiamente colocaba al estamento militar bajo las directrices del poder civil – no existe tal poder militar, los poderes públicos están señalados en la Constitución.

Por ello la figura de la bicameralidad debe restituirse, con un Senado que, entre otras atribuciones de carácter orgánico, defienda las regiones y sea responsable de los ascensos militares desde coroneles y capitanes de navío, además de autorizar los tratados internacionales, por lo que el Procurador debe ser designado por esta Cámara, para descartar aberraciones como esta, de Carlos Escarrá: “Para ser Procurador se debe ser leal al presidente y yo los soy”.

No más “Bolivariana”

Una de las atrocidades políticas cometidas por esta disolución de nuestro orden republicano, que debe ser corregida, fue la adjetivación del nombre de Venezuela con el apelativo matrimonial de “Bolivariana”, que para muchos ignaros de la historia era un homenaje al pensamiento del Libertador y así lo recoge la exposición de motivos.

Sin embargo, ese fue el comienzo de la legitimación de las decisiones antidemocráticas de Chávez, porque el Bolívar político del paradigma chavista no es el del Discurso de Angostura, como hipócritamente se hace creer, sino el del Congreso de Bolivia que preconizaba: Centralismo (“la descentralización es un concepto imperialista”), presidencialismo (“Chávez es un sol…”, Carlos Escarrá), poder ejecutivo fuerte (“la división de poderes debilita al Estado”, Luisa Estela Morales), la presidencia vitalicia con derecho a elegir sucesor (después del cáncer, Adán Chávez presidente), la vicepresidencia hereditaria y elecciones limitadas, todo sustentado con un poderoso partido militar (“El partido militar ...apoderándose del mando en todas partes, hacia gemir al ciudadano por un absoluto olvido de las garantías y derechos…”. Antonio José de Sucre).

En conclusión

Esa Constitución vigente fue un traje a la medida construido por el militarismo, enemigo de la democracia, para dotar al nuevo caudillo, elegido por la gracia de la equivocación popular, de un instrumento de empoderamiento institucional que le facilitara la destrucción del orden republicano, para erigir sobre sus ruinas la versión petrolera del comunismo cubano que había sido el tardío sueño adolescente de hombres seducidos por el “loco” Fidel.

Por ello, es imperativo derogar – no reformar – esa Constitución ilegítima – aunque la haya votado el pueblo o precisamente por ello – si en verdad queremos iniciar un proceso de modernización institucional democrática que enrumbe a Venezuela por el sendero del progreso por el desarrollo de su gente, con libertad y justicia y con la paz social derivada de la equidad y el entendimiento.

Rafael Marrón González
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5 de septiembre de 2011

“APÁTRIDA” VERSIÓN CHÁVEZ

Una de las maravillas del universo paralelo a la realidad edificado por Chávez, con los dólares del imperio, del cual es sumiso y devoto servidor de barriles, es que ha generado – así como su propia matemática - su propio diccionario.

Por ello, para entender sus discursos hay que desentrañar su etimología, por aquello de “donde digo Digo, no digo Digo sino Diego”, pues, además, una de sus características es que el significado aplica dependiendo del destinatario – lo mismo que las leyes que se sancionan personalizadas y se aplican con algebraica desigualdad - y así, por ejemplo, la voz “patria”, que en el lenguaje universal tiene el significado implícito de “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, en el novísimo lenguaje chavista adquiere la etimología de “con Chávez todo, sin Chávez nada”. Así que cuando Chávez dice “patria” debemos entender “yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Por lo tanto, “patriota” es violento “franelita colorá”, es decir seguidor ciego de quien tiene el poder sobre la vida en un refugio, miles de toneladas de comida podrida, el ascenso a general en jefe, la separación del cargo pródigo para ser destinado a una embajada y la muerte a manos de un hampón. Y “apátrida”, que para todos los humanos del sistema solar significa “sin nacionalidad”, para Chávez traduce “antipatriota”, lo que entonces, adquiere, por vaya usted a saber que perverso mecanismo de ilusionismo colectivo, el significado religioso de “apestoso apóstata del Elegido”.

Sin embargo, y a pesar de todo el poder conferido por la ignorancia y la incondicionalidad por la impunidad, como a este supremo hacedor de entuertos, el anatema “traidor a la patria” le queda como pedrada en ojo de boticario, sospecho que este juego de confusiones es la sombra del miedo que trata de alejar la culpa proyectando las obvias consecuencias de sus actos contra la nación, hacia todo quien se atreva a contradecir su sacra voluntad de imponer a plan de machete con filo la igualdad comunista, que es la disolución de la individualidad creativa y transformadora en el miasma chapoteante de la sumisión por la supervivencia, en el cual no ascienden los aptos sino las almas viles y donde el parasitismo social se siente tan cómodo como lechón haciendo cola en Navidad.

Un ejemplo de cómo cunde entre sus incondicionales su lenguaje de perolito fue la reacción de Rodrigo Cabezas descalificando a la oposición como “apátrida” y acusándola de tener posiciones “antinacionales”, por lo ocurrido en la residencia del embajador de Venezuela en Libia, cuando el planeta sabe que Chávez es el responsable de ese acto de represalia, que no fue contra la Embajada – que es territorio de la nación venezolana - que fue resguardada por los rebeldes, sino directamente contra Chávez por salir a defender a ese astroso criminal cuya dictadura lleva 42 años de opresión, crímenes horrendos y corrupción, en franca provocación a las fuerzas de oposición libias que, ya de juris, constituyen las nuevas autoridades de esa nación, reconocidas por todas los estados del Orbe, menos los cuatro gatos del ALBA, Correa y el grupo La Piedrita.

Hablemos de traicionar

El COP militar establece, en su artículo 464 como traición a la patria: “Practicar actos de hostilidad contra un país extranjero que expongan a Venezuela a peligro de guerra, ruptura de relaciones diplomáticas, represalias o retorsión”. Este artículo condena a 30 años de cárcel a quien incurra en actos como llamar “gringos de mierda” a los habitantes de un país amigo. Pero más allá de lo contemplado en la legislación militar, actos como financiar, con el dinero de la nación, costosos programas sociales a países extranjeros para solucionar problemas cuya existencia interna afectan el cuerpo social de la república, podemos considerarlos como lesivos a los intereses nacionales, pues el artículo 130 de la Constitución establece el deber de los venezolanos de resguardar y proteger los intereses de la Nación.

Cohonestar la invasión subrepticia de milicianos extranjeros, adiestrados para el combate armado, y entregarles delicadas responsabilidades en materia de seguridad de Estado y de control ciudadano, puede, también, ser calificado como traición a la patria, por mucho que se justifique con el internacionalismo de la solidaridad. Y así, la división de los venezolanos en fracciones irreconciliables para mantener en vilo la posibilidad de una guerra civil.

Incentivar la pérdida de la moral pública, generando un clima propicio a la corrupción y a la delincuencia, ambas protegidas con la impunidad. La destrucción sistemática del aparato productivo nacional privado, que ocasiona desempleo, pues el artículo 112 de la Carta Magna ordena al Estado promover la iniciativa privada y el 87 establece que “es fin del Estado fomentar el empleo”. La precarización del área agroalimentaria, basada en absurdos criterios antilatifundistas medievales, porque la Constitución en su artículo 305 ordena al Estado promover la agricultura “sustentable” a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población, y precario conuco comunista no puede considerarse desarrollo sustentable.

La inobservancia de este artículo de la Constitución ha derivado en una ruinosa importación de alimentos que enriquece agroindustriales extranjeros. La nefasta política económica comunista que ha producido inflación, escasez, aumento exponencial de la deuda, fuga de cerebros y de empresas, desinversión nacional y extranjera, venta a futuro de la producción petrolera y minera y mercado negro de divisas. En fin, con esta, limitada por el espacio, muestra de acciones gubernamentales en contra del interés nacional, podemos inferir donde está certeramente ubicada la verruga antinacionalista y “apátrida”. ¡Sale pa´llá!

Rafael Marrón González
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27 de agosto de 2011

POR UN PUÑADO DE ORO

Y de repente toda la magalla cuidadosamente estructurada por Fidel, comenzó a desmoronarse por culpa de unas células que enloquecieron luego de años de largas horas de Aló, Presidente, con la próstata aplastada y la vejiga dilatada a fuerza de esteroides, sin poder excretar las toxinas acumuladas por la falta de sueño, la ingesta desmedida de adulancia contaminada, comida gourmet de madrugada, las noches sin mujer, cigarrillos a montón y güisqui etiqueta azul a discreción, aderezado con amargura por no poder confiar sino en Fidel, que lo que quiere es verle el hueso a la chequera petrolera venezolana.

Y la bomba hizo metástasis en susto traducida. Y el corre y corre con su característico ¿dónde me meto? y cosas así, que se estilan en la angustia de esas horas, al filo de la madrugada, en las cuales el sueño huye como ya lo quisieran físico los corruptos de la alianza espantosa que ha sumido a la otrora orgullosa Venezuela en la vergüenza, la miseria y la desolación. Y, lo peor para el hipo producido por el miedo, no poder contar con el soborno petrolero, pues la producción futura de PDVSA está hipotecada y la poca presente ya está pagada y consumida, y los venezolanos vivimos del fiado y comemos gracias a los gringos.

Y las cacareadas reservas internacionales no son más que unos seis mil y pico de piches millones, quizá menos si les espulgamos el papelero, que no alcanzan para la repartición proporcional del enriquecimiento ilícito que había mantenido, por ahora, cohesionado a ese falaz grupo de codiciosos que cuadran las cuentas con un displicente 7x7 = 36. Y en plena crisis de desesperación, cuando todo parecía perdido, alguien gritó: ¡Oro! Y Chávez, con los ojos batientes: ¿Oro? ¿Dónde? ¿Quién tiene? Y Fidel, demostrando su zorruna voracidad, apuntándolo con el huesudo dedo de condenar a muerte a todo negrito que intente escapar del mal de la felicidad, lo sorprendió con la información sobre su propiedad de una mina de oro, por allá por el estado Bolívar profundo, cuya penuria lo está borrando del mapa, que está colocada en el puesto 15º en la tabla de propietarios de oro, con 365.8 toneladas, y como el muchacho es llorón y Fidel que lo pellizca:

– ¡nacionalícenmela ya! – está nacionalizada, mi presi - ¡nacionalícenla otra vez! - y, además – en demostración de su conocimiento de hasta la ultima puya venezolana - Fidel le reveló los depósitos del preciado metal que mantiene Venezuela en tales y cuales bancos de USA y Europa, que con pelos y señales, le dijo, suman 211,35 toneladas – en realidad son 211,36 según un acucioso investigador, lo que da razón a Laureano sobre la merma del tonelaje a medida que transitará de mano uñosa a mano peluda.

La contentura por tan extraordinario descubrimiento, luego de doce años de co-gobierno y de haber metido preso a quienes protestaron la entrega de las Cristinas a las transnacionales, lo llevó a dar saltos de bucanero que le desprendieron la sonda y le aflojaron el canuto, en medio del samplegorio nacional e internacional: Porque es nada desdeñable el negocito comisional derivado de transportar 16 mil 908 lingotes de oro de 400 onzas cada uno hasta la estrecha bovedita del BCV o, como más de un mal pensado hemos sospechado, hacia la haciendita personal del pillastrín de Fidel, para que lo proteja de todo mal como cuidó Stalin el de los comunistas españoles.

¿Oro para filibustear?

Si es correcta o incorrecta tal decisión o si es para financiar la crisis derivada de un autogolpe o para continuar la revolución luego del revolcón del 2012 – que ya comenzó con la paliza que les dio Henry Arias en Alcasa - lo dirá el tiempo, que es un océano donde solo flota la verdad, pero lo que sí es seguro es que zamuro come bailando, y conociendo las malasmañas de estos revolucionarios de alpargatas Luis Vuiton, cuyo poder peligra por la carencia de dólares imperiales, porque son líderes en cuanto billete y fusil, esa oramentazón corre el riesgo parejo: ¿Mosca que hay mucho pillo? Por ahora se descubrió el tejemaneje gracias al patriotismo de algunos funcionarios que pusieron el punto de cuenta que autorizaba la operación “oro pa´l buche” en manos de la oposición. Y después de olla destapada no vale Caridad del Cobre.

Se les enchiqueró la fiesta y el Fidel sufrió un patatús al verse descubierto. Pero ya encontrará esta gente ducha en tejemanejes, la forma de ir alborotando el cotarro hacia otra insustancialidad, para llevar a cabo, con alevosa nocturnidad, y “piano, piano”, como dijo el Merentes, la operación “lingote pa ti, lingote pa´mí”. Mientras tanto Chávez se conformó con acariciar y darle besitos, en cadena nacional, a un soberbio lingotote de doce kilos – “al oro debemos solícito amor” - informando al país que “en el pasado, a él no lo dejaban ni siquiera tocar las barras”. ¿En cuál pasado sería eso? Porque de doce años para acá ha tocado todo lo que le ha dado la gana. Ni la sagrada osamenta de Bolívar se ha salvado de su desaforada tocadera. ¿Y se le iba a salvar el oro? ¡Era que no sabía!

Rafael Marrón González



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22 de agosto de 2011

¿ALGUIEN MÁS OYE REPICAR DE SABLES?

¡Qué fino el oído de quienes la deben! Entre al atronador ruido de los reclamos y protestas populares por los malos servicios públicos, la desobediencia civil ante el abuso de las multas inconstitucionales de Corpoelec, la inflación, la escasez, la falta de vivienda, la inseguridad, el desempleo y los bajos salarios, la quiebra de las empresas de Guayana y el desastre de PDVSA, se cuela el fuerte rumor de la voluntad de cambio que en votos democráticos se expresará, para aventarlos del poder y ponerlos a disposición de los tribunales. Pero ellos solo escuchan un supuesto repicar de sables, que solamente puede existir en la psiquis atormentada de quien la debe y cuyo miedo a represalias internacionales lo lleva a trasladar las reservas internacionales a las bóvedas de sus países chulos.

Es que un frío cordillerano debe recorrer la espina dorsal del paciente de La Habana ante el presentido taconazo firme de los Comacates que reclaman respeto a la soberanía de la patria mancillada por la infamante bota del invasor cubano, cuya prepotencia insultante sonroja las mejillas de nuestros jóvenes oficiales que sufren además el escarnio de ser presentados ante la opinión pública internacional como violadores de la Constitución, al hacerlos aparecer como voluntarios seguidores de una parcialidad política, cuya consigna infama el frontipicio de sus cuarteles, ya que su alto mando se ha convertido en vocero instrumental de consignas comunistas cubanas, llegando al extremo de amenazar con impedir la entrega constitucional del poder si la oposición – que representa más del 50% del pueblo venezolano – gana las elecciones el 2012.

Pero alguna rebeldía, que desconozco, debe haber encendido las alarmas de la cobardía de esta satrapía apátrida, para que se les activara una defensa a ultranza de la Fuerza Armada – “ustedes, todos juntos, no valen lo que vale un militar venezolano”, ay papá - para la cual piden “respeto” entre estertores intestinales – “no se metan con mis fuerzas armadas” – en un intento desesperado de incorporarla a la diatriba política que caracteriza el lenguaje presidencial, quien sabe si con la oculta intención de justificar alguna marramucia para impedir las elecciones de 2012, que va a perder de calle, porque así lo decretó el pueblo que le puso fecha de vencimiento. Si el cáncer no dispone otra cosa.

Cínicos que exigen a quien no las está irrespetando, el “respeto” que sistemáticamente le han negado, llevándola a un estado operativo lamentable, con disensiones internas producidas por el abuso de poder que desconoció la jerarquía de la oficialidad académica sobre la técnica, con oficiales sin destino por simples sospechas de institucionalidad o de respeto a la Constitución, equipos obsoletos, sin mantenimiento ni repuestos que los exponen a siniestros mortales (el alto mando de la aviación murió en Boca de Uchire), además de bajos salarios – “el salario máximo de un miembro de la tropa profesional es de 3.460 bolívares después de 30 años de servicio y “un general gana 6.000 Bsf”: “Chávez no asume las condiciones de seguridad social de la Fuerza Armada Nacional” – entre maltratos varios a su dignidad de oficiales de la patria cuyas carreras penden del chisme y del capricho y no de su pulcritud profesional.

Pero, además, y esto es lo que se escapó a los estrategas cubanos del régimen, que los Comacates son pueblo y sufren las mismas penurias del pueblo esperanzado y mueren víctimas del hampa como muere el pueblo. Por lo tanto la oposición no está conspirando con ellos – ya lo hicieran los adecos el ´45 y salieron muy mal parados, a picado de culebra, bejuco le para el pelo - sino que su descontento – que sí lo hay – debe estar haciendo el ruido de la hierba creciendo que les ensucia los calzones a la oligarquía comunista que la infama.

¿Chávez anuncia un autogolpe?

Como corolario de esa desmedida y hasta ridícula exaltación al estamento militar, el primer mandatario nacional – que fue electo en libres comicios amparados por la Constitución – afirmó: “Más nunca volverán. (…) Nuestra Fuerza Armada, mi querida Fuerza Armada, es el garante de que se respete la Constitución y la voluntad del pueblo”. Y si esto último es así, entonces como puede traducirse eso de que “más nunca volverán”. ¿O es que la FAN es garante de la voluntad popular siempre que esta favorezca a Chávez? Creo que la institución armada es la más interesada en que se detenga ese uso irresponsable de su nombre y prestigio como discurso político, para amedrentar al pueblo, que es quien decide quien vuelve o quien se va.

La causa es el miedo

La causa de todo este polvero verde oliva, es la necesidad de ocultar la inmensa ineficiencia de un gobierno que frustró las esperanzas de un pueblo y cuya corrupción es un escándalo universal. La profusión de protestas sociales y laborales, que, como escribí hace unos años, si se realizaran al unísono y apoyadas unas con otras escenificarían una rebelión popular de tal magnitud que el gobierno no tendría otra opción que renunciar, como le pasó el 2002, por eso el almirante Maniglia declara que “aquí no podemos llegar a otra situación como la del 11 de Abril”. ¿Y cómo la evitarían? ¿Lanzando al ejército contra el pueblo? ¿Para preparar esa eventualidad es que están lanzados en esa campaña de arrobamiento militarista? Los que masacraron al pueblo el 27F están allí, llenos de experiencia. ¿Verdad Chávez?

Rafael Marrón González
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13 de agosto de 2011

SÍ LA CUCARACHA TUVIERA, SE SENTARA

Recuerdo una canción de Gualberto Ibarreto, la mejor voz de América Latina, destruida por el aguardiente, como tantos otros talentos en estos tierreros descontextualizados, en una de sus tantas recuperaciones: “He vuelto a ser él”, que en el caso de Gualberto era una esperanza muerta, pero aplicado a Chávez es una realidad presentida por todo quien sabe que alacrán no muta en canario – en una proyección de personalidad Chávez llama “alacrán” al candidato de la oposición por designar, traición del subconsciente lo llaman.

Pasado el susto inicial – “me encerré en el baño a llorar, llorar y llorar” - y el período de negación - ¿por qué a un egregio revolucionario como yo? - asumida ya la verdad inexorable de su enfermedad - ¿qué es un cáncer para mí? - y conociendo su fecha aproximada de ejecución – cinco años, si no es candidato - vuelve a ser el mismo inescrupuloso que arremete contra todo quien ose atravesarse en su marcha de soldado marabunta - “¿es el camino pacífico y democrático el camino para hacer una revolución?" se pregunta, develando que el crimen siempre estuvo en su mente.

Su verbo vuelve a su genética condición corrosiva y su discurso se erige ahora sobre el pedestal de su predestinación: Es el nuevo Libertador de los oprimidos y de los mal pagados, claro, del capitalismo, porque a los comenunca del socialismo solo los libera el dólar. En una de sus arengas militaristas post quimio - ¿por pánico a su propia medicina? - sostuvo que “las Fuerzas Armadas (sic) son un punto vital de mi centro de gravedad” – ¿un guiño a su esencia golpista? - porque el único “punto vital” del centro de gravedad de todo gobierno democrático es la Constitución, que es la base sustantiva de su legitimidad, pero parece que para el militarismo son los fusiles, lo que legitimaría el poder de los pranes, cuyo punto vital de su centro de gravedad también son las armas.

Pero más allá de esa tremenda adulancia a los militares – a cuyos cadetes elogió como “los nuevos libertadores de esta patria” - retomado su discurso comunista, es decir excluyente, sectario y dogmático - aunque tratando de engatusar a la clase media – la que hasta ayer era “burguesa” – le dice a JVR que quien sostenga que “Venezuela y Cuba son más la misma cosa” es un ignorante y farsante, refiriéndose por supuesto a Raúl Castro que fue quien lo dijo - Chávez declaró jubiloso - alegría de tísico – de dientes para afuera, por supuesto, que “la hecatombre del capitalismo propiciaba el avance del socialismo”, porque en lo íntimo de su ser interno vive en una oración en carne viva, para que la crisis, creada por una fricción política en los Estados Unidos – “una de las economías más flexibles e innovadoras del mundo” - no afecte los precios del petróleo que solamente los gringos le pagan en efectivo.

Esa angustia se le ha somatizado en esa metástasis que lo devora a paso de ganso. Porque Chávez no ignora que su miserable revolución ya sería historia para muchachos de primaria, si las jugadas de las bolsas de valores del mundo industrializado no hubieran apostado al alza futura de los precios de las materias primas, que hoy corren peligro de caer en picada libre y no por la “hecatombe” del capitalismo. Pero, obviando lo obvio, no deja de ser una pancada de ahogado esa ridícula afirmación sobre la posibilidad, negada por la evidencia histórica, de una supuesta oportunidad de supremacía socialista propiciada por una crisis del sistema capitalista.

¿Con qué culo se sienta la cucaracha? Cuando el capitalismo estornuda, el socialismo, que todavía sobrevive en países indigentes, sufre una neumonía bacteriológica. Los socialistas pragmáticos que colocaron y colocan sus presidencias al servicio del capitalismo, como los de Brasil y Chile, son falsos exégetas que exhiben sus logros en materia socioeconómica como si fueran producto de ruinosas prácticas comunistas. Cuentan al revés la historia. Hipócritas oportunistas y cobardes que sirven de decorado a la atroz miseria que produce ese sistema liberticida que esclaviza al hombre por el miedo y encumbra miríada de seres inservibles cuya único talento es el mimetismo.

En conclusión

Se ha creado una matriz de opinión que coloca al socialismo como la contraparte, pero con interés social, del sistema capitalista. Si eso fuera cierto hace mucho que los socialistas dominaran al planeta y no estuvieran arrinconados en los países – muchos de ellos inviables – del mal llamado Tercer Mundo.

La realidad es que solamente puede producir progreso el desarrollo de las potencialidades del individuo y eso solamente lo procura el sistema capitalista, por lo tanto lo que no es capitalismo es fracaso y resentimiento. Y en cuanto al interés social, son los países capitalistas los más eficientes en sus programas de superación individual de la pobreza, mediante el trabajo, el estudio y la responsabilidad.

El socialismo es invencible en la formación de parásitos sociales de manos como cuencos genéticos, aferrados al botalón del estado munífico y pervertidor. Una de las descalificaciones al capitalismo se refiere a su antigüedad, tratando de destacar la juventud del socialismo, pero en la realidad lo que luce ajado, sucio y maloliente es ese jovencísimo sistema de castrar hombres por la supervivencia.

El servilismo le es tan inherente como la libertad al capitalismo, por eso les es tan fácil a esos regimenes encontrar serviles que sirvan de platabanda para el sustento de las entidades totalitarias que los dirigen en aborregada manada hacia el castradero. América Latina será liberal o no será.

Rafael Marrón González

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¿QUÉ LE PASA A ESTE SEÑOR?

Desde joven me han indignado los buscabullas que ante la contundencia de una respuesta bajan la cabeza y lo dejan a uno con la tibiera. Ahora, de la noche a la mañana, ante la posibilidad de sucumbir de cáncer - del que mata 20 mil personas todos los años en Venezuela, sin más escándalo que el dolor familiar y el sufrimiento del enfermo por la falta de insumos en los hospitales públicos por el desprecio de esta revolución descastada, que no pudo llegar a gobierno después de doce años de pesadilla, violencia y corrupción – “llegó la manguangua, vamos a robá” - Chávez se transforma – mejor dicho se disuelve - en un dechado de virtud monacal que exige el cese del sectarismo, la exclusión y el dogmatismo – puntales bestiales de su discurso pre político, golpista y violador de los derechos constitucionales - y se pregunta – como un Hamlet con sombrero de cogollo y alpargatas con casquillos - ¿ser o no ser de rojos vestidos? – vestimenta oficial destinada a atemorizar y a corromper – “PDVSA es roja, rojita” (impresionante como los ministros se despojaron de sus curtidas camisas rojas. Como borregos).

Pide cambiar el lema criminal que azuzó no pocos delitos contra los derechos humanos en este país, “patria, socialismo o muerte” por el larguísimo insensato “patria, socialismo y vida… viviremos… venceremos”. Y, en el colmo del revisionismo exige a sus estupefactos seguidores por la plata, que convenzan de lo machete de la hegemonía, pero con discursos floridos y poesía, y no venzan a punta de calasnicof como lo venían haciendo hasta en el Rodeo II, de donde se les fugó “un muchacho que, como Jean Valjean, se hizo delincuente por pura necesidad” (Chávez dixit), obviando que este endurecido criminal de 26 años tenía 13 cuando él llegó al poder y que no hizo nada para salvarlo.

Y se pregunta el pueblo venezolano – no chavista y esperanzado – no los de la godarria, por supuesto, que se amoldan, por imperativo genético, al envase que los contiene - “¿qué le pasa a este señor? ¿Será que la quimio cubana estaba infiltrada por el imperio? O es que la cercanía de la muerte le hace dudar por si el infierno existe y es maluco. 60% de los venezolanos estamos hasta la coronilla de este régimen embustero, inepto y corrupto, y a punto de salir en masa a gritarle ¡salte pa´juera!, esperando que el tipo revire para darle su “tate quieto”, y ahora nos sale, de amarillo trajeado, imitando al Indio Figueredo, hablando de paz y amor, como un hippie enratonado. ¿Qué le pasa a este señor? ¿Será que cree que somos pendejos?

No dudo que tengamos idiotas que le crean, pero para una muy buena porción de nosotros esta es una actitud farsante que busca atrapar incautos, porque la historia nos enseña que alacrán no se domestica. Así que mosca pueblo con esta faramalla cubana. Mono es mono así se afeite con prestobarba. Y si quieren una muestra allí está la ley de precios justos, una ridiculez que acabará con lo que queda del sistema productivo y alejará más la posibilidad de inversión y te amarrará al botalón del estado para comer, que es lo que persigue a ultranza, por eso la quiebra de las empresas de Guayana y de toda iniciativa privada. O los reales para el Frente Francisco de Miranda, que si tuviera “frente” supiera a qué se le destina y dijera miii. O la ley de inquilinato que elimina la posibilidad de alquilar ni una pocilga en este país, porque el exceso de protección solo perjudica al protegido. O la insistencia dialéctica de ser “el gobierno para los pobres”, es decir que mientras sea gobierno habrá pobres. Indudablemente que el gancho de izquierda que le metió la vida, tambaleó sus estructuras y certezas. Pero seguro estoy de que si te descuidas te clava otra vez como la mano negra. Así que come mosca que es más liviano que potaje de ocumo chino.

Sigamos la lucha como si fuera el mismo

Suelo andar mi propio camino, no juego dupleta ni me retrato en grupos ni doy consejos, pero en este caso tan vital para nuestra vida republicana sustentada en la democracia liberal, debo hacer una excepción: A los líderes de la oposición oficial les recomiendo dos cosas: 1 – Demuestren que están vivos: Salgan a la calle a hacer causa común con los reclamos populares – como lo hizo Ojeda con el caso de las cárceles - y de los distintos gremios que se enfrentan a este remedo de gobierno, por sus reivindicaciones, como los médicos que además exigen respeto para la salud del pueblo, y protesten con energía contra la entrega de nuestra soberanía a una desnutrida y atrasada magalla extranjera con hambre vieja. Y 2 – Aprovechen que el tipo esta grogui y denle hasta con el tobo – no se tiene compasión con el impío, recuerden su maldad, sus insultos y descalificaciones, su estímulo a la violencia, los crímenes de la plaza Altamira, los despedidos de PDVSA, los presos políticos y la juez Afiuni, sus abusos contra la legalidad, el fardo de 150 mil muertos por acción del hampa, la regaladera en el exterior a sus compinches ideológicos en detrimento del pueblo venezolano Saquen un gallo ya – de los muchos que tenemos - con espuelas bien calzadas y rematen a ese pataruco. La patria se los reconocerá, de lo contrario se los demandará.

Rafael Marrón González

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30 de julio de 2011

A SALTO DE MISA LLEGA A SUPERHOMBRE

El comunismo, como secta de asesinos, niega a Dios y persigue a la Iglesia y a sus prelados. La constitución cubana exalta el origen material del Universo y los sacerdotes no fueron sacrificados por miedo a una reacción internacional, auque muchos han sido desterrados por denunciar el genocidio cometido mediante el aborto sistemático como política de Estado, lo que es una abominación para los ojos de la Iglesia. Pero el cáncer de Chávez ha obrado el milagro de convertir en Venezuela a estos impíos cultores de los herejes ritos primitivos más oscuros, en mansos corderos de Dios, llegando al ridículo de realizar peregrinajes de Fe hasta la tumba del doctor José Gregorio Hernández, cuya imagen había sido mancillada días antes del cáncer, sin que ningún líder enrojado levantara la voz para condenar el abominable acto de salvajismo contra la fe popular.

Y de rojo trajeado – como Pío XI bendiciendo las armas de Hitler – en un altar decorado de rojo, al que se llegaba por una alfombra roja - ¿cómo recordatorio de la sangre a derramar? – presidido contradictoriamente por el lema infame y criminal “Patria socialista o muerte… Venceremos” (borrado ahora culilludamente lo de “muerte”) – un cura blasfemo realizó una misa ecuménica – un revoltillo de creyentes disímiles, abjurantes, santeros y ateos - ofrendada por la guardia de Honor, que como sabemos debe estar integrada por íntimos afines ideológicos del presidente. O sea comunistas.

Era de un cinismo avasallante la imagen de aquellos soldados ideologizados que amenazan con la muerte – ¿o que significa patria socialista o muerte? - a quien ose no ser socialista, tomarse de las manos – las mismas que empuñaron fusiles el 5 de Julio para anunciar simbólicamente, con su desprecio a las autoridades civiles, la derogación de la república democrática - con los ojos cerrados y la cabeza gacha, simulando profunda comunión espiritual. Lo menos que podemos pedir los venezolanos es que esta gente sea coherente con su prédica de odio y destrucción para imponer el comunismo. Y, además, si su Fe fuera verdadera, sabrían que Dios no oye palabra sino la voz del corazón. Por lo tanto será inútil todo ruego surgido de su oportunismo, porque Dios como buen socarrón sabe que de lo que se trata es de pánico cerval ante la posibilidad cierta de perder el poder y tener que responder por sus acciones contra la integridad de la república, por eso no les hace el menor caso a sus hipócritas vestiduras rasgadas ni a sus lágrimas de cocodrilo con cuentas en dólares en el exterior, además, la muerte no es asunto de Dios sino del hombre. Y si el cáncer del tipo es curable se curará por la ciencia del hombre, porque Dios no es oncólogo.

La contradicción con El Superhombre

Esta farsa hipócrita nos demuestra que la patria está moralmente enferma, como lo indica ese uso patibulario de la religiosidad popular, aunque jamás imaginamos el grado de metástasis de su crisis hasta ver la gráfica que nos mostró a un grupo de cadetes de la Armada de rodillas ante Chávez a su llegada de La Habana, actitud que rompe todos los cánones de la lógica y nos encoje la nacionalidad, y que es absolutamente contradictoria con las anteriores manifestaciones religiosas de sus acólitos - y del propio Chávez que recibió contrito la extremaunción de manos de un Obispo de los suyos - pues dimana de las recientes y confusas lecturas de la obra de Nietzsche, quien abjura de la moralidad cristiana y especula con una persona superior capaz de producir su propio sistema de valores.

Y Chávez, en ese acto alegórico de lo más sagrado de la Fuerza Armada que son sus cadetes, asume la encarnación de esa nueva deidad, descendiendo hiperbólicamente de los cielos, recibida por su grey prosternada para atestiguar el milagro cubano: La conversión de Chávez en El superhombre. En gringo Superman. La entidad totalitaria que todo lo puede al solo aliento de su prodigiosa voluntad de poder. Hasta curar su cáncer por decreto.

Visión evanescente

Qué se iba a imaginar Nietzsche que sus elucubraciones, que lo llevaron a la locura, serían la plataforma de lanzamiento de la más destartalada propuesta pre política de los últimos tiempos, que supera las estrafalarias loqueras de las risibles – pero criminales - deidades ungidas por el poder de los fusiles que degradaron a sus pueblos por la ignorancia debida, la superstición y el miedo.

Superhombres sustentados por ejército corruptos dominados por la codicia, como en la Roma decadente. Y en el medio el pueblo estupefacto. Aunque aquí en Venezuela el Superhombre es una entelequia pendiente de los precios del petróleo – aunque le celebren el cumpleaños en todas las plazas Bolívar de la república como febril exaltación adulante a su reciente divinidad - que, por los aires que soplan del imperio, comenzarán un vertiginoso descenso, producido por la nueva ley DODD-FRANK que prohíbe la especulación con las compras a futuro, que es lo que ha mantenido la cotización en alza de los barriles productores de líderes mesiánicos de chequera floja, en este tierrero sin destino. Así que esta ruina, con todo y Superman y fusiles de rodillas, tiene su destino señalado en las estrellas: 2012. Así se vista de amarillo.

Rafael Marrón González

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24 de julio de 2011

A LA OPORTUNIDAD LA PINTAN CALVA

Pedro el Grande debió combatir un alzamiento de nobles cuyo ejército era tan poderoso como el suyo. Al llegar al sitio de la batalla, al amanecer, los nobles iniciaron el ritual de sus oraciones y todos los oficiales se arrodillaron para orar por la victoria. Pedro no los imitó, no se unió en oración ni distrajo a sus oficiales en liturgias de Fe sino que alzando la espada ordenó a su artillería: ¡Preparen… apunten… fuego! y ganó la batalla sin perder un solo hombre. En la primera descarga el ejército enemigo quedó sin oficiales. La desbandada fue general. ¿Impío? ¿Cruel? ¿Cobarde? No vale, en la guerra se va a matar o a morir no a rezar ni a compartir ritos con el enemigo. Todo lo que afecte o debilite al enemigo hay que aprovecharlo para ganar. Eso es pragmatismo.

El chavismo es un formidable ejército de ocupación, inescrupuloso, armado y multimillonario, apoyado con decenas de miles de mercenarios ideologizados extranjeros, con un objetivo ineluctable: Imponer el comunismo en Venezuela. Y eso significa la destrucción de toda forma de libertad conocida para imponer la fórmula de la obediencia debida al gobierno para la subsistencia. Sumisión para poder comer. Y hacia ese destino marcha el chavismo, con más o menos contundencia pero sin desviarse, a pesar de los esfuerzos de la oposición.

Pero, súbitamente, su flanco más importante sufre una fisura devastadora que sume en el desconcierto y en el ritualismo espiritual – un medroso ataque de farisea religiosidad colectiva – al universo chavista hasta ayer irreligioso y procaz que descabezaba imágenes de santos y vírgenes y se orinaba en las iglesias y escupía el ataúd del humilde Cardenal Velásco, estimulado por el discurso satánico del líder, a quien los babalaos cubanos, que le chupan la cartera nacional, habían asegurado vida eterna y poder para siempre como Fidel.

Ante esta calva oportunidad, llegada de la mano de la justicia divina, lo que debe hacer la oposición oficial – para neutralizar cualquier trampa chavista o desmontarle la agenda - es aprovechar la debilidad del enemigo – que no es adversario, sino enemigo jurado de nuestra forma de vida – y actuar con rapidez y eficiencia, eligiendo ya un candidato para enfrentar el discurso comunista – cualquiera que renuncie a la reelección y prometa llamar a una constituyente, sin estar esperando primarias – para recorrer el país, aprovechando que va a estar solo en el patio, con un discurso democrático – pero denunciando la asquerosa corrupción, las mentiras y las injusticias del régimen entre otras perversiones como por ejemplo la traición a la patria que significa el manejo cubano de la cedulación biométrica de los venezolanos - y una propuesta socioeconómica atractiva, que, a la vez, restituya la dignidad y la honestidad como valores del gentilicio y nuclee al pueblo en torno a una opción de cambio para el bienestar general, con total equidad - a cada quien según sus capacidades.

Hablando claro y raspado contra el degradante facilismo parasitario – de pan para hoy hambre para mañana - que amarra al hombre al botalón de un gobierno irresponsable que declina sus verdaderas responsabilidades en aras del populismo electorero, para mantener en el poder a un predestinado, surgido de los deseos de vivir sin trabajar de una porción importante del pueblo venezolano que tiene el cinismo de llamarse “bolivariano”, cuando Bolívar los sentenció: “La sociedad desconoce al que no procura la felicidad general: al que no se ocupa de aumentar con su trabajo, talento o industria las riquezas y comodidades propias que colectivamente forman la prosperidad nacional”.

Necesitamos líderes como Pedro

Es la frialdad racional de la inteligencia – y sus derivados la lucidez y la coherencia - lo que necesitamos en este momento histórico en el que se une al descalabro que ya viene sufriendo el gobierno en el afecto popular por su ineficiencia y corrupción, la enfermedad terminal de su caudillo – hoy rehén con firma electrónica de un gobierno extranjero, que puede ser usada para imponer decretos comunistas y liberticidas - y sin heredero probable, porque él mismo se encargó, en su infinita prepotencia, de disminuir cualquier posibilidad de competencia, mientras en la oposición surgían liderazgos eficaces, formados al fragor de la lucha política que le arrebataron no pocos espacios intermedios de poder y que lucen presidenciables, aunque su momento, por simple lucidez y porque la patria lo reclama, sería deseable fuera postergado - no vivimos, desgraciadamente, el estado democrático convencional que el ingenuo optimismo cree percibir - en pro de un político sagaz sin otro compromiso que la patria ni otra aspiración que la consolidación de la república – en pleno uso de sus facultades para leer el orden interno de la realidad - que aproveche ese caudal de votos para eliminar el fuero de los militares y devolverlos a sus quehaceres naturales en los cuarteles y llevar a los tribunales a esta cáfila de ladrones del erario y entreguistas de la soberanía nacional a un Estado extranjero, que han mancillado el honor del gentilicio, mientras enrumba el país hacia su recuperación social y económica. Ardua tarea. Pero posible. Manos a la obra.

Rafael Marrón González

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16 de julio de 2011

POR FACUNDO CABRAL…

Siempre me he preguntado qué pueblos son estos de Latinoamérica – aunque esa pregunta se pueda aplicar con igual propiedad a los demás pueblos del mundo cuyos actos barbáricos, criminales e impíos conmocionan la conciencia de la humanidad auténtica, aunque cierta parte parece haber entrado en razón y trabaja y actúa por los preceptos que nos definen como seres diferentes a los depredadores del reino animal, pero siempre con pústulas irredentas como ETA en España o en Italia la Mafia. Que al fin y al cabo son la misma cosa pútrida.

En estos tierreros, con aspiraciones civilizatorias, el crimen constituye opción para cierto número de primates que esperan apoderarse del poder para zampar, a sangre, tortura, miseria y muerte, su ideología esquizofrénica – todas los son – a la sociedad evolucionada, desarrollada, en nombre del pueblo, que para ellos será siempre la parte poblacional que no logra despegarse de la ignorancia, que es la desgracia cierta de Latinoamérica y que produce gente sin alma.

Y esta perversión – en todas sus posibilidades – se sustenta en un hombre providencial – ungido por el Ser Supremo, que todo lo sabe – por ósmosis - y todo lo soluciona al solo toque de su magistral dedo índice – arqueado sobre un gatillo - que enrumba la patria hacia un destino imaginario, sustituyendo el trabajo, el estudio y la responsabilidad por la incondicionalidad pródiga que depara bienes a granel, aunque nunca alcanzan para el pueblo – ni siquiera para el que lo sigue, que vivirá siempre como ha vivido, esperando que llueva café, lo que suele confundir con esperanza.

Esta suerte de dioses tutelares - ridículos para el arrabal de la historia – les suelen salir cíclicamente a estos pueblos- como espinillas en las nalgas - coadyuvando la degradación moral y la dependencia parasitaria que dificultan la posibilidad de desarrollo, tanto intelectual como de la voluntad, que podrían colocarlos en el sendero real del progreso. Ejemplos sobran de estas alteraciones furunculares que esconden su patológica criminalidad congénita tras estrafalarias revoluciones que suelen terminar como cubiles de ladrones y dictadores. Que es la misma vaina.

No hay país de esta Latinoamérica confundida que no sufra el escarnio de haber engendrado en su seno una importante muestra de esta aberración criminal, pivotada en la “justicia social”, que se ramifica, para unirse más adelante, en delincuentes políticos y delincuentes económicos, aunque, gracias a Dios, no todos han alcanzado el poder pero sí han hecho el daño necesario.

En Venezuela tenemos la desgracia de vivir un proceso político – conducido por un “comandante” atrabiliario, hazmerreír del mundo, aunque en secreto por lo de la chequera munífica, que después de poner al país al borde de una guerra civil sale con el lagrimeo de que “tiene cáncer” para dar lástima - cuyo lema no puede ser más revelador de su intrínseca criminalidad: Patria socialista… o muerte. Seguro estoy que buena parte de los que lo proclaman son débiles mentales incapaces de diferenciar ni el bien del mal ni lo verdadero de lo falso. Ni conciencia ni criterio. Pero aquellos que han fusionado la política – eminentemente civil - con la premisa de tierra arrasada del pensamiento militar – el desfile del 5J fue su clímax - están bien claros sobre lo que ese lema implica, pues la historia les ha revelado que la única manera de que un hombre resigne sus derechos es mediante el asesinato organizado desde el Estado, que es lo que conocemos como “genocidio”.

Por eso cuando escucho a esos reclutas ignorantes, inspirados por la imagen supermánica del ídolo, gritar “socialismo o muerte”, con el rostro transfigurado por el odio y un fusil de asalto en las manos enguantadas de rojo –más me convenzo del triste destino que espera a esta nación con la mitad de su gente creyendo que socialismo es capitalismo pa´los obreros y que el gobierno tiene que darles hasta la comida en la boca porque “semos venezolanos”. El derecho sin obligaciones. Pueblos enloquecidos por el señuelo del facilismo, sin saber lo que quieren, que marchan a tambor batiente hacia su propia destrucción arrastrando tras de sí la historia de la patria avergonzada. Ya Bolívar lo definió en su Manifiesto de Carúpano, en 1816: “Ciegos esclavos que pretenden atarnos con las cadenas que ellos mismos arrastran”.

Violencia neandertálica

Latinoamérica parece ser el último habitáculo del hombre de neanthertal, al que el comunismo dotó de justificación para su violencia: Luchar contra la exclusión, que significa destruir piedra a piedra todo lo edificado en siglos de desarrollo humano, para reeditar el mito del Ave Fénix. Los desheredados de la tierra bien merecen vivir en un mundo desértico, sin cultura ni inteligencia ni porvenir atados al botalón del caudillo munífico.

Este discurso insensato desvía la lucha social de los pueblos hacia la delincuencia donde es fácil pasto de las mafias que pululan en la charca del populismo, como la herencia que dejó el despreciable Fidel Castro en Guatemala, que se ha convertido en el país más violento del mundo, cuya última expresión de maldad fue el asesinato del mensajero mundial de la Paz, Facundo Cabral – “la violencia es una estupidez” - que ha anegado de tristeza los ojos de la humanidad.

Rafael Marrón González

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10 de julio de 2011

MÁS VALE CÁNCER QUE NUNCA

“El hombre es arquitecto de su propio destino” comentó el positivista José Ingenieros, frase que inserta al hombre en la esfera del locus de control interno, él y solo él es el responsable de las consecuencias - positivas o negativas - de sus actos: Cobra o paga. No es asunto de Dios ni del azar y menos de la suerte, esa ficción tan del agrado de los operarios físicos. Cada ser humano cosecha lo que siembra, quien siembre viento cosechará tempestad.

Una persona que pase decenas de años sembrando odio, invocando la muerte y amenazando con la destrucción de toda una nación si no se pliega de rodillas antes sus delirios totalitarios, no puede esperar cosechar compasión en su desgracia. Una global alegría desbordada sucedió al anuncio de la muerte de Hitler. Y eso no significa que la humanidad de entonces era perversa por contentarse por la desaparición de un ser humano, sino que este monstruoso asesino sembró tanto odio que cosechó desprecio hasta para su condición humana.

Este tipo de individuos que han mancillado con sus crímenes la historia de la humanidad, se creen predestinados por la naturaleza para sustituir a Dios en sus designios, hasta que una soberbia bofetada cósmica los devuelve al guiñapo corporal de su miserable realidad - sic transit gloria mundi. Su desgracia personal es la ignorancia. Como el machista que cree que nació sexo masculino porque superó una prueba arrechísima.

Una serie de circunstancias concatenadas los colocan en el ápice del poder, y en lugar de usar ese privilegio para hacer el bien sin mirar a quien, se convierten en fieras sedientas de obediencia y servilismo, rodeándose de viles inescrupulosos, sin llegar a percibir que el poder, todo poder, es transitorio. Por mucho que dure será transitorio. Y de sí depende que su nombre sea arrastrado por el lodo en el albañal de la historia y negado hasta por aquellos que le sirvieron de rodillas para medrar a su lado.

No puede esperar recibir conmiseración, cuando flaquea su naturaleza y se revela su frágil arquetipo de mortal común y corriente, un gobernante imbuido de su condición de Ser Supremo que aplique la maldad contra quien lo adverse, excluyéndolo del principio constitucional de la igualdad ante la ley y ante los beneficios que el Estado está obligado a suministrar a todos los ciudadanos.

Sería interesante preguntar qué opina sobre esta grave enfermedad autocrática, a la hija de Carlos Andrés Pérez, que, en silla de ruedas, esperó inútilmente durante horas en las oficinas de la cancillería, una autorización para viajar a los Estados Unidos para recibir asistencia médica y que le fue negada por simple maldad. Todo el inmenso poder del aparato del Estado aplastando los derechos de una mujer inválida y enferma. Preguntemos a los trabajadores de PDVSA que fueron botados – burla mediante televisada: prrrrr estás bota´o - y sacados a patadas de sus viviendas a media noche, por un aparato militar que se cubrió deshonor, lanzando sus padres ancianos a la calle, y no les pagaron sus prestaciones y se quedaron sin sus ahorros y les anularon sus seguros médicos.

Busquemos la opinión de los millones de venezolanos sentenciados al hambre y al desempleo por haber ejercido su derecho constitucional a firmar para revocar el mandato del presidente y a aquellos que fueron obligados a retirar su firma para no perder su empleo o la bequita del hijo. Indaguemos la opinión de los familiares de los muertos en la Plaza Altamira, en el puente Llaguno, a los sindicalistas a los que llamó “letrinas”, a los periodistas vejados y golpeados y a los medios de comunicación condenados a la insubsistencia o a la quiebra por mantener su independencia y a los millones de humillados y ofendidos por haber protestado por este mal gobierno que criminalizó el derecho a huelga y la protesta social, para encarcelar a inocentes que luchan por sus derechos laborales y por sus servicios públicos.

Inquiramos que piensan los cientos de empresarios despojados vilmente de sus empresas, fundos y terrenos y, además, lanzados al ludibrio público para solaz de la canalla, y a los miles de desempleados ocasionados por este tipo de políticas de Estado. Conozcamos la opinión de los trabajadores del sector público – como los médicos y profesores universitarios - a los que se ha negado un salario digno y la contratación colectiva, y obligados a disfrazarse de rojo para asistir – so pena de ser botados – a cuanto mitin tenga bien articular el poderoso amo de la República.

Entrevistemos a los presos políticos, como la juez Afiuni, a Forero, a Simonovis, a Peña Esclusa, y a los exiliados y a sus familiares. Entre millones de casos, como el de Franklin Brito. Así que, sin hipocresías ni pacaterías pobrecitistas, un suspiro de alivio recorre hoy las arterias de Venezuela, que siente que se oxigena su futuro. Y la culpa de ese alivio no puede achacarse a la impiedad, sino que ha sido tanto el daño causado, tanto el miedo y el dolor infligidos, tanta la violencia y las amenazas, tanta la prepotencia de un Estado poderoso abatiéndose sin misericordia sobre el porvenir de la nación, que nos alegramos mucho de que, por fin, tenga fecha cierta de salida, ante la incertidumbre electoral, así que más vale cáncer que nunca.
¿Arrepentido contrito o fiera herida?

Aunque todavía hay mucho escéptico que asegura que todo esto es una obra de teatro para recuperar su maltrecha imagen electoral, soy de los que están convencido de la verdad de su enfermedad, como lo evidencia ese triste regreso a la dos de la madrugada a un aeropuerto solitario, en el que lo esperaban cuatro de los gatos de su entorno oportunista más íntimo, de los cuales destacó la cara de perro de su hermano Adán, que denotaba molestia por el intempestivo regreso que los agarró fuera de base.

Así que sí tiene cáncer – de colon o de próstata, cual de los dos peor - aunque su evolución es indeterminada. En el video mediante el cual anunció a la nación su padecimiento – develando a los mentirosos de su gobierno y reivindicando a quienes dijimos la verdad - pudo el mundo percibir a un hombre atribulado, disminuido por las consecuencias anímicas de la mortal noticia, atontado todavía por el formidable mazazo que lo colocó en el epicentro de la realidad, despojado de su mito de invencibilidad. Pero ya lo hemos visto en actitud similar en otras ocasiones adversas, aunque no tan contundentes como esta.

Recordemos al llorón de la Orchila o al hombre del Crucifijo del 13 de abril de 2002. Pero también a la fiera herida del 2 de febrero de 2007. Para no perder la sindéresis y actuar por reacción. Los venezolanos – que no deseamos su muerte ni nos alegramos por su enfermedad, pero tampoco sentimos la menor lástima por su sufrimiento – nos los impide el recuerdo del dolor infligido a la patria - solo esperamos que, ante la verdad de su ineluctable destino, decida renunciar a su capricho enfermizo de emular al decrépito asesino caribeño.

Todo es posible en el umbral

Estoy consciente de que es ingenuo esperar actitudes positivas, equilibradas, ceñidas a la ley, de un bárbaro, que practica la maldad y ritos satánicos, y cree haber recibido del pueblo esperanzado que lo eligió por otras razones, un mandato para destruir la democracia y la libertad, que son bienes preciados para lograr un estado de bienestar general. Sin embargo, y repito, como su enfermedad – que no es súbita sino fue descuidada - ha generado una brusca dislocación de la política venezolana, imprevista hasta para el más sagaz analista y el más inspirado babalao, y para el propio afectado que sabe que los venezolanos jamás vamos a acepar sin luchar el comunismo - una secta de asesinos, ¿acaso “socialismo o muerte” no es un lema criminal? - y convencido de que ya se le acaba el tiempo de juego, es posible que la reflexión que suele provocar una situación terminal como esta, lleve al doliente poderoso a revisar sus actuaciones liberticidas e ilegítimas y a truncar las aspiraciones resentidas de alucinados y malandros empoderados.

Y creo eso posible, no por ingenuo, sino porque encontré una pequeña luz en el final de su discurso confesional – en el cual insultó la Cuna de la Libertad iberoamericana al decir que hablaba desde la “patria grande” – cuando expresó: “No quería ni quiero para nada que me acompañen por senderos que se hundan hacia abismo alguno”. Para buen entendedor eso basta. Aunque bien puede ser retórica de asustado, pero, como ya regresó a amarrar a sus locos, aunque los ratificó en sus cargos – y se presentó en el balcón del pueblo todo de uniforme y maquillado, para aparentar aspecto saludable, pero no presidió los actos del cinco de julio - solo nos queda esperar. Amanecerá en Fuerte Tiuna y veremos. Solo si el buen criterio – que nunca ha tenido – surge de las entrañas de su delirio, la historia lo absolvería: Más vale cáncer que nunca.

Rafael Marrón González
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3 de julio de 2011

EL PAÍS PENDE DE UN HUGO

Definitivamente Venezuela es un país triste, en pleno apogeo del portento científico y tecnológico del Siglo XXI, se disuelve en el mismo drama de aquella hora lánguida de 1935 en la cual se mantenía en vilo esperando que orinara Juan Vicente Gómez. Los goteos del lóbrego personaje, infectado de múltiples blenorragias, eran contados con meticulosa preocupación por los médicos de cabecera que hacían circular los rumores, en voz baja, medrosos y esperanzados, por los pasillos y callejones de aquella nación ruralizada para la esclavitud, que se mantenía en vigilia permanente por el moribundo poderoso, dueño de vidas y libertades.

El país dependía de aquella sonda milagrosa pero inútil, que aliviaba la vejiga del carnicero de La Mulera. Setenta y seis años después de aquella hora menguada para la dignidad de la patria, Venezuela vuelve a paralizarse por un cáncer, que mantiene en estado de postración al presidente, que sigue mandando desde territorio extranjero, sin el menor rubor por el desacato a los preceptos constitucionales que obligan al mandatario a depositar la autoridad en el vicepresidente de la República, para impedir el vació de poder que se genera por su prolongada ausencia temporal.

Y lo más graves es que ha acumulado tanta fuerza, y guarda tantos secretos, que nadie se atreve a discutir su santa voluntad, y ante el reclamo constitucional sus adulantes responden – para tapar su inutilidad - que Chávez estará ausente el tiempo que le de la gana, como si se tratara del dueño de una hacienda y no del presidente constitucional de una nación, con lo que se devela además que su liderazgo es imprescindible para el gobierno, donde, repito, no existe ni relevo visible ni sujeto alguno con los redaños suficientes para someterlo al carril de la legalidad en ninguna de las instancias correspondientes a los demás poderes públicos, llamados a velar por la constitucionalidad.

Al contrario, lo que ha evidenciado esta ausencia intempestiva de Chávez es que en Venezuela se está generando el síndrome de la Cenicienta, que a las doce de la noche volvió a ser la cochambrosa fregona que era antes del toque mágico del hada madrina. Aquí el hado padrino convirtió por arte de birlibirloque a un chofer de metrobús en flamante canciller de levita y pumpá y meñique levantado. A una oscura tipista de la PTJ en mandamás de la Asamblea Nacional – donde sigue mandando aunque no sea presidenta.

A guerrilleros analfabetos – que en contradicción con su comunismo militante, piden al pueblo rezar a Dios por la salud del Gran Encomendero, tal su desesperación - en diputados, ministros y contralores. A un maestro de cuarto grado de primaria en ministro de educación. A leguleyos pierde pleitos consuetudinarios, en magistrados y Fiscales. Y a una familia campesina de verbo gangoso en dispendiosa activista del yet set europeo.
Pero a la hora silente de la oscuridad todo vuelve a la normalidad. Desaparecen los disfraces y la cruel luz del mediodía nos muestra sus miserias.

Por eso es imposible esperar otra cosa que no sea el caos ante la ausencia de Chávez, pues el encapuchado tira piedra, que le quemaba el carro al humilde taxista que se aventuraba por su predios de violencia universitaria contra el sistema, nunca dejó de serlo, aunque el poder del hado lo haya encumbrado hasta la segunda instancia del poder ejecutivo, donde tiembla ante la posibilidad de tener obligatoriamente que cumplir con el mandato constitucional de asumir la presidencia de la República - delega poder a un mediocre y conocerás la dimensión de la idiotez.

Y el propio Chávez – solo ahora ante su inminente destino manifiesto - “un tumor abscesado con presencia de células cancerígenas” – debe sentir que el mundo se le vino encima, con su peso multiplicado por la inmensa ineptitud de su séquito de obedientes incondicionales, convocados por la voracidad rapiñosa de su hambre vieja, y una Fuerza Armada dividida, en la cual la institucionalidad puede activarse en su contra con funestas consecuencias para la democracia. Como la activó Gómez contra Castro. O Pinochet contra el bolsiclón de Allende.

Así que el país entero pende de un Hugo. Y no es que Chávez sea ningún dechado de aptitud y eficacia, sino que aprendió, con el doctor Frankestein caribeño, a mover los hilos que mantienen sujetas a sus faltriqueras las ambiciones descontroladas de sus creaciones artificiales, que hoy se desmoñan por el título de “delfín”.

Imagínense ustedes el desastre si Chávez debe permanecer tres meses fuera de Venezuela. Si con apenas unos días se abrió la caja de Pandora: Se agravó la crisis eléctrica y el diente roto de Rodríguez Araque – muy bueno para poner bombas y matar soldados venezolanos – no es capaz ni de hilvanar una frase creíble para paliar la angustia del pueblo afectado del interior de la república - porque en Caracas está prohibido que se vaya la luz, aunque la tierra se abra - por los cada vez más recurrentes apagones, que en los barrios de Ciudad Guayana suceden a diario y por tres y cuatro horas.

Estalló el escándalo de la cabilla en Sidor – que tiene los ingredientes de un pase de factura entre bandas rivales – y ahora menos se consigue cabilla, lo que, unido a la nula producción de la cementera dirigida por la esposa del Jaua, raspa la ilusoria Gran Misión Vivienda; un sangriento enfrentamiento en dos cárceles, una de las cuales sigue en poder de los pranes que se dan el lujo de retar abiertamente, por las redes sociales, al gobierno y a las Fuerza Armada; la violencia chavista en las empresas de Guayana cobra su primer muerto, digan lo que digan los demás; los médicos, cansados de tanto engaño, decretan un paro nacional, mientras se descubre convenientemente en un muelle de San Félix el alijo de droga más grande de los últimos años, el cual se presenta a la prensa y se liquida sin examen previo ni presencia judicial – el pueblo que no es zonzo como Chávez cree, sospecha que es un montaje para tapar los escándalos – y, de ñapa, Estados Unidos amenaza con nuevas sanciones:

La cara de muchacho a punto de llorar del equipo de gobierno, impotente para hacer frente a tan vasta responsabilidad, refleja la realidad de esa pobre gente elevada a los mayores niveles de ¿decisión? estatal por la varita mágica de la incondicionalidad, cuya mejor, muestra de su talante fue incitar a una rebelión armada para evitar una derrota electoral. Un gobierno que pende de un Hugo ni es gobierno ni es na´.

Y la revolución también…

Una esponjosa “parlamentaria” – debe ser repetitaria – del oficialismo declara ante los medios nacionales que “la fortaleza de la revolución está en “la conexión amorosa entre Chávez y el pueblo”: No en la eficiencia del gobierno revolucionario, no en la mejor calidad de vida que debería tener el pueblo después de doce años de mandato revolucionario con los más extraordinarios ingresos que haya tenido gobierno alguno en América y Europa; no en la paz y tranquilidad de la familia venezolana por la derrota del hampa despiadada, la eficacia de los servicios públicos, el pleno empleo y el accesible costo de la vida, no por haber dotado de una vivienda digna a cada venezolanos que la necesitara, no por haber eliminado la corrupción zampando a la cárcel a los corruptos que han saqueado a la nación en estos doce años.

No, por nada tangible: Por el amor. Esa infeliz declaración de devoción a Chávez – que desplaza hacia el pueblo el sentimiento personal de la susodicha - solo denota la imposibilidad cierta de esta revolución, que ha fracasado por dos razones:
La primera, porque la parte del pueblo venezolano que defiende la democracia y la libertad, le ha impedido avanzar, a pesar de sus tiránicos esfuerzos, con su lucha incesante e irrenunciable. Y en segundo lugar, porque nada que dependa de un solo hombre para existir, puede sobrevivir y no sobrevivirá.

El espanto que reflejan los avejentados y lívidos rostros de la nomenclatura oficial señala la verdad: Llegaron las doce de la noche a la Patria de Bolívar y el encantamiento ha desaparecido y lo que queda de la opulenta carroza y la princesa es una auyama destripada, unos ratones corriendo hacia sus ratoneras y una vieja harapienta y moribunda lanzando al aire sus quejidos lastimeros.

En conclusión

Decía el bitle Yon Lennon que llamamos “la vida” a todo lo que nos sucede sin haber sido planificado. Pues a Chávez le llegó “la vida” a cobrarle sus desmanes: Cuando accedió al poder, por equivocación popular, juró que iba a presidir los actos del bicentenario del 5 de Julio y cometió los actos antidemocráticos más repudiables para logarlo, pero llego “la vida” y se lo está dificultando.
Como le está poniendo fin a su revolución tapa amarilla. La que iba a durar por siempre. Porque su megalomanía la puso a pender de un Hugo. Y mientras más ineficaz el seguidor, más alto se elevaba, pues había Hugo para rato y podía permitirse encumbrar inservibles en cuanto incondicionales. Y esa fue su perdición. Nada se mueve si Hugo no lo decide y, por lo tanto, ahora, nada se mueve. Pendemos de un Hugo. Que Dios se apiade de la Patria.


Rafael Marrón González
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