Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

14 de mayo de 2013

¿ES POSIBLE PENSAR DIFERENTE?




Suele encontrarse por allí al garete algún fulano que sostenga que el tarugo Pérez Jiménez “ha sido el mejor presidente que ha tenido Venezuela”, basándose en la obras de infraestructura que hizo en Caracas. ¿Esta aseveración es producto de un análisis histórico o es simplemente una “opinión” contaminada por la subjetividad? ¿Considerar a un monstruo liberticida “buen presidente”, es pensar diferente a quienes con pruebas fehacientes lo consideramos un feroz dictador y ladrón, o la confesión de alguien  que siente vértigo ante la libertad y prefiere resignar sus derechos a vivir en situación de riesgo? Un ejemplo pueril puede graficar mejor el asunto:

¿Agregar salsa de tomate a un lomito strogonoff, es pensar diferente o falta de cultura gastronómica? ¿Un empresario que apoya al comunismo, piensa diferente o es un estúpido codicioso que vende a sus verdugos el mecate con el que lo ahorcarán? ¿Una religión que considera a la mujer materia impura sin derechos humanos, y, en general, a quienes no profesamos sus creencias, “excremento de camello que ha comido excremento”,  piensa diferente o es una peligrosa secta misógina y criminal? ¿No será que estamos confundiendo “creer” con “pensar? Creer diferente no es lo mismo que pensar diferente.

Pensar es un acto reflexivo individual, creer es una acción inducida, masificada. Si creo no necesito pensar. Y mientras más firme mi creencia, más tiempo tengo para no pensar, pues hacerlo me pudiera producir una situación conflictiva al encontrarme con la verdad desnuda, que es más fea de lo que se cree. Y, además, miles de vacas no pueden estar equivocadas.

Por ello teorizar sobre una creencia genera volúmenes de instructivos para aliviar el dolor de la vida consciente o tener que llegar a conclusiones contradictorias con la irresponsable manera de actuar. Por ejemplo, el caso de la pobreza estructural: El pensamiento universal coincide que es una injusticia que hay que eliminar, sin embargo existen varias propuestas diferentes para combatirla, hasta aquella inhumana que sentencia a todos a ser pobres para eliminarla por medio de la igualdad por debajo impuesta por las armas. Esa es una creencia antinatural. No un pensar diferente.

Este tipo de situaciones me hacen considerar que no existe tal “pensar diferente”, pues si pensar es concebir, juzgar, razonar, para valorar y poder apreciar entonces no es posible pensar excluyendo los principios de la lógica. Y, además, ¿“pensar diferente a qué? A la razón, a la experiencia histórica, a la evidencia de la modernidad y posmodernidad, que ambas conviven todavía.

El resultado de pensar es la evolución, el desarrollo, el bienestar general, la ciencia y la tecnología, las artes y la literatura. Si alguien dotado con el equipo de pensar – es falso que sea dotación general – lo usa para delinquir, para acceder al poder como fin totalitario, para la deshonestidad, es un enemigo de la humanidad, infiltrado entre la gente. El pensamiento es libre y universal o no es pensamiento sino dogma o ideología esquizofrénica impuestas desde el miedo.

El infierno, el hambre o un fusil son poderosos instrumentos de dominación estratégica, que eliminan el peligroso factor pensar del comportamiento del hato humano a dominar. Es por medio del pensar que se dilucida el bien y el mal, y si existiera ese “pensar diferente”, el mal sería aceptado tal como el bien. Y es que hasta se usa la palabra pensar fuera de contexto: “Piensa mal y acertarás en lugar de “duda…”. Y ese mal uso del lenguaje induce estos errores.

Condenar a quien piensa

Así que no es cierto que se persiga a quien “piensa diferente” a la ortodoxia de un régimen, se condena sencillamente a quien piensa. Porque los regímenes autoritarios, como el que sufre Venezuela, tienen creencias que asumen inmutables y criminalizan el pensamiento libre que los juzga y les evidencia la verdad. Porque, en el caso interno, ellos creen que su “revolución” es la alternativa deseable y quien esté en contra es un enemigo del pueblo y de la patria. Y están tan convencidos de que les asiste la razón – nunca razonada - que ni siquiera con la evidente prueba del contraste de la realidad con su discurso, rectifican.

Creer que es posible desarrollar una nación castrando la individualidad y eliminando la recompensa, no es pensar diferente, es no pensar en absoluto, pues con la más ligera reflexión el resultado será negativo. Por eso el militarismo que les es inmanente y que tampoco piensa diferente. Actúa diferente. A contrapelo de la razón. El militarismo cree que por la fuerza de prohibir y obligar se convence. De allí su estruendoso fracaso histórico. Y no logra entender cómo, por mucho crimen que cometa contra la rebeldía esta sigue rebelándose.

Si el militarismo pensara no lo sería. Jamás. Aunque la estupidez insista en creer que es una opción.  En ese mundo de orden y disciplina – en el del pensamiento es lucidez y coherencia - pensar está prohibido, se obedece sin cuestionar, por responsabilidad delegada. Y punto.

Por ello todos los regímenes providenciales, que supuestamente tienen todas las respuestas al sufrimiento humano,  se sustentan en la coacción y el terror de un aparato militar. El represor obedece órdenes. Dispara perdigones o balas a quema ropa contra la disidencia. No piensa ni tiene conciencia. A él lo mandaron: Obedezco, ergo existo. Y como el pensamiento es el espacio impune de la libertad, no conviene permitir pensadores. Hay que liquidarlos. No porque piensen diferente, sino porque enfrentan el credo universal que sustenta esa barbarie, con el pensamiento, que es el auténtico partero de la historia, no la violencia como sostenía el cretino de Marx, pues la violencia como medio  de edificar un orden nuevo es muy mal negocio y dura muy poco. Aunque dure mucho.   

La democracia producto de la razón

Y en el caso de la democracia – en la cual se elige por creencias pero se debe gobernar pensando - es un sistema – su praxis es sistémica - de gobierno perfectible, producido por un ejercicio intelectual que no admite “pensar diferente” a sus postulados, pues dejaría de ser democracia, por ello los adjetivos con la que la personalizan los dictadores avergonzados no logran esconder su negación. Y es precisamente a pensar, aunque sea para juzgar el orden interno de su realidad, que la democracia tiene que enseñar al pueblo llano que conforma su capital electoral, para cerrarles el paso a los flautistas del desastre que en su oceánica ignorancia creen que “piensan diferente”. Sale p allá.   

Rafael Marrón González
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5 de mayo de 2013

LA BELLAQUERÍA PATRIOTERA



“El patriotismo es el último refugio de los canallas”, célebre frase del poeta inglés Samuel Jhonson que aplica perfectamente a la camarilla que se apoderó de las instituciones republicanas con la intención de imponer el modelo cubano de destrucción masiva que convirtió un país próspero en un lodazal de ignominia. El proclamado Nicolás Maduro, por ejemplo, se refiere a la masiva pérdida de votos de su herencia política alegando que “un grupo de patriotas engañados votaron por los enemigos de la patria”, esto reseña como antipatriotas al universo electoral que considera que el comunismo es una virulenta enfermedad mental que carcome las bases productivas de la nación, con la ruina como producto final.

Y que “patriotas” son todos aquellos seres de claridad inmarcesible que votaron por la inflación, el desabastecimiento, las fallas crónicas del sistema eléctrico, la quiebra de las empresas de Guayana, la violación a los contratos colectivos, la destrucción del sistema vial de la nación, entre un largo etcétera que incluye la falta de vivienda y la precarización de los servicios públicos que afecta mayoritariamente a esta suerte de “patriotas” de “lo mío me lo dejan en la olla”, que dan la razón plena a Bolívar cuando expresara que “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.

Obviando, por ahora, que decidieron elegir un presidente que formó parte ejecutiva del gobierno anterior y por lo tanto responsable directo del desastre integral que aqueja al país, en franca contradicción con la posición de estos mismos “patriotas” – “pata en el suelo”, los llamó su nuevo líder – que sufrían las calamidades producidas por la ineficiencia de los incondicionales por la rapiña, porque según la aguda percepción que los aniquila, el presidente muerto no sabía de sus penurias, porque la culpa la tenían sus subalternos, es decir Maduro.

Estos “patriotas”, a la manera de Maduro, son incapaces de entender que el mayor daño infligido a la dignidad patriótica es haber devaluado la moneda durante sucesivos decretos antinacionales – de 649 Bs x $ a 6.300 (6,30) en 13 años, 869%  y  con el agravante del barril de petróleo por encima de los $100 - pues el valor de una moneda es motivo de orgullo patriota, ya Sócrates aconsejaba devaluar la moneda de los países invadidos para quebrar la resistencia ciudadana. Qué distinto sería si estos “patriotas” de oropel – ahora con la estrella de Fidel en la solapa – fieles a su discurso nacionalista, se hubieran dedicado a fortalecer la economía para rescatar el poder adquisitivo de la moneda, cuya destrucción, es cierto, comenzó en 1983, pero estos “patriotas” uña en el rabo siguieron tan campantes devaluando y devaluando, es decir traicionando y traicionando, para llegar hasta imponer el peso cubano como moneda nacional, lo que deduzco de sus húmedas obsesiones fidelistas.

¿Por qué no le preguntarán al fariseo de Rafael Correa por la dolarización de la economía ecuatoriana? En la década de los ´70, la de mayor crecimiento económico, nuestra moneda tenía curso legal internacional, como el dólar o la libra esterlina, pero una sucesión de errores políticos, estupidez económica, bajos precios petroleros y descuidos sociales trajeron estos lodos que están acabando con todo vestigio de civilización, pero eso si henchidos de “patriotismo”.

Como en Cuba, cuya falsa supremacía moral brota por los huecos de la más espantosa miseria derivada del parasitismo social propiciado por el paternalismo estatal, ahora financiado por el inmenso patriotismo entreguista del petróleo venezolano que sale a raudales a engordar hijos de pueblos “hermanos” mientras los nuestros mendigan en los semáforos.

La patria es la gente

“Lo que quieran patria vénganse conmigo” frase que bien pudo pronunciar Moisés para sacar a los judíos de Egipto, pero que en boca de un presidente electo constitucionalmente por el pueblo no pasa de una baladronada insensata y ofensiva, que promueve la guerra civil, pues el ingenuo ignorante a quien está dirigida no maneja abstracciones y su respuesta la puede graficar la actitud violenta del chavismo sin Chávez en la Asamblea Nacional – corporificada en la bestialidad confesa de Diosdado –“ideas locas” - Cabello, que destruye la escaza vida democrática de la nación a patadas autocráticas contra diputados de oposición electos por el pueblo con mayoría de votos, pero son minoría porque por la marramucia chavista quien saque más votos, obtiene menos diputados.

Quisiera saber cuál de estos impúdicos presidentes latinoamericanos que, en pos de las monedas petroleras, saltaron a convalidar una proclamación seriamente cuestionada, aceptaría una inversión de principios democráticos como esa. Y es que no hay manera de penetrar la dura costra de la demagogia que para preservar el poder mantiene al pueblo amarrado al botalón del Estado, engañado por una supuesta amenaza externa sobre la soberanía y estimulado por el discurso fascista de odio.

Para ellos la patria es el poder y el presidente muerto se encargó de crear una ficción cuasi religiosa con la patria en sus altares, para driblar su absoluta ineficacia en la solución de los graves problemas socio económicos que debió enfrentar su gobierno y que, al contrario, los agravó por imponer la incondicionalidad de sus subalternos sobre su eficiencia, tratando estúpidamente de preparar batidos de fresa con aguacates.

Pero la bandera del “patriotismo” bien sirve para cubrir las pústulas de la corrupción, la pérdida de la moral pública y el desgobierno sistémico, entre otras muchas perversiones. Y el pueblo ofuscado por el discurso patriotero puño alzado contra la nada, y sobornado por la promesa enloquecedora de vivir sin trabajar, se niega a admitir que la patria es la gente y que si quiere mejor patria es imperativo formar mejor gente en el crisol del trabajo, el estudio y la responsabilidad consigo, con los suyos, con la sociedad, y esa es la única manera de practicar el patriotismo y ser patriota. Lo demás es pura indigestión. Sale pa´llá.

Rafael Marrón González


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30 de abril de 2013

ASUMAN SU BARRANCO…



Para eliminar esa vulgar contradicción entre su ser y su apariencia, el chavismo tiene que asumir, sin la vergüenza que se le escurre por las costuras y que tratan de ocultar con su actitud vociferante, que son golpistas de origen y fascistas por definición:

El presidente muerto – todavía es presidente hasta que se auditen los votos – salió la madrugada del 4F a dar un golpe de Estado contra un gobierno de origen constitucional, y fue derrotado y encarcelado hasta que Caldera lo indultó en bien de la popularidad de su gobierno. Pero para asombro de la historia,  en un acto de prestidigitación – Fidel mediante – trucó aquel golpe chambón, pero costoso en vidas y pérdidas materiales, en nada menos que en una “revolución” y cabalgando en ella, cual Atila redivivo – por donde pasa mi caballo no vuelve a nacer la legalidad -  cometiendo tropelías, abusos y violaciones, con el mayor desparpajo y sin asomo de escrúpulos, ingresó a la práctica fascista que le es consustancial y a la que debe su éxito electoral sin precedentes en la historia democrática, pues todo quien pretenda rivalizarlo se debe enfrentar al formidable aparato del Estado, puesto al servicio, sin rubor ni cortapisas, de los supremos intereses del partido, gloriosa síntesis de la verdad revelada y única fuente de felicidad posible para las masas irredentas, que desconocían la existencia del hielo hasta que su magnificencia se los señaló en una de sus iluministas cadenas noveladas, pero también, y la más seriamente importante, para miríada de enchufados de cuentas bancarias mágicas, a las que les brotan los ceros a la derecha por reproducción espontánea.

Esta es la explicación sencilla del porqué la furia que embarga a los herederos del difunto señor de los anillos – de seguridad – ante la sospecha de quiquirigüiqui ceneista en las últimas elecciones, supuestamente ganadas también por el presidente muerto, por interpósita persona, que exige prepotentemente ser “reconocida” por la parte que, apegada a la legalidad, exige que se auditen los cuadernos de votación primero, sencillamente porque el árbitro se encargó personal y eficientemente de cubrir sus actuaciones con un espeso manto de sospechas, obviando que el poder electoral además de ser imparcial debe parecerlo, porque la gente maliciosa suele creer que todo lo que parece es, y la vista gorda con el ventajismo insolente de la campaña electoral del gobierno señala con demasiada certeza de cual pie cojea este árbitro, lo que es causal de ilegitimidad para el ganador anunciado. Y cada hora que pasa, peor se pone la cosa para la credibilidad de los involucrados, al grado de que el candidato dado como perdedor, se atreve a sostener, con todas las implicaciones del caso, en cadena nacional “ustedes se robaron las elecciones y las voy a impugnar”, declaración que en segundos recorrió el mundo físico y virtual de la información.

Fascista sin poder es inocuo

El tercer “atributo” del fascismo de la godarria es la ignorancia supina – “Capriles representa a la derecha reaccionaria”, ¡híjole! - de allí la oceánica ineficiencia que ha caracterizado estos casi  15 años de desgobierno, y esta ignorancia vital los lleva a descalificar como “fascistas” los reclamos y protestas realizados por siete millones y pico de garza de ciudadanos venezolanos que están convencidos de la comisión de ilícitos electorales que dieron la victoria al candidato auténticamente fascista de esta contienda electoral.

Y la respuesta de los acusados es el escudo institucional y la grosera acusación de  actos de violencia, que, coincidencialmente, son un reflejo fiel de la conducta histórica del chavismo, por lo que es justo suponer que han sido planificados para desviar la atención de lo verdaderamente importante como es la repetición de las elecciones por virosis en la fe pública.

Por esto hay que aclararles a los señores del alto condumio que el fascismo es una forma de ejercer el gobierno, no de oponerse a un gobierno malo. El fascismo ni siquiera puede ser una propuesta política, pues sería inaceptable. Así que un fascista en oposición es inocuo. Fascismo es la agresividad virulenta del presidente de la Asamblea Nacional, a quien en el colmo del cinismo fascista se designa “comisionado de paz”. Las amenazas de construir celdas especiales para los líderes de la oposición democrática. Dejar sin su trabajo a padres y madres de familia porque adversan al gobierno. Silenciar a la bancada opositora en el Parlamento y negarles el salario. Aplicar cognomentos infamantes para despojar de su condición humana al adversario político, es fascismo. El militarismo es fascismo. El patrioterismo es fascismo. La coacción es fascismo.

Organizar grupos violentos de amedrentamiento, perseguir por  razones ideológicas, imponer el sapeo en las relaciones laborales, crear un enemigo imaginario, “el imperio”, para, a falta de eficacia, galvanizar a sus ingenuos seguidores en la trampa de “la soberanía”, crear una situación de desestabilización artificial para, con mentiras descaradas acusar a opositores, es fascismo. Ustedes, machete, son fascistas. Y lo son porque están en el poder y lo ejercen de manera sectaria, considerando a la mitad de la nación sus enemigos, sin preguntarse por qué lo son.


Es una volumétrica idiotez llamar fascistas a millones de ciudadanos que usan los recursos constitucionales para reclamar, con marchas y cacerolazos, sus derechos vulnerados. La violencia en sí es fascista cuando la organiza el poder contra los derechos civiles. La violencia como expresión de la indignación del pueblo contra un gobierno inservible que viola sus responsabilidades constitucionales, no es fascismo, es arrechera. Y ustedes fascistas, no han sufrido todavía las consecuencias de una arrechera popular. Y ese es su terror. Porque la temen. Porque la deben. Le han mentido demasiado a este pueblo que votó para cumplir una promesa a un muerto, pero eso no significa que apoye vagabunderías fascistas, como robarse las elecciones. Y si no se las robaron, pruébenlo. 

Rafael Marrón González

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22 de abril de 2013

¿GOLPE DE ESTADO? ¿DE PARTE DE QUIÉN?




En el colmo del escape por la tangente Nicolás Maduro, con su confuso léxico - habla de “mitad mayoritaria” y llama telescopio al estetoscopio - acusa a la mitad exacta de la población venezolana de dar un golpe de Estado, el cual “fue neutralizado  por las Fuerzas Armadas Bolivarianas” - ¿cuándo? Es decir que para el diccionario de la academia madurista “pata en el suelo”, pedir el reconteo de los votos es “un golpe de Estado” a su serenísima majestad de bandera cubana enarbolada en Miraflores.

El mundo entero observa estupefacto como un individuo, que debe ser el primer interesado en el conteo del cien por ciento de los votos emitidos por los venezolanos, para limpiar de toda duda su investidura, echando marcha atrás, pues a las primeras de cambio había aceptado recontar las papeletas y adelantó la posibilidad de que le hubieran robado algunos votos (video http://patil.la/11eL9AX), se opone con tartamudas objeciones y corre un denso velo de ilegitimidad sobre sí.

¿Sería que desde La Habana – “tengo que consultar” – le alertaron de la verdad que lo llevó a la primera magistratura nacional - “¡no seas pendejo!, ¿acaso crees que ganaste?” - sin liderazgo alguno y con los votos del presidente muerto mermados por su pésima gestión en sus días de gobierno póstumo chavista? Porque al contrario de lo que dictan los intereses del supuesto agraviado, la respuesta ha sido la mentira estrafalaria, la criminalización de la protesta – proyección de sus consustanciales prácticas fascistas sobre la oposición - amenazas de “radicalización de la revolución” (¿?¿?), terrorismo contra funcionarios y empleados públicos – “limpieza política en las empresas básicas” claman los gerentes y sindicalistas serviles al patrono - y humildes beneficiarios de las misiones, represión contra manifestantes pacíficos, diatribas contra los medios de comunicación - ¿cómo el presidente muerto tuvo su RCTV, Maduro tendrá su Televen? - y, en el colmo de la manifestación de su salvajismo natural, partirle la frente con un cabezal de micrófono, lanzado con instinto asesino por mano cobarde, al diputado William Dávila en la AN cuyo presidente, Asustado Cabello, inconstitucionalmente, silenció a la bancada opositora, por negarse a reconocer a priori un triunfo que debe ser revisado. Lo que eleva la sospecha de ilicitud a límites siderales. Pues quien no la debe no la teme. ¿O será que sí la temen porque es mucho lo que deben? 

Y la calle retumbó

La respuesta del pueblo venezolano que votó por un cambio, por el progreso y por la reunificación del país – Venezuela somos todos - ha sido el de las clamorosas manifestaciones de calle y el más formidable cacerolazo – “el micrófono de quienes no tienen voz” - que se haya dejado escuchar por estos predios latinoamericanos, que se hizo sentir hasta en los barrios populares y en los refugios de damnificados, que acalla – y acallará - proclamaciones de emergencia, cadenas insolentes, amenazas de hordas criminales, cohetes mojados adquiridos con recursos públicos y tomas de posesión.

Y es que el momento tan esperado por quienes llevamos veinte años de lucha radical, intolerante, contra este proyecto de destrucción republicana de la nación, llegó al fin, al ser vencido el miedo, que era la herramienta de paralización del régimen, actitud que  socavó las filas del gobiernismo embustero y hambreador, con casi un millón de compatriotas – y vienen más – reconocidos y por reconocer, que lograron despertar del encantamiento del flautista desaparecido y carecían de opción, lo que exponencia la importancia de la tarjeta única.

Capriles encarna en este momento al líder – único liderazgo auténtico del país – que, aunque representa electoralmente esta mitad de la patria, que se opone a los designios de los hermanos Castro, también es la alternativa de esa otra mitad – depurada de la minoría corrupta, esquizofrénica y oportunista - que, aunque votó por la memoria del presidente muerto, no se calará sumisamente la ineficiencia de la mediocridad impuesta.

¿Pero cuál es la razón del árbitro?

No existe la menor duda de que el recurrente desequilibrio electoral lo ha estimulado el árbitro, pues si bien acudimos a las elecciones bajo unas normas pre establecidas, es cierto y comunicacionalmente evidente que fueron violadas por una de las partes bajo la mirada cómplice de las autoridades llamadas a hacerlas cumplir - como muestra el delito impune cometido por el inmoral alcalde de Maturín - que, por supuesto, afectaron el sufragio, lo que invalida el rasgar de vestiduras por la transparencia y limpieza del proceso.

El Comando Simón Bolívar entrego un voluminoso expediente de irregularidades que justifican ampliamente, no solo la revisión del cien por ciento de las papeletas – que fueron concebidas como físico auditable para garantizar que cada voto fuera fielmente adjudicado – los cuadernos de votación de cada mesa electoral y de las actas finales procesadas por la sala de totalización, sino la anulación, por viciado, del proceso electoral, si vergüenza hubiera. Para entender esta posición hay que haber sufrido el ventajismo electoral más descarado e impune del que se tenga noticia en la historia de la democracia continental.

Todas las elecciones realizadas en Venezuela a partir de 1999 llevan impresas el sello infame del abuso de poder, la coacción, el soborno y uso delictivo de recursos públicos del candidato del gobierno, por lo que sobre sus resultados pesó siempre la sospecha que invalida la legitimidad tan anhelada por la inescrupulosidad triunfante. Ninguno de estos chulos que en pos de las monedas petroleras han avalado estos desmanes, los hubieran permitido en sus países. Malditos buitres.

¿De parte de quién?

Una vez dilucidado que exigir constitucionalmente el cumplimiento de un derecho, no es “golpe de Estado”, aunque Maduro sostenga, como buen paladín de la mentira, la manipulación y el engaño que “aquí no hay oposición, sino conspiración”,  podemos asumir con toda propiedad que la sucesión chavista se enterró políticamente este histórico 14 de abril – por eso la grosera histeria de la elite - y comenzó una nueva historia con nuevo protagonista, pues el presidente muerto, muerto está, nosotros también somos millones y el madurismo no existe. Sale pa´lla.   

Rafael Marrón González


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13 de abril de 2013

ESTIMADO HENRIQUE



Según todos los indicadores de la lógica, la razón y el más elemental sentido común, además de la pasión despertada por su candidatura  durante su fulgurante campaña admirable, usted debe ser elegido mañana 14 de Abril, como presidente de la Venezuela unida por el bien común que todos los sectores ambicionamos – Venezuela somos todos - luego de oscuros y largos años de divisionismo y empeño de disolución republicana por la manipulación de la ingenuidad popular, con el perverso propósito de perpetuar en el poder una inepta élite neo oligarca que devastó lo construido sin construir absolutamente nada digno de mención histórica.

Y, aunque es innegable que usted conoce a cabalidad la exacta dimensión del reto que enfrenta –“esta lucha tiene un objetivo, la reconstrucción de la patria…” – no está demás enfatizar que la tarea de reconstrucción polimorfa – física, económica, moral, ética - que le plantea un país destruido en todas sus áreas por catorce años de ineficiencia, ignorancia, improvisación, corrupción, nepotismo y despilfarro irresponsable de ingentes recursos históricos para beneficiar pueblos extranjeros en detrimento de los venezolanos, tiene épica similitud con la emprendida en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, aunque también hay que recordar que de aquella devastación surgió en tiempo breve una Europa fortalecida que emprendió el camino de la paz indispensable para el crecimiento sostenido y sustentable, lo que estoy seguro ocurrirá en Venezuela con un gobierno eficiente, que gerencie por objetivos propiciando la confianza, comprometido con el desarrollo de la ciudadanía sin la estrafalaria demagogia parasitaria que muta a los pueblos en dependientes inservibles, atados a los caprichos políticos de los gobernantes de turno, obviando la poderosa herramienta del talento individual para superar la pobreza, que debe ser un estadio transitorio a superar y no un estático paraíso electoral para inescrupulosos populistas.

Así que debe ser prioritario, luego de conceder libertad plena a los presos políticos y permitir el retorno de los exiliados a su patria, el cumplimiento del artículo 87 de la Constitución vigente, violado por el gobierno anterior que determina de forma inapelable que “es fin del Estado fomentar el empleo”, pues una persona sin empleo es un ser incompleto de dignidad vulnerable, que deriva, tal el ejemplo cubano, en sumiso masificado, de conciencia colectiva, al servicio exclusivo de su supervivencia basal, sin verdadera noción ni de patria ni de democracia ni de libertad. Y un país con las diversas opciones productivas de Venezuela, es propicio para estimular la inversión que genere el progreso que del trabajo deriva.

Y en este proceso de reconstrucción física hay demasiado que emprender, tanto para reactivar lo demolido, devastado, arruinado, como para construir la adecuación modernizadora abandonada por catorce años de discurso retrógrado - “lo primero es la política” - que paralizó el ingreso del país al siglo XXI, como, para citar como ejemplos puntuales consumidores de mano de obra masiva, el puente a Margarita, llevar el Orinoco a Caracas y el Caura a Guri, desarrollar complejos hidroeléctricos en el Bajo Caroní, reparar la red de carreteras, culminar las autopistas pendientes y un plan ferroviario viable que abarate el transporte desde los centros de producción agrícola e industrial hacia los centros de consumo y exportación.

Con los recursos venezolanos que se regalan a países inviables por la esquizofrenia política que los gobiernan, es suficiente para llevar a feliz término estos ambiciosos proyectos, incluyendo dos millones de viviendas como hizo México en dos años bajo el gobierno de Vicente Fox. Para ello solamente es necesario rodearse de gerentes eficientes comprometidos con el éxito de la Venezuela productiva que todos ambicionamos – fuera pegafiches y adulantes, porque con aguacates no salen batidos de fresa.  

Guayana como artífice

Retomar el proyecto Guayana, cuyo emblema es Ciudad Guayana - capital del eje Orinoco/ Apure - sería el primer paso para incentivar el desarrollo empresarial industrial que a mediano plazo acompañaría a la industria petrolera como proveedora de divisas indispensables para el progreso material de la nación. Para ello es indispensable rescatar la CVG como ente ductor del desarrollo de esta vasta región que comprende los estados Bolívar, Delta Amacuro, Amazonas, Monagas, Anzoátegui y Sucre, potenciando, con el concurso de inversión extranjera, las empresas reductoras existentes, colapsadas hoy por el proyecto comunista enemigo de cualquier posibilidad de productividad independiente del Estado controlador, pero para ponerlas al servicio de decenas de empresas manufactureras que usen la materia prima para elaborar productos finales en oferta directa al consumidor nacional e internacional, pues Guayana, que pone electricidad, autopistas, puentes y puertos para desarrollar el norte de Brasil, quedó para vender mazapán de merey a los conductores de carga brasileños.

El personal asesor necesario existe -  para crear un consejo de coordinación - y con toda la disposición de poner su vasta experiencia al servicio de esta cruzada por devolver a Guayana el vigor perdido – tuvo en su momento el parque metalmecánico más importante de América Latina - por la mala praxis de un gobierno mentiroso, integrado por ignorantes elevados a niveles decisorios por su capacidad de obediencia ciega – “la incondicionalidad es un valor en el chavismo” solía asegurar Aristóbulo cuando lo era - que juran que patriotismo es arroparse con la bandera cubana y entonar el himno de esa nación en los actos oficiales.  

En conclusión

Usted se forjó al calor de la lucha política, por lo tanto la presidencia de la república no significa para usted ningún sobresalto, sino un reto para demostrar que es posible que funcione la justicia, sin adjetivos usurpadores – a cada quien lo que le corresponde – en democracia – también desprovista de calificativos – como vía expedita para enrumbar al país por la senda del progreso colectivo por el desarrolló pleno de las potencialidades de sus individuos, porque la patria, Henrique, es la gente y si queremos mejor patria es imperativo forjar mejor gente en la fragua del trabajo, el estudio y la responsabilidad.  

Rafael Marrón González
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6 de abril de 2013

¿RESPETAR A QUIEN “PIENSA” DIFERENTE?




Con la palabra “pensar” designamos las tres operaciones fundamentales del pensamiento lógico: concebir, juzgar y razonar. Pensar es, según Kant, una actividad intelectual por la cual el juicio forma los conceptos, por lo tanto “pensar es conocer por conceptos”, entendiendo el concepto, apelando a la definición sencilla del DRAE, como “determinar algo en la mente después de examinar las circunstancias”.

Y por esa manera de enfrentar las circunstancias – el hombre es él y sus decisiones – la civilización se ha erguido sobre mitos y tradiciones atávicas, generando el portentoso presente científico y tecnológico que disfruta la humanidad, aunque demasiados pueblos permanecen todavía en el oscurantismo medieval sometidos por la colosal fuerza atávica de la ignorancia y por la brutal dominación militarista, ambas aberraciones amparadas por el respeto por quien “piensa” diferente, y me pregunto qué se entiende, en estos casos, por “pensar diferente”, porque no es lúcido respetar “pensamientos” que lesionen la integridad de la persona, de la sociedad o de la civilización.

Los pueblos bárbaros someten a sus mujeres a la tortura infamante de la ablación del clítoris, porque “piensan” que las mujeres no tienen derecho a sentir placer. Los islamitas tienen derecho a asesinar a sus mujeres a pedradas o a deformarles el rostro con ácido, crimen en el que participan padres y hermanos, por sospechas de infidelidad.
¿Hay que respetar ese “pensar distinto” o atacar esos actos inhumanos con todas las fuerzas de la razón? Pero existen demasiadas barbaridades que se cometen y sobreviven, por esa estúpida alcahuetería de respetar a quien actúa supuestamente motivado por un modo de “pensar” diferente, así el acto no tenga ninguna relación con el pensamiento sino con la fuerza o la estimulación de la codicia, que entonces sería “pensar” con el cuerpo – obrar diferente - no con la mente, que piensa con manifestaciones ascensionales – arte y literatura, ciencia, tecnología y política auténtica – “pensar con palabras” como lo define y diferencia André Maurois en “Un arte de vivir”.

Igual pasa con la “opinión”, que es una manifestación valorativa particular, contaminada por cualquier cantidad de elementos subjetivos, la mayoría de las veces emitida sin razonamiento ni crítica previa, pero exige ser “respetada” por imbécil que sea. Savater se encargó de aclarar que es la persona que emite la “opinión” la que debe ser respetada, no “su opinión” la cual debe ser filtrada por el pensamiento crítico antes de ser admitida.

Sin embargo lo común es la insensatez de aceptar cualquier idiotez que diga un fulano, porque se lo dijo su abuela, y permitir que la babosada pase como valor intelectual. No logro entender cómo puede “opinar” alguien sin la más remota idea del concepto que manipula y, peor aún, sin la formación intelectual necesaria para poder enjuiciar y asumir por convicción, lo que origina inmensas contradicciones que quiebran la lógica.

¿Un comunista “piensa” diferente?


Gracias a esa conducta estúpida, porque va contra los valores y principios evolutivos de la humanidad, es que todavía existen, y tratan de imponerse, sistemas totalitarios antinaturales como el comunismo o socialismo de la mano de la más abyecta ignorancia, que pide respeto para quienes “piensan” diferente, como si fuera producto de la inteligencia imponer por las armas y por la coacción – sumisión por la supervivencia - un modelo de masificación que castra la individualidad - el motor fundamental de la evolución - elimina la propiedad y la recompensa – núcleos de la riqueza que destruye la pobreza - reglamenta la personalidad – castrando la creatividad - y, precisamente, criminaliza el autentico derecho a pensar diferente.

Pero lo peor es que los críticos de quienes nos oponemos a ese “respeto” suicida por un sistema militarista criminal – el comunismo es una secta de asesinos, ladrones y pervertidores de menores -  apelan a calificar como “intolerancia” lo que es un juicio de valor producto del razonamiento lógico, es decir de pensar.

No existe una sola evidencia histórica de alguna bondad del sistema comunista/socialista - su menor daño es incentivar el parasitismo social - sin embargo cómo atrae. Y qué fácil es ser líder de ese guión paradisíaco – pura teoría que en la práctica es inviable por ruinoso - que va en sentido contrario a la naturaleza humana, por lo que una de sus ofertas es crear un “hombre nuevo”, obediente y no deliberante, es decir que no se atreva, ni siquiera en la intimidad, a pensar críticamente sobre su situación de esclavo  de doble moral, que se torna característica propia del conglomerado resignado que comienza a reproducirse en felices voluntarios inservibles  y andrajosos, que renuncian al estímulo de su condición de seres pensantes, chapoteando en la miseria intelectual y física, matriculados de por vida en  el obrar unívoco, impuesto por el poder omnímodo – “lo que no está prohibido es obligatorio” - que se atreven a llamar igualdad.       

Solo si pienso existo

Hay que reivindicar el acto de pensar sobre opinar, que muchos confunden con una función orgánica – “a Chávez le inocularon el cáncer” - sobre todo en esta forma de hacer política, especie de lugar donde confluyen todas las atrocidades y son posibles todos los absurdos, sencillamente por la ausencia de pensamiento, sustituido por el dogma ideológico - definitivamente una enfermedad mental - el fanatismo de la ignorancia y la codicia que lleva a apoyar o a ser conmovedoramente indulgente con posiciones abiertamente totalitarias.

Un sencillo razonamiento nos indicará el sitio de la verdad: Si es tan bueno el sistema comunista/ socialista  y propende tal calidad de bienestar para todos por igual, por qué necesita someter a sus pueblos por la fuerza de la represión militar. Donde sea necesaria la fuerza no hay doctrina ni convicción. El socialismo / comunismo se sustenta en el poder de las armas – “la revolución es pacífica pero está armada”; “Maduro cuenta con el apoyo de la Fanb”- por lo tanto es un sistema que no piensa diferente, sino que obra a contrapelo de la razón.

Por eso el criminal desastre histórico de sus ejecuciones que la estupidez se niega admitir. ¿”Pensar” diferente? ¡Sale pa´llá!

Rafael Marrón González


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25 de marzo de 2013

LA CONSPIRACIÓN DEL FRAUDE



El fraude ha consistido en instalar en la mente de demasiados opositores el convencimiento del fraude que estimula la estéril y colaboracionista abstención, una manera insensata de protestar cediendo un derecho, pues si el fraude es una convicción legítima, la lucha de calle es la solución. Y esta conspiración del fraude tiene ideólogos inmutables que han obtenido reconocimiento social por haber tenido, supuestamente, razón, en cada pérdida electoral.

Es innegable el ventajismo grosero del oficialismo, el uso descarado de los recursos públicos y la absoluta falta de higiene moral que ha caracterizado la participación electoral del liderazgo oficialista, cuyo fin último es el poder. Que si el pueblo opositor hubiera tomado acciones contra cada evidencia de esa amoralidad los abusadores no se atrevieran a seguirla cometiendo. Sin embargo el descaro de sus acciones ha redituado pingües beneficios electorales a los infractores de la ley, que ya actúan como si fueran correctos, legítimos y legales sus desafueros. Y así se ha impuesto silenciosamente la conspiración del fraude.

Los electores no asumen con firmeza que hemos perdido porque no hemos logrado los votos suficientes para ganar, estimulando los liderazgos particulares, sino que “nos robaron”, como a niños, una y otra vez. De nada vale esgrimir el argumento contundente de que cuando los hemos obtenido nos ha sido reconocida la victoria. Los obtuvimos para la Asamblea Nacional, pero los líderes de la oposición aceptaron concurrir con unas reglas inversas – quien saca más votos obtiene menos diputados – cuando en condiciones normales se retiraron de las elecciones, entregando la Asamblea en pleno a la inescrupulosidad política.

Los obtuvimos cuando el remiendo constitucional que imponía el Estado comunal. Y, así, los hemos obtenido en distintas gobernaciones, que se nos han asignado, como la de Miranda, en plena arteria coronaria del antiguo chavismo. Y esto no significa que esté otorgando patente de pulcritud al CNE, pues ha sido su rectorado – con la excepción de Vicente Díaz - el que ha lanzado sobre la institución el velo de la sospecha – “la mujer del César además de ser honesta debe parecerlo” -como colocar la bandera de Cuba en sus instalaciones o portar la presidente un brazalete guerrillero en el antebrazo, como si estuviera en las selvas colombianas. O secuestrar la sala de totalización. O permitir que sea salvajemente agredida por el sicariato del régimen, una marcha estudiantil pacífica que pide elecciones limpias. Y lo más pernicioso de todo, no poner límites a los abusos del gobierno.

Quizá por cobardía, pero es nuestro deber traducirlo en duda de complicidad, pues “llamarse jefe para no serlo es el colmo de las miserias”. Pero reconocer esta anormalidad - “eso es lo que hay” - no tiene por qué mutar en abstención colaboracionista. De lo que se trata es de admitir que nuestros testigos han sido muro de contención, que los organismos de organización de la oposición no se están vendiendo ni pactando con el adversario “por un puñado de dólares”, y que si algo necesitamos es más participación ciudadana en la conquista de nuevos electores y su movilización hacia los centros electorales, el cuido de las mesas y la protección y atención de los testigos.

Participar ha sido inteligente

Gracias a nuestra participación electoral colocamos sobre el tapete universal que la mitad del país está en contra del totalitarismo que roe nuestra institucionalidad, lo que desmonta el mito de la hiper publicitada aclamación socialista. Y logramos detener durante catorce años la imposición del sistema cubano en nuestra vida republicana, que es un triunfo nada desdeñable.

La abstención es el fraude

La abstención  es una conspiración contra la democracia. Si hay elecciones hay que votar. La abstención es un acto de protesta contra un mal gobierno como el de Maduro, pero es ilógica como ejercicio opositor. Y en la actualidad no hay excusa alguna para mezquinarle nuestra participación a un líder que se ha empinado por encima del asqueroso ventajismo - que hoy carga una urna de tarima - logrando como piso una votación histórica.

Henrique Capriles ya no es un candidato de oposición, es el presidente que la nación – madurista y no madurista – necesita. Es el factor aglutinante que garantiza la paz imprescindible para vencer las dificultades económicas creadas por el gobierno del cual Maduro es responsable directo. Es un líder con un proyecto político y social incluyente, viable y admisible por todas las partes. Es un gerente probo y eficiente con resultados demostrables, incomparables con las lamentables ejecutorias del candidato continuista de las desastrosas políticas públicas del gobierno anterior, con el atroz hándicap de no ser el presidente muerto, que por lo menos mantenía la paz social por su relación idolátrica con el pueblo chavista.

Capriles es un presidenciable ajeno totalmente al caudillismo fascista que impera en las filas del gobierno. Y sus ejecutorias como alcalde y gobernador marcan sustancial diferencia con la providencialidad que, desde 1999, pauta la gestión pública tanto del gobierno del presidente muerto como del gobiernillo de su radical aspirante a sucesor, que en cien días de ejercicio devaluó la moneda, incrementó la inflación y la escases, y al hampa le soltó las pocas riendas que tenía. Si el pueblo necesita alguna prueba de su ineptitud, estos cien días son contundentes. Maduro no sirve. Y el asunto es con Maduro, no con el presidente muerto.   

Para árbitro parcializado, victoria contundente

Así que hay que ir a votar contra viento y aguacero. La patria clama por su dignidad y soberanía mancilladas por la postración ideológica ante un gobierno extranjero. Así que tu voto es confirmación de fe democrática y, parodiando a Celaya,  un arma cargada de futuro, pues, como me dijo un amigo que ama esta patria: “los malos gobiernos son electos por los buenos ciudadanos que no van a votar”.

Rafael Marrón González
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17 de marzo de 2013

MADURO Y EL GOBIERNO ANTERIOR




Si alguna vez fue cuestión de vida o muerte para la república acudir a votar es en estas elecciones del próximo 14 de abril, pues el candidato del gobierno anterior, Nicolás Maduro, es una herramienta política de los seniles hermanos Castro, que necesitan el petróleo venezolano más que el oxígeno para que su ruinosa revolución pueda seguir respirando.

Sin los dólares imperiales que la irresponsabilidad chavista derrama sobre Cuba, en detrimento de los venezolanos, no existiría socialismo ni fidelismo en Cuba, pues a la llegada del presidente muerto al poder ya Fidel estaba en brazos de los gringos. Y Nicolás Maduro no es el candidato del presidente muerto sino de Raúl Castro, Por ello este candidato embustero / vendido y paquetero, tiene que ser derrotado por la racionalidad y la lucidez del pueblo.

Sabemos que Henrique Capriles enfrenta la inmensa y multimillonaria maquinaria estatal, usada sin vergüenza ni escrúpulos, ni observancia de la ley ni de la Constitución por el candidato del gobierno anterior, cuyo comando de campaña está integrado por burócratas del régimen. Sin embargo han sido tan cuantiosos y dolorosos los embustes que ha metido al país chavista y no chavista, este candidato de la inflación, el desabastecimiento, el hampa desatada, el desempleo, la falta de viviendas y “una infraestructura en decadencia y parte de producción de crudo hipotecada a los chinos”, que su campaña se limita a tratar de engatusar al pueblo, envuelto en el sudario del presidente muerto, para que no perciban la tristeza de su figura insípida de lengua entaparada y cerebro en duermevela – “abran más el telepronter” -  sino la visión ectoplásmica del presidente muerto, pero  a pesar del disfraz - ¡a qué no me conoces¡ - y de sus esfuerzos balbuceantes, el pueblo sigue viendo un bulto sin carisma ni credibilidad que se desvanece cuando se apaga la luz.

Maduro no es el presidente muerto. Por mucho militarismo que lo rodee. Y por mucho “yo soy el comandante en jefe”. Y lo está percibiendo en la mezquindad de los aplausos. Y esto pasa porque cuando dice al pueblo que va a combatir el hampa porque “la familia venezolana merece vivir en paz”, está atacando al gobierno del presidente muerto, del cual fue vicepresidente, que durante catorce años no levantó un dedo para reducir ese flagelo asesino que costó la vida a 150.000 venezolanos – ya en el gobiernillo de Maduro van 2.000 según diputada de Carabobo.

Un candidato presidencial atado de pies y manos, porque cualquier alusión a cualquiera de las penurias que sufre a diario el pueblo devoto del presidente muerto es un insulto a su memoria inmortal de ídolo que vivirá por siempre – cual Pedro Infante -  según el cronograma oficial. Pero el sol no se puede tapar con deseos. Porque esto lo sabe hasta el gato de Cilia: La situación socioeconómica del país es culpa de la falta de gerencia y probidad del gobierno anterior. Y en la actualidad hay inflación y desabastecimiento porque el gobiernillo de Maduro devaluó la moneda en un 46,5%, y fue el gobierno de Maduro porque  Argénis Chávez – y no tengo porque dudar de su palabra -  asegura que el presidente muerto sufrió un derrame cerebral durante la operación en Cuba.

¿Entonces, cómo es que autorizó con su firma la destrucción del poder adquisitivo del salario de los trabajadores? Esa traición al movimiento obrero no la hubiera cometido jamás el presidente muerto, sobre todo porque esa devaluación favorece los grandes capitales, incluyendo los de la godarria chavista. Y eso significa que, a pesar del endoso del presidente muerto, ese cheque es incobrable.      

La hora de Capriles

Maduro, cautivo en su media hora de fama inconcebible – “jamás se vio un elefante volar” - se limita a insultar la soltería de Capriles, lo que multiplica la imagen del candidato de las fuerzas democráticas que si puede atacar con la energía de la verdad las fallas estructurales en materia social y económica del gobierno anterior y el del propio Maduro, que gobierna al país desde el 10 de diciembre del 2012 y su única gesta revolucionaria fue meterle la mano al bolsillo al pueblo venezolano para tratar de tapar el gigantesco hueco fiscal que la irresponsabilidad en el manejo de la casa pública ocasionó, con los mejores ingresos petroleros de la historia.

Así que esta es la hora de Capriles - y de nosotros los demócratas – en una versión siglo XXI de la Campaña Admirable de nuestro egregio Simón Bolívar, el único libertador. Y Capriles lidera, nada menos, que una gesta liberadora de la satrapía cubana, cuyas garras infectas hunden sus uñas en la dignidad de la patria, con la anuencia del servilismo ideológico, “inmaduro y descabellado”, y cuenta con la participación entusiasta y voluntaria de millones de conciudadanos, para quienes es imperativo moral el rescate de la soberanía nacional mancillada, y consideran la libertad un derecho natural irrenunciable, y, al respecto, recordamos las palabra de Bolívar en el Manifiesto de Carúpano: “No son los hombres vulgares quienes pueden entender el eminente valor de la libertad”.               

En conclusión

Vamos a aglutinar voluntades en la senda democrática hacia la libertad, apartando a los “duros” que consideran la participación electoral como “legitimar al régimen” sin presentar ni evidencias del fraude ni alternativas viables, y votemos masivamente contra este aliado del mal de la felicidad.

No olvidemos que el presidente muerto no es el Cid.  Estoy consciente de las dificultades abrumadoras que enfrentará Capriles en la presidencia, dada la maraña de complicidades de la secta que mantiene secuestradas la institucionalidad, sin embargo somos mejores y tenemos razón, y esa fuerza derrumbará obstáculos en la medida de su aparición. Por los momentos lo importante es que arranca Capriles con siete millones de votos  y el candidato del gobierno anterior tiene que buscar los suyos, por ello debemos convencernos y convencer de la inmensa importancia de acudir a votar el 14 de abril, ya que se trata de arrancar de las manos del sicariato político de los Castro, la integridad republicana de la patria de Bolívar. La abstención contra Capriles es un crimen de lesa patria en este momento histórico. Sale pa´llá.            

Rafael Marrón González
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10 de marzo de 2013

MEMENTO HOMO…



“Hubiera preferido otra muerte”, expresó Carlos Andrés Pérez ante el Congreso de la República cuando las ambiciones subalternas de su propio partido estimularon su defenestración, propiciando estúpidamente la muerte de la democracia liberal en Venezuela y el ascenso de la barbarie que hoy chapotea encharcando el futuro de la patria de Bolívar.

De esa misma manera hubiera deseado la muerte política para Hugo Chávez y no ese escape por la tangente que le prodiga honores cómplices y lágrimas inconsolables, tanto de la chulería de sus parapetos latinoamericanistas, como de la ingenuidad que medra en las orillas de la miseria sustentada con becas y misiones empobrecedoras.

Me indigna que la muerte haya intervenido groseramente en los asuntos políticos internos de este país. Hugo Chávez era un problema nuestro no de la muerte. Pero ahora, por esa estúpida intervención, este hombre al que las circunstancias, no las decisiones, otorgaron el poder más absoluto y discrecional que detentara gobernante alguno en esta nación, entra al altar de la patria, cosa que no me perturba, al recordar el destino  del cadáver embalsamado de otro caudillo de similares características, Vladimir Lenin - “ay del hombre que de pueblo fíe” - sin embargo me hubiera gustado mucho que mis veinte años de lucha radical, intolerante y frontal contra este caudillo militarista – y sus acólitos inmorales y  corruptos -  que impuso el parasitismo social como aspiración plena de un pueblo confundido en su ingenuidad, hubiera desembocado en la derrota por el convencimiento político del fraude que en verdad fue su propuesta autocrática pivotada en el azar de los precios peroleros que pagan los países capitalistas, verdaderos sostenes de su régimen.

Que otro gallo hubiera cantado si la cotización de la cesta que afectó al débil Rafael Caldera se mantiene en los primeros años de consolidación del neo caudillismo chavista. Pero así es la vida. Chávez está muerto. Murió de muerte natural. En una escenografía cheispieriana. Rodeado de afectos y ambiciones. Pero eso sí, entre las penumbras de la mentiras y el engaño al pueblo que hasta el último minuto aseguraba que regresaría. “No me dejen morir” sostiene un edecán que le escuchó susurrar en sus últimos instantes al moribundo privilegiado con los portentosos recursos tecnológicos y científicos que ni en sueños recibe ningún venezolano afectado por el mismo  mal, que debe sufrir adicionalmente la falta de insumos en los destartalados hospitales públicos.

Chávez no murió asesinado como las víctimas del 4F y del 11 de Abril o como los mártires de la Plaza Altamira. Ni dejado morir como a Franklin Brito, virilmente inmolado por sus convicciones. Sencillamente muerto, como muere cualquier hijo de vecino. Desconectado por decisión familiar para aliviar el horrido sufrimiento al que fue condenado para segregarle impíamente poder a sus latidos mecanizados.

Pero, como no soy afecto a los rituales de la hipocresía ni encuentro virtudes ocultas en quien pudo ser justo y decidió no serlo y se negó a gobernar para todos los venezolanos, dividió al país en bandos irreconciliables y prefirió privilegiar gobiernos extranjeros de similar sectarismo antes que invertir seriamente en combatir la pobreza nacional que nos conmueve, debo manifestar que, por mucho que lo acunen al lado de Bolívar, no escapará al juicio inexorable del tiempo, que es un océano en el cual solo flota la verdad.

¿Chavismo sin Chávez?

No existe chavismo sin Chávez con alguna posibilidad de éxito. Porque no existe pollo con dos cabezas ni el chavismo es una Hidra intelectual. Una vez cortada la cabeza el cuerpo del pollo queda saltando hasta, que perdido el reflejo condicionado, se congela.

Chávez se encargó personalmente de impedir que cualquier pensamiento propio le hiciera sombra. Tal como con el Che y Camilo hiciera Fidel – el monstruo que le indicó lo que “podía” hacer y no lo que “debía”. Nunca tuvo a su lado quien se atreviera a recordarle que era mortal, que polvo era y en momia se convertiría. Por ello, bajo el inclemente trópico el cuadro es deprimente:

Un grupete estupefacto por la real ausencia omnipresente, escudado detrás esa ficción utilitaria que mientan “pueblo”, colectivo que sufre el ahogo consecuente de las pésimas políticas económicas del ahora gobiernillo, con un discurso que destila violencia y odio – debajo de la fina seda siempre la mona - para ocultar la amargura y el miedo que lo embarga.

Todos esos gobiernos de mano saqueadora, que se aprovecharon hasta el asco de la inescrupulosidad en el manejo discrecional del tesoro púbico, serán espaldas en el horizonte. Y Raúl Castro asumirá, ya sin pudor alguno, las riendas de Venezuela por interpósita persona, por ello - eso derriba el mito del nacionalismo chavista- Nicolás Maduro – el más obsecuente a los lineamientos castristas - fue designado candidato a suplir la ausencia de Chávez por el voto emocional, como próximo presidente de la república, si la lucidez no dispone otra cosa.     .       

Ya Chávez no existe…

Sin embargo, sorpresas intuyo: Pues, mientras Chávez mantuvo las riendas del poder, el pueblo chavista sufría los rigores de la incompetencia del gobierno y de las miserables políticas socialistas, bajo la fe de que “Chávez no sabe”. Porque para ese pueblo que mutó a Chávez en una deidad que solamente podía querer su bienestar, todos sus problemas derivaban del desconocimiento que de ellos tenía Chávez. Pero ahora Chávez no existe. Y el gobierno volverá a ser responsable directo de las penurias populares que son muchas y variadas.

Pronto se verá obligado a arremeter contra el país entero cuyo recalentamiento suena a protesta multitudinaria, pues no hay ni un solo segmento poblacional que no esté afectado por el corrosivo virus socialista que no paga prestaciones sociales ni salarios al día, destruye la producción nacional, hipoteca las reservas petroleras y despide trabajadores obviando impunemente la inamovilidad laboral. Y esa verdad resquebraja la romántica entelequia que les redituó catorce años de godarria champañizada. Tic tac.  
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