Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

27 de marzo de 2010

¿El Mandela venezolano?

Los hombres de poder desprecian su necesidad de asesores corajudos que les digan la verdad y les impidan cometer actos reñidos con la prudencia que debe caracterizar las ejecutorias de un Jefe de Estado. Lamentablemente los hombres de poder son el reflejo de las íntimas perversiones de los pueblos, entre ellas la ignorancia. Hitler, por ejemplo, no fue más que el intérprete de la locura colectiva que afectó al pueblo alemán en aquella hora menguada para su grandeza. Hora en que solamente los aristócratas salvaron su honor para la historia. Hitler no tenía asesores sino incondicionales no deliberantes. Y el crimen campeó. Es la verdadera soledad del poder. Y es que hasta los jefes mafiosos tienen a su alrededor asesores que les señalan las inconveniencias de realizar acciones que pudieran comprometer su fachada ante la sociedad.

El general Páez, precisamente por esa carencia de hombres probos a su alrededor, cometió un crimen execrable para su historia de fundador de la República y héroe de la Independencia americana, al ordenar el fusilamiento de dos prisioneros políticos, los generales federalistas Herrera y Paredes, en venganza por la salvajada cometida por las tropas federales en la batalla de Chupulúm, cerca de Petare. Y ese crimen se llevó a cabo sin que nadie opusiera la más leve resistencia. Todos fueron excesivamente diligentes para cumplir aquella orden atroz. Cualquier dilación u oposición razonada le hubiera evitado al Héroe de las Queseras del Medio y Carabobo ese oprobio sobre su brillante hoja de servicio. Level de Goda sentencia que ese acto fue una señal de la decrepitud de Páez.

Así la historia registra los desmanes de todos los hombres de poder que en el mundo han sido, atribuyendo un porcentaje de la culpa a los oportunistas y validos que los rodean y estimulan sus desvaríos, en lugar de cumplir su deber moral de mantenerlos en el cauce de la responsabilidad cívica y los dejan despeñarse al desastre ético y moral. Y es que del hombre de poder dimana un aura poderosa de autoridad incontrovertible, que instiga la servidumbre voluntaria capaz de llevar a cabo las órdenes más sórdidas o aplaudir los dislates más ridículos.

Pero esa carencia también ha afectado a no pocos hombres de Estado: Como Carlos Andrés y Lusinchi, a quienes los áulicos aplaudían el envilecimiento del solio presidencial, al elevar a sus amantes a posiciones de control que enlodaron la historia de estos líderes forjados al calor de la lucha contra la feroz dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez. Los adulantes cavaron el sepulcro de su historia, destruyendo con ellos la democracia liberal que comenzaba a surgir. Por ello, lo que presenciamos en la actualidad en Venezuela con el caso de Chávez, que es una entidad totalitaria, es la absoluta falta de sindéresis asociada a una corte perruna de hombres inservibles, cuya sumisión asquea, y a un anillo de extranjeros, supuestos asesores, sin comprensión de la venezolanidad, indiferente a la suerte moral del protector económico del régimen cubano.

Por lo tanto comete disparate tras disparate, que lo convierten en flanco de ataques que han minado a tal grado su prestigio, que ya la burla a sus expensas es el común en los escenarios internacionales, que también han comenzado a cuestionar seriamente su talante democrático y a tomar en serio su presunta peligrosidad para la estabilidad de la región. Cuando tomó la decisión de ordenar la prisión de Oswaldo Álvarez Paz – un líder de la social democracia mundial, excandidato presidencial y figura relevante de la política nacional – no tuvo a su lado alguna voz que le impidiera cometer tal sandez.

El “Mandela venezolano”

En una oportunidad vaticiné en este diario la inminente prisión de Manuel Rosales y me preguntaba si sería “el Mandela venezolano” o se pondría los patines para huir como Chávez esperaba. Huyó – y nadie puede juzgar esa acción, pues la cárcel, en regímenes como éste, es “el sepulcro de los vivos”, como bien lo suscribiera Dostoievski. Sin embargo, el doctor Oswaldo Álvarez Paz enfrentó con entereza el calvario judicial incoado en su contra por un solitario Chávez desquiciado por la ira, que suele ser muy mala consejera. Y así, con ese acto irracional, Chávez acaba de crear un rival de mayor estatura continental que la suya, con suficientes méritos, convicción democrática y redaños para propinarle una derrota contundente, al que faltaba la victimización para empinarse como mártir de la resistencia.

Álvarez Paz, al cruzar el umbral de su prisión, flanqueado por gendarmes ostensiblemente respetuosos, ha dado el primer paso hacia su conversión en el “Mandela venezolano”, cuyo destino será conducir la República, a partir del 2012, hacia una época de paz, progreso y concordia. Los jóvenes que hacen vida pública en las redes sociales se han erigido en difusores de su imagen. Todos los avatares de Noticiero Digital amanecieron sustituidos por una fotografía de Álvarez Paz, por ejemplo.

¿Qué fue lo que dijo que tanta ira causó?

Uno de esos personajes inservibles que pululan a las sombras del poder, para congraciarse y conseguir alguna canonjía, manifestó que Álvarez Paz sería juzgado por “traición a la patria”, y me pregunto si este adulante está enterado de la existencia del artículo 464 del Código Orgánico de Justicia Militar, que define las acciones que configuran traición a la patria, como someter a la república a actos de ruptura de relaciones diplomáticas.

Oswaldo Álvarez Paz ha sido imputado – sin derecho a ser juzgado en libertad, lo que sí se aplica a cuanto delincuente atrapa la policía – por los graves delitos de conspiración, instigación pública a delinquir y difusión de información falsa. Los “jueces del horror” siempre encontraban formas jurídicas para cubrir las injusticias, abusos y excesos del poder.

Es la antigua fábula del lobo y el cordero, mediante la cual Esopo sentenciaba que de nada valen los argumentos del débil cuando el poder decide actuar en su contra. Oswaldo Álvarez Paz no dijo nada que la prensa mundial no haya estado reseñando desde hace mucho tiempo, lo que ha sido exacerbado por la declaración de un juez de la Audiencia Nacional española con relación a la organización terrorista ETA – declarada objetivo militar por el gobierno francés - que supuestamente mantiene como refugiados unos cuarenta miembros en Venezuela, comprobándose que al menos dos de ellos ocupan cargos de alguna significación en el gobierno. Y Chávez sabe – y por eso su iracundia contra Álvarez Paz - la delicada situación a la que lo han llevado sus temerarias declaraciones de reconocimiento a las FARC como grupo beligerante, una organización vinculada al secuestro y tráfico de estupefacientes, declarada terrorista por 32 Estados, entre ellos los integrantes de la Unión europea, los Estados Unidos y Canadá.

Está consciente, también, de su precaria situación jurídica ante la Corte Penal Internacional por casos relacionados con la violación de los Derechos Humanos y no puede negar su preocupación por la calificación que está recibiendo Venezuela como importante “autopista para el tráfico de drogas”, no sólo por los Estados Unidos, como falsamente arguyen, sino por España, Inglaterra, Francia, Portugal y países africanos. Así que lo que dijo Álvarez Paz por Globovisión golpetea de día y de noche la psiquis de Chávez - ¡terrorismo, narcotráfico, derechos humanos! - porque son hechos que ya el mundo considera harto evidentes y que pueden, en cualquier momento, desembocar en acciones jurídicas por plena prueba. Y si en verdad quiere encontrar un culpable, éste no está en Álvarez Paz sino en su entono de incondicionales, incluyendo a algunos presidentes latinoamericanos, como Lula, que lo ha usado para erigirse por contraste en la exorbitancia de “estadista mundial” y lo llama en privado, con desprecio, “el loco Chávez” - que le apoyan y aplauden cualquier estupidez, hasta auto inculpadora, con tal de mantener los privilegios que el ejercicio de un poder incontrolado les prodiga.

Pero también debe revisar su ego desmesurado, que ha contribuido a desarrollar el cáncer que destruye sus defensas: Se cuenta, por ejemplo, que la salida de José Vicente Rangel de su cogollo, fue por atreverse a recomendarle que tuviera cuidado con la forma con la que dispone del tesoro público, pues le podría acarrear sanciones judiciales en el futuro. Dicen que el que va a caer no ve el hoyo, pero hay algunos que caen porque simplemente subestiman la peligrosidad del hoyo.

En conclusión

Siempre me pregunté cuando Chávez iba a pisar el peine y a enviar a la cárcel a alguien de suficientes quilates como para surgir como el líder que aglutinaría la oposición a su régimen, para elevarse como el próximo Presidente democrático de la República de Venezuela. Lo acaba de hacer.

1 comentarios:

Alejandro Ernesto Pravia Álvarez dijo...

Yo sólo pienso que todo este proceso de descontrol, descaro y mediocridad política, así como dices ciertamente que es un reflejo del colectivo, es algo necesario, acá la gente es inconsciente y al igual que la política y que la actitud del presidente, hemos hecho lo que nos ha dado la gana con el país. Es hora de volcar nuestra cultura hacia un lado más conciente, ordenado y cooperativo.

Interesante publicación.