Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

3 de agosto de 2013

¿BRAVO PUEBLO?, SI OH


Aristóteles calificó la demagogia como la adulación al pueblo. Es una práctica política nefasta que a través de un discurso adobado con promesas imposibles, pero que el pueblo desea creer, logra conquistar y mantener el poder aún en contra del interés general. El asturiano José Tomás Boves fue el primer caudillo en practicar con excelentes resultados la demagogia en estos tierreros conceptuales. Fue un espontáneo surgido de las entrañas de la guerra, erigido en reivindicador de las clases oprimidas, a quienes ofrecía en venganza y fortuna, la eliminación de todos los blancos venezolanos, para crear una nación, bajo su suprema autoridad de blanco europeo, de indios, negros y mestizos, a quienes en el fondo despreciaba:

Cuando Cajigal le reclamó la excesiva pérdida de vidas en su ejército, contestó que no tenían importancia “porque eran venezolanos”. Y en la respuesta no existe contradicción porque todo demagogo en su interior desprecia que su poder emane de la ignorancia.

La consigna ha sido copiada por otros caudillos como el esclavista Ezequiel Zamora, también pulpero como Boves, que reclutaba tropas para la ¨feberación¨ bajo el señuelo de ir a Caracas a matar a todos los blancos, y además, a todos los que supieran leer y escribir, como expedito método de igualdad social, amparados ambos bajo el mito simplista de la propiedad de la tierra como mágico factor de riqueza. Nada más destructivo que la ignorancia convocada, para la que hay que pedir perdón porque no sabe lo que hace.

Lo cierto es que la demagogia ha redituado pingües beneficios a no pocos políticos, y pre políticos como los actuales que detentan el poder. Mientras el pueblo, cuyo lomo exuda poder omnímodo, es mantenido en la ignorancia necesaria para su permanencia en la pobreza estructural que lo hace fácil presa del discurso populista, en un infame ritornelo infinito.

Soy testigo de primera línea del triste desgaste de los dirigentes comunales, en su tránsito incansable por la utopía del vivir sin trabajar – vivir viviendo - aferrados a una mugrienta agenda de hace quince años. Pero, cuánto orgullo les infla el pecho, asumidos por la perversa mentira que les hace creer que en su miseria subsidiada reside la soberanía que mantiene en la opulencia a la nomenklatura revolucionarios. 

Los asesinos eran venezolanos

Es imperativo, en puridad histórica, insistir en que no son extranjeros los que violan, saquean y asesinan salvajemente en esa época, son venezolanos ignorantes, sin conciencia de Patria, acicateados por la codicia que les promete venganza y fortuna, estímulos prodigiosos para las almas viles.

En memoria de sus víctimas un recuerdo para la barcelonesa Carmen Mercie, sacrificada a lanzazos en el Altar Mayor de la Ermita del Carmen, en Barcelona, por un salvaje realista venezolano, para sonrojo de la patria, llamado Pedro Rondón (a) Maruto. La intelectualidad venezolana sucumbió en las infames degollinas de la salvaje horda ignorante de los venezolanos de Boves y Morales y en los campos de batalla; pintores, músicos, como Juan José Landaeta, poetas, cronistas, escritores, juristas, como Miguel José Sanz, jóvenes valores del pensamiento, todos murieron en esta hecatombe insensata, y con ellos trescientos años de civilización.

Venezuela quedó reducida a la miseria moral e intelectual en manos de voluntades primitivas. Por eso no existe presencia del pensamiento venezolano en las expresiones culturales latinoamericanas de entonces. Le costaría doscientos años recuperarse. Y hay todavía, en ciega ignorancia histórica, quien base su discurso político en la estimulación demagógica del resentimiento social.

Bolívar opina al respecto en el Manifiesto de Carúpano, el 7 de septiembre de 1814: ¨Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramando vuestra sangre, incendiando vuestros hogares, y os han condenado a la expatriación. Vuestros clamores deben dirigirse contra esos ciegos esclavos que pretenden ligaros a las cadenas que ellos mismos arrastran; y no os indignéis contra los mártires que fervorosos defensores de vuestra libertad han prodigado su sangre en todos los campos, han arrostrado todos los peligros, y se han olvidado de sí mismos para salvaros de la muerte o de la ignominia. Sed justos en vuestro dolor, como es justa la causa que lo produce¨.

Revival histórico

Y los herederos de aquellos soldados de Boves y Morales, convencidos por la historiografía demagógica de su eminente participación en el triunfo republicano - olvidan los historiadores contarles como tenía Bolívar que amarrarlos en las noches para que no se escaparan o las veces que tuvo que diezmarlos o que se vio obligado a buscar tropas en la Nueva Granada o que Páez solo llevó a Carabobo 1.500 llaneros cuando Boves llegó a comandar 12.000 - son los que integran las huestes devastadoras que pretenden borrar todo vestigio de civilización en la Venezuela del siglo XXI, surgida de las aulas universitarias una vez silenciados los campos de batalla.

Perversamente, para preservar el poder por la riqueza, en manos de una logia de iniciados carcomidos por la codicia más desaforada de la que tengamos noticia, se concede a la ignorancia atrabiliaria la impunidad para destruir los cimientos del derecho que sustenta la democracia. Y lo triste, que a cambio de su sumisión a la barbarie lo mantienen controlado en colas eternas para procurarse los bienes que antes de este proceso, estaban al alcance de su tiempo en cualquier estante de su barrio. Su única satisfacción real es poder vejar impunemente, con felicitaciones del poder, a los causantes de su envidia atávica, cuya superación es asunto de voluntad y esfuerzo individual.

Cada vez que observo esas sumisas colas infames, repletas de hombres y mujeres en edad productiva, a las puertas de los abastos de nombre heroico o por una bombona de gas o a la espera de transporte o para cobrar una “misión”, y la entrega genuflexa de los beneficios contractuales de los obreros del Estado, recuerdo la estrofa “gloria al bravo pueblo” y me dan ganas de reír. Sale pa´llá.

Rafael Marrón González



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LA IRA DE LOS DIOSES



En una de sus imitaciones del caudillo fallecido, experto en inventar atentados de oropel, el señor Maduro amenaza con la “ira de los dioses” “si ellos llegaran a hacerme algo a mi”. De idéntica manera suelen amenazar los malandros a sus víctimas aterrorizadas: “Yo soy tu dios, yo decido si vives o mueres”. Esa sensación de estar ante sus dioses sentiría el cabo Diosny Manuel Guinand cuando era asesinado, nada menos que, supuestamente, por  un teniente coronel, un primer teniente y un sargento primero de la guardia nacional. Dioses todopoderosos ante cuya omnipotencia la vida del humilde soldado no valía nada.

Esa es la ira de los dioses que acabó con la vida de 4.500 venezolanos durante los primeros cien días de gobierno del tronante Nicolás y de su Plan Patria Segura, que por los resultados desastrosos evidencia la intención solapada de militarizar las calles, no vaya a ser cosa. Y es que por toda la república se observan los escombros de la ira de los dioses que se abatió sobre este pueblo ingenuo y esperanzado. La ira de los dioses acabó con el papel tualé, entre muchos rubros de primera necesidad, y dejó los anaqueles de los supermercados, incluyendo los suyos, repletos de peroles plásticos. Y fue la ira de los dioses la que acabó con las posibilidades de empleo digno -estabilidad laboral, salario justo, prestaciones sociales y movilidad social - en el campo y la ciudad.

La ira de los dioses, que entregó la Faja del Orinoco a las transnacionales y PDVSA a los chinos, como también Guayana, si nos dejamos; aventó a los profesionales universitarios a la buhonería para poder subsistir y a los profesores de las universidades a la calle en una huelga indefinida exigiendo salarios acordes con la inflación desatada por la ira de los dioses, que como langostas le cayeron a esta patria cuyos estudiantes han perdido la fe en el futuro y abandonan las aulas del progreso por desarrollo - los dioses de la ira han endeudado de tal manera irresponsable la nación que pasarán generaciones para recuperarse  - para insertarse en la incertidumbre informal de la sumisión por la supervivencia, donde se encuentran estancados los trabajadores, cuyos beneficios laborales y contratos colectivos han sido disueltos en la precariedad por los dioses de la ira, engendros llenos de resentimiento social, odio contra todo quien destaque  y envidia contra la Venezuela que se erguía orgullosa – sin obviar las contradicciones - ocupando un lugar privilegiado en América y el mundo, porque su incompetencia estructural los hacía inservibles para la conducción gerencial de sus instituciones y empresas, como ha quedado demostrado luego de su paso de 15 años por el manejo del Estado, con el resultado que está a la vista de todos:

Fealdad, malos olores, contaminación, delincuencia oficial y privada, crímenes horrendos, secuestros, escasez, deterioro y pobreza. Tome al azar cualquier ciudad de Venezuela y comprobará lo que sostengo: Lo que se respira es miedo. Dígame Caracas. Y tiene Nicolás la desfachatez de amenazar con la ira de los dioses si le pasa algo, cuando es uno de los consentidos dioses de la ira que devastaron, física y moralmente, la nación, pero, gratuitamente, por maldad y estupidez, porque Venezuela nada les hizo para recibir tanto mal, tanta ingratitud.

Es que me parece oír al poeta Andrés Eloy Blanco: “…Los cuatro que aquí estamos nacimos en la pura tierra de Venezuela, la del signo del éxodo, la madre de Bolívar y de Sucre y de Bello y de Urdaneta y de Gual y de Vargas y del millón de grandes, más poblada en la gloria que en la tierra, la que algo tiene y nadie sabe dónde, si en la leche, en la sangre o en la placenta, que el hijo vil se le eterniza adentro y el hijo grande se le muere afuera”.

¿Pero, y esos dioses?

Pero, volviendo a la oración titular - toda palabra que del poder provenga tiene un sentido oculto – pienso, también, en estos momentos extraños por insólitos que vive la política nacional, que Nicolás está enviando señales de radar a todas partes, para curarse en salud y agenciarse lealtades furibundas, por chantaje, de las que hicieron poderoso al extinto, y que cuando habla de “dioses” y su ira se refiere metafóricamente al poder de fuego a su disposición, así como el finado hablaba de “revolución pacífica pero armada”.

Por lo tanto esos “dioses” a cuya ira invoca como amenaza arrasadora, pueden ser, y ojala me equivoque – es un decir - los milicianos cubanos – obedientes so pena de muerte – que en cuantioso número no determinado pero sí imaginable – se habla de decenas de miles - están bajo las órdenes directas de la dictadura cubana que apuesta a la consolidación de su pro cónsul en Venezuela, ocupando posiciones que alarman a las conciencias patriotas auténticas de este país de soberanía en disolución. Y esa es una amenaza cierta, con fusiles y demás aditamentos de matar. Y alto mando en el país con órdenes de estricto cumplimiento.

Y eso explica el súbito valor adquirido  para la campaña “caiga quien caiga” contra la corrupción emprendida por Maduro - luego de 15 años en el cogollito del poder, durante los cuales ni vio ni supo, sí, oh – desde el pasado 24 de junio, en respuesta al desplante sufrido en pleno acto simbólico, que tiene un fuerte tufo a disuasivo de ambiciones camaradas, que están poniendo sus barbas en remojo, según se desprende de la aparición en los medios de comunicación de incondicionalidades “Maduro o muerte” en el establecimiento militar oficialista y de insospechados delfines relegados rasgando sus vestiduras en defensa de la integridad, supuestamente amenazada, de quien les quitó el puesto por una cabeza o por un viaje a La Habana. Y no es para menos. Ya veremos qué pasa cuando Raúl agache el dedo. Sale pa´llá.
Rafael Marrón González



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SIN MUJIQUITAS NO HAY TIRANÍAS



En tiempos de barbarie, que creíamos – ingenuos – superados, cuando el déspota se equivocaba en la aplicación de la ley, se consideraba que la ley había sido cambiada, y para esa infamia, el déspota en cuestión siempre tenía a la mano sumisos leguleyos dispuestos a convertir la arbitrariedad en jurisprudencia. Pero, no solamente se reduce al ámbito jurídico esta perversión del alma humana, miríada de fervorosos verdugos de los derechos civiles y de la Constitución, hacen posible el despotismo en cada rincón del hacer ciudadano.

Deficientes mentales creyendo interpretar los deseos del déspota intensifican el sufrimiento del desvalido. Absurdos burócratas obstaculizando el ejercicio de los derechos. Desde el patán que marca a los usuarios en las colas de productos de primera necesidad, convertidos por el despotismo en insumos de control social, hasta el conspicuo magistrado que declara imperturbable la última denegación de justicia. “Ese muerto es mío”, respondió Guzmán Blanco a quien se atrevió a señalarle que el fusilamiento de Matías Salazar era un asesinato, pues la Constitución prohibía la pena de muerte. Guzmán contó, como hoy, con obedientes descerebrados para cumplir la bárbara orden. Canallas y sicarios mimetizados en un “gobierno” mutado en alzamiento contra el estado de derechos.

Todos estos especímenes han pasado ya por la historia de los pueblos - y pasarán, porque la ignorancia es terca en eso de repetir sus errores - uncidos a la estela de infamia de las más abyectas tiranías. Cuántos de estos títeres voluntarios han creído en su efímero momento de gloria, que la inmortalidad los había tocado con su dardo, para comprobar, si es que sobreviven a su destino manifiesto, que aquello de polvo eres y en polvo te convertirás, también es aplicable, inexorablemente, a su perfil histórico, vergonzoso final para tanta pompa revolucionaria.

Los adulantes del patíbulo – en Venezuela los han tenido todos los aspirantes a dioses que registra el degredo de la historia - que usan la justicia para complacer los caprichos del tirano que premia su incondicionalidad a través de la impunidad, fueron caracterizados por Rómulo Gallegos a través de su arquetipo “Mujiquita”, personajillo indispensable cuya sapiencia del derecho le permite dotar las injusticias de impecable formalismo jurídico. Pero nada pueden contra el maloliente tufo a ilegalidad que acompaña sus acciones. Y la sospecha de intereses subalternos a la justicia flota en el aire cada vez que es acusado un ciudadano de la comisión de alguna ilegalidad, de las que afectan, por cierto, a todo el cuerpo gubernamental – por su ostentación los conoceréis. ¿Es culpable el acusado?, no lo sabemos, pero el ensañamiento público, la sentencia anunciada en boca del temporal amo del billete, la forma abusiva como se conduce el proceso, con la participación entusiasta de cuanto segundón ávido de protagonismo lo desee - incluyendo denunciados por similares delitos - hace suponer que algo turbio se esconde detrás de tanta alharaca justiciera. Sobre todo si el acusado pone en peligro con su liderazgo el puesto de algún espontáneo ineficiente, pero de prontuario comprometedor para el establecimiento.

Al corrupto, al corrupto

Porque en estos momentos, el pueblo venezolano es testigo de la súbita aparición de una moralina contra la corrupción - la de los güevones y caimanes adversos -  y vemos, entonces a eminentes monos sabios, que señalan el norte de la honestidad después de quince años de complicidad emocionada – cuando no avarientos comensales del festín de Pantagruel - con el más asqueroso y multitudinario enriquecimiento ilícito a la sombra del poder del que se haya tenido noticias en estos tierreros latinoamericanos. Pero eso sí, hay que acusar también a los roba gallinas de la oposición para equilibrar las cargas, y hacerle creer a la ignorancia que “caiga quien caiga” – por supuesto que “quien caiga” no caerá ni por asomo - la cosa es en serio, y para ello se cuenta, en el cargo preciso, con desaprensivos especialistas en obedecer órdenes siniestras “si me benefician”, como “métanle 30 años a esa mujer”, “a esos comisarios me los condenan ya”; “me meten preso hasta que se pudra a ese banquero que me despreció la hija”; “fabrícale unas pruebas incriminatorias a ese diputado”; “prohíbanle a ese periodista que me nombre”; “me silencian ya Correo del Caroní que tiene la osadía de develar la asociación para delinquir que se enquistó en Guayana”. “Y me demandan por “difamación e injuria” a su director”. ¡Cómo se atreve a tener integridad en estos tiempos de cobardía por la subsistencia en la que tantos, y por tan poco, chapotean a sus anchas, echándole un tirito al gobierno y otro a la oposición! Como usted diga mi general. Y suenan los tacones mujiquitas como premonitorio golpe de mandarria sobre el ataúd de la libertad.  

Ni en cien años el perdón

Pero lo más triste es, y la historia lo revela, que pasada la bestialidad y recobrada la sindéresis cívica, el perdón – una estupidez que garantiza la repetición del agravio – cubre con su manto a la legión de parásitos serviles sin cuyo concurso hubiera sido imposible la arbitrariedad del despotismo, y que suelen invocar en su defensa, cuando llega la hora de pagar por sus obsecuencias – esa hora siempre llega - el miedo a las consecuencias de una negativa a cumplir las órdenes emanadas del poder. Hay que recordarles a estos prescindibles verdugos de la infamia, el juicio de Nuremberg en el cual se demostró que a aquellos oficiales que se negaron a cumplir las órdenes homicidas de Hitler contra los judíos, les pasó absolutamente nada. Es decir, que los asesinos lo fueron a plena satisfacción personal. Por codicia. Como los mujiquitas criollos que esconden la pequeñez de su alma vil detrás de la prepotencia del dinero mal habido. Si algo detesto en esta vida es la imbecilidad social que legitima la degradada presencia de estos patéticos símbolos del escarnio. Sale pa´llá.


Rafael Marrón González
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13 de julio de 2013

PERDÓN… ME EQUIVOQUÉ…



En un acto salvaje, de inaudita violencia homicida, impropia de un cuerpo de seguridad ciudadana, veinticinco motorizados de la Guardia Nacional propinaron 59 balazos de alto calibre al vehículo en el cual se desplazaba una madre y sus tres hijas, asesinándola junto con una  de ellas y dejando en estado de gravedad a las otras dos, una con el rostro desfigurado y la pérdida de un ojo y la otra, además de los balazos, con un trauma psicológico de por vida porque fue la que se mantuvo consciente y presenció toda la barbarie y la posterior denegación de ayuda humanitaria, que se logró por la presión de los enardecidos vecinos.

Los homicidas, porque no dispararon para detener el vehículo sino para matar, se equivocaron – perdón… me equivoqué - iban a asesinar a unos delincuentes que supuestamente huían en un carro de características diametralmente opuestas, cuando se cruzaron estas inocentes a su furia demencial. Y a falta de pan, buenas son tortas.

Y el ministro de relaciones interiores, luego de exhortar que “no se politice el dolor”, como si no fuera un asunto de incumbencia política esta actuación salvaje, que debe tener como consecuencia inmediata la prohibición del uso de armas largas en los cuerpos de seguridad – el extinto despojó de este armamento a la Policía Metropolitana - salta a  excusar a su plan “Patria segura” de cualquier responsabilidad en el horrendo crimen, plan que precisamente ha sido objetado por todos los expertos del ramo por considerar que la ciudadanía corre riesgos mortales, pues los militares son entrenados para la guerra, para tierra arrasada, y no para el diálogo con civiles, propio de la policía, es decir que  militar en la calle es como James Bond, se considera con licencia para matar por responsabilidad delegada, como sucedió el jueves pasado en una población tachirense, en la cual fuerzas militares realizaron un operativo contra el contrabando de gasolina con el resultado de un ciudadano muerto, otro herido y una población furiosa por la brutalidad del procedimiento:

“los que fueron testigos denuncian que los del ejército los rociaban con gasolina y por eso las quemaduras y también los sumergían en un tambor con combustible y esa fue la causa de la muerte de uno de los muchachos”.  Pero la creencia militarista – el militarismo es una creencia como las religiones o las ideologías -  es impermeable a las lecciones de la historia y continúa impertérrita en su empeño de imponerse como solución efectiva contra las desviaciones de la sociedad, lo que los ilusos llaman “mano dura” – “así, así, así es que se gobierna” - cuando no hay nada más duro que la ley, porque es inflexible. Lo que hay es que aplicarla.

Es necesario traer a colación el asesinato de seis mineros ametrallados a mansalva por miembro de las fuerzas armadas en la mina Papelón, de los Picachos, La Paragua, estado Bolívar. Y los crímenes como las masacres del Amparo, Yumare y Cantaura cometidos por fuerzas combinadas contra insurgencia en la etapa democrática.

Es que cada uniformado en la vía pública es un sujeto sin rostro cuyo símbolo de autoridad es la mortífera arma larga que, aferrada con ambas manos, presto a disparar sin fórmula de juicio, emite la sensación del fin del estado de derechos, a lo que contribuye la violencia verbal del presidente en ejercicio que, para colmo, en su cruzada contra los corruptos de abajo, declara que quisiera fusilarlos y en la reunión de Caricom ofreció asesoría en el combate a la delincuencia “con rudeza”.

¿Fue ese crimen una demostración de esa “rudeza”? Aunque el asesinato de inocentes no es privativo de los cuerpos militares, sino que abarca a todos los cuerpos de seguridad: en la memoria permanece fresco el homicidio en una alcabala móvil de la hija del cónsul de Chile en Maracaibo, que viajaba a bordo de un vehículo con placas diplomáticas, y la masacre de estudiantes en el Barrio Kennedy, por un grupo enardecido de la policía “científica”, que buscaba un delincuente para matarlo por venganza y terminó asesinando a tres estudiantes de la universidad Santa María e hiriendo a otros tres, uno de los asesinos fue premiado años después, luego de cumplir unos pocos años de prisión, designándolo defensor público, inadmisible para un convicto de un crimen horrendo, que causó conmoción pública. 

Y son incontables los casos de excesos policiales en los operativos en los barrios, en los cuales son ajusticiados presuntos delincuentes bajo la justificación de enfrentamientos. Y aunque en muchos de estos casos la justicia se ha aplicado condenando a los culpables a penas de prisión, también es cierto, y lo demuestra el reciente crimen contra esta madre y sus tres hijas, que la violencia de los organismos de seguridad del estado sigue marcando pauta, encerrando a la sociedad entre la despiadada acción del hampa impune, que comete miles de asesinatos anualmente – 2.485 asesinatos solamente en la Gran Caracas en el primer trimestre de 2013 - y el miedo a las actuaciones policiales en la realización de su labor de patrullaje y control. 

La violencia policial ha sustituido los procedimientos de investigación e infiltración de la delincuencia por los organismos de seguridad, es más fácil exterminar aunque eso no elimine la raíz del problema y amenace vidas inocentes. Pienso que es hora de tomar decisiones al respecto, comenzando, repito, por eliminar el porte de armas largas a la guardia nacional y devolver a los militares a sus cuarteles a los menesteres propios de su responsabilidad constitucional, y someter a los demás cuerpos policiales a una exhaustiva depuración psicológica, pues el “disparen primero y averigüen después”, que el castro comunismo criollo, hoy en el poder, atribuyó calumniosamente a Rómulo Betancourt, parece ser la consigna de unos cuerpos policiales demasiado adictos a jalar del gatillo, a pesar de que en Venezuela no existe – pura teoría - la pena de muerte: Artículo 43. “El derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni autoridad alguna aplicarla”. ¿No es verdad?


Rafael Marrón González
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6 de julio de 2013

CIUDAD GUAYANA: UNA ATROZ REALIDAD


Por ese azar concurrente que nos lanza al viento a capricho de los manes, fui testigo del mágico germinar de esta ciudad de arterias vivificantes edificada para el trabajo, y en delirante danza de rugidos mecánicos presencié el surgir de avenidas y más avenidas y autopistas, y calles y urbanizaciones y edificios y centros comerciales donde minutos antes existían cotos de caza. La ciudad cambiaba de imagen cada día. El asombro apenas daba paso al asombro. Y mañana a mañana envejecía la última construcción opacada por algún singular alarde de artística apariencia. Aunque la prisa solía jugarle bromas de mal gusto.

Hablar de construcción en cualquier sitio del planeta era dirigir en cualquier idioma la mano hacia el lugar del mapa donde titilaba la nueva ciudad venezolana. Puerto Ordaz entonces era el sinónimo con el que se solía llegar a Venezuela, y estábamos orgullosos de vivir en la ciudad más pujante del mundo, la más aseada del país, con los mejores servicios públicos, sin desempleo ni buhonería, con una industria formidable, sin contaminación por la responsabilidad asumida de mantener el filtrado permanente de sus emanaciones tóxicas; con el parque metalmecánico más tecnificado y con mayor capacidad instalada de América Latina.

La ciudad a la que confluyeron pobladores de los 23 estados de Venezuela y de múltiples nacionalidades – una nueva Babel – que conjugaron una nueva mezcla racial que ofrendar a la humanidad. Esa ciudad vibró al ritmo de un programa de desarrollo sustentable, por las potencialidades hidroeléctricas del Caroní, que prometía en pocos años convertirse en una potencia mundial del acero y de sus derivados siderúrgicos, vía empresas aguas abajo. Una ciudad que, a la par de su crecimiento urbano e industrial, fomentaba el desarrollo de su capital humano, nuevas generaciones que la conducirían a su mayor esplendor, sin obviar sus proyectos de desarrollo social integral.

Pero le cayó guatepajarito   

A esa ciudad que recordamos con nostalgia los viejos pobladores que la vimos nacer y crecer, le cayó guatepajarito rojo, rojito, como una maldición, asfixiando su fronda, arrasando con todo vestigio de progreso, en un afán de envidia criminal de convertirla en harapienta evidencia del fracaso socialista, pues para la esquizofrenia ideológica no puede existir una ciudad que rompa el esquema de su discurso mentiroso. Y, particularmente, me provoca indignación contemplar como sujetos que llegaron a esta ciudad atraídos por sus ofertas de progreso, se prestaron para traicionarla al apoyar las acciones depredadoras de delincuentes que saltaron en paracaídas sobre sus riquezas, destruyendo sus posibilidades de progreso.

Traidores. Mil veces traidores. La ciudad presenta una imagen de deterioro físico y moral, como la de toda la república. De su antiguo orgullo no queda ni la sombra. Ya, como prueba de su deterioro moral,  se incorporan a su tradición más abyecta, los conductores que, en la vía pública y a plena luz del día, se bajan de sus vehículos y se ponen a orinar con toda tranquilidad, degeneración copiada por no pocos viandantes desaprensivos. Una nueva fauna en el paisaje urbano que, junto con la idiotez congénita de los conductores que se “comen” la luz roja, violando la ley, conculcando el derecho ajeno y poniendo en riesgo vidas y propiedades de inocentes – los accidentes no existen – los taxistas que lanzan sus vehículos contra los peatones, sus clientes potenciales.

Las trancas en la fluidez del tránsito, ya a toda hora, ocasionadas por las anacrónicas “redomas”, invisibles para el gobiernillo regional; la mendicidad y agresiva limpieza de parabrisas en los semáforos repletos de vendedores de artilugios y verduras, los aparcadores a juro que privatizaron las aceras  y las invasiones anárquicas que ocupan terrenos necesarios para la expansión ordenada de la urbe, repletando la ciudad de ranchos insalubres habitados por pobres de oficio, que deambulan su miseria a orillas de las grades avenidas, compiten en contaminación con el estercolero chatarrificado en el que la revolución convirtió las empresas básicas, cuyos ridículos pujos de producción no compensan el tremendo daño ambiental que ocasionan – sus desbordadas lagunas de oxidación amenazan las reservas acuíferas del subsuelo, sus desechos tóxicos destruyen el Orinoco y sus chimeneas escupen enfermedades respiratorias y neuronales – han nacido niños autistas con alúmina en la caja craneana – entre muchas otras - ni las enfermedades ocupacionales de sus trabajadores condenados a la ruina física en plena juventud.

Ni el daño de la corrupción que propicia el relajo inmoral de los grupos de ambiciosos cohesionados por la codicia que las tomaron por asalto, sin obviar el asco visual que sus cochambrosas instalaciones industriales presentan, gracias al sistema “putrefactor” de este proceso de maldad y estupidez, inverso a la idea de desarrollo, cuya inercia mortal ha llevado a Ciudad Guayana a ser considerada una de las ciudades más violentas del mundo – 60 homicidios por cada cien mil habitantes - batiendo record en el asesinato de individuos vinculados al sindicalismo paralelo de la construcción – es fuerte el rumor en esos predios sobre “órdenes superiores” para exterminarlos - y de jóvenes menores de 18 años, que destaca también por la alta densidad de asaltos, atracos y robo de vehículos, y cuyo nauseabundo vertedero de basura – atendido por niños indígenas - se encuentra en sus adyacencias, en un centro poblado que no logra que sus clamores lleguen a los oídos del decorativo gobernador del estado, demasiado ocupado en menesteres de otra índole y en andar a las greñas con el folclórico alcalde de Caroní – el rey del asfalto – acusado por actos de corrupción por seis ediles de la Cámara Municipal - “esperamos que el alcalde de Caroní sea investigado, procesado y condenado, porque la Alcaldía se constituyó en una banda que está acabando con el erario público”, tarde piaron, pajaritos, aunque piaron - que celebra, trajeado con un flux asfixiante, los 52 años de Ciudad Guayana, indiferente a la atroz realidad de su ruinosa estampa que combina a la fuerza con su oceánica incultura. Ciudad Guayana, evidencia triste de la capacidad destructiva de la ignorancia en el poder. Sale pa´llá.

Rafael Marrón González


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24 de junio de 2013

QUE FAO LO DE LA FAO



En su viaje a la “casa del papa”, el discípulo de la secta del pedófilo estafador Sathya Sai Baba, Nicolás Maduro, que lleva 15 años en el gobierno empobrecedor del extinto - hizo “una escala en Roma” para recibir un premio de la FAO a su gobierno “por sus luchas contra la pobreza y el hambre”, por sus exitosas políticas alimentarias, pues, me imagino que por aquella convocatoria a “cultivar” pollos, o por los epidémicos cultivos “organopónicos” – el mosquero en Fuerte Tiuna develó al pueblo su origen intestinal - o por los gallineros verticales, que debió merecerles el galardón a la originalidad del siglo, o  por la llegada al país, en esos días, según el ministro del ramo, de 760 mil tonelada de alimentos – parece que fue coba - cosechados en agroindustrias foráneas – en este viaje Maduro compró a Portugal 100.000 toneladas de alimentos - porque la de aquí está quebrada, que nos  facturan el 80% de lo que comemos los venezolanos.

También pudo ser por los contenedores de alimentos podridos de PDVAL, que no me negarán ustedes que fue un espléndido programa contra la desnutrición de los zamuros.  Por ese insólito premio infiero que la FAO, ciega ante la inflación venezolana que cerrará el año entre 38 y 44%,  la mayor del mundo, se guió por datos suministrados por el INE, famoso por sus bajos índices de desempleo – cuenta como salario estable las becas de las misiones - y su cálculo de la cesta básica en 2.620 Bsf, cuando la realidad la sitúa en 4.481,00 (CENDAS calcula la canasta básica familiar para el mes de mayo en 11.131,03 Bsf). Un informe del Centro de Documentación y Análisis de los Trabajadores indica que para diciembre de 1999, cuando esta loquetera irresponsable llegó al poder, por la más ruinosa equivocación popular de la historia, la canasta alimentaria costaba 247,58 Bs. Y hoy cuesta veinte veces más  aunque lo disimule la farsa del “bolívar fuerte” – pregunten su cotización en la frontera colombiana para comprobar lo “fuerte” que es.

Pero la FAO ve todo verde... dólar lo que incide en ignorar que Venezuela presenta el peor desempeño económico de toda la región. Es que estos organi$mo$ internacionales son una tralla para rendir tributos a las chequeras fariseas de izquierda. Supongo que a Cuba le tienen su galardón también. Y a Nicaragua. Y a Bolivia. Definitivamente, es certero este viejo adagio que considera indispensable la presencia de alcahuetas para garantizar la existencia de hetairas: “sin cabrones no hay putas”. Con el debido irrespeto por las autoridades de la FAO, cuyo, ahora, cuestionado premio tiene su antecedente en la Universidad de Hamburgo y en el Papa Benedicto XV que concedieron a la bestia criminal de Juan Vicente Gómez, la una un doctorado Honoris Causa, y el otro la Orden Piana, destinada a piadosos destacados.

Porque basta revisar la prensa por Internet para conocer a ciencia cierta que ese premio es una farsa mediática que robustece el discurso embustero para las instancias internacionales que ignoran el nuevo elemento que modifica el paisaje urbano nacional: las interminables filas “patrióticas” – las que también evidencian el grado de desempleo - para adquirir productos de primera necesidad desaparecidos por arte de ineficacia gubernamental, lo que desmiente la supuesta disminución de la pobreza que ataca despiadadamente a, por lo menos, dieciséis millones de venezolanos, de los cuales 2.5 millones se acuestan sin comer – Venezuela sigue ocupando el segundo lugar en el índice de miseria después de Irán - la auténtica amenaza al gobiernillo de Maduro y no los aviones virtuales de combate producidos por las ansias de volver de José Rangel.

Recuerda Maduro que premio FAO con hambre no dura. Y no es una crítica “sifrina de la oligarquía” como sostienes, sino una verdad catedrálica que pronto dejará escuchar sus ensordecedoras campanadas por toda la geografía nacional, derribando los muros del chavismo como los de Jericó. La soberbia revolucionaria obvia que sin real no hay uh, ah.

Lo cierto es que…

A pesar del vergonzoso premio de la FAO, la pobreza en auge decretó que 2013 es el año de bajarle la santa maría a la bodega chavista: se acabó la fiesta y la gozadera de la nomenklatura. El destino inexorable la alcanzó huérfana, desnuda y balbuceante. Y matándose a dentelladas entre sí por los despojos, mientras les echan los pendejos a los lobos.

Llegó la hora de pagar el fiado que permitió el boato continental y no hay dólares ni quien preste por afinidad para aplacar la ira popular que se siente crecer frete a los anaqueles vacíos. Los chinos vienen por lo suyo como van por el negocio del Canal en Nicaragua.

Por eso la tristeza es el nuevo look del repleto chavismo de la godarria, que con la bandera de la “justicia” social y sobre los hombros roncos de la pobreza, se puso en fortunas descomunales que no encuentran en bóveda alguna acomodo - salvo en los inviables paisitos tercermundistas, sin capacidad para suministrar las opulencias que tales fortunas ameritan, como Corea del Norte, Bielorrusia, ¿Cuba?, sí, oh  -  sin levantar sospechas de peculado, corrupción, tráfico ilícito, legitimación de capitales y cuanta posibilidad de robar se haya inventado en este período histérico, caracterizado por la práctica de los siete – porque no hay cincuenta - pecados capitales, dejando tras de sí para la investigación del estupor un irredento valle de barrios miserables, niñez abandonada, delincuencia desbordada, quiebra de  los servicios públicos, infraestructura demolida, oscuridad, sed y miedo y salarios de hambre para los educadores, trabajadores de la salud, policías y bomberos, que tendrá entre sus símbolos más preciados, para enarbolarlo el día del juicio necesario, como expresión inmarcesible del inmenso oportunismo de la internacional de los chulos “raspalaolla”, el gran premio de la FAO. Sale pa´llá.        

Rafael Marrón González



  


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EL FANTASMA DE LA HONESTIDAD…



Un fantasma recorre la espina dorsal del chavismo de la godarria... el de la honestidad asesinada a mansalva durante quince años de puñaladas traperas contra el tesoro y la moral pública. Agradezco a los chavistas pendejos – “pata en el suelo” según el sociólogo Maduro - no se den por aludidos porque me daría risa de la buena, pues una cosa es ser chavista y otra, muy otra, ser cómplice por imbecilidad – como los que pasan la dentera por el jugoso jobo que otro se comió - tanto los que sufren los rigores de los bajos salarios que les destruyeron el sueño de ser clase media – aquellos que creían que socialismo era capitalismo pa´los obreros -  como los ingenuotes -  de todas las revoluciones desde Guaicaipuro para acá - de la cola del gas o de la harina pan, en la del papel tualé no están, porque a ellos les importa muy poco esa sifrinería burguesa antirrevolucionaria.

Y ese fantasma irrumpe en el escenario, avivando las peores pesadillas de la inmensa corruptocracia de los albañales chavistas, por una sencilla razón: el dinero se delata en los detalles, que pasan desapercibidos en tiempos de zafra, pero cómo hieren cuando el condumio escasea. Y hay que ver que de detallazos circulan de boca en boca estimulando la fuerza indetenible del asco popular, que hasta hace poco consideraba nuestras denuncias de corrupción como artilugios de oposición, cuando el ánimo era investigativo, basados en el artículo 49 de la Ley contra la corrupción que establece: “Cuando por cualquier medio, el Ministerio Público conozca de la existencia de indicios de que se ha incurrido en un presunto enriquecimiento ilícito, acordará iniciar, por auto motivado, la investigación correspondiente y ordenará practicar todas las diligencias encaminadas a demostrar dicho enriquecimiento”, pero, como todo cochino gordo, los corruptos suelen obviar que les puede llegar su sábado – Menem tampoco lo creía - tal el desprecio que por sus propias leyes siente la impunidad disfrutada a cambio de incondicionalidad perruna.

Pero al rasgarse el velo sacrosanto del carisma cuasi religioso del liderazgo omnipresente del fallecido – “pobre de quien en pueblo fíe” - tras el cual se escondía la cáfila de ladrones godarriudos camisa colorá, bajo la premisa “quien me acusa de ladrón/ ofende la revolución”, na´guará, las gallinas de Guzmán blanco han comenzado a cantar como gallos. Y el espanto es general, más bien de teniente pa´rriba.

Aunque en las primeras ráfagas caerán civiles, como sacrificios rituales al severo dios de la honestidad restituida, gracias a la pega loca. Ya por los predios de Guayana, en los cuales hay el muerto recogiendo basura que juega garrote, se pegaron, como cabeza de turco, al ex presidente de Ferrominera - sin tocar, no vaya a ser cosa, la cadena ascendente de complicidad necesaria - personaje cuestionado por todos los flancos de la opinión pública, pero defendido a misil batiente por los poderosos jefes de la tribu vándala que ha hecho de esta Guayana sin dolientes, su botín de guerra y que, por supuesto, permanecerán incólumes, si a Maduro no le tienta probar si en verdad es jefe y encuentre quien le obedezca su ferviente y súbito deseo de “fusilar corruptos”, cosa que nunca asomó cuando el pajarito era su jefe y amontonaba expedientes para la extorsión de su piara de pillos, aunque conociendo la retorcida retórica madurista – heredada por supuesto – puedo inferir que es más una amenaza a los opositores procesados por la justicia chavista, que una indignación legítima contra tantísimo choro procesional que sufre lo que el mismo Maduro califica de “ninfomanía por el dólar”.

El verbo “fusilar” usado por influencia del sistema cubano, que de esa manera expedita no deja margen a la duda, en democracia traduce “juzgar” - voz que hace temblar el alma revolucionaria - y sería de lo más interesante que los supuestamente verticales revolucionarios cubanos, en cuyas manos el finado puso el Registro Subalterno,  comenzaran a develar el entramado de propiedades adquiridas por los ilustres limpios de tradición que integran el universo de la godarria chavista, porque de lo contrario estamos en el deber de pensar que esa acción de dudoso patriotismo tuvo como fin proteger la asociación para delinquir que por esos rumbos llaman “cubazuela”.    

Deshonestidad por definición

Y es que el enriquecimiento ilícito en estos tiempos de suertudos paracaidistas espontáneos es ya un alérgeno social de características endémicas: En esta revolución las preseas procerosas, merecedoras de bustos en el Paseo Los Próceres – Danilo como ejemplo - son camiones de dólares legitimados en paraísos fiscales. Y roba el padre y roba el hijo y roba el espíritu santo en este aquelarre de la deshonestidad de Louis Vuiton hasta los pies trajeada. Pero, además de las graves consecuencias sociales de una corrupción institucionalizada y socialmente legitimada por el desempeño, con placé de la jai en la Lagunita CC, cabe destacar que la deshonestidad está intrínsecamente fusionada al ser político de esta farsa depredadora que ha arruinado la patria de Bolívar a niveles dantescos.

Pues, es deshonestidad, por ejemplo, no asumir virilmente y como gobernante probo que busca soluciones plausibles, que las causas de la inflación y de la escasez que azotan al país, han sido las erradas políticas económicas implementadas sistemática y obsesivamente por fracasadas razones ideológicas, y, por el contrario, declarar bolserías, como que existe “acaparamiento doméstico” - ¿qué salario lo aguanta? – o que es “sabotaje de la ultraderecha” – inmenso poder solo comparable a tener con qué adquirir “18 aviones de combate” para derrocar al gobierno - o “culpa de los medios” – de los cuatro gatos independientes que sobreviven a punta de gónadas y que no han sido comprados por inversionistas con síndrome alka seltzer.

Y es deshonestidad y de la peor clase, azuzar al pueblo ingenuo – ignorante voluntario – a odiar a los Estados Unidos y a los estadounidenses, cuando es de empresarios de ese país de donde provienen los dólares que alimentan la improductividad autoinmune del rentismo petrolero, ahora comunista e hiper corrupto para remate de garaje. Sale pa´llá.          
  
Rafael Marrón González     


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JULIANA, ME QUIEREN MATAR…

JULIANA, ME QUIEREN MATAR…

Cuestionando seriamente la publicitada eficiencia del “plan patria segura” del ministro del interior, “el comandante” Maduro – ahora no se quita una guerrera militar, que no combina con su expresión facial - denuncia a pleno pulmón: - “Llegó un grupo de expertos con un veneno - ¿cuánto pesa ese veneno que necesita un grupo – ¿de cuántos? – para transportarlo? - y están preparados para venir a Venezuela - ¿cómo es la vaina: adónde llegó este grupo y de dónde? - e inoculármelo a mí, no para que me muera en un día – por lo tanto no es curare -  sino para enfermarme - ¿por fin, es veneno o una bacteria? - en el transcurso de los meses que están por venir” – a veneno pa´malo, se puede morir hasta de viejo esperando que surta efecto en los infinitos meses que están por venir. Así, sin sonrojo alguno - ¡qué pena con Raúl! - Nicolás acusa al mundo de querer eliminarlo físicamente, tal su gigantesca dimensión planetaria, pero eso sí, de a poquito a poquito, “inoculándoselo”, es decir, introduciéndoselo en el organismo, pero en múltiples sesiones. Nada de un solo tatequieto como le hicieron a Kennedy.

Para lo cual se requiere un conspirador muy cercano, como ¿en su lecho?, que le vaya dando su dulcito de lechosa con cianuro entre arrumacos papachongos: – “No coma mucho, que le puede hacer daño, papacito”. Lo más cumbre es que en su medrosa acusación universal en realidad confiesa su flaqueza por el poder que le cayó de la uña del ungido: “… ellos - ¿quiénes, por Dios? - no lo van a lograr, tengan la seguridad de que no van a lograrlo – si esta tan seguro, por qué el culillo - porque yo voy a vivir por muchos años – eso decía el que te conté, la eternidad era su sueño, por eso la reelección indefinida - y voy a ser Presidente de este país por muchos años también…” – sí, oh.

Si Maduro hubiera construido una obra por cada denuncia de conspiración que ha realizado en los pocos meses que lleva en Miraflores, tuviera un record Guinness. Hace poco denunció: “Están buscando asesinos en el exterior para matar soldados venezolanos”, lo que constituye una proyección de su subconsciente porque son ellos quienes contratan mercenarios – algo así como 35 mil matones, de los que asesinaban negritos en Angola – a la dictadura militar cubana, para ¿asesinar ciudadanos venezolanos?

Ojo pelao no pela cachicamo

Lo peligroso de este risible teatro verbal de lo absurdo radica en lo subyacente, pues la historia nos indica que todas las tiranías – es tiránico todo régimen que apele a la coacción y al miedo como sustento político - se despojan de adversarios y críticos convirtiéndolos en enemigos: de Calígula a Stalin, de Hitler a Pérez Jiménez, pasando por Gómez – han creado escenarios ficticios de atentados, conspiraciones y amenazas a sus vidas para justificar la matanza de opositores, pero – mosca quien corresponda - también de aquellos que les hacían sombra.

Exactamente como planificar desórdenes públicos y sabotajes para emprender jornadas de represión, como los que realizaron oficialistas disfrazados de opositores en los actos violentos pos 14A. Pero, también, y ojo con eso, de acusar a naciones democráticas, que se presten para escuchar la voz disidente, de fomentar conspiraciones para cercar la verdad. Por eso más allá de la burla previsible ante tanto dislate lingüístico –“yo he proponido”- pajaritos parlanchines y apariciones sobrenaturales – “… (y me dijo) que la cara de él se había aparecido en el cuadro del Comandante que está en el Cuartel de la Montaña…”, el Mario dixit - la oposición tiene que salirle al paso a cada una de estas denuncias estrafalarias, por la intención represiva que conllevan - este “proceso” corrupto desprecia a la mitad del pueblo venezolano que lo advera - pues jamás puede asumirse inocencia en las expresiones de una autocracia, aunque no esté representada por un hombre de poder.

En conclusión

La situación política que vive Venezuela, desgraciadamente, es absolutamente anormal desde el punto de vista democrático, y las ejecutorias internas y externas del gobierno, no son asuntos netamente presidenciales, como establece la constitución, pues es harto conocida la influencia decisiva que ejercen otros personajes de aparente segunda línea – militares y civicomilitares - en el ejercicio real del poder y la injerencia pública en asuntos de responsabilidad exclusiva del presidente de la república y de su canciller.

No debemos descuidar que estamos frente a un gobierno difuminado, cuya cabeza es invisible todavía. Aunque hay quien sostiene que despacha desde Cuba - ¿por qué el gobierno de una nación soberana emite la sensación de subordinación a un gobernante extranjero? -y cito a Fernando Mires: “En Venezuela el Presidente es la fachada de un gobierno militar a consecuencia de un autogolpe silencioso”. Es prudente recordar – la presencia militar en la calle con el pretexto de combatir el hampa no es un acto intranscendente - que, según  Gaceta Oficial N° 39.858 con fecha 6 de febrero de 2012, se oficializa el decreto N° 8.796, de la Presidencia de la República que ordena  la reincorporación a la carrera militar en la Fuerza Armada Nacional - ¿con el respectivo rango por antigüedad? - al personal de oficiales (…) involucrados en las rebeliones del 04 de febrero y 27 de noviembre, de 1992. 

Así que, por ejemplo, el presidente de la Asamblea Nacional es un militar activo, se supone con el rango de teniente coronel, es decir de comandante. Y, lo más serio de este asunto, el 13 de septiembre de 2008, desde Guri, estado Bolívar, el fenecido materializo la Nueva Geometría del Poder, rechazada por el pueblo el 2D, y dividió al país en 5 super regiones militares – Estado militar - al mando cada una de un Mayor General – jerarquía superior a la de General de División – y subordinada al Comandante en Jefe.  Hace unos días dos generales de división pro proceso fueron ascendidos a Mayor General ¿cuál fue la razón? En aquel acto de Guri también se activó militarmente la jerarquía civil constitucional del presidente de la república como Comandante en Jefe de la FAN, subordinando el poder civil al poder militar. Estos decretos con fuerza de ley no han sido derogados. Para reflexionar.  

Rafael Marrón González


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9 de junio de 2013

“DE PROFESORES A POBRESORES”



El título de esta columna corresponde al texto de una pancarta de protesta por salarios dignos de la comunidad universitaria que devenga emolumentos insultantes para su dedicado profesionalismo y exigencias académicas.

Los sueldos de los profesores universitarios son definitivamente intolerables en un país azotado por la devaluación propiciada por la estupidez en materia económica – en socialismo no existe “economía” sino imposición de “creencias” económicas inspiradas – con la inflación más alta del continente y una de las más elevadas del mundo – interanual abril 2012- 2013: 29,4 % (Argentina: 10.1, Uruguay: 8.1, Brasil: 6.5 - Nicaragua: 6.3, Bolivia: 4.9, Ecuador 3.0 – Colombia: 2.0, Chile 1.0) pero este gobierno es ¡revolucionario!, o sea impermeable a la inteligencia – castigado, además, por la escasez de insumos de primera necesidad, que incentiva el mercado negro, creando una inflación solapada que no registra el BCV, y una devaluación del 46% que, por si no lo sabía Maduro, significa reducción del poder adquisitivo en idéntico porcentaje.

Tomando en cuenta que entre el 70 y 80 % de los profesores universitarios del país lo son a tiempo completo, colóquese usted en el lugar de un instructor que gana 2.677 Bsf mensuales ($424 – a cambio oficial) o de un titular con 4.845 ($769) o de un titular – con doctorado, el más alto escalafón - a dedicación exclusiva, que recibe 7.232 ($1.147) - ¿cuánto devenga un diputado “simicomandante”? - cuando la canasta básica alcanza los 9.543 Bsf, y dígame si no es necesario acompañar en sus luchas a estos venezolanos necesarios, que son una galaxia de veces más patriotas que un generalote, corrupto y descerebrado, que se mete cualquier cantidad de millones por conceptos varios, libres de impuestos.

Los estudiantes, que están muy preocupados por su semestre – “su sueldo importa, también nuestro semestre” - y dejan solos a sus profesores en su lucha reivindicativa, sepan que este mundo suele ser duro con los insensibles, indiferentes y egoístas. Y así los sindicatos de otras áreas y los padres y representantes tienen el deber moral de hacer causa común con los hombres y mujeres que hacen posible el desarrollo sustantivo de la patria.

Esta indiferencia de la sociedad civil con una causa reivindicativa tan sensible, es lo que me hace criticar la participación de estudiantes y trabajadores en el gobierno universitario, pues la universidad es un asunto de profesores, y esta soledad en sus reclamos lo confirma. Pero, además, la falta de solidaridad con un  gremio tan importante para la familia venezolana en general, demuestra el porqué fracasan las luchas reivindicativas contra el patrono gobierno. ¿Se imaginan ustedes si a los profesores universitarios se les unen en causa común los trabajadores de la salud – médicos y enfermeras ganan sueldos viles - los empleados públicos sin contratación colectiva o, aquí en Guayana, los accionistas clase B? Esta actitud solidaria pondría a este gobierno entre la realidad de continuar privilegiando con el dinero petrolero a los habitantes de países extranjeros o de satisfacer los intereses nacionales.

Solamente deteniendo el chorro multimillonario que este gobierno destina a continuar el despilfarro de nuestros recurso en la dictadura militar cubana, pudiera duplicarse el salario actualizado de los profesores universitarios que llevan cuatro años sin aumento salarial. No puede llamarse nacionalista un gobierno que privilegie naciones extranjeras en detrimentos de la calidad de vida de sus ciudadanos de primera línea  como policías, bomberos, médicos y enfermeras, maestros y profesores.

Para su vergüenza

De una publicación de la Universidad del Zulia – extraño esquirol de la huelga nacional - sobre los resultados de una  investigación del profesor UCV Humberto García Larralde, extraigo: “Entre un grupo de 29 países, el sueldo del profesor universitario venezolano está en el lugar 28” - el 29 lo ocupa Armenia. Incluso en países africanos como Nigeria un profesor universitario devenga un poco más de 6 mil dólares y en Etiopía, 1.500 dólares (9,450 Bsf) - esa cantidad es 23 veces mayor al ingreso promedio de sus habitantes.

En América Latina, Brasil paga los mejores salarios, un promedio de 5 mil dólares mensuales (31.500 Bsf por mes). Le siguen Argentina, Colombia, Chile y México, 4.500, 4.000, 3.700 y 3.000 dólares respectivamente. Y si nos asomamos a países como Canadá, Estados Unidos, Italia, Holanda, Alemania, Sudáfrica, Arabia Saudita, Inglaterra, Malasia, Australia e India, el salario oscila entre 7 y 9 mil dólares al mes (entre 44.100 y 56.700 Bsf anuales). Con el agravante de que en todos estos países, incluyendo a los africanos, la inflación es infinitamente inferior a la de Venezuela, no hay devaluación ni distintos tipos de cambio y no sufren la escasez que expolia el bolsillo, el tiempo y la paciencia de los ciudadanos.

Vergüenza debería darle a un gobierno de un país petrolero, los sueldos que paga a los profesionales de sus universidades que hacen posible el progreso colectivo de la nación por el desarrollo académico de sus individuos. Pero la estupidez que campea en predios ideológicos - comprobada enfermedad mental – impide percibir la realidad con el sentido crítico necesario para gobernar con justicia y equidad, como es el caso de negarse el ministro a discutir con Fapuv y asumir dictatorialmente “que el aumento no será por las “normas de homologación”, esquema por medio del cual se ajustan los salarios de los profesores, sino por la discusión de la normativa laboral”, que es una especie de ley de universidades que viola la seguridad social y carrera académica.

Con la estupidez del igualitarismo por debajo son incapaces de mejorar la situación económica de ninguno de los estratos sociales que en la cruda realidad conforman la sociedad venezolana. Y de allí que los salarios de los profesores universitarios sea peor hoy que en 1999, cuando esta mescolanza de ignorancia con resentimiento social llegó al poder, poniéndosela bombita a Fidel Castro y su miserable revolución parasitaria. Sale pa´llá.


Rafael Marrón González
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