Cuando denuncio al ladrón y al canalla sólo al canalla y al ladrón señalo

Cuando llamo ladrón al ladrón y canalla al canalla, sólo al ladrón y al canalla aludo. Ladrones y canallas suelen cobijarse bajo la pudibundez moral, la insulsa descalificación y las leyes dictadas ex profeso para acallar la voz tronante que los desnuda como canallas y ladrones. Nada me produce más satisfacción que contemplar los cadáveres insepultos de ladrones y canallas, aullando sus pútridas carnes las huellas de mi látigo, deambular ululantes en los muladares buscando un rincón para cavar sus tumbas con la sordidez de su moral deshilachada. ¡Silencio ladrones y canallas que, aunque los tiempos parecen favorecer a canallas y ladrones, este espacio es un reducto de la decencia y de la integridad!

30 de marzo de 2015

¡AL CORRRUPTO! ¿AL CORRUPTO? JAJAJA



Ante la súbita depresión que el ciudadano presidente de la república  alega sufrir al descubrir que “hay chavistas corruptos”, que lo llevó hasta a crear una policía única para perseguirlos - ¿sería que se enteró esa mañana de que Venezuela está considerado el país más corrupto de América Latina? - es interesante recordar similar reacción sufrida por el insepulto de la montaña, en una visita al estado Barinas el 10 de diciembre de 2009, cuando expresó, lleno de santa indignación: “los traidores tienen muchas formas de camuflarse de distintas maneras” por lo que pidió “desenmascararlos en cualquier lugar y espacio”.
No se atrevió, en ese momento, como tampoco en una alocución similar del 2003,  instalar la línea telefónica 800-corrupto para recibir las denuncias que desde mucho tiempo atrás había colocado el comandante Urdaneta Hernández en sus propias manos. Lo cierto es que el asunto este de la corrupción y sus derivados cuánto hay pa´eso y lo mío me lo dejan en la olla de pudreval, que es un problema celular del chavismo, ya es una rumba flamenca sobre el polvero de lo que fue Venezuela hace apenas quince años, cuando a los roba gallinas adecos y copeyanos ni se les llegó a ocurrir, después de 40 años en el poder,  eso de adquirir – o “adquerir” como intentó imponer el difunto – maquinas de contar billetes como la que se encontró en la caja fuerte del malogrado fiscal plenipotenciario don Danilo, cuya voladura cubrió de silencio muchas interrogantes sobre ¿de dónde saca Fulano pa´tanto como destaca?  Lo que se ha sospechado siempre es que esta revolución que ha empobrecido a la clase media y depauperado al  pueblo esperanzado, ese que hace colas interminables para comprar barato y revender bien caro, que es su manera de acercarse un poco a la repartición de la riqueza, claro, que ni por asomo “proporcional”, ha enriquecido gente por demás, con voracidad propia del engendro de Tasmania, marabunta rojita, por donde pasa deja el hoyo y el tierrero, y  no se imagina usted lo rápido que he visto recorrer, a punta de billete mal habido, el trecho de bañarse a la pata de un tambor en el barrio come nunca, a la shower con mármol italiano en el elegante penjaus del rancio mantuanaje capitalino. 
La lista de malandros que han sido señalados por la opinión pública, los medios nacionales e internacionales – notitia criminis como la de Bertín Osborne en España que fue viral en la red - y el dedo de los despechados del proceso, porque ahora la olla está vacía y a ellos no les tocó turno al bate para darse lo suyo, es más larga que rollo de pabilo. Fidel también se inmiscuyó al mandar una lista al extinto repleta de apellidos de ilustres rojos rojitos, según publicación del periodista Nelson Bocaranda, y hasta el escándalo del fraude tipo “pirámide” del Stanford Bank de la isla de Antigua, aportó lo suyo para abrir una oportuna investigación, pues clientes venezolanos tenían 2.000 millones de dólares – de los 8.000 de la estafa – que habían salido de Venezuela violando el control cambiario - ¿quién tiene esa posibilidad si no está enchufado? En el informe se menciona a un sujeto de la familia real con 100 millones de dólares en depósito - pero no pasó absolutamente nada, como seguirá, salvo las deposiciones verbales del mandatario lanzando, ayer y hoy,  sus vacuas arengas “caiga quien caiga” y “hasta sus últimas consecuencias”, para que el pueblo empendejado crea que ahora sí se puso bravo el hombre y va a meter en chirona hasta al que aparece a su lado en la foto más serio que portero de burdel.
Pero todo será buche y pluma como lo del otro. Si en verdad existiera alguna intención de poner orden en este bochorno continental, bastaría con oficiar a los gobiernos de Estados Unidos y países europeos – en España juzgan a dos funcionarios de Navatia por haber pagado una comisión de 45 millones de euros a dos ex militares venezolanos fácilmente localizables - pidiéndoles su colaboración para identificar a los ciudadanos venezolanos propietarios de cuentas bancarias millonarias, mansiones y empresas para investigar el origen de esos fondos y castigar a los ladrones, recuperando a la vez los bienes de la nación – en paraísos fiscales como las islas Vírgenes, Cook y otros existen cuentas millonarias escondidas entre las que destacan las de clientes canadienses, estadounidenses y venezolanos.
Maduro podría comenzar investigando si es cierto lo de la fortuna del teniente Alejandro Andrade, calculada en 5.000 millones de dólares – cantidad que le está quitando prestada a China - cumpliendo así con su palabra dada al llegar al poder: “quien tenga cuentas bancarias en Estados Unidos se va del gobierno para una cárcel, si no la justifica”. Pero parece que el miedo a que aparezca un familiar o el tipo que sabe demasiado, engatilla las ganas, si es que existen.
Tiempo e información han tenido estos dos gobernantes para evitar tal desangramiento de las arcas de la república, que ha ocasionado más miseria por la escases de insumos en los hospitales y la carencia de mantenimiento a la infraestructura nacional, porque lo que se roban estos degenerados no sobra, hace mucha falta, y no puede creer nadie que el caso emblemático del ex gobernador de Aragua Rafael Isea, quizá uno de los más graves casos de corrupción de la historia patria,  que fue denunciado públicamente – a la denuncia me remito - por estafar a la nación venezolana con 7 u 8 mil millones de dólares, una cuarta parte de las reservas internacionales del país, con la venta de bonos basura,  no haya llegado a conocimiento de tan altos dignatarios y hayan permitido que este señor de la realeza se alojara en la maluqueza imperial de los Estados Unidos a echarse fresco entre frascos y demás yates.
Como tampoco se ha hecho nada por poner entre rejas a los empresarios de maletín, chavistas a muerte lenta, que sustrajeron de Cadivi 25 mil millones de dólares, cifra similar a la que costó toda la infraestructura de Ciudad Guayana. Seguramente, en esta nueva campaña contra la corrupción la emprenderán contra el pendejismo raspicuí – ya comenzaron contra los contrabandistas y revendedores de productos de Mercal. Si se recuperan los $100MM que por las huellas se  presume se han robado  estas langostas saldríamos del colapso económico sin el menor sufrimiento. Sale pa´llá.

Rafael Marrón González
Leer más »

Revolución por decreto



Respetar las formas, aunque el poder permita no respetarlas, es un acuerdo tácito entre gobernantes y ciudadanos en una democracia. A ningún presidente electo en la era democrática venezolana, por mucha diferencia obtenida en las urnas, se le hubiera ocurrido decretarse “revolucionario” y manipular el estado de derecho para concentrar los poderes públicos en el jefe del Estado y subordinarlos a los intereses de su secta demagógica comprimida en un partido político aluvional, como hizo el extinto, con la complicidad de la entonces Corte Suprema de Justicia que permitió una Constituyente no contemplada en la Constitución vigente en el momento, bajo el pretexto de la “refundación de la república”, lo que es históricamente imposible puesto que la nación venezolana surge de un Congreso ciudadano, integrado por civiles, que sanciona el Acta de la Independencia, como fe de vida de la nación y por lo tanto, en puridad de derecho, su primera Constitución, antes de emprender la lucha armada.

Pero fue tanta la cobardía, ante la feroz acometida militarista y su turbamulta desclasada y ebria, a la que la irresponsabilidad dotó de impunidad, que la democracia venezolana se derrumbó, luego de 40 años de ejercicio, sin que sus otrora poderosos usufructuarios dispararan un tiro, a pesar de haber obtenido mayoría en el Congreso, lo que significaba que aún tenían gente para defenderla. Y en su plan de destrucción de la república democrática liberal, la inescrupulosidad, desde la más alta instancia del poder, le dijo al pueblo lo que podía hacer, cuando el pacto social tácito, y el sentido común, aconsejan que los líderes tienen la obligación ética de decir al pueblo lo que debe hacer, para impedir la disolución de la moral pública, como ha sucedido desde aquel lejano entonces hasta nuestra actualidad.

La razón de esta traición inconmensurable de los actores políticos y sociales a la democracia, la podemos encontrar en el aburguesamiento y la ignorancia que impidió analizar con lucidez lo que estaba por suceder en Venezuela, a pesar de que las señales de alarma eran muchas. Y permitieron demasiadas libertades a los liberticidas. Los dotaron de voz y cámara encendida y suspensión de la pena por su traición a la Constitución. Y siguieron con el error de interpretación guiando sus pasos.

Curtidos políticos de quince y último juraban que la situación era política, que el desaparecido era un “presidente más”, como lo creyeron también insignes notables, cuando estábamos frente al esbozo “como vaya viniendo, vamos viendo” de una inédita forma dictatorial, que consistía en usar los instrumentos de la democracia para crear un gobierno revolucionario por decreto, violando flagrantemente la Constitución, pivotado en la pobreza física y mental de un pueblo frustrado y resentido, y de muy escaza memoria histórica, que en 40 años pasó suicidamente de 7 a 23 millones de habitantes -Cuba en el mismo lapso creció de 6 a 10- colapsando los servicios públicos, con el agravante de una década de bajas del precios del petróleo, que finalizó en $ 10,57 para 1998.

Por eso, lo que muchos llaman “fracasos de la oposición”, fueron en realidad reacciones ingenuas, respetuosas de las formas democráticas, inútiles frente a un gobierno forajido que las desprecia y actúa según su revolucionaria voluntad. Y al que no temblaba, ni tiembla, el pulso para azuzar a sus hordas delictivas armadas y motorizadas contra las protestas cívicas, porque la mentalidad que priva es la de tierra arrasada que caracteriza el dogma militar.

Nadie en el país político estaba preparado para ni siquiera advertir la molienda democrática que se iniciaba, y fue la sociedad civil -¿con qué se come eso?- la que salió a defenderla con las uñas provocando la severa crisis del 2002 y su histórico 11A, que fracasó, precisamente, por falta de conducción política, y el gobierno fue repuesto sin dar la menor muestra de rectificación. Aunque el miedo vivido detuvo su avance arrollador inicial y lo obligó a cambiar sus tácticas hasta que, burla burlando, el finado logró su propósito fundacional, derrotado el 4F, al propinar un golpe de estado en frío al sistema democrático, el 13 de septiembre de 2008, cuando, desde Guri, estado Bolívar, materializo la Nueva Geometría del Poder, rechazada por el pueblo el 2D, y dividió al país en 5 súper regiones militares al mando cada una de un Mayor General -jerarquía superior a la de General de División- y subordinada al General en Jefe.

En ese acto activó militarmente su jerarquía constitucional como Comandante en Jefe de la FAN, subordinando el poder civil al poder militar. Situación que está en plena vigencia, por lo que Nicolás Maduro, actual presidente de la república es un militar activo en su calidad de Comandante en Jefe de las FAN, como lo es el presidente de la Asamblea Nacional y, quizá pronto, el del TSJ, y tiene toda la autoridad legal necesaria para, cuando lo desee, desviar a la jurisdicción castrense los fondos del situado constitucional de gobernaciones y alcaldías, dejando éstas como instancias secundarias obedientes al jefe regional militar, a través de la ficción de las comunas, por lo tanto, el gobierno es militar -y militarista- aunque su procedencia sea civil y electoral, sencillamente porque, señores adolescentes y aduldolescentes susceptibles a ser engatusados por el futurismo, el socialismo real -socialcomunismo o comunismo- es una dictadura militar.

Esta inédita forma de imponer una revolución, sin que la parte contraria haya tenido posibilidad de oponerse con las armas, como lo señala la historia, todavía no ha sido introyectada cabalmente por algunos actores políticos, y aquellos que sí lo han entendido se encuentran, por su respeto a las formas democráticas, oprimidos por la Constitución, pues, una de las habilidades de esta revolución por decreto, consiste en usar la constitucionalidad a conveniencia, para escudarse tras ella cada vez que las acciones opositoras la ponen en riesgo, y para eso cuenta con la alcahuetería internacional, con la inútil “Carta democrática” de cada cual, como la de Mercosur, que han legitimado sus desafueros con su silencio. Sale pa’llá.


Rafael Marrón González
Leer más »

DE LA UTOPÍA AL PARASITISMO



Pareciera que no hay forma de convencer a los pueblos del mundo de transitar el camino político de acuerdo a la observación crítica de la realidad, y  las ilusiones siguen encandilando la razón. La utopía, que según la lógica debería significar realidad potencial, por contener el principio de un progreso real, se asume como promesa de felicidad instantánea, impresa a mandarriazos en los genes del “hombre nuevo”, que desboca los instintos básicos de las masas que salivan ante promesas imposibles que las conducen a la ruina física y moral, una y otra vez, porque, y es lo más triste, de nada sirve el archivo histórico de la  experiencia para evitar el daño previsible, pues en cada ocasión el nuevo mesías encarna la posibilidad de que ahora sí la fórmula recurrentemente fracasada, dará resultados positivos y tendremos la repartición proporcional de la riqueza, provista por el Niño Jesús, seguramente, que borrará la pobreza de la faz de la tierra sin que los sujetos afectados por ella tengan que hacer ni el menor esfuerzo para superarse y superarla.

Y esos flautistas concitan la histeria masiva de los pueblos del planeta, sin importar el fracaso que llevan consigo, como es el caso de Fidel Castro, un ilusionista de la necedad cuya esquizofrenia condenó a la miseria a millones de seres humanos en su país, pero que sigue siendo faro inmarcesible, padre eterno,  para los revolucionarios del mundo, adjetivo este que en la modernidad debería significar “retrógrado”, pues lo conducente es que tengamos líderes “evolucionarios”, neologismo este que posee la raíz adecuada para ser admitido por la RAE por su carga política como contrario a “revolucionario”, una violenta rémora del pasado que destruye para construir, mientras el evolucionario edifica con lo construido como base. Y de nada sirve mostrar la evidencia de pueblos saneados de la miseria sustantiva que afecta el cuerpo social del subdesarrollo, que carecen de obsequios celestiales, como las riquezas del subsuelo, simplemente por el esfuerzo sostenido de su gente que es emprendedora, productiva, capaz de innovar e inventar.

Porque las promesas imposibles de los manipuladores de las emociones básicas del pueblo menos informado, tienen un efecto tan cautivante que neutraliza los alertas de la razón y la imagen desoladora de la realidad. Pasa lo mismo con quienes caen en estafas tipo pirámide, a quienes nadie puede convencer de lo imposible de la rentabilidad descomunal que promete el estafador. Y la explicación es la ausencia absoluta de sentido común propia de la inmadurez  adolescente. De la aduldolescencia. 

Porque la pregunta elemental ante tal promesa debe ser ¿cómo? Hoy, por ejemplo, el pueblo español delira detrás de un flautista financiado por el flautismo venezolano - que despliega millonaria publicidad sobre los logros imponentes de su revolución en materias tan sensibles como salud, educación, vivienda, todo falso por supuesto - y nadie pregunta cómo va a lograr superar los graves problemas económicos derivados de la irresponsabilidad de la izquierda que gobernó España bajo la premisa de que la dolencia social era consecuencia de la maluqueza de la derecha y se dedicó, como el extinto en Venezuela, a “repartir riquezas” sin tomar la previsión de crearla primero, con las consecuencias previstas por cualquiera con dos dedos de  frente, y cuyo saneamiento llevará décadas de ajustes.

Pero el pueblo ensordece sus sentidos y es abducido por las consignas que le ofrecen parcelas en el cielo. Y es que la utopía, que solamente sirve para nutrir la imaginación y obligarnos a avanzar hacia posiciones más elevadas, ha solapado la contundencia de la realidad, lo que impide acceder a la verdad al pueblo afectado por este síndrome de autismo social. Y el flautista, que delira por conservar el poder, muta en embustero.

Miente con descaro y conocimiento de causa. Se blinda con una oligarquía corrupta y deleznable. Desplaza la culpa hacia factores exógenos, la derecha, el impero, la guerra económica, para terminar reprimiendo al propio pueblo que creyó en sus promesas de igualdad y bienestar – sin trabajar, se entiende - porque se procura el sustento por la vía revolucionaria paralela del delito, la invasión a la propiedad privada o la especulación contra el resto de la población, con productos de la dieta diaria subsidiados por el gobierno.

Hay que imponer el realidismo

Definitivamente quienes nos oponemos a este sistema liberticida tenemos la obligación de usar la realidad que lacera las entrañas de la nación como discurso  para enfrentar el lenguaje conjugado en futuro de los ilusionistas marxistas, inescrupulosidad política que lleva quince años edificando escaleras a las nubes. De hacer casas en el aire.

Que han convertido al pueblo en un activo consumidor de promesas de soluciones fáciles, como las que ofrecen los adictivos juegos de azar, cuya proliferación en las barriadas populares, junto con las tiendas de brujerías, definen la precariedad económica y cultural de sus pobladores, cuyos hijos egresan de las universidades sin futuro posible, lo que hasta hace uno pocos años significaba movilidad social y que en Venezuela creó una clase media pujante económica y académicamente.

Pero en este socialcomunismo todo síntoma de progreso es satanizado, porque parece que es machete ser ignorante pata en el suelo, pero eso sí con la franela colorá y recogiendo latas o cualquier otra actividad que lo aleje del trabajo sistemático y de la productividad, palabra esta que pone carne de gallina en la epidermis de los socialcomunistas, que como flojos no tienen competencia en el planeta.  Y la realidad exige un compromiso serio con el trabajo, el estudio y la responsabilidad de cada individuo de esta nación, si en verdad queremos revertir la situación socio económica venezolana, cuyos problemas en la actualidad no tienen otro origen que el  político, pues el sistema que nos ocupa necesita parásitos para alimentar sus arterias, y así lo han confesado varios de sus más conspicuos vociferadores, y por ello estimula la aversión al trabajo y crea las condiciones para la dependencia basal a los intereses de la utopía socialcomunista. Sale pa´llá.       

Rafael Marrón González


Leer más »

EL ASUNTO… DEFINICIONES



La única manera de actuar obedeciendo criterios conceptuales, es definiendo. Si una cosa de cuatro patas ladra es perro. Si muge es vaca. Si pita es carro. Y punto. No hay confusión posible.

Un ejemplo de definición precisa la encontramos en San Agustín, que definió el pecado como amar la parte sin el todo, como el sexo sin amor o  el dinero sin el trabajo, situándolo en el plano humano. Al definir obtenemos la recompensa de la claridad del rumbo. Y, además, la certeza de poder ser comprendido con mínimo margen de error. 

Por eso, por ejemplo, si un político decide que su proyecto se inscribe en el “progresismo” su deber, para evitar las confusiones y ulteriores reclamos airados, como le pasó a CAP, es definir a cuál corriente pertenece, puesto que hay diferencias sustanciales entre el progresismo europeo, el latinoamericano o el estadounidense. En América Latina es marxismo, antiimperialismo, ecologismo, nacionalismo y hasta estado benefactor, mientras que en Europa es sinónimo de izquierda renovada, y en USA es lo contrario a  conservadurismo, sin embargo su origen es liberal.

Así que no es fácil ser entendido a menos que se explique con detalle lo que se quiere significar cuando se asume esa posición política, sobre todo si quien la difunde es un dedicado opositor al socialismo, a menos que esté inscrito en la corriente “socialismo  bueno, el mío, socialismo malo, el tuyo”. Porque seguimos en Babia, y el pueblo puede entender que el problema es Maduro y no el sistema comunista, que, teóricamente es una utopía que ofrece la felicidad general  por  la igualdad absoluta, donde cada quien recibe del Estado omnipotente sus recursos de supervivencia según sus necesidades.

Pero que siempre, y en todas sus variantes, termina en sistemas liberticidas dirigidos por astrosos criminales, como Lenin, Stalin, Pol Pot, Kim Il Sung II y descendencia, Fidel…, porque, sencillamente, es antinatural, y el ser humano no es especie como los animales, sino que cada sujeto es único e irrepetible. Y es esa característica la que crea desigualdad y propugna la libertad para el pleno desarrollo de las potencialidades naturales.

Es decir, que el socialcomunismo es un sistema para gerenciar granjas porcinas, no pueblos. Y esa verdad tiene que difundirse con profusión, sin ambages ni retóricas estúpidamente respetuosas de la opinión ajena, luego de un exhaustivo examen de conciencia, pues las espinillas socialistas de la juventud heroica, todavía perviven en muchos de nuestros vetustos líderes de oposición al régimen comunista de los Castro en Venezuela. Por esta razón celebro la definición del historiador chileno Mauricio Rojas: “la idea del hombre nuevo es genocida”. Claro y raspao. Sin falsos respetos que envalentonen la maldad.

De utopías esta tapizado el infierno

Hay que ver los crímenes horrorosos que se han cometido en nombre de las tantas utopías, como la comunista/socialista,  que buscan la felicidad del hombre, por decreto. Comenzando por los homicidios de las distintas confesiones religiosas, algunas en el pasado – recuerden a la joven Juana de Arco -  otras todavía hoy, para obligar al hombre a renunciar a su libre albedrío para someterse a los dictámenes de esa desesperada invención de la incertidumbre que llamamos Dios, Alá o Jehová, y que se han originado, precisamente, en aquellas profundas soledades en las que el hombre está a merced de la inclemencia de una naturaleza hostil y cuya supervivencia es tan precaria que solo puede explicarla con argumentos prodigiosos.

Exactamente lo que ha sucedido con el socialcomunismo que nos ocupa germinado en hostiles escenarios marginados, en los cuales los errores económicos de la buena fe produjeron apoyos a tentaciones totalitarias de oportunistas de mala índole, que se han encargado, paradójicamente, de convertir sistemáticamente a toda la población venezolana en la viva expresión del intrínseco fracaso socialista.  

Fuera las contradicciones

No comparto la excusa de que “si al pueblo se le dice la verdad, perdemos las elecciones”, al pueblo hay que despiojarlo de la ignorancia para que pueda entender a cabalidad las consecuencias de seguir utopías inhumanas. Y hay que decirle, con todas sus letras, que el socialismo, con su estúpido pobrecitismo que exalta la mediocridad y la precariedad, es una fábrica de parásitos sociales irredentos sin más esperanzas que alegrarse con el sufrimiento de quienes han sido empobrecidos y comparten ahora el mismo vecindario decadente. 

Es un deber patriótico ineludible, hacerlo entender que no es posible sacar a un pueblo de la pobreza estimulando la flojera y la dependencia, que solamente sirve para perpetuar tiranos en el poder, por lo que no se les va a repartir cheques, sino trabajo y más trabajo. Hay que llevar al pueblo a comprender su realidad a través de un sencillo proceso filosófico que lo enseñe a determinar la verdad por la simple observación de sus falencias particulares, para que emprenda, por un acto volitivo individual, el camino cierto hacia su desarrollo.

La pobreza no es una bendición bíblica, como tampoco es maldición el trabajo, sino un estado de carencias producido por fallas estructurales en el sistema cultural y productivo individual que impide al sujeto atar su presente al futuro. Y el reverso de la pobreza no es la riqueza, quien quiera hacerse rico que compre barato y venda caro, y ya, sino una vida digna, decente, decorosa, sin carencias elementales, y allí la labor del gobierno debe circunscribirse, además de a sus obligaciones administrativas y geopolíticas, a generar las condiciones para la inversión nacional y foránea, que crea fuentes de trabajo estables, bien remuneradas que deriven movilidad social, y a la dotación  de servicios públicos eficientes, de calidad y oportunos, incluyendo la seguridad ciudadana.

Ni izquierda ni derecha: Gobierno dedicado a sus deberes constitucionales y ciudadanía a sus responsabilidades consigo, con los suyos, con la sociedad. Binomio perfecto como propuesta política absolutamente comprensible, sin lugar para confusiones ni contradicciones, para obtener el bienestar general en sana paz, como corresponde a una nación civilizada.  

Rafael Marrón González


Leer más »

23 de noviembre de 2014

DE LA IGNORANCIA A LA ESTUPIDEZ



La ignorancia es la falta de información adecuada para formar una opinión válida y poder tomar una decisión acertada, ajustada a la lógica y al sentido común, es absolutamente curable con la profusión de medios informativos y formativos al alcance del común. Pero si se descuida hace metástasis en estupidez, que es la incapacidad para entender, para asimilar el aprendizaje y usar el conocimiento, creando una barrera impenetrable para la lucidez, y la estupidez es incurable, y si toma el cuerpo social por imperativos de la autoridad, como está sucediendo en Venezuela, el asunto es de lo más delicado, cualquier exabrupto puede suceder.

Recuerdo nítidamente cuando la ignorancia supina asaltó el poder con su complejo de Adán y sus planes refundadores. Había que destruir todo para construir sobre los escombros una nueva república, una nueva sociedad y, por encima de todo, ¡un hombre nuevo!, (aquí fanfarrias). El asombro no cesaba ante cada declaración pública de los próceres del nuevo proceso independentista, cada una más destartalada y risible y ruinosa por imposible. Sabíamos que  esas propuestas eran una apuesta segura al fracaso.

Porque ya había sucedido múltiples veces. Y para comprobarlo solamente había que darse un ligero paseo por el malecón de La Habana, luego de 50 años de socialcomunismo. O acudir a los textos de historia que están repletos de revolucionarios que, como el poeta Maiakovski que quiso cambiar hasta el idioma en Rusia y acabó suicidándose, terminan arando en el mar como Bolívar, es decir, cambiándolo todo a sangre y fuego, para que todo siga igual -Tancredo dixit- con nuevos actores pero en las mismas ubicaciones: vivos arriba, pendejos abajo.

Porque sencillamente lo que es fue y lo que será ha sido. Por lo tanto no hay nada nuevo bajo el sol, como dijera Salomón. Por esto no es posible entender que luego de quince años en el poder, codeándose con lo más granado, por selecto, del estrellato internacional, participando en cenas de 80 mil dólares en Nueva York, alojándose en hoteles constelados, todavía esta gente se meta el paltó por dentro del pantalón, salvo por la ignorancia eclosionada en estupidez. Y es así, literalmente porque solo de esa manera podemos explicarnos cómo es posible que este gobierno siga aferrado a un modelo político inviable por el fracaso económico que arrastra consigo.

Son quince años de evidencias contundentes y no han sido capaces de intuir siquiera, que su modelo es un imposible práctico, que se mantenía, con la ficción de funcionar, por los altos precios del petróleo, pero que era insostenible en el tiempo y que la terquedad de no reconocerlo, adosando las consecuencias de sus errores a elementos exógenos, practicando la filosofía del avestruz, causaría la ruina de la nación y la destrucción de su proyecto político pivotado en la pobreza a conveniencia. Y es que la ignorancia cree que es posible que el socialcomunismo combata efectivamente la pobreza, cuando es su base de sustentación.

No lo hará jamás porque para ello es imprescindible combatir la ignorancia en primer término. Y eso generaría una oleada de pensamiento crítico que barrería con dogmas, mitos, creencias, supersticiones, ideologías y oscurantismo, imponiendo la razón sobre las emociones. Así que la pobreza es cuidadosamente cultivada por el socialcomunismo como fruto exquisito del munífico árbol de la ignorancia. Y es el ignorante quien -reconociendo que sufre de ignorancia y que ésta es curable con información y conocimientos- debe percatarse a plenitud de su falencia -en lugar de irritarse con quien lo diagnostica- y buscar remedio eficaz a su dolencia si en verdad quiere abandonar la pobreza en la cual  vive en un indolente desgaste orgánico.

Insisto en la característica calamitosa de la ignorancia, que debe ser tratada con contundencia, si no queremos que siga la estupidez, como hiedra, asfixiando las posibilidades de la nación.

La ignorancia: fábrica de pobreza

Simón Rodríguez -colgado en el “árbol de las tres raíces”- solía decir: son pobres porque son ignorantes no a la inversa -porque la ignorancia no logra entender que el futuro, como lugar o cosa que viene hacia ti, no existe, sino que es un sustantivo que define al laborioso edificar de los sueños para que vayan convirtiéndose en realidad.

El ladrillo se llamará pared o casa al final del trabajo de colocarlos uno encima del otro, sin pausa, presente a presente. Y el primer ladrillo iniciará el futuro como el primer año universitario edificará al doctor. O la primera moneda ahorrada se llamará riqueza. Sin embargo, para la ignorancia el futuro es un lugar pletórico de felicidad -otra magalla que no existe o como dice Fernando Savater “lo que llamamos felicidad es en verdad prolongados momentos de alegría”- al que arribará sin esfuerzo, y por lo tanto vive lleno de “esperanzas”, otro artificio que la ignorancia confunde con esperar, cuando debiera llamarse “buscanza”, porque es en el “buscar” donde anida el “encontrar”.

Pero la ignorancia busca en esperanzas lo que tiene al alcance de su voluntad. Otra de las falacias que ha creado la ignorancia para justificar su torpeza, es la “suerte”, porque considera que el logro personal -que debe ser a través del trabajo, el estudio y la responsabilidad- es asunto del azar, de la buena fortuna, del gobierno “de mano bienhechora” y por ello malgasta el tiempo sin tomar la menor decisión para su mejoramiento social, y dilapida su salario, que es vida no renovable, logrando que el trabajo estable produzca miseria estabilizada.

Y la ignorancia cabalga también en pos de lo gratuito, que tampoco existe porque alguien lo paga, esclavizándose mentalmente por las promesas de una vida mejor que supuestamente reside en la generosidad paternal del Estado, cuando no es así y las evidencias sobran en el Primer Mundo que en muchos casos no tiene riquezas naturales de ningún tipo. Así que no le tengamos temor a llamar las cosas por su nombre y a reconocer en sí, en los suyos o en el otro los rasgos que determinan la ignorancia, y hacer todo lo necesario para combatirla, pues así como Atila lo era de Dios, la ignorancia es el azote de la libertad.

Rafael Marrón González
Leer más »

¡¿ALTOS QUÉ….?!



¿Qué entenderán estos tipos por “pensamiento” – “conjunto de las operaciones cognitivas: análisis, síntesis intuición, discurso, invención, asociación, etc., por la cual el juicio forma los conceptos” – para crear, nada menos, que un Instituto de “altos estudios” - ¿funcionará en una azotea? – del “pensamiento” político del extinto – “vamos a freír cabezas de adecos”, “váyanse al carajo yanquis de mierda”, “esta revolución… está armada” – un devoto creyente en la sagrada palabra de Fidel – “maestro, lo digo sin complejos, tú eres el padre de los revolucionarios de este continente. Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua y en el aire” (noviembre 2007) - cuyo “pensamiento” puede ser de todo menos “político”, pues no existe nada político en preservar el poder por el terror de un formidable aparato represivo engordado con la miseria del pueblo cubano.

Y no me extraña que en cada consulado del planeta se instale una cátedra de este instituto dirigida por aspirantes a vivir sin trabajar, que aquí se estila, pero hay que hacer cola, en las cuales se pagará salarios en dólares a los cursantes.

Hay que ver las horas que he dedicado en radio y prensa, desde el mismísimo 4F,  a combatir esta artesanía totalitaria, hecha en el Inces,  que, en nombre de la ignorancia ha destruido las posibilidades de desarrollo que, hasta el aciago 1999, estaba construyendo Venezuela con su gente pensante y con el concurso de las universidades internas y externas – programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho mediante – sin encontrar ni la más leve presunción que en justicia pudiera llamar “pensamiento”, en aquel vendaval de excesos verbales – “Marisabel esta noche te doy lo tuyo” – ditirambos rocambolescos – “… del éxito de nuestra revolución puede depender la salvación del mundo" (20 de mayo de 2006) - y promesas imposibles – “si en un año hay niños en la calle me cambio el nombre” - que brotaban de las vísceras del encantador de ingenuidades esperanzadas por la promesa de tener padre para siempre.

A menos que se considere “pensamientos” la colección de perogrulladas recopiladas por el MINCI en un ejercicio de adulancia sin precedentes, que se pueden sintetizar en “todos los poderes soy yo. Yo soy el pueblo. Yo soy Venezuela”. Pero este es uno entre tantos disparates – trueque, comunas, “colectivos”, magnicidios, atentados, conspiraciones intergalácticas, invasiones colombianas con los aviones de combate en un hangar de Bogotá, guerras económicas y bacteriales, sancochos vecinales institucionales, gallineros verticales, cultivos abonados con excremento, conucos en techos, ministerios de la felicidad y la buena fortuna, fundos zamoranos, expropiar empresas para quebrarlas, y un largo etc. -   

A los que nos tiene acostumbrados el régimen del fenecido, extensivos a su continuidad mimética, que, mientras se desgañita proclamando “soberanía” frente al “imperio” que le compra el petróleo y se lo paga, atentando  contra los intereses de la nación venezolana, ha entregado su soberanía política a Cuba, una nación cuya independencia se la debe a los Estados Unidos y su bandera al venezolano Narciso López.

A Brasil y Argentina la seguridad alimentaria, violando el artículo 305 de la constitución, que reza: “…la producción de alimentos es de interés nacional y fundamental para el desarrollo económico y social de la Nación. A tales fines, el Estado dictará las medidas (...) que fueran necesarias para alcanzar niveles estratégicos de autoabastecimiento”. 

La soberanía financiera ha sido hipotecada a China así como la responsabilidad en la distribución de alimentos en todo el territorio nacional.

Y ahora la soberanía energética a Argelia que nos comenzó a suministrar petróleo, patético logro de trastocar el país de exportador a importador de petróleo, con lo que ya no pertenecerá a la Opep sino a la Opip, involución bolivariana, que crea  felices parásitos sociales – antes se llamaban flojos y sinvergüenzas - en franca contravención al postulado de Bolívar: “la sociedad desconoce al que no procura la felicidad general, al que no se ocupa de aumentar con su trabajo, talentos e industrias sus riquezas y comodidades propias que colectivamente forman la prosperidad nacional”.

El mito como salvoconducto

El único talento innegable que tuvo el difunto fue… petróleo a cien dólares. Y cierta inescrupulosidad para colocar los intereses de su delirio revolucionario  por encima de toda norma administrativa, con la anuencia cobarde o compinchera de los llamados a proteger los intereses de la república. Lo demás es leyenda urbana. Mito para el afiche enmarcado en la sala de la humilde mujer que tiene un hijo preso y dos en el cementerio como aporte patriótico a la inseguridad que ha llegado a límites insoportables en estos quince años de locura socialcomunista, solo comparable a los índices de inflación que han roto la barrera del sonido, la desaparición del aparato productivo, el desvanecimiento de la empresa privada, la depauperación de PDVSA.

Lo cierto es que el fulano “pensamiento” digno de un instituto de altos estudios gracias a la insondable veleidad de los incondicionales, le dejó a Maduro el desastre político, social y económico más estruendoso de la historia, un país con su infraestructura vial en ruinas y sus ciudades y pueblos  llenos de telaraña y malos olores. Y con la mala leche de que el barril que se mantuvo arriba durante toda la epopeya del extinto, se le viene abajo a pesar de los conflictos árabes que ocasionaron su subida en el pasado. Cosas que ponen la piel de gallina.

Pero el mito, sustentado por los desconsolados herederos, como burbuja histórica lo protege de las mentadas ante cada “no hay” y “esto si está caro” pues rebotan y le caen a Maduro en pleno rostro, que no tiene otra opción que seguir sacando brillo a la burbuja, contra su propia historia – mayor acto de amor, imposible - aunque ganas no deben faltarle de decir unas cuantas verdades, sobre todo al observar como en sus narices Raúl Castro le elige suplente y lo obliga a comisionarla en la ONU para que vaya cogiendo luces. No lo hace porque a estas alturas de su inmolación  nadie le va a creer. ¿Cómo va a tener la culpa de este desastre el altar mayor? Sale pa´llá.

Rafael Marrón González
Leer más »

VIOLENCIA INMANENTE



La violencia delictiva que caracteriza estos turbulentos tiempos venezolanos, que ha generado el malestar social de la inseguridad personal, en realidad es el resultado del crecimiento exponencial y descontrolado del segmento poblacional ocupado por los operarios físicos vegetativos y erráticos, individuos elementales, de simple desgaste orgánico, altamente emocionales, predispuestos al resentimiento y a la violencia, sin ética ni moral, siempre al límite de la legalidad, que dependen del Estado para su bienestar, sin ningún aporte individual para su desarrollo, que los sociólogos calculan actualmente en un monstruoso 40%, y que, durante los 40 años de la democracia, se había mantenido bajo control, pero que al arribo de la revolución castrista al poder se le adjudicó patente de corso para satisfacer a la fuerza sus necesidades y deseos de reconocimiento social.

La alarmante cifra de homicidios durante estos quince años de irresponsable gobierno castrista en Venezuela, de los cuales, según el ministro de relaciones interiores, el 90% ocurrieron en  ajustes de cuenta entre delincuentes, nos puede dar una idea del elevado porcentaje de venezolanos que sobreviven en el escenario cotidiano de la violencia, que en estos momentos ha adquirido características bestiales por el salvajismo de sus ejecuciones.

Por eso, si nuestra sociedad no es capaz de entender que los problemas sociales que nos aquejan son producto de la falta de cerebrización – natural o cultural - que San Pablo llamó conciencia – capacidad de distinguir el bien del mal – y no de “la pobreza” o del capitalismo, como aseguran en Imbecilandia, estamos condenados al miedo y a la incertidumbre por generaciones, con el agravante de que si no se le pone coto con determinación, destruirá lo poco de civilización que hemos podido alcanzar, por la reproducción aleatoria y sin compromiso con la sociedad, y la barbarie será el destino inexorable que ya amenaza con devastarnos.

Y aquí la escuela – fracaso colosal y universal como forja del humanismo -  tiene la responsabilidad determinante de reinventarse y corregir su norte - tal como existe no sirve - pues ante la falta de criterio propio de la cerebrización natural, que permita el razonamiento lógico que nos humaniza, es necesaria la intervención cultural de la escuela para introyectarla: por ejemplo, la lógica formal debe ser materia privativa en todas las carreras universitarias, quien no la apruebe no se gradúa. Y punto.

Ya basta de una Universidad egresando tarados morales destinados a la depredación y al delito, bajo el pretexto de la igualdad de oportunidades por justicia social. El abandono escolar en las etapas tempranas de la educación tiene que ser materia de alta preocupación para el Estado, así como la elevada tasa de reproducción irresponsable en los sectores más depauperados de la sociedad, pues, con las excepciones de rigor, coadyuvada por la ignorancia, es el semillero de la violencia y el delito. Es hora de admitir sin rubores pobrecitistas, que la única división de la humanidad es cerebral, por ello no admito la posibilidad de “pensar diferente”, se piensa o no se piensa. Piensa y acertarás.

La violencia del liderazgo estigmático

Quien “cree” por el influjo de una mente astuta, por no poder pensar por si, por seguimiento ciego a la figura que su emocionalidad considera de autoridad,  es susceptible a seguir hombres providenciales y no ideas, a ser manipulado, a obrar por el estímulo salival, a obedecer a rajatabla consignas emotivas – “patria o muerte” teniendo patria - a fundir su individualidad en la masa de conciencia colectiva, a ser usado para denunciar y delatar bajo falsas premisas de lealtad, a caer en la trampa de la impunidad que lo muta reo de las circunstancias; y si quien se erige como líder es un irresponsable que le dice lo que puede hacer – “quien tenga hambre puede robar” -  en lugar de lo que debe hacer – trabajo, estudio, responsabilidad - tendremos un tsunami social de lo más previsible y si, además, insufla en esa masa acerebrizada la falsa superioridad moral del empoderamiento artificial, por ósmosis – “poder popular” - entonces tendremos la explicación de la anormalidad social que sacude las raíces de la nacionalidad, por pérdida del respeto y de la moral pública.

Los delincuentes son exaltados al Salón de la Fama, mientras el mérito es satanizado y debe emigrar – “90% de los emigrantes son universitarios, 40% tienen estudios de maestría y 12% son doctores” – qué país puede resultar de esa perversión, tomando en consideración el porcentaje de ciudadanos realmente productivos que posee la nación.

Un líder político estigmático – que convierte el poder carismático en arma de manipulación - que usa el verbo calculada y desmesuradamente, como lo advertía el filólogo judío Karl Krauss en tiempos de Hitler, para alucinar a la masa “femenina e histérica” que lo endiosa, no puede obtener otro resultado que el crimen y la violencia.

El 24 de junio de 2012, el extinto se atrevió a expresar, durante su discurso conmemorativo del 191 aniversario de la Batalla de Carabobo: “quien no es chavista no es venezolano”, emulando el grito de guerra de los feroces indios caribes, “solo nosotros somos gente”, lo que significó el reconocimiento oficial de la violencia política como arma de imposición ideológica, que hasta entonces se había considerado como la actitud de grupos de fanáticos de bajo nivel.

Sin embargo, ese estado de violencia crónica en la cual viven los hombres y mujeres del gobierno, que se manifiesta en un lenguaje soez, impropio, desconsiderado, insultante, calumniador, se ha convertido en una evidencia de la irracionalidad de su planteamiento político - perdido el cauce incendiario, implosiona - lo que genera, por desesperación, más peligrosa violencia verbal, como la que caracterizó las declaraciones hasta del propio presidente de la república, con motivo del asesinato de uno de sus allegados que había escalado las más altas posiciones dentro de la organización y del Estado, encaramado en la violencia – arma inequívoca de quienes carecen de racionalidad - que lo arrasó de la manera más cruel e impía. Sale pa´llá. 

Rafael Marrón González
Leer más »

5 de octubre de 2014

“EL TRABAJO LO HIZO DIOS COMO CASTIGO”



Me contaba un amigo portugués el caso de su abuelo materno, quien, viudo, al cumplir 60 años, decidió emigrar, de su humilde pueblo del Tras os Montes, para Brasil. Luego de un silencio de veinte años recibieron una efusiva carta del abuelo que al cumplir 80 años, en unión de sus hijos habidos en una nueva pareja, les invitaba a pasar unos días en Brasil, y les anexaba los pasajes y dinero para gastos.

En 20 años, este anciano había logrado el sueño americano con su trabajo y su responsabilidad. En cambio, en cualquier conversación entre jóvenes trabajadores nuestros, usted escuchará el deseo de dejar de trabajar a los 50. Se trabaja para dejar de trabajar y, lo más grave, se comete, según San Agustín, el pecado de amar el dinero sin el trabajo, es decir la parte sin el todo. Y en la letra de una canción venezolana, inmortalizada por nuestro Alfredo Sadel, se asegura que el trabajo, que es la esencia de la afirmación, de la liberación, de la promoción y del crecimiento del hombre, “lo hizo Dios como castigo”, concepción bíblica del trabajo como la sanción penal que Dios impuso a Adán al expulsarlo del paraíso terrenal y maldecirlo por su pecado original:

“Maldito sea el suelo por tu culpa. A fuerza de fatiga sacarás de él tu subsistencia todos los días de tu vida” (Génesis, 3, 17). Recordemos que el paraíso terrenal estaba a orillas del Tigris y del Eúfrates, única zona feraz en esa inmensa extensión de infertilidad y soledad. Al ser expulsado Adán de ese lugar donde todo nace y produce con facilidad, sus descendientes tuvieron que hacer prodigios para subsistir, ganarse el pan a fuerza de sudor.

Fue Adám Smith (1723 – 1790) quien utiliza la palabra como la idea central de la economía política, al sostener que la riqueza de una nación no está en el oro ni en la plata que posee, sino en el trabajo de sus habitantes. Eso explica por qué un país rico en productos naturales, como Venezuela, tiene tan alarmante índice de pobreza, pues el Estado, como sustituto del Paraíso bíblico, está constitucionalmente obligado a mantener al pueblo, regalándole comida, vivienda y vacaciones, pero… como escribió León Trostky, con la perversión que sufre hoy Venezuela, “el viejo principio quien no trabaje no comerá, ha sido reemplazado por quien no obedezca no comerá”.

Para Carlos Marx, el trabajo es, “…en tanto que produce valores de uso, en tanto que es útil, la condición indispensable de la existencia del hombre, una necesidad eterna, el mediador de la circulación material entre el hombre y la naturaleza”, razonamiento que Raúl Castro entendió demasiado tarde y que lo hizo confesar que “el pueblo cubano no podía seguir siendo el único pueblo del planeta que vivía sin trabajar”. Ahora no lo hace trabajar ni Dios. Que ser parásito es una de las virtudes del socialismo real.      

Juan Pablo II y el trabajo

“El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente él puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo su existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza”.

Trabajo y sindicato

Soy un crítico del sindicalismo venezolano por su obsesión simplista hacia lo salarial y centrarse en el bienestar del propio trabajador, obviando la familia y el entorno social. Esa indiferencia ha creado una de las mayores perversiones históricas de nuestra sociedad, que el trabajo estable, llamado “empleo” porque debería producir movilidad social, produzca miseria y miserables.

La concepción marxista de las relaciones obrero patronales, se ha calcificado en la estructura sindical, impidiendo la generación de nuevas ideas y nuevas formas de relacionarse, en una moderna visión corresponsable, sindicato, patrono, trabajador, familia, entorno, que  en realidad produzca desarrollo. Si un trabajador es vicioso y dilapida su salario, el sindicato debe pedir a un tribunal declararlo menor de edad y judicialmente llevar el salario, o la mitad como contempla la ley, a su familia.

El sindicato debe tener una secretaría de asuntos sociales que se ocupe de la supervisión de la educación de los hijos de los trabajadores y de conseguirles becas a los mejores estudiantes. El sindicato no solo debe lograr mejoras salariales para el trabajador, sino que es su responsabilidad, delegada en el momento de su elección, el bienestar integral del trabajador, no como masa, que es como les gusta, sino como individuo que es como progresa la sociedad. Porque el fin último del trabajo es la familia.


El sindicalismo venezolano, que es el que conozco, se ha constituido, con las excepciones de rigor,  en una forma de vivir sin trabajar. Sempiternos dependientes del sistema, indiferentes al conmovedor drama humano que se escenifica a sus espaldas y que crece como hiedra venenosa amenazando destruir la sociedad: vicios, violencia intrafamiliar, abandono, miseria, ignorancia, delincuencia, miedo, todo mantenido con el trabajo. No se han percatado todavía, o les interesa que así continúe, que en buena medida el pueblo adulto venezolano es aduldolescente (adultos físicos pero adolescentes mentales) por sus carencias e irresponsabilidad.

La cultura del trabajo

Sorpresivamente para muchos, por su populismo ruinoso, Juan Domingo Perón sostenía: “solamente hay una clase de hombres, los que trabajan”, con lo que definía contundentemente la cola de parásitos que amanecían a las puertas del despacho de Eva Duarte para recibir una limosna estatal.

La fracasada escuela venezolana tiene el deber histórico de reinventarse, comenzando por imponer la cultura del trabajo como elemento esencial de su pedagogía, de la que derivará la cultura de la dignidad, del orgullo personal por la productividad y el respeto inmanente por el producto del esfuerzo personal: la propiedad privada. 


Rafael Marrón González
Leer más »

DE LA MEMORIA HISTÓRICA



Escucho decir a una señora, de edad respetable, que había que hacer una colita – de cinco horas – pero sí se conseguía aceite. Si se hubiera tratado de una adolescente no tendría mayor importancia, pero tratándose de una persona que atravesó como adulto por lo menos la mitad del siglo XX, es inexcusable, porque esta persona fue testigo del abastecimiento hasta con exceso y la pluralidad de marcas de los productos de primera necesidad como el aceite – antes de la llegada al poder de esta plaga perniciosa, infectada de la imbecilidad socialista, que somete al pueblo a la sumisión por la subsistencia, mediante la aplicación de controles en el suministro de alimentos, porque pueblo en cola no reclama derechos.

Es incierto que sean ineficientes, son sencillamente hijos de puta. Crean inflación y desabastecimiento por reacción. El pueblo que hace cola no las sufre, y, al contrario, se beneficia pecuniariamente, pero la ciudadanía independiente, que trabaja y se rebela contra sus delirios comunistas, pues conoce los peligros contra la libertad que ese modelo antinatural y esencialmente criminal representa,   es puesta en la disyuntiva de ceder su dignidad y entrar por el aro o sufrir las consecuencias.

Ellos cuentan con que la ignorancia tiene como falencia adicional la incapacidad mnemotécnica. El ignorante vive al día, sin recuerdos ni historia. Es una especie de concha de aguacate flotando en una laguna. Por eso les es tan fácil a los demagogos socialcomunistas, como estos, meterlos en una cola por una bombona de gas que en años recientemente anteriores eran llevadas a sus casas, luego de pedirlas por teléfono.

La memoria histórica es un valioso recurso que nos permite valorar nuestro pasado y hacer comparaciones que permitan un juicio crítico. Por ello, y ante su obvia ausencia, es imperativa una gran cruzada nacional para restablecerla, mostrando a viva voz el pasado reciente de la nación en materias tan sensibles como servicios públicos, educación salud, seguridad y abastecimiento.

No basta con señalar precariedad y carencia, hay que enfrentar el discurso gubernamental negador del pasado, que muestra como grandes logros el abastecimiento regulado, ahora con captahuellas que traducen “libreta de racionamiento digital”; que ahora sí “tenemos patria” – quien repita esto y se llame bolivariano es un idiota sin remedio – la guerra al contrabando – el tráfico ilegal de mercaderías entre Colombia y Venezuela es histórico, el problema es que ahora no hay producción de este lado y hay más dólares del otro – que han reducido la pobreza, mentira de tamaño oceánica, ya que sus propios dirigentes se han encargado de aclarar que la pobreza es la base fundacional del proceso revolucionario, y que no les conviene combatirla porque al convertirse en clase media, los pobres se meten a “escuálidos”, es decir recobran su capacidad de pensar, anulada por el virus del parasitismo social que a demasiados venezolanos, de los catalogados en pobreza, disfrutan a flojera batiente.

A recordar se ha dicho    

Desde el comienzo de esta pesadilla la dirigencia opositora ha asumido la cómplice posición suicida de acompañar al gobierno en su complejo de Adán. Se prohíbe hablar del pasado. Sin embargo nuestra única arma contra el verbo conjugado en promesas a futuro de esta imbecilidad decadente, es mostrar los logros de los cuarenta años de democracia, porque el pasado es…

la represa de Guri, que permitió energizar todo nuestro territorio con el ahorro de millones de barriles de petróleo,  o la construcción de Ciudad Guayana, que costó 25.000 millones de dólares, cifra similar a la extraída ilegalmente de Cadivi.

El pasado es…

ochenta mil kilómetros de carreteras clase A y autopistas y puentes y el asfaltado de miles de kilómetros de vías de penetración rurales, que sistemáticamente está destruyendo esta inservible administración de la infraestructura nacional.

El pasado es…

la formidable red de hospitales y ambulatorios eficientes que atendían las necesidades de salud de la población frente al engaño político de Barrio Adentro que consume el presupuesto de la institucionalidad formal, generando el grave deterioro en la materia que hoy sufrimos los venezolanos.

El pasado es…

Tres mil seiscientas escuelas creadas por el gobierno del Rómulo Betancourt en sus primeros dos años de gobierno, que le merecieron un reconocimiento de la Unesco. ¿Cuántas ha hecho  “el proceso” en estos dieciséis años de despilfarro, corrupción y destrucción de lo construido, por envidia?

Así que sí, hay que hablar del pasado claro y alto, porque fue ese pasado el generador de la clase media – incluyendo su versión deformada, sustantivada en una contradicción de términos “clase media socialista” – y la clase media profesional con decenas de miles de egresados universitarios – de Universidades de verdad - en distintas áreas del conocimiento científico, tecnológico y humanista, que ahora, gracias al milagro al revés de la idiotez socialcomunista se ven obligados a emigrar.

Y hay que hablar del pasado en materia de seguridad, sobre todo porque el propio gobierno declara que el 76% de los homicidios son por enfrentamiento entre bandas de delincuentes, cuyos integrantes son jóvenes que tenían entre 5 y diez años cuando este elefante penetró a la cristalería de la república causando los destrozos morales, éticos y sociales que su ignorancia y barbarie anunciaban.

Los errores del pasado                    

Fueron muchos los errores y las perversiones cometidas por el estamento político en ese pasado, que con sus bemoles es inmodificable, pero esa no fue la causa de la caída de la república liberal, sino la baja de los precios del petróleo que impidió que los subsidios en blanco continuaran alimentando el clientelismo político llamado “pueblo”. Y eso mismito está por sucederle al proceso, pues ya la OPEP anuncia una baja en los precios petroleros, que aunado al despilfarro que generó esta crisis, se llevará por los aires el espejismo revolucionario que devastó la Venezuela desarrollada que comenzaba a descollar en el mundo civilizado. El retroceso ha sido tan brutal, que ya el paisaje venezolano promociona desolación. Sale pa´llá.   


Rafael Marrón González
Leer más »

SOCIALCOMUNISMO SIGLO XXI



Escucho a mi apreciada diputada Liliana Hernández expresar en una entrevista con César Miguel Rondón, que “si este gobierno fuera socialista ella lo apoyaría”, pero que no, que es capitalismo de Estado. Y me quedo como siempre me he quedado en este país político en el cual quien no es socialista es guate`perro, estupefacto. Por eso es tan difícil construir una mayoría opositora ofreciendo lo mismo pero con distinto cachimbo. Y además, en el poder, todo socialismo/comunismo – lo dijo Fidel: socialismo es comunismo -  deriva en capitalismo de Estado y punto.

¿O no es por definición el socialismo/comunismo la estatización de los medios de producción económica, la abolición, o subalternización a los intereses del Estado, de la propiedad privada y la preeminencia de la masa – “femenina y estúpida”, como la calificara Hitler -  sobre el individuo? Hasta que no tomemos el toro por los cachos y, sin eufemismos galantes ni temor a nombrar la soga en casa del ahorcado, le hablemos con la verdad lacerante a ese pueblo confundido, explicándole que el socialismo real es esclavitud y que la única manera de salir de abajo es trabajando, bajo un sistema político de amplias libertades que respete el derecho del hombre a disfrutar el fruto de su trabajo y a obtener la debida recompensa por su esfuerzo. Y, sobre todo, a ascender en la vida por mérito propio, que es la aspiración máxima de todo hombre libre, y que son los inservibles con aspiraciones burguesas, quienes buscan desesperadamente ese mismo ascenso, al que jamás accederían por sus incapacidades innatas, a través de la incondicionalidad rastrera al poder abusivo.

Por eso es importante que el pueblo aprenda a sacar sus propias conclusiones al comparar el discurso oficial con la realidad y con sus auténticas aspiraciones, que, por supuesto, no pueden ser convertirse en parásito del Estado. Así, se espantaría cualquier hombre del pueblo al escuchar a Maduro, tratando de sobarle el lomo a Rafael Ramírez, decir que este “libró a PDVSA de la meritocracia”, lo que va a contrapelo de las aspiraciones personales de cualquier individuo. Y hablando de Rafael Ramírez, me pregunto qué encontraría Maduro contra este todopoderoso oligarca uña en el rabo para lograr sacarlo de la presidencia de la única industria del país y confinarlo a una oscura cancillería tercermundista, donde el único aliciente es echarse palos de cocuy en los saraos de los chulos bananeros que exprimen las finanzas nacionales. Ni el extinto, con todo su inmenso poder, logró esa hazaña. Algo sigue oliendo a podrido en la comarca psuviana.

Este gobierno sí es socialista

Así que, sin la menor duda al respecto, este gobierno, presidido por el señor Maduro, sí es socialista, y por eso, como todo socialismo real, es decir socialcomunismo, es, por imperativo de su esencia, militarista y como tienen financiamiento petrolero, entonces tenemos un “petrosocialcomunismo militarista”, cuyo apelativo mediático, diplomático, es “Socialismo siglo XXI”, cuyo menú operativo se basa en el centralismo exacerbado, salvaje capitalismo de Estado – el comunismo es capitalismo de Estado, aunque no todo capitalismo de Estado es comunismo - limitación a la propiedad privada, intervencionismo gubernamental en el aparato productivo, sustitución paulatina de la empresa privada nacional por transnacionales – chinas, rusas, bielorrusas e iraníes - que no se meten en política, destrucción de la formalidad institucional de la república disfrazada de misiones electoreras, educación ideologizante, sacrificio del individuo por la masa, patronalización del movimiento sindical en las empresas y entidades del Estado, control de las protestas sociales por el sistema represivo cubano, estatización de la cadena alimentaria, leyes expresas para la  criminalización  de la disidencia, parasitismo social para atar la voluntad del pueblo a la riqueza del gobierno, entre otros elementos como la regulación de la libertad de expresión y de alimentación.

Frente a esto no ha surgido ninguna propuesta que lo sustituya, por el supuesto apoyo popular, masivo, que el asistencialismo ha logrado en las comunidades más empobrecidas del país bajo la premisa de la sumisión por la subsistencia. Los líderes emergentes y los tradicionales se encuentran atrapados en una profunda contradicción, unos por no abandonar antiguas posiciones ideológicas, a pesar de su manifiesto fracaso, y otros por seguirle la corriente al pueblo que todavía no ha percibido el desastre económico que significa la improductividad inducida que lo convierte en parásito.

Pueblo confundido es mono con hojilla

Aunque las encuestas, reflejan un alto rechazo al modelo cubano y, por ende, al socialismo, el gobierno insiste en que el pueblo decidió apoyar un régimen comunista en Venezuela. No entiendo para qué necesita una nación petrolera como la nuestra, un sistema político diseñado para la repartición equitativa de la miseria, sino para crear las condiciones legales necesarias para imponer la permanencia en el poder de un reducido grupo de iniciados jefaturados desde el Más Allá por un santón eternizado, sentado sobre una almohada de petrodólares asentada sobre un montón de bayonetas.

Por eso la fuerza del SS- XXI, es el militarismo. Todo su poder se concentra en los petrodólares, en la Fuerza Armada y en los llamados colectivos paramilitares. Mientras este gobierno tenga a su discrecional voluntad los primeros, ya escasos,  tendrá lo segundo. Y algo de pueblo. Ya no mucho, porque por privilegiar la regaladera que lo mantendrá en el poder indefinidamente, según sus húmedas aspiraciones, e invertir en la exportación de la revolución castrista en los países depauperados de América Latina, para retar a los Estados Unidos, ha descuidado la inversión en los grandes problemas nacionales que están llegando al nivel desesperante de todos los socialismo que en el mundo han sido. Sale pa´llá.


Rafael Marrón González
Leer más »